domingo, 1 de mayo de 2016

CARTA DESDE EL TOUBKAL EN LA NOCHE DE LOS LIBROS


Carta desde el Toubkal en Málaga 451: La noche de los libros(Fotografía: Pedro Delgado)

Una vez más, el público respondió a su cita con La noche de los libros, abarrotando las instalaciones de La Térmica. La programación fue muy loable, los actos se sucedieron sin dar un respiro y todas las actividades llenaron el aforo y dejaron más que satisfechos a los asistentes; sobre todo esos diálogos entre escritores que deberían copiar los organizadores de la Feria del Libro de Málaga.

Punto de venta de la librería Proteo en La noche de los libros
Fotografía: Pedro Delgado

Pedro Delgado con Jesús Otaola en La noche de los libros
Fotografía: Lucía Rodríguez

Punto de venta de la librería Luces en La noche de los libros
Fotografía: Pedro Delgado

Leli, Pedro Delgado y Lucía Rodríguez en La noche de los libros
Fotografía: Jesús Otaola

 Yo aproveché la tarde noche para echarme unas risas con Pablo Carbonell y Felipe Benítez Reyes -estuvieron geniales-.

Felipe Benítez Reyes y Pablo Carbonell en La noche de los libros de La Termica
Fotografía: Ñito Salas (diario Sur)

 Y para que Santiago Roncagliolo me dedicase El Príncipe de los Caimanes, uno de los libros que me acompañó en mi viaje por el Amazonas y las Guayanas en el 2004. El escritor peruano cerró su novela con un capítulo de agradecimientos:
"[...] Todos ellos, la mayoría sin saberlo, me han ayudado a cubrir el enorme recorrido que separa la página en blanco del último punto. Algunos podrán un día leer esta historia y decidir si nos hemos bañado en el mismo río".
 A lo que yo añadí lo siguiente:
¡Ya lo creo que sí! Y además de bañarnos en el mismo río hiciste que mi viaje fuese más provechoso y emocionante. 
Gracias, Santiago.
 Con el tiempo, me enteré de que Santiago no había estado en el Amazonas y que toda la ambientación había sido fruto de su propia imaginación; algo que no disminuyó la admiración que siento por esa obra, una novela que, junto a mi Neguinha la garimpeira, no me canso de recomendar a todo el que vaya a viajar al Amazonas.


Berna González Habour con Santiago Roncagliolo
Charla sobre Literatura Latinoamericana en La noche de los libros
Fotografía: Pedro Delgado

 Después de su charla con Berna González Habour, sobre Literatura Latinoamericana, conversé con él y le comenté la anécdota.

Santiago Roncagliolo con Pedro Delgado -La noche de los libros-
La Térmica, Málaga 2016 (Fotografía: Lucía Rodríguez)

Santiago Roncagliolo con Pedro Delgado -La noche de los libros-
La Térmica, Málaga 2016 (Fotografía: Lucía Rodríguez)

 Tras lo cual me escribió la siguiente dedicatoria:

El Príncipe de los Caimanes -Santiago Roncagliolo-
Fotografía: Pedro Delgado

Pedro Delgado con Santiago Roncagliolo, Málaga 2016
Málaga 451: La noche de los libros -La Térmica-
Fotografía: Lucía Rodríguez

 En definitiva, un lujo de jornada que espero se repita el próximo año. Y gracias a todos los que aprovechasteis el momento para llevaros ese puñado de relatos que es Carta desde el Toubkal (Ediciones del Genal 2015).

Carta desde el Toubkal en Málaga 451: La noche de los libros(Fotografía: Pedro Delgado)

sábado, 23 de abril de 2016

martes, 5 de abril de 2016

UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE VISTA POR PEDRO DELGADO Y PABLO CANTOS


Pedro Delgado y Sergio Barce, junio 2011
Fotografía: Lucía Rodríguez

Hace unos días, en el nº 14 de la revista Akros que dirige Antonio Bravo Nieto en Melilla, leí un artículo del escritor Sergio Barce titulado Uno de los nuestros: Larache vista desde mis novelas y relatos, y desde las novelas y relatos de otros autores. Al final del mismo, mi amigo Sergio hacía una referencia a las palabras que le dediqué a su novela Una sirena se ahogó en Larache, las cuales reflejan la sensación que tuve de estar en dicha ciudad mientras leía la novela, como si lo observase todo desde lo alto de una azotea:
El escritor Pedro Delgado ha señalado acerca de Una sirena se ahogó en Larache: "Hay escritores para los que no tiene importancia el lugar en el que se desarrollan sus novelas. Lo mismo podrían tener como escenario Madrid que Barcelona, Lisboa que Faro, Nantes que París, /.../ pero Sergio es de esos otros autores para los que ese hecho sí es importante, para los que el paisaje es un personaje más /.../ con sus luces y sus sombras que hace que, los que seguimos su trayectoria y hemos leído sus novelas anteriores, conozcamos, hayamos estado o no allí, la villa de Larache..."
 El texto completo del que están sacadas estas líneas, lo escribí a finales de mayo de 2011, para la presentación de la novela de Sergio en el salón de actos del Corte Inglés. Guardo un recuerdo muy especial de aquella tarde, pues nos acompañó en el escenario Pablo Cantos, quien también preparó unas palabras para arropar la novela de Sergio.

Pablo Cantos Ceballos, Sergio Barce y Pedro Delgado Fernández
Presentación de Una sirena se ahogó en Larache, 1 de junio 2011, Málaga
Fotografía: José Luis Gutiérrez

 Les dejo aquí el texto completo de nuestras intervenciones en aquella presentación, lejana ya en el tiempo pero muy viva en el recuerdo.


