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sábado, 2 de mayo de 2026

KRAKEN, LA EDICIÓN DEFINITIVA DE JORDI BERNET Y ANTONIO SEGURA


Kraken, de Jordi Bernet y Antonio Segura (Cartem Cómics, 2026)
Fotografía: Pedro Delgado

Para todo el mundo, el kraken es un ser de la mitología nórdica que habita en las profundidades marinas; siempre presto a atacar y hundir los barcos para engullir a sus tripulantes. Sin embargo, para los que leíamos en los ochenta revistas de cómics para adultos, como Metropol o Zona 84, el kraken es una obra maestra de Jordi Bernet y Antonio Segura que, con dos cojones, se llevaron a la fabulosa criatura a las cloacas y el alcantarillado de Metropol, la capital del crimen.

 Si el kraken marino era una especie de calamar o de pulpo gigante, el de Bernet y Segura era el fruto «de una mutación de los despojos, la podredumbre y los compuestos químicos arrojados a las cloacas». Un ser invertebrado, amorfo y tentacular que para unos es una leyenda y para otros, como el teniente Dante, una realidad. Un ser que se reproduce como los Aliens, y que después de destruir a su víctima se alimenta de su carne hasta tomar entidad propia.

Página 31 de Kraken, de Bernet y Segura
Fotografía: Pedro Delgado

 En ese inframundo pestilente, donde también habitan los criminales huidos de la ley, se mueve el teniente, que encabeza el G.A.S. (Grupo de Acción Subterráneo), a los que la policía llama cuando algún delincuente escapa por las cloacas; trece mil kilómetros de cloacas y subterráneos, divididos en secciones, infectados de ratas e inmundicias, por los que los krakeneros tienen que patrullar. 

«Toda la mierda de Metropol... se refugia aquí abajo... como si ya no hubiera bastante flotando en el agua».

 Son muy pocos los que aguantan el servicio en la policía subterránea. Algunos se apuntan precisamente por ese gusto enfermizo por el peligro y la incertidumbre, por la fascinación de la aventura. Y Dante, que es la ley y el orden en ese mundo sórdido, se ocupa, como teniente e instructor, de ponerles los pies en el suelo.

 Kraken vio la luz en el n.º 3 de la revista Metropol, en junio de 1983 –todas las historietas que aparecían en la revista, que duró doce números, se desarrollaban en la ciudad de Metropol–.

Primera aparición de Kraken
Metropol n.º 3 (1983)

 Y continuó apareciendo en los n.º 4, 5, 7, 8, 9, 10 y 12, mostrándose viñetas de las historietas del Kraken que contenían en las portadas de los n.º 7 y 9: las de Operación: Cebo helado y A sangre fría, respectivamente.

 En todas estas entregas y en las que siguieron en otras cabeceras, brillaba el dibujo, el entintado y el dominio de la narrativa gráfica* de Jordi Bernet y el ingenio y la calidad de los guiones de Antonio Segura, fallecido el 31 de enero de 2012, al que el primero le dedica el álbum:

Este libro está dedicado a su guionista, Antonio Segura, escritor de gran imaginación y talento que supo transmitirme su entusiasmo, magníficas vibraciones y escribir las historias de Kraken, punto de partida, para que yo pudiera «disfrutar» como nunca lo había hecho antes dibujando ambientes sórdidos, sombras independientes y expresionistas (independientes muchas veces de las figuras que las proyectaban), túneles, cloacas, mugre, malvados con cara de rata, madres asesinas, hijos de puta en general, acción, violencia, sentimientos, chicas bonitas, un protagonista antihéroe que parecía estar de vuelta de todo y secuencias gráficas, que, sin duda, estarán siempre entre lo más mejor que he conseguido en mi larga trayectoria como dibujante de cómics. Una época en que, también hay que decirlo, era posible crear historias como Kraken porque había un entorno vivo, que permitía más libertad de estilos y soportes comerciales para las mismas, ya que todavía existían las revistas de cómics para adultos. Una época en la que uno podía darle a la máquina de escribir y al pincel con total libertad. En Kraken el monstruo no era solo una excusa para contar historias que pasaban en un submundo putrefacto, pero que de alguna manera aparecían en la vida cotidiana, los periódicos y la televisión de la superficie, historias de la actualidad negra que Antonio y yo siempre hemos, en algún momento en que la coyuntura profesional nos sea favorable, pensado continuar narrando*.
Jordi Bernet. Barcelona, 2 de abril de 2003
*Lamentablemente esto ya no pudo ser posible, ya que Antonio Segura falleció el 31 de enero de 2012

 Las historietas de Segura y Bernet, diecinueve en total, recopiladas por CARTEM Cómics en un magnífico álbum con el añadido en el título de «Edición Definitiva» (la anterior, de 2021, era de DQ Cómics), tienen una extensión que va de las seis de las cuatro primeras más cortas, a las siete, ocho, nueve, diez, once, doce o catorce páginas de la más larga; intercaladas con textos del propio Antonio Segura y dibujos e ilustraciones de Jordi Bernet, unos extras que los fans de ambos agradecemos.

