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| Tex. El valle del terror (Laramie Ediciones) Fotografía: Pedro Delgado |
El regreso de Tex, a las librerías y tiendas de cómics españolas, se produjo el pasado mes de febrero de la mano de Laramie Ediciones, con un primer volumen que lleva por título El valle del terror y el anuncio de la edición próximamente de tres tomos más (Patagonia –ya en imprenta–, Las hienas de Lamont y ¡Doc!), variando de un volumen a otro el nombre de los guionistas y dibujantes. Son los famosos Texones –Texoni en su país de origen–, por el tamaño que tenían, de la Editorial Bonelli, álbumes anuales especiales, historias sin el típico "continuará" de la línea periódica, que el editor encargaba a dibujantes de mucho prestigio (argentinos, norteamericanos, españoles y, por supuesto, italianos –curiosamente, ningún francobelga–) y guionistas de la casa.
Nuestro hombre de Laramie ha elegido para este primer número el tándem formado por el guionista italiano Claudio Nizzi (Sétif, Argelia, 1938), que en 1988 tomó el relevo de Gianluigi Bonelli –creador original de la serie con el diseño gráfico de Aurelio Galleppini–, y el dibujante Magnus, seudónimo de Roberto Raviola (Bolonia, 1939-1996).
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| El dibujante Roberto Raviola, más conocido como Magnus |
Para Magnus, este Tex supuso su primera y única incursión en el western. ¡Pero menuda incursión! Magnus se retiró a Castel del Rio, un pueblo con castañales centenarios en el valle del Santerno, Bolonia, y durante cerca de siete años, buscando la perfección, elaboró con calma las 224 viñetas que conforman este volumen, en las que brillan la ambientación y el increíble nivel de los detalles, para lo que Magnus consultó numerosos catálogos de la época. En una palabra, y ya metido en su lectura, su trabajo me pareció fascinante. Y eso que en una primera hojeada torcí un poco el morro, pues el aspecto de su Tex, tan musculado y con la camisa tan ceñida, me lo asemejaba más a un personaje de Tom of Finland que al ranger legendario.
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| El Tex de Magnus |
Luego supe que Magnus revolucionó en la Italia de los setenta el cómic de género erótico, lo que explicaba esa impresión inicial que desapareció en cuanto empecé a leer la historieta, que arranca muy arriba con el feroz asalto a una hacienda por parte de cuatro orientales que se mueven sigilosamente al amparo de la noche y de la tormenta.
Nada se le resiste a Magnus, que dibuja de manera magistral la lluvia torrencial, las ráfagas de viento y los cielos estrellados. Atento siempre a los detalles en los paisajes exteriores –magníficos esos valles de bosques frondosos– y la arquitectura de las construcciones que aparecen –excepcionales tanto los habitáculos exteriores como los interiores–. Sin olvidar el mimo que pone en el tratamiento de las figuras humanas y animales, con esos rostros marcados por el miedo, el odio ciego y la sed de venganza y esos caballos recios y bien plantados. Y todo ello en un blanco y negro exquisito.
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| Pág. 110 de Tex. El valle del terror (Laramie Ediciones) |
Pero antes de hablarles del álbum, traducido por Luis Domínguez, y pensando sobre todo en los lectores que no conozcan a Tex –a muchos les vendrá a la cabeza el nombre de Lucky Luke al oír hablar de un vaquero de camisa amarilla*–, les mostraré aquí la entrada sobre el personaje que aparece en El diccionario del cómic de la editorial Larousse.
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| Tex, de GianLuigi Bonelli y Galep Imagen: Sergio Bonelli Editore |
Tex Willer. Personaje. Collana del Tex (1948), Gian Luigi Bonelli (guión), Galep (dibujo), Italia.