Presentación de Una sirena se ahogó en Larache
por Pedro Delgado Fernández


Pedro Delgado Fernández en la presentación de la novela de Sergio Barce
Málaga, 1 junio 2011 / Fotografía: José Luis Gutiérrez

Hay escritores para los que no tiene importancia el lugar en el que se desarrollan sus novelas. Lo mismo podrían tener como escenario Madrid que Barcelona, Lisboa que Faro, Nantes que París..., pero Sergio es de esos otros autores para los que ese hecho sí es importante, para los que el paisaje es un personaje más, como lo es el Monument Valley para John Ford en sus películas del Oeste, haciendo de paso referencia a esa afición compartida por el western. La ciudad es un personaje más con sus luces y sus sombras que hace que, los que seguimos su trayectoria y hemos leído sus novelas anteriores, conozcamos, hayamos estado o no allí, la villa de Larache.
   Es por eso que reconocemos esos lugares comunes:
-El embarcadero y la desembocadura del Lükus;
-el mercado central;
-el castillo de las Cigüeñas, en cuyas ruinas se esconden los amigos de Tami para fumar o cruzar sus espadas de madera, y donde se celebraba el festival de guitarra y música;
-la cuesta del hammam;
-el cementerio cristiano sobre el acantilado, por el que corre Tami con Bernani, y en donde estuve con Sergio visitando la humilde tumba de Jean Genet;
-la explanada del Majzén;
-el Luís Vives, adonde me llevó Sergio para presentar Al sur del Sahara, mi primer libro de viajes;
-el bazar Comandancia de Ragala, lugar de encuentro de artistas donde lo de menos es vender instrumentos musicales;
-la medina, laberíntica y mágica como todas;
-la calle Real, donde Tami se encuentra con Hassan, que debió de ser alguien muy parecido al Lengua de Málaga;
-el zoco chico, con su piso empedrado sobre el que algunos, como el padre de Tami, extienden sus mercancías de segunda mano haciéndole la competencia a los vendedores de los bazares que se cobijan bajo los arcos de los soportales;
-la plaza de España o de la Liberación, con los arriates que la rodean;
-el balcón. ¿Cuántas veces no se habrá sentado Sergio con sus amigos sobre la balaustrada, con los pies colgando hacia fuera, cara al océano? ¿Cuántos barcos pesqueros, de paso lento y pesaroso, no habrá visto atravesar la barra de la desembocadura?
   Uno adivina esas pinceladas autobiográficas en algunos apuntes, e imagina a Sergio creyéndose el mismísimo Barbarroja al cruzar el Lükus o jugando al fútbol con sus amigos, aunque sus nombres no sean exactamente Lotfi, Mustapha, Miguelito, Samir o Bennani.
   Y me gusta que existan personajes reales entre los “extras” de la novela:
-Filafi el del banco;
-Pilar Triviño y su hermano Toni, el que trabaja en el consulado de España;
-la doctora Ouazari y el doctor Ali Marzouki;
-Mayid Yebari, hermano de El Harh Yebari, el del bazar de la avenida Mohamed V, que a veces le da 5 dirhams a Tami para que se compre garrapiñadas. Yo he estado con Sergio en el bazar del Sr. Yebari;
-los directores de cine Abdeslam Kelai y Cherif Tribak, sentados en el café Lixus;
-el guitarrista Ahmed el Guennouni;
-Luisito Velasco;
-los poetas Mohamed Abid y Al Bakri;
-Sibari, el más popular de los escritores marroquíes que escriben en castellano. Una persona entrañable con la que compartí unas horas en la Casa de España de Larache;
-Mohamed Mrabet, que no es el escritor que encumbró mi admirado Paul Bowles al transcribir su Amor por un puñado de pelos, sino ese señor con mayúsculas que vive en la medina y que tiene una pequeña asociación llamada Al Kasaba, y que es de los pocos que cuidan la zona;
-Rachid Serrouk, el de la librería Al Ahram, donde también estuve, la persona que le regala a Tami ese cuaderno de dibujos que todos los niños quieren tener;
-Manuel Gallardo, el abuelo materno de Sergio, que es el policía que abrió camino con la sirena de su motocicleta al abuelo de Tami y a Casitas, el jugador del Larache, para que llegase a tiempo al partido que le ganaron al Martos. El otro día miré por curiosidad en qué división juegan actualmente cada uno de los equipos. El Martos Club de Fútbol milita en la tercera división (grupo IX), pero el Larache Club de Fútbol desapareció con la independencia de Marruecos en 1956. Jugaba en el estadio de Santa Bárbara, con capacidad para 4.900 personas, y la camiseta de su equipación era como la del Málaga. El equipo se fundó en 1940 con el nombre de Patronato Deportivo Larache, y en 1947 cambió de nombre por Larache C.F. Alcanzó la tercera división española, donde militó 8 temporadas hasta su desaparición. La sede social del club se encontraba en el Bar Selva, en la plaza de España.
   Hablando de fútbol, me gusta pensar que Tami, de existir, estaría contento por la victoria del Barça el pasado sábado, y que se habría paseado con su camiseta blaugrana con el nombre de Xavi en la espalda, por las plazas y las calles de la ciudad.
   Todos sabemos, como el tio de Miguelito que era marinero, que las sirenas desaparecieron hace siglos, pero después de leer esta novela uno no podrá dejar de otear la playa cuando visite Larache, con la esperanza de que aquella sirena todavía no se haya ahogado.