Páginas 8 y 9 de Kraken. Edición definitiva (Cartem Cómics)
Fotografía: Pedro Delgado

Páginas 186 y 187 de Kraken. Edición definitiva (Carten Cómics)
Fotografía: Pedro Delgado

 Antonio Segura nos revela en ellos cómo nació la idea base y cómo se fue desarrollando –impagable lo que cuenta sobre la película El tercer hombre como punto de partida para Kraken–.

El tercer hombre, dirigida por Carol Reed

 Y nos dice también los motivos que le impulsaron a escribir cada una de estas historietas, aclarándonos que algunas de ellas no siempre surgieron de la imaginación, sino de la prensa diaria, como Operación: Cebo helado o Juego de niñas.

 A lo largo de las páginas de Kraken van apareciendo políticos corruptos, ladronzuelos, marginados sociales, fanáticos religiosos, chulo putas, asesinos sádicos, criminales con placa, traficantes de droga y otros cabrones e hijos de puta de variada ralea. Es decir, que las historietas que contienen este álbum reflejan la parte más oscura de nuestra sociedad y la terrible convicción de que el mal existe; una convicción que sigue vigente hoy día, tantísimos años después de su primera publicación. Afortunadamente, en todas ellas aparece, como faro que ilumina las negras profundidades, la figura del teniente Dante, uno de esos antihéroes descreídos que tanto adoro. Alguien al que quisiéramos tener a nuestro lado cuando las cosas se pongan chungas de verdad.

El teniente Dante en la portada de Kraken
Fotografía: Pedro Delgado

 Y por último, ahora que Laramie Ediciones recién publicó El último héroe, un western de Jordi Bernet, elevo un ruego a Cartem Cómics: que se animen a reeditar las series Andrax y Sarvan, la primera de Miguel Cussó y Jordi Bernet, y la segunda, como Kraken, del tándem Segura–Bernet.

*A este respecto [su dominio de la narrativa gráfica], les dejo aquí la confesión de Antonio Segura sobre la página de Bernet que más le gusta; una lección de narrativa, composición y recursos artísticos:

Y ahora un pequeño secreto. Si alguna vez JORDI me dijera «Quiero regalarte una plancha... elige», le pediría la página 5 de CEMENTERIO S.A. Dediquen unos minutos a estudiarla y cuando nos veamos podremos disfrutar comentándola... es simplemente un DECÁLOGO en siete viñetas del buen hacer.

Pág. 5 de Cementerio S.A. del tándem Bernet-Segura
Fotografía: Pedro Delgado 

 ¡Larga vida al Maestro!

jueves, 27 de febrero de 2025

LARAMIE, LA EDITORIAL DEL CÓMIC DEL OESTE


Laramie Ediciones, la editorial del cómic del Oeste

Jacques La Ramée o La Remy (Quebec, Canadá, 1784) fue un un hombre de la frontera, un explorador, trampero y comerciante de pieles franco-canadiense que abandonó en 1815 su Quebec natal para irse a vivir a lo que hoy es el estado de Wyoming, en Estados Unidos. Allí, seis años después, desapareció misteriosamente: unos dijeron que su cuerpo apareció flotando en un dique de castores, otros que fue asesinado por los indios cerca del río; algunos afirmaron que murió a manos de un oso y los más que desapareció sin dejar rastro.

 Sea como fuere, su nombre cobró peso después de su muerte, cuando sus amigos tramperos decidieron ponerle su nombre al río donde solía cazar. Al bautizo de aquel río como Laramie (La Ramée), le siguieron una cordillera en el borde oriental de las Montañas Rocosas y su pico más alto, una ciudad, un condado y un fuerte del ejército: Fort Laramie.

 El fuerte Laramie estaba situado en un punto alto cercano al río Laramie, por lo que ese fue el nombre que se impuso a los anteriores –Fort William y Fort John– cuando las caravanas se dirigieron al Oeste por la ruta de Oregón y la ruta Bozeman. Los de mi generación (1966) mamamos el wéstern de nuestros padres –amor que también he conseguido transmitirle a mis hijos–, y lo hicimos en forma de películas, series, tebeos y juguetes: no había Día de Reyes Magos sin trajes de indios y vaqueros, estrellas de sheriff, pistolas con sus cartucheras, rifles y muñecos de plástico y construcciones del Oeste de Comansi y, más tarde, de Exin West y Famobil.