Tex Willer no es un cowboy del montón. Justiciero, detective o agente secreto, según convenga, es amigo de los indios y, en compañía de su amigo Kit Carson, combate contra toda clase de abusos. Fiel y sincero, pero impulsivo, prefiere utilizar la astucia en vez de la fuerza, burlándose así de los ganaderos racistas y los arrogantes militares. La serie, creada por Gian Luigi Bonelli y Galep se publicó desde 1948. Tex Willer, que durante mucho tiempo fue realizada por Daim Press, la sociedad de Bonelli, fue continuada por su hijo Sergio Bonelli. Con cerca de medio siglo, este popular personaje sigue siendo uno de los que disfrutan de más ventas en Italia. Ante tal éxito, los editores se han organizado y recurrido a un gran número de ilustradores como Mario Uggeri, Jesús Blasco, Guido Buzzelli, Víctor de la Fuente y Magnus, por sólo citar a unos cuantos.
*El personaje de Lucky Luke, con su característica camisa amarilla, fue creado por el dibujante belga Morris en 1946. Dado que Gianluigi Bonelli creo a Tex en 1948, me pregunto si este se inspiró en el primero para ese detalle o si fue fruto de la casualidad.
Yo leí a ambos de niño, pero de aquellos tiempos sólo han sobrevivido en mi biblioteca un par de álbumes de Lucky Luke –hoy mis hijos tienen un montón de ellos– y ningún tomito de los de Tex.
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| Álbumes de Lucky Luke de Ediciones Toray, S.A. Fotografía: Pedro Delgado |
Aunque esa ya es otra historia, así que volvamos al Texone que acaba de reeditar Laramie: El valle del terror.

Tex. El valle del terror. Ficha promocional de Laramie Ediciones
Por desgracia, Magnus falleció unos meses antes de que se publicara. Fue en 1996, con 57 años. Tenía cáncer, así que imagino que quiso volcar en este último trabajo toda su maestría.
Si pusiéramos en una coctelera dos partes de Karl May, una de Salgari, otra de Vladimir Bartol, media de orientalismo y un golpe de Conan Doyle, y lo agitáramos con fuerza, verteríamos en la copa un cóctel con el sugerente nombre de El valle del terror.
Viejas minas con galerías estrechas, fortalezas capaces de resistir un asedio, mansiones victorianas con pasadizos ocultos, una ama de llaves inquietante, sectas secretas, chinos y canacos misteriosos, notas de advertencia y crímenes horribles conviven en esta historieta de venganza ciega; una tragedia llevada al lenguaje de las viñetas de una manera muy cinematográfica.
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| Pág. 65 de Tex. El valle del terror (Laramie Ediciones) |
Tex aparecerá unas páginas después del asalto arriba mencionado para atender la llamada del sheriff Tom Deulin, jefe de la policía de San Francisco. Un amigo del sheriff, un tipo de Sacramento llamado Ulrich Winckelried, que vive en "Sutter's Rest", la hacienda de su suegro, no muy lejos de un pueblo llamado Yaba-Town, le ruega que investigue los asesinatos cometidos en ese valle, que hasta la fecha, han quedado impunes. Crímenes despiadados que, por lo que se cuenta, estarían atribuidos a una peligrosa secta llamada Los Vengadores.
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| Pág. 138 de Tex. El valle del terror (Laramie Ediciones) |
En definitiva, una patata caliente que el sheriff le endiña a Tex y a su amigo el explorador y guía Kit Carson, figura real y mítica del Salvaje Oeste de la que ya hemos hablado otras veces en este blog y al que el dibujo de Magnus le da un toque muy a lo Bufallo Bill.
Ni que decir que nuestros protagonistas aceptarán el reto, metiéndose de cabeza, y nosotros con ellos, en una aventura trepidante.
Por cierto, que de ella me acordé recientemente al visitar Lérida, pues si en el libro aparecía el suizo de origen alemán John Sutter, más conocido por su inmensa fortuna como El emperador de California, personaje real que llegó a la bahía de California y se adentró a lo largo del río Sacramento para instalarse en una zona fértil en la confluencia de este con el río de los Americanos –cuya tranquilidad saltó por los aires con la fiebre del oro, cuando las hordas de buscadores llegaron de todos los rincones del mundo invadiendo sus tierras y robando su ganado para saciar el hambre de los recién llegados–, en los muros exteriores de la iglesia leridana de San Pedro, en la plaza de San Fancisco, había un escrito donde se anunciaba que en el interior estaba enterrado Gaspar de Portola y de Rovira, descubridor, conquistador y primer gobernador de California. Entré en el templo para buscar la tumba, pero estaban dando misa, con lo que decidí dejarlo para otro momento, que ya no pudo ser por estar cerradas sus puertas. Quién sabe, quizás si Claudio Nizzi hubiera visitado Lérida y conocido este detalle, habría cambiado al personaje de Sutter por nuestro Gaspar de Portola.