Pedro Delgado, sus padres y Lucía Rodríguez en la presentación del libro de Sergio Barce
Málaga, 1 junio 2011 / Fotografía: José Luis Gutiérrez



Presentación de Una Sirena se ahogó en Larache
por Pablo Cantos Ceballos


Pablo Cantos Ceballos durante su intervención
Málaga, 1 de junio de 2011 / Fotografía: José Luis Gutiérrez

LA REBELDÍA DE LOS SOÑADORES

No conozco Larache. ¿Has estado por allí?, me preguntó Sergio Barce hace casi diez años. He estado varias veces, sobre todo en el Norte pero una vez llegué hasta Ouarzazate, le contesté. Tienes que venir conmigo, en cuanto haya ocasión. Pero la ocasión tarda, a mi pesar y al suyo. Entretanto, Sergio me va regalando fragmentos de su ciudad. Nombres, rostros, edificios antiguos, recuerdos tomados de un botín inagotable que trajo consigo y que siempre lo acompaña. Sergio vive aquí, en Málaga pero, para soñar, se traslada hasta su ciudad de siempre. Cuando la realidad lo enreda, Sergio mira hacia arriba y, sin esfuerzo, se eleva hasta en el laberinto de su infancia. El laberinto está pintado de cal y azulina, y tiene vistas al Balcón del Atlántico. Por eso huele a mar y a sardinas, o a aceitunas, jengibre y pimentón. Ahí es donde vive Tami. El niño encimado por la maldad ajena, y redimido por los relatos de su abuelo y los brazos de su madre. El niño frágil que, incomprensiblemente, resiste. No le es fácil. Hace falta creer mucho, sortear mentiras y amenazas para convertir un cigarrón verde en aguerrido combatiente, para servir al gran Saladino y para cortejar princesas tan altivas como Aixa. Pero la realidad, aunque retrocede, no se rinde; la realidad es un padre impío, un hermano mayor, un abuelo viudo, y un cuartucho con jergón en el que dormir la fiebre. La realidad tiene los brazos fuertes, y Tami los bronquios cargados y un propósito hecho ilusión de belleza. Así, entregado y decidido, llega hasta la Playa Peligrosa. Ya no valen medias tintas: la fantasía que lo ha protegido, lo desafía. Una sirena. Es una sirena varada quien lo mira, lo seduce y lo reta para que compruebe si los sueños tienen la verdad necesaria para seguir viviendo. “¿Y tú me crees?- su pregunta brota de la garganta con un temor de descalabro. Su madre parpadea un par de veces esbozando una sonrisa de conmiseración, tal vez sopesando la respuesta adecuada. Asiente con la seguridad que le da el no poder defraudarlo. Lo arropa de nuevo y lo besa en la frente, barruntándose que probablemente tendrá que llevarlo al médico.
-Claro que te creo. Siempre- toma aire antes de preguntarle- Tami, ¿me regalarás algún día una de tus estrellas?”
No es verdad. En el mundo no hay sirenas, y Rachida lo sabe. Pero la ilusión de Tami es tan vigorosa que algunos, sin creerla, ansían compartirla. Luego están los otros, los miserables, los sometidos, los ventajistas borrachos de mundo y de realidad. Pero nada de esto es para ellos. Ellos se conformarán con sus abusos, su violencia y sus engaños de filibustero, porque sospechan que las sirenas nunca los mirarán con sus ojos transparentes. Las sirenas son solo para los rebeldes que sueñan.

***

 Este viernes, 8 de abril, Sergio Barce da una conferencia en Melilla, bajo el sugerente título De Larache a Tánger, un viaje a través de mis novelas. La cita es a las 20:00 horas, en el Real Club Mediterráneo. Si están por allí, no les digo más. Asistan, acomódense en los asientos y déjense guiar por Marruecos de la mano de Sergio Barce.

De Larache a Tánger, un viaje a través de mis novelas
Sergio Barce

  Y aprovechen para que les dedique sus novelas.

Pedro Delgado y Sergio Barce
Málaga, 1 junio 2011 / Fotografía: Lucía Rodríguez

 También les dejo el enlace donde pueden leer el artículo que escribió Sergio para la revista Akros.


Akros nº 14
Revista de Patrimonio Melilla

sábado, 2 de abril de 2016

MÁLAGA 451: LA NOCHE DE LOS LIBROS


Worth, obra de Rogelio López Cuenca
vinyl on sheet metal 120 x 120 x 5 cm

El próximo viernes, 8 de abril, La Térmica acogerá la segunda edición de Málaga 451: la noche de los libros, una velada nocturna dedicada a la literatura que, como dijo en la presentación Antonio Soler, es un "homenaje a ese mundo silencioso de lectores que lee el resto del año". Para los que no lo hacen, comentar que la cifra que aparece en el nombre de este festival literario hace referencia a la novela del estadounidense Ray Bradbury, Fahrenheit 451, y es la temperatura a la que el papel se inflama y arde, equivalente a 232,778 grados centígrados.
 Desde las seis de la tarde a las dos de la madrugada, podremos escuchar a un buen montón de escritores, entre los que destacan el propio Antonio Soler, Almudena Grandes, Eduardo Mendicutti, Justo Navarro o Santiago Rocangliolo. Por otra parte, y como subrayó el director de La Térmica, Salomón Castiel, "las librerías malagueñas son el corazón de La Noche de los Libros, por lo que esta edición contará con una decena de librerías que montarán sus estands", entre las que se cuentan Proteo y Prometeo, Luces, Mapas & Compañía, Q ProQuo o Rayuela. Podéis conseguir mi libro en dichos estands y en el de la editorial, Ediciones del Genal, que también tendrá su propio espacio en el festival.
 Andaré por allí esa tarde noche, así que será una buena ocasión para veros y, por supuesto, para dedicaros mis libros.