Algunos de los fuertes de Comansi
Fotografía: Página web de Comansi

 Imaginé que, como yo y como tantos otros, Alberto Simón Calonge (1960) se encontraría una caja con el Fuerte Laramie de Comansi una mañana de Reyes en el salón de su casa, de ahí que al fundar un nuevo sello de cómics dedicado al wéstern, Alberto decidiera bautizarlo con el nombre de Laramie Ediciones, en honor a lo que ese nombre representa para los que amamos el género.

 Como ese pensamiento no era ninguna certeza, quise preguntarle a Alberto por aquel fuerte y por el origen del nombre de la editorial. Y esto fue lo que me dijo en un correo:

«Pues mira, Pedro, uno de los recuerdos más grabados que tengo de la infancia y los juguetes, tiene que ver con eso: un fuerte de madera del Oeste. Y, como sugieres, un día de Reyes. En aquellos días, ya lejanos, los vecinos hacían regalos a los hijos de los otros vecinos. Ese año, en casa de mi vecino, no había nada más que carbón; seguramente, cuando ya habían asomado las primeras lágrimas, mi vecino nos llevó a la terraza, donde había un estupendo fuerte, con sus soldados de caballería!!
 Pero la decisión de nombrar así a la editorial, tiene que ver con el cine, claro. El cine, y mi debilidad por James Stewart.»

James Stewart en El hombre de Laramie, western de Anthony Mann

 Fue leer esas palabras y acordarme de El hombre de Laramie, el magnífico wéstern de Anthony Mann, con James Stewart en el papel protagonista. Una película que se estrenó en España en Madrid el 31 de enero de 1956.

 En su apuesta editorial, surgida en Madrid en el año 2022 –primero de la mano de la editorial Nuevo 9 y luego ya como editorial independiente (ligada a la librería Elektra Cómics de Madrid)–, Alberto Simón se ha centrado en recuperar a grandes clásicos del Oeste, como Welcome to Springville de Giancarlo Berardi, las aventuras de Tex de Breccia y Wilson, Loco Sexton y El Cobra de Arturo del Castillo, El gran botín de Eduardo Barreto o Diablo Canyon de Eugenio Sicomoro.





 A todos ellos suma ahora Wes Slade, de George Stokes, historietista canadiense que, a pesar de servir en las Fuerzas Aéreas Canadienses, prefirió dedicar su arte al wéstern en lugar de a las hazañas bélicas. George Stokes emigró al Reino Unido, donde trabajó para el mercado británico, colaborando en los primeros años 50 con el estudio del editor y artista de cómics Mick Anglo (el creador de Marvelman, más tarde conocido como Miracleman), y después con la editorial IPC/Fleetway.

Wes Slade, de George Stokes (Laramie Ediciones, 2025)
Fotografía: Pedro Delgado

 George Stokes se hizo muy popular por su serie del Oeste Wes Slade, sheriff de Silver City (Nuevo México), que publicó en tiras de prensa, en forma de página dominical, el Sunday Express desde el 29 de enero de 1961 al 28 de junio de 1981; encargándose de los guiones y los dibujos hasta el año 1979, cuando James Edgar se hizo cargo de los guiones –un año después, y hasta la cancelación de la serie, el dibujo pasaría a las manos de Harry Bishop–. Todos estos datos están recogidos en el estupendo prólogo que abre el tomo, firmado por Francisco Sáez de Adana.

[...] y su sustitución en la misma (en mitad de la historia "The Territory") se produjo probablemente debido a su fallecimiento prematuro a la edad de 47 años. En todo caso, su labor estaba tan ligada a la serie que esta duraría poco más de un año después de que su creador dejara de dibujarla.

 Su fallecimiento en la cima de su talento, a esos 47 años de edad, nos privó de su genio. Menos mal que nos dejó sus historias y sus dibujos. En España se publicaron en formato novela gráfica sus primeros números en los años sesenta, en Cheyene y Caribú, de la editorial catalana Ediciones Olivé y Hontoria.

 Y a finales de los setenta varias de las historietas de George Stokes aparecieron adaptadas al formato cómic en algunos números de la revista Blue Jeans, Bumerang y Totem Extra Especial Western de las cuales conservo algunos números.


 Ambientada en Silver City, una ciudad de Nuevo México próxima a la línea fronteriza ente Estados Unidos y México, la serie transcurre a mediados del siglo XIX, aproximadamente en la década de 1860, reflejando muy bien "la problemática de la vida en la frontera y la diferencia de culturas" que allí se daban.