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| Iglesia de San Pedro, Lérida Fotografía: Pedro Delgado |
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| Lérida a Gaspar de Portola y de Rovira Fotografía: Pedro Delgado |
Y ya que hablamos del guionista me van a permitir que, para finalizar, les copie aquí la transcripción de la entrevista que le hizo el escritor y traductor Nicola D'Agostino en el encuentro celebrado en Castel del Rio durante el Día de Magnus en 2013. En ella Claudio Nizzi nos habla de cómo fue su colaboración con Magnus. Al leer sus palabras, comprenderán la locura que es este cómic.
Claudio Nizzi: Digamos de entrada que cuando me pidieron que escribiera un Texone para Magnus, ni la persona que me lo pidió, Sergio Bonelli, ni yo creíamos que Magnus fuera a terminarlo. Pensábamos: bueno, es lo habitual... el deseo de un artista de medirse con un personaje muy popular. Nos decíamos que, cuando se detuviera en la página veinte, tendríamos la obra inacabada de Magnus que podríamos publicar en revistas como Comic Art, L'Eternauta o cualquier otra que existiera en aquel entonces. Ninguno de nosotros creía que llegaría al final.
Había escrito cincuenta páginas de guion. En fin, decía, cincuenta páginas son demasiadas para Magnus, no las terminará todas, y de todas formas, nunca escribo un guion de una sola vez. Me aseguro de proporcionar una trama [...] para que el artista entienda que si un personaje nace malo y muere bueno, quiero que sepa cómo adaptarse a lo largo del camino. Quiero que ajuste sus rasgos para que este cambio sea convincente al final. Sin embargo, me han dicho que los nuevos guionistas envían veinte páginas de guion sin ninguna trama, y el artista procede sin la certeza de saber adónde su supone que debe llegar.
En fin, volviendo a Magnus, empezamos a ver llegar los primeros dibujos. Pero en realidad no eran dibujos. Eran tiras, grandes en papel brillante, porque quería que primero las escribieran. Quería que el rotulista hiciera el bocadillo y lo insertara. Pero lo que nos pilló a todos desprevenidos, a mí primero, fue que no esperábamos recibir dibujos así. Pensábamos que Magnus dibujaría a Tex como solía dibujar, quizás... al estilo de Alan Ford o Kriminal al principio. Él hace un cómic popular, dibuja de una manera popular... ¡Oh no, se lo tomó en serio! Así que me quedé totalmente atónito, en el sentido de que dije: «¡Pero aquí tenemos que cambiar de piel! ¡Yo también tengo que adaptarme a esta nueva situación!».
Por ejemplo, yo había establecido que había una banda de orientales que, por órdenes de un hombre blanco, estaban cometiendo crímenes. Y dije: Orientales, algunos kanaks (o canacos), algunos filipinos... Chinos, de hecho, porque los habían traído para construir el ferrocarril... ¡No era tan simple! Magnus preguntó: "¿Cuántos chinos? ¿Cuántos kanaks?" No tenía que nombrarlos a todos, pero él tenía que saber absolutamente cuántos.
Giovanni Romanini: Los había numerado...
Claudio Nizzi: ¡Los tenía todos numerados!
El paisaje, por ejemplo... Vi la primera secuencia con Tex y Carson galopando desde Sacramento hasta el valle donde sucedían las cosas. Normalmente, cuando escribo para cualquier dibujante de Tex, escribo que Tex y Carson están cabalgando a lo largo de la orilla del río... plano general, plano medio, primer plano, planos de medio cuerpo... ¡pero nunca imaginé que sería un enorme plano secuencia que tenía que ser consistente desde la primera viñeta hasta la última! Pero Magnus estudió la ruta, ¡decidiendo cuánto tiempo les tomaría alargar o acortar las sombras de los árboles! Porque si cabalgaban hacia el atardecer, se alargarían. En resumen: ¡era un poco loco!