Pincha sobre el siguiente enlace para ver la programación completa del festival:
http://www.latermicamalaga.com/malaga451/


Málaga 451: La Noche de los Libros

sábado, 26 de marzo de 2016

DE MOLENBEEK, BARAK OBAMA, DONALD TRUMP Y MOHAMED ALI


Barrio de Molenbeek, Bruselas. Fotografía: Yves Herman /Reuters

Tras la detención del terrorista Salah Abdeslam, todos los ojos se han vuelto a fijar en el barrio de Molenbeek, donde estuvo  oculto los últimos meses. Viví un par de días en este barrio de mayoría musulmana en el invierno de 2009, cuando viajaba con mi hijo mayor camino de Finlandia y una chica española nos acogió en su casa, un piso compartido a media hora a pie del centro de Bruselas. Llegamos allí por la mañana, pero no pudimos reunirnos con nuestra anfitriona hasta última hora de la tarde, así que tuvimos que tirar de la hospitalidad de su gente: una mujer con velo nos dejó su teléfono móvil para llamar a nuestra amiga, y el camarero de un restaurante marroquí nos permitió dejar allí nuestras maletas para que pudiésemos iniciar la visita de la ciudad más cómodamente. Hubo más guiños hacia nosotros, por eso me fastidia ver el trato que se le está dando al barrio. No les quepa duda, los habitantes de Molenbeek lamentan tanto como nosotros los ataques terroristas que se están produciendo. Son rehenes de una minoría de radicales que han estigmatizado al barrio. Es cierto que la media de edad de sus habitantes está en torno a los 34 años y que el paro en sus calles ronda el 40%, y que la suma de esos factores puede estar detrás de la radicalización de unos pocos, pues la falta de oportunidades los hace manipulables, pero no pueden pagar justos por pecadores.


Barak Obama con una fotografía de Mohamed Ali al fondo
Muhammad Ali Vs Sonny Liston
25th May 1965
First Minute, First Round


 En Estados Unidos, no hace mucho, el presidente Barak Obama hizo un llamamiento televisivo a la población para que rechazase cualquier tipo de discriminación, señalando que "los musulmanes estadounidenses son nuestros amigos, vecinos, colegas y héroes deportivos". Al día siguiente, el precandidato republicano Donald Trump se preguntaba vía Twitter de qué deporte y de quién hablaba el presidente. Fue entonces cuando levantó la voz esa leyenda del boxeo que es Mohamed Ali. "Como musulmanes tenemos que levantarnos contra aquellos que usan el islam para avanzar en su agenda personal", dijo el púgil en un comunicado dirigido a "los candidatos presidenciales que proponen prohibir la migración de musulmanes a Estados Unidos", en una clara referencia a las declaraciones de Trump, quien propone prohibir la entrada de musulmanes al país si gana las próximas elecciones.

"Los musulmanes debemos defendernos de quienes utilizan el islam para favorecer sus propios intereses. Como alguien que nunca ha sido acusado de corrección política, creo que nuestros líderes políticos deben usar sus posiciones para traer entendimiento sobre la religión del Islam y aclarar que estos asesinos han pervertido la visión que tiene la gente sobre lo que es el islam en realidad".

Mohamed Ali en 2006 (Reuters)

"Soy musulmán y no hay nada islámico en asesinar personas inocentes en París, San Bernardino, o en cualquier parte del mundo. Los verdaderos musulmanes saben que la violencia despiadada de los llamados yihadistas islámicos va en contra de los preceptos fundamentales de nuestra religión".

 Sirvan estas líneas para solidarizarme con todos esos amigos musulmanes que viven en occidente y se sienten señalados y discriminados por una sociedad que los prejuzga por el mero hecho de serlos. Y, por supuesto, vaya desde aquí mi solidaridad con las víctimas y los familiares de tan despreciables atentados.


Nota: El tres veces campeón del mundo de los pesos pesados se convirtió al islam en 1964, cambiando su nombre de Cassius Clay por el de Mohamed Ali.

jueves, 17 de marzo de 2016

SEPUR ZARCO

Juicio Sepur Zarco (Fotografía: Sandra Sebastián)

Los indígenas, que han aprendido a distinguir el ruido ajeno a la selva, los sienten llegar con sus voces y sus pisadas descuidadas, y el sonido propio de la espesura se quiebra con el barullo y las armas de los uniformados: un teniente y 50 soldados del ejército guatemalteco. Han venido para quedarse, para construir a punta de fusil un lugar de descanso para la tropa en la comunidad indígena maya de Sepur Zarco.
 Sepur Zarco, palabras que, como dice mi amigo Jesús Majada, "remiten a hechos lejanos, antiguos, casi perdidos" en el tiempo: al estío de 1982, cuando el país vivía un conflicto armado interno y muchos campesinos q'echi'es tuvieron que dejar sus humildes casas, sus animales y sus cultivos y huir a la desesperada a la montaña, escapando de un ejército guatemalteco que los acusaba sin pruebas de colaborar con la guerrilla. Dos decenas de hombres fueron capturados, interrogados bajo tortura y hechos desaparecer, y sus viudas fueron conducidas al destacamento militar de recreo, donde el teniente Reyes Girón consintió que los soldados abusaran sexualmente de ellas.
 La esclavitud sexual y doméstica no acabaría hasta el año 1988, cuando los soldados y los destacamentos de la zona recibieron la orden de replegarse, dejando rotas las vidas de aquellas mujeres que se dieron de bruces con la desidia y el silencio gubernamental.
 Hace unas semanas, la tenacidad y la valentía de estas mujeres consiguió sentar en el banquillo de los acusados al teniente Steelmer Reyes Girón y al ex comisionado militar Heriberto Valdez Asij.

Juicio Sepur Zarco  (Fotografía: Sandra Sebastián)

"Poco más de 30 años después, estas mujeres acusadas, con pequeñas arrugas en sus manos levantadas a la altura de su hombro derecho, juran decir la verdad y se atreven a hablar. Denuncian. En los tribunales. Ante el juez. Y esto es lo que cuentan..."
Sepur Zarco: el recreo de los soldados.
Oswaldo J. Hernández

 Una amiga guatemalteca de Jesús Majada, Brisna Caxaj, le pide que haga lo posible por difundir esta noticia en España donde, engullida por la trifulca política y el drama de los inmigrantes, apenas ha tenido eco. Y Jesús, a su vez, se lo pide a sus amigos; así que desde aquí me adhiero al Comunicado Internacional Juicio Sepur Zarco. Me hubiese gustado escribir esta entrada hace unos días con motivo del Día Internacional de la Mujer, pero creo que cualquier día es bueno para reivindicar la lucha de estas mujeres y mostrarles nuestro apoyo.

"Porque estos hechos no son hechos lejanos, ni antiguos, ni perdidos: España tiene alguna deuda con Guatemala, son delitos que no prescriben y, aunque estuvieron muertos, estas valientes mujeres han conseguido resucitarlos".
Jesús Majada
    Profesor, escritor y editor (Caligrama Ediciones)

Juicio Sepur Zarco (Fotografía: Sandra Sebastián)

http://todosporguatemala.org/2016/03/02/

lunes, 7 de marzo de 2016

PROYECCIÓN DE MUJER Y MONTAÑA EN EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA


Carta desde el Toubkal en la Sociedad Excursionista de Málaga

Mañana, día 8 de marzo, con motivo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, se proyectará el vídeo Mujer y Montaña en dos lugares de la provincia: el salón del actos del I.E.S. Isaac Albéniz (donde trabajo) y el de la Sociedad Excursionista de Málaga.
 El primer acto, organizado por Rocío Castellano, profesora de inglés y coordinadora de igualdad del centro, contará con la presencia de los alumnos de 3º y 4º de ESO. Algunos de esos alumnos de cuarto serán protagonistas del acto, unos porque aparecen en el mismo y otros porque colaboraron en su realización. Y, junto a ellos, el profesor de la asignatura de Cine, Enrique Sánchez, sin el cual no se habría podido materializar mi idea.
 El segundo acto, organizado por Ángel López, presidente de la Sociedad Excursionista de Málaga, tendrá lugar a las 21:00 horas en su sede de la calle República Argentina nº 9, en la zona de El Limonar.

Sede de la Sociedad Excursionista de Málaga
Centro Cultural José María Gutiérrez Romero

Salón de actos de la Sociedad Excursionista de Málaga
Presentación del libro Miradas, del fotógrafo Sebastián González 

 La Sociedad Excursionista de Málaga se fundó en el año 1906, lo que da muestra de la larga tradición que ésta tiene entre los malagueños amantes de la aventura y las actividades en la naturaleza. Con todos ellos tengo una cita mañana, un encuentro abierto también a los no socios que quieran celebrar con nosotros tan señalado día, una jornada para reivindicar la igualdad de las mujeres en el mundo, más ahora, cuando aún vemos noticias en el telediario que demuestran que, en algunos sitios y lugares, la mujer no es todavía esa ciudadana de pleno derecho, libre y autónoma que debería ser.

Cabecera de la página web de la Sociedad Excursionista de Málaga

lunes, 29 de febrero de 2016

VIAJES CON HERÓDOTO

El pasado 19 de febrero fui invitado por María Barrionuevo al Club de Lectura de la Librería Luces de Málaga. En esta ocasión no se trataba de presentar mi último libro, sino de conversar acerca de las características de la literatura de viajes, pues en torno a ella giraban las dos propuestas lectoras del mes: Viajes con Heródoto de Ryszard Kapuscinski y El antropólogo inocente de Nigel Barley.


 No voy a hablarles en esta entrada de la primera "discusión" que nos encontramos al referirnos a este tipo de literatura -sobre si la englobamos dentro del género narrativo, como un subgrupo temático más, o si le damos categoría de género literario por sí misma-. Tampoco de las características que debe tener y las formas que puede adoptar. En lugar de ello voy a dedicar este espacio a Viajes con Heródoto, un libro que me regalaron por mi cumpleaños hace ocho o nueve años y que, vaya usted a saber el porqué, no leí en su momento.
 Aprovechando la llamada de María, rescaté el libro de uno de los anaqueles de la biblioteca y me adentré en sus páginas para llegar a la cita con los deberes hechos. ¿Y qué decir? Que fue un placer acompañar a Kapuscinski por el mundo en su oficio de reportero.
[...] sólo anhelaba una cosa: cruzar la frontera, no importaba cuál ni dónde, porque no me importaba el fin, la meta, el destino, sino el mero acto, casi místico y trascendental, de cruzar la frontera.

Ryszard Kapuscinski, Nueva York 1986
Fotografía de Czeslaw Czaplinski

 La casualidad, en forma de regalo de su redactora jefe, puso en sus manos el libro de Heródoto antes de partir hacia la India, y éste ya nunca lo abandonaría en sus múltiples viajes.
Al final de aquella conversación por la que supe que partiría hacia el mundo, Tarlowska se acercó al armario, sacó de él un libro y, mientras me lo entregaba, dijo: "Un regalo de mi parte, para el viaje." Era un grueso volumen de tapa dura, forrado con tela de lino amarilla. En la portada leí, grabados en letras doradas, el nombre del autor y el título: Heródoto, Historia.
 A pesar de los dos mil quinientos años que los separan, el paralelismo entre la vida del griego y la del polaco es obvio; y si el primero dedicó su vida a viajar para recoger la historia de la humanidad, el segundo, cronista igual de curioso y de observador, cubrió una infinidad de guerras y revoluciones, describiendo sus experiencias en una serie de libros excepcionales: El Sha, Lapidarium, La guerra del fútbol, El Imperio, El emperador, Ébano, Los cínicos no sirven para este oficio, El mundo de hoy, Un día más con vida o Cristo con un fusil al hombro.
En el mundo de Heródoto, el individuo es prácticamente el único depositario de la memoria. De manera que para llegar a aquello que ha sido recordado hay que llegar a él; y si vive lejos de nuestra morada, tenemos que ir a buscarlo, emprender el viaje, y cuando ya lo encontremos, sentarnos junto a él y escuchar lo que nos quiera decir, escuchar, recordar y tal vez apuntar. Así es como, a partir de una situación como ésta, nace el reportaje.

Heródoto

  Heródoto sabe que el principio se halla en la respuesta a la pregunta: ¿quién ha empezado?, y nos muestra que la venganza no sólo es ley sino el más sagrado de los deberes, que hay en ella algo inevitable e irreversible. También que la felicidad humana nunca es duradera y, sobre todo, que lo dispuesto por el destino no pueden evitarlo los dioses mismos. De la mano de Kapuscinski y del propio Heródoto, veremos cómo Ciro el Grande, Cambises, Darío o Jerjes quisieron dominar y conquistar el mundo, como más tarde lo querría Napoleón o Hitler, trasgrediendo la sabia ley griega de la moderación: "no ambicionar demasiado, nunca desearlo todo". Y qué decir de "la inflexible ley de la historia, según la cual el que se enaltezca será degradado: no seas codicioso, no pugnes por estar en primera fila, haz gala de moderación y humildad, si no, te alcanzará la fustigadora mano del Destino, que corta las cabezas de los engreídos que se encumbran".

 Las páginas del polaco también nos recuerdan, al hablar del Congo, que todos podemos ser exiliados, como esos sirios que huyen de la guerra y se encuentran bloqueados en Macedonia estos días. Y, al hacerlo de Argel, nos muestra como en esa ciudad ya se cruzaban dos de los grandes conflictos del mundo contemporáneo: entre el cristianismo y el islam, y, entre las dos corrientes que se dan en el seno del propio islam: una abierta, de diálogo y mediterránea, "y otra cerrada, nacida del sentimiento de incertidumbre e inseguridad en el mundo contemporáneo, una corriente de fundamentalistas que comprendían la defensa de la fe y de la tradición como condición de su propia existencia y de su identidad".
En Argel incluso se habla abiertamente de dos modalidades de islam: el del desierto y el del río (o del mar). El primero lo profesan y practican combativas tribus nómadas que, en medio del entorno más hostil al hombre que es el Sáhara, luchan por sobrevivir, por mantenerse a flote como sea; y el segundo, el del río (o del mar), es, por el contrario, la religión de los mercaderes, los vendedores ambulantes, los "hombres del camino" y del zoco, para los cuales la actitud abierta, el compromiso y el intercambio no son sólo una cuestión de ventajas económicas, sino una condición misma de la existencia. 
En tiempos del colonialismo, las dos corrientes se mantuvieron unidas por un enemigo común, pero después se produjo el choque.
 Durante la lectura, me sentí numerosas veces identificado con Kapuscinski. Como cualquier lector que haya viajado a la India por su cuenta, volví a sentir el choque brutal que me supuso aterrizar en Nueva Delhi, coger el desvencijado autobús del aeropuerto y apearme en el centro de la ciudad, donde, aún al alba, la gente dormía a la intemperie, cubriendo con sus escuálidos cuerpos, junto a una bolsa de plástico con sus exiguas pertenencias, el asfalto y las aceras. Y por si la visión no fuese lo suficientemente dantesca, tuve que ver como una pequeña cuadrilla de operarios se movía, aquí y allá, retirando del suelo a los que, a esa hora, ya eran cadáveres. Imposible no preguntarte ¿qué hago yo aquí? a cada momento durante los primeros días. ¿Y qué decir de la incertidumbre de cruzarte con algún uniformado en África o del placer de residir por unos días en la isla de Goreé? Como el polaco, viajaba cargado de libros, entre ellos ejemplares de León el Africano, Samarcanda, La Roca de Tanios o Los Jardines de la Luz, del franco-libanés Amin Maalouf, los cuales me permitían cruzar la frontera en el tiempo.
Tengo un asiento junto a la ventanilla, pero como la vista desde el autobús es siempre la misma, al cabo de varias horas de viaje saco de la bolsa a Heródoto y retomo mi lectura sobre los escitas.
 ¿Por qué Grecia (es decir, Europa) está en guerra con Persia (es decir, Asia), por qué estos dos mundos -occidente y oriente- luchan el uno contra el otro?, se preguntaba el de Halicarnaso. ¿Será así siempre?, nos preguntábamos en la reunión del club de lectura. También si con su muerte, en enero de 2007, como con la de Enrique Meneses y Manu Leguineche, no habría muerto una forma de hacer periodismo. Seguramente. Más en estos tiempos tan tecnológicos. Pero estoy seguro de que los tres son un acicate para todos esos corresponsales y reporteros que pululan por el mundo y que aman su oficio. También para los que sueñan con hacerlo.
En aquella época, sin embargo, dejé de seguir por un tiempo los avatares de los personajes y las guerras descritos por Heródoto para centrarme en su taller. ¿Cómo trabaja?, ¿qué le interesa?, ¿cómo se dirige a la gente?, ¿por qué cosas pregunta a sus interlocutores?, ¿cómo escucha lo que le dicen?: eso es lo que más me interesaba, ya que por aquel entonces todo mi empeño iba dirigido a conocer el arte de escribir reportajes, y la maestría del griego en este ámbito se me antojaba una ayuda tan útil como valiosa. Heródoto ante las personas a las que encuentra: he aquí lo que me intrigaba puesto que todo aquello que escribimos en los reportajes proviene de la gente, de esas personas, y la relación yo-él, yo-los otros, su naturaleza y su temperatura incidirán más tarde en el valor del texto. Dependemos de la gente, y por eso el reportaje tal vez sea el género de escritura más colectivo.

Enrique Meneses y Manu Leguineche
Oxígeno para vivir, documental de Georgina Cisquella

Nota: Pueden ver el fragmento en el que Meneses y Leguineche charlan sobre periodismo en Oxígeno para vivir, magnífico documental de Georgina Cisquella emitido en la 2 de TVE. http://www.rtve.es/alacarta/videos/el-documental/enrique-meneses-manu-leguineche-charlan-sobre-periodismo-oxigeno-para-vivir/2337354/


"Tomad nota -parece decir Heródoto-: un insignificante grupo de pequeños estados griegos ha vencido a la gran potencia oriental sólo porque los griegos se sabían libres, y por esa libertad estaban dispuestos a darlo todo".


Posdata: Esta entrada se escribió entre el 29 de febrero y el 1 de marzo, pero como me llama la atención eso del año bisiesto, he querido ponerle fecha de ayer. Los textos de Viajes con Heródoto pertenecen a la 5ª edición (febrero 2007) de la editorial Anagrama, con traducción del polaco de Agata Orzeszek. Viajé a India en el verano de 1994. Espero que la cosa haya cambiado.

https://ubasakura.wordpress.com/2016/01/26/club-de-lectura-febrero-literatura-de-viajes/

domingo, 14 de febrero de 2016

HOMENAJE A ALEXANDRA BOULAT

Aunque no soy muy de celebrar San Valentín, la fecha me va a servir de excusa para mostraros aquí uno de mis relatos. En concreto el que lleva por título La Boulat, con el que obtuve el 2º premio en el VII Certamen de Declaraciones de Amor "Dime que me quieres" del año 2008 -organizado por el Ayuntamiento de Málaga-, y que no es más que un homenaje a la reportera gráfica francesa Alexandra Boulat que falleció en trágicas circunstancias en el 2007.


LA BOULAT


Málaga, 5 de octubre de 2007

Estimado Morenatti:
   Al recibir ayer el correo con la noticia de la muerte de Alexandra me sentí noqueado. Fue un gancho directo a la boca del estómago, donde se me ha instalado un dolor inmenso. Gracias por comunicármelo con tanta celeridad y por haberme tenido al corriente durante el tiempo que estuvo en coma. También por la foto que me envías.


Alexandra Boulat (Fotografía: Jerome Delay / Associated Press)


   Observo su cuerpo menudo junto a la mole metálica, cuyo cañón me apunta directamente, y me fijo en sus manos y en la cámara que sostienen. La sonrisa que ilumina su rostro es la misma que me brindó hace poco más de dos años en la Ciudad de la Luz, mientras cubríamos las revueltas de los suburbios, las banlieues en las que se hacinan los jóvenes inmigrantes.
   Nos habíamos conocido esa misma mañana, en un café cercano al suburbio de Seine-Saint-Denis. Yo estaba pintarrajeando una de mis moleskines cuando la saludó el redactor que me acompañaba. Recuerdo que entonces se sentó en nuestra mesa y que, después de presentarnos, me pidió ver los dibujos del cuaderno. Yo miré detenidamente su cuerpo delgado, sus manos finas de dedos largos, su rostro anguloso en el que destacaba su sonrisa, blanca y cautivadora, y esos ojos acostumbrados a la observación de las cosas y de los hombres, que reflejaban bondad e inteligencia. Me dijo que los dibujos le gustaban mucho y me confesó que a ella también se le daba bien dibujar, que de pequeña siempre había soñado con ser pintora y que no descartaba hacerlo en el tercer acto de su vida, cuando se retirase a la campiña.
   Volví a encontrarla aquella misma tarde. Es la memoria la que me devuelve ahora a ese escenario: ambos con un ojo pegado al visor, moviéndonos entre la gendarmerie y los manifestantes, corriendo de un lado a otro entre el sonido de las sirenas y de los cristales rotos. Cuando nos arrimábamos a los policías, nos llovían las piedras, y los cócteles molotov pasaban por encima de nuestras cabezas; y cuando cambiábamos de bando teníamos que esquivar las bolas de goma de los antidisturbios. Entonces ella dijo que aquel era el "Mayo del 68 de los Desheredados"; que ahora, como treinta y ocho años atrás habían hecho los estudiantes, exigían un futuro mejor. El desencadenante de aquel estallido, que desde el extrarradio prendía los coches de las calles más céntricas de París, había sido la muerte accidental de dos adolescentes cuando huían de la policía. Así protestaban y reclamaban su sitio en la sociedad los "zidanes" pobres: levantando barricadas, quemando contenedores, saqueando tiendas y arrojándoles piedras a los policías.
   Al amanecer, cuando todo hubo acabado hasta la noche siguiente, nos sentamos agotados en una patisserie. Y mientras pedíamos café y croissants, nos miramos en ese silencio de camaradería que es preludio de una larga conversación. Ella había hecho tónica la última sílaba de mi nombre, y yo me reía cada vez que se dirigía a mí con un "Sergió". En esos momentos, me parecía más rusa que francesa. No sabes lo feliz que me hizo aquel desayuno... Reconozco que intenté ligar con ella, pero no tuve éxito. Me calificó de "caníbal emocional", algo genético según ella: un tipo que nace infiel y se profesionaliza a lo largo de su vida. En mi descargo he de confesar que no sabía que estaba felizmente emparejada con ese realizador palestino. De todas formas, me habría gustado ganarle el corazón.
   Durante aquellas tres semanas de guerrilla urbana, registradas en el otoño de 2005, volvimos a coincidir unas cuantas veces. Ella solía entrar en las barricadas por las mañanas, sola, dispuesta a perderse entre bloques y pandillas, y no regresaba hasta la noche; entonces, si el azar se aliaba conmigo y la cruzaba en mi camino, compartíamos un trozo de pizza o un showarma de cordero. La gente se refería a ella como "Alex" o "La Boulat", pero yo prefería llamarla Alexandra.
   Al despedirnos, nos dimos los números de teléfonos y las direcciones de correo, y nos intercambiamos los libros que acabábamos de leer: yo le entregué una ajada edición de bolsillo de "Viaje al fin de la noche", de Céline, y ella me dio "La insoportable levedad del ser" (¡qué paradójico y perverso puede llegar a ser el azar!).

   Dejo de escribir por un momento y me acerco a la estantería a buscar el libro. Lo sostengo en mis manos, algo temblorosas, y busco entre sus páginas una de las fotografías que me envió. Aquella en la que se ve a una familia afgana amortajando el cuerpo de un niño que acaba de morir en un campo de refugiados, y, con los ojos húmedos, vuelvo a leer el poema que escribí en su reverso.


Alexandra Boulat, Afganistán 2001


VIEJA AMIGA*
¡Oh, vieja amiga, que vas y vienes
como una sombra, sin un ruido
ven, cansado estoy de ir huido,
posa tus labios sobre mis sienes!
Que el beso gélido que te pido
calme la fiebre que en mi sangre bulle;
el espejo refleja el temido
horror de la ruina que escarnece,
el viento solloza en la ventana,
las ramas del tilo golpean con fuerza
los cristales; el fin está cercano;
mis amigos han oído tu llamada
yo también confío
en ser sombra en tu reino lejano.


   Junto al libro hay una carpeta en la que guardo más fotos de ella y esos diez o doce emails que me traían noticias de su trabajo y de su vida. En ellos, escritos todos en un tono muy afable, mostraba siempre su interés por reflejar las consecuencias de la guerra y la auténtica realidad de la mujer en los países árabes. Quién mejor que ella para plasmar esas costumbres que, por cultura, son prácticamente inaccesibles para los hombres. Siempre se despedía con: "Un gran beso. Nos veremos". Desgraciadamente, nunca más la vi.


   En una de aquellas tardes parisinas me contó que el escritor André Malraux le dijo a su padre que "cada persona tiene dentro de sí un museo particular donde guarda todo lo que vivió y amó". Que cierto es... La echaré de menos.
   El próximo viernes 12 de octubre me acercaré a la iglesia y al cementerio de Jacque-ville. Es lo menos que puedo hacer por ella. Le llevaré unas flores y la despediré con un beso. Espero verte allí, para poder entregarte este abrazo. Gracias por aguantar el lamento de este corazón solitario.
   Un fuerte abrazo.
                                                                       Sergio
                                                                                

   De nuevo me acerco a la estantería, donde remiro los lomos de las moleskines hasta dar con la que llevaba en París. Retiro el elástico que comprime sus páginas y rebusco entre ellas las líneas que anoté el día de nuestro primer encuentro:

"Sentí el flechazo desde el primer instante. Su constante sonrisa, su amabilidad, sus refinados modales, y ese carisma que le daba haber tenido tantas vivencias y que la hacía aún más atractiva. Desprendía aventura, algo por lo que todos estábamos allí".

   Ahora, después de tantos años de trabajo, comprendo que compartíamos una misma forma de vivir y de ver el mundo, y que ambos éramos cautivos de nuestra querencia por la libertad y la soledad, nuestros demonios interiores que nos hacían ir de un a lado a otro sin anclarnos a ningún punto. Los amigos nos tachaban de imprudentes e irresponsables o pensaban que teníamos más valor que nadie, pero nada de eso era cierto. Tan sólo desarrollábamos el único trabajo que nos permitía sentirnos vivos. Nos gustaba registrar la realidad desde dentro, sabiendo que con cada disparo de nuestras cámaras estábamos construyendo una toma de posición, y por eso aceptábamos y explorábamos los riesgos de nuestra profesión.


Relato obra de Pedro Delgado Fernández.
*Poema de mi padre, Francisco Delgado Acosta.


La reportera gráfica Alexandra Boulat, cubrió conflictos en Yugoslavia, Indonesia, Afganistán, Irak, Israel y Palestina, y su trabajo apareció en revistas tan prestigiosas como París Match, Time, Newsweek, Stern y National Geographic. Ganó numerosos premios internacionales entre los que destaca el World Press, galardón conseguido, paradójicamente, con la cobertura del último desfile de Yves Saint Laurent. Debido a sus estudios de Bellas Artes, sus trabajos bordean la tenue línea que separa el fotoperiodismo del arte. En 2001 fundó con otros seis colegas la agencia de fotografía VII, y fueron conocidos en el mundo de la prensa como "los 7 Magníficos", pues eran los mejores fotoperiodistas del momento. Fueron su padre, Pierre Boulat -gran reportero de Life-, y su madre Annie -creadora de la agencia gráfica Cosmos-, quienes le contagiaron el virus de la fotografía.
En junio de 2007 sufrió una hemorragia cerebral, debido a una aneurisma, mientras trabajaba en la frontera de Gaza. La ambulancia palestina que la llevaba quedó retenida en la frontera hasta la llegada de otra ambulancia israelí que la condujo al hospital de Jerusalén. Allí, sometida a un coma inducido, fue operada, siendo trasladada después a París, su ciudad natal, donde falleció el 5 de octubre de ese mismo año a los 45 años de edad.