Silver City, Nuevo México, en 1980
Fotografía: Western Mining History

 Laramie Ediciones nos trae ahora, en una edición de lo más agradable por el formato y el diseño empleados, tres de las aventuras de Wes Slade. Pero no son tres historias cualquiera, son nada más y nada menos que el arranque del personaje, las tres primeras historietas del sherrif Wes Slade publicadas por entregas del 29 de enero de 1961 al 3 de noviembre del mismo año: Los 'muertos vivientes', Pistolas rápidas en Carrizal y Emboscada en Ochoa Springs.

Wes Slade, de George Stokes (Laramie Ediciones)
Fotografía: Pedro Delgado

Contenido del Wes Slade de Laramie Ediciones
Fotografía: Pedro Delgado

Se trata de una versión adaptada para su publicación en libro proveniente de la edición que realizó la editorial británica Express Books en el año 1979. En esta edición se trató de adecuar el formato de las páginas dominicales originales que tenían una estructura fija de tres tiras en las que la primera viñeta era un resumen de lo que había sucedido en la historia hasta ese momento, con el fin de facilitar la continuidad narrativa de cada una de las tres historias, sin que esta se vea lastrada por su formato de publicación original. Aunque todo lo relativo a la vida de Stokes está bastante difuso, parece que el propio autor participó en el diseño de esta nueva edición.

 En las tres destaca el nivel artístico y argumental de sus historias, marca de la casa, huyendo siempre de los estereotipos que tanto daño le hicieron al género. Porque George Stokes ya hacía un wéstern revisionista cuando todavía no se había inventado ese término.

Páginas 20-21 de Wes Slade, de George Stokes (Laramie)
Fotografía: Pedro Delgado

Páginas 50-51 de Wes Slade, de George Stokes (Laramie)
Fotografía: Pedro Delgado

En este último aspecto, hay que destacar cómo Stokes huye de los estereotipos del género, mostrando unos relatos más apegados a la realidad, incluyendo en muchas ocasiones eventos y personajes inspirados en episodios reales de la historia de los Estados Unidos. En esa búsqueda de realismo, destaca sobre todo la imagen de los indios norteamericanos que se salen del papel de enemigos despiadados, habitualmente con poco diálogo, para convertirse en personajes tridimensionales de los que conocemos sus motivaciones gracias a la importante presencia que tienen en muchas de las historias. En las historias de Stokes hay indios violentos y otros que buscan la paz y también hay indios que se ven obligados a defenderse con violencia ante el ataque del hombre blanco, de la misma manera que hay personajes blancos que son violentos y otros que no lo son. En definitiva, se trata de contar la vida de personas sean de la raza que sean, mostrando siempre la complejidad inherente al ser humano que hace imposible su clasificación en compartimientos estereotipados.

Tarjetón de Laura Pérez para Laramie Ediciones

 Hechas las presentaciones, no me queda más que darles la bienvenida a territorio Laramie y despedirme como lo haría el mismísimo George Stokes o el propio Alberto Simón: ¡Saludos desde la frontera!

Nota: los textos a color pertenecen a la introducción La frontera según Wes Slade, de Francisco Sáez de Adana para Laramie Ediciones.

La frontera según Wes Slade, introducción de Francisco Sáez de Adana
Fotografía: Pedro Delgado

miércoles, 30 de octubre de 2024

CUANDO EL VIENTO SOPLA, DE RAYMOND BRIGGS


Cuando el viento sopla, de Raymond Briggs (Blackie Books)
Fotografía: Pedro Delgado

El día 11 de octubre, el Comité Nobel Noruego concedió en Oslo el Premio Nobel de la Paz de este año a Nihon Hidankyo, la única organización nacional japonesa de los llamados hibakusha, los supervivientes de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, que desde entonces luchan por abolir las armas nucleares. Según los diarios, el galardón se le otorga, más concretamente, "por sus esfuerzos para lograr un mundo libre de armas nucleares y por demostrar mediante el testimonio de testigos que las armas nucleares no deben volver a utilizarse nunca".

 Parece mentira que el consenso sobre lo inmoral del uso de dichas armas esté ahora de nuevo en entredicho y que las potencias nucleares sigan modernizando sus arsenales y se usen como amenaza en algunas de las guerras que están en marcha en el mundo.

 Sin duda, por los mismos motivos que ha esgrimido ahora el Comité Nobel, hace décadas que tendría que haber sido premiado el ilustrador y novelista gráfico Raymond Briggs, la persona que mejor supo captar en el papel lo destructivo de las armas atómicas y las catastróficas consecuencias que tienen para la población y el planeta.

Raymond Briggs (1934-2022)
Fotografía: Facebook del autor

 Lamentablemente, Briggs falleció el 9 de agosto de 2022, lo que ya lo imposibilita para hacerse con el galardón. Sin embargo, Cuando el viento sopla, su obra cumbre, publicada en 1982, seguirá siendo in perpetuum el mejor documento antibelicista que podamos leer.

 El cómic, magníficamente reeditado por Blackie Books en noviembre del año pasado, respetando la traducción de la escritora y periodista Rosa Montero, vuelve a estar ahora de máxima actualidad dados los tiempos inciertos, plagados de guerras y amenazas, que vivimos. Porque el futuro no es halagüeño y la aniquilación nuclear nos llevaría hacia el Armagedón, hacen falta testimonios como los de Raymond Briggs que nos recuerden a dónde conduce la confrontación. Frente a ella, lo que el mundo necesita es más colaboración, más educación, más empatía y más libros como este.

Cuando el viento sopla (Blackie Books)
Fotografía: Pedro Delgado

 La reedición de Blackie Books, además de respetar el formato original, contiene una serie de extras que hacen aún más valioso el libro: un acertado prólogo de Paco Roca, un magnífico epílogo de Daniel López Valle y una  impagable entrevista de Paul Gravett al autor, a quien visitó en su casa de campo en la campiña de Sussex, en el sur de Inglaterra. De los dos primeros, les muestro a continuación algunos extractos:

Prólogo de Paco Roca para Cuando el viento sopla
Fotografía: Pedro Delgado

En los años 80 vivíamos a diario con el miedo a que el mundo se fuera a acabar en cualquier momento. Como presidente de los EE.UU. había un cowboy que bromeaba ante las cámaras con apretar el botón nuclear, y en la URSS teníamos, entre otros, a un dirigente de cejas extremadamente pobladas y con cara de estreñido que amenazaba a su vez con llevar a todo el planeta a una guerra nuclear. El futuro era poco halagüeño para los habitantes de este planeta, que parecía estar condenado a convertirse en un lugar estéril y desolado donde solo las cucarachas lograrían sobrevivir.
 Esta psicosis colectiva se había filtrado a las obras de ficción y centenares de novelas y películas ecologistas y antibelicistas vaticinaban un fin del mundo provocado por la sinrazón humana. [...]
 El género postapocalíptico también llegó al mundo del cómic. En los 70 un grupo de autores empezaban a ser conscientes más que nunca de que el cómic podía ser algo más que historias para un público juvenil o familiar, y ya en los 80 había llegado una gran eclosión de revistas de cómics que trataban los géneros como la aventura, la historia, la ciencia ficción... de un modo más serio y adulto. Las historias de holocausto nuclear se convirtieron de inmediato en un género muy fértil dando lugar a grandes obras como: Mundo mutante, de Jan Strnad y Richard Corben; Basura, de Carlos Giménez; Hombre, de Segura y Ortiz... La mayoría de los cómics de este tipo abordaban la devastación nuclear desde la aventura: historias épicas protagonizadas por antihéroes, personajes rudos, pesimistas y solitarios; en ocasiones acompañados en sus peripecias por chicas sexis; que luchaban contra mutantes o comunidades despiadadas por sobrevivir en un mundo hostil. Salvo algunas excepciones en el cómic francés; o en el manga como Pies descalzos de Keiji Nakazawa, en la que el autor relata su experiencia en el holocausto nuclear de Hiroshima; esto era en esencia lo que había dado de sí este género en el cómic. Cuando el viento sopla se publicó en 1982, entre todas esas historias de acción postapocalíptica el cómic de Raymond Briggs brillaba como un raro y delicado diamante. [...]
 Con su habitual estilo amable, dulce y colorido construye en este cómic una historia sobre dos personas mayores que viven plácidamente en la campiña inglesa. El autor contaba que se había basado en sus padres para crear a James y Hilda, y a lo largo del cómic, y a través de los delicados diálogos, vamos conociéndolos cada vez mejor: sus costumbres, sus rutinas, sus manías... Nos sentimos como una especie de voyeurs observando la intimidad de la pareja y poco a poco nos van enamorando. Llegamos a querer a esa pareja de jubilados como pocas veces hemos amado a unos personajes de cómics.
 [...] Queremos coger de la mano a James y Hilda y no soltarlos hasta el final de la historia. Y cuando cerramos la última página sus personajes se quedan para siempre con nosotros. Quizá sea ese el secreto que convierte este libro en una inmensa obra que perdura