Recuerdo que, cuando era niño y pasé una temporada en Roma, era muy fácil ver cómo se rodaban películas por toda la ciudad. [...] Después, al ver la película una vez terminada, te dabas cuenta de que habían filmado una escena... no sé, en la esquina de la Piazza Argentina, luego doblaban la esquina y, en lugar de estar en Corso Vittorio, se encontraban, no sé, en otro sitio completamente distinto. El cine segmenta las imágenes y utiliza el paisaje a su antojo. Y Magnus no lo hacía. Quería ser coherente incluso en el paisaje. ¡Así que fue un esfuerzo sobrehumano!
Ni hablemos de la residencia de Sutter [uno de los protagonistas de la historia, nota del editor], que era una figura histórica. Le dije: «Construye una casa fortificada». ¡Caramba, vivía en el Hotel «Il Gallo» de Castel del Rio, tenía el castillo [del pueblo] frente a él, y no se le ocurrió nada mejor que dibujarlo, pero no se limitó a dibujarlo tal como lo veía desde su habitación. Me envió el plano de la planta baja, el del primer piso, las torretas; en resumen, planos de arquitecto. Algo que nos supera.
Giovanni Romanini: ¿Y qué añadió sobre la lluvia?
Claudio Nizzi: ¡Por supuesto! ¡Si no, habría sido demasiado sencillo! ¡Habría añadido una complicación extra! La lluvia hizo que [el dibujo] fuera más difícil de hacer. En cierto punto, tuve que adaptarme, mientras escribía el guion. Esperé a que llegaran sus dibujos para poder ajustarlos. Porque había concebido un ataque a la casa fortificada de Sutter tal como lo había imaginado, con una muralla a su alrededor, [pero] luego me encontré con un castillo, lo que me obligó a buscar soluciones que no había previsto.
Por un lado, fue una aventura extraordinaria que nos dejó constantemente con la duda de si Magnus llegaría a terminar. Pasaron los años, y lo más extraño fue que nunca terminó, ¡pero tampoco se detuvo! ¡Porque las páginas seguían llegando a cuentagotas! Así que la historia continuó.
Nicola D'Agostino: ¿Y qué dijo Bonelli?
Claudio Nizzi: Ah, Bonelli estaba resignado, también porque las pocas veces que Magnus fue allí [a la redacción], le explicó que los árboles que encontró en Castel del Rio, que había hecho tal y cual cosa con la corteza... en ese momento Bonelli no pudo soportarlo más porque dijo: «¿Pero qué me importa a mí la corteza de los árboles?»
Imaginemos que Bonelli hubiera dicho: «Pero le pedí a Magnus que hiciera a Tex como todos los demás. ¡No quería que me hiciera una catedral de Tex!».
Obviamente, al final quedó satisfecho con la catedral de Tex, pero fue agotador. La sospecha de que de vez en cuando [Magnus] se detendría, que no avanzaría... no estaba claro cómo iban las cosas, me impidió ir a ver a Magnus a Castel del Rio. Fui cuando, por desgracia, Magnus ya no estaba. ¿Por qué no fui? Porque me habría sentido como un inspector enviado por la editorial para comprobar cómo iban las cosas. No quería hacer una inspección. Iré al final, cuando haya terminado y ya no haya dudas. Pero el final llegó primero...
Solo diré una última cosa: en el lápiz de la última página, se ve a Carson dándose la vuelta y saludando. Magnus había escrito allí: "Que se joda Magnus".
[Risas]
Nicola D'Agostino: Gracias.
[Aplausos]
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| Claudio Nizzi y Nicola D'Agostino en el Magnus Day 2013 Fotografía: Andrea Franzoni |
Sorprendente, ¿no?
Por eso uno valora todavía más esta obra y las cinco páginas extras llenas de bocetos y dibujos que ha incluido nuestro hombre de Laramie en este primer volumen. El listón lo ha puesto bien alto.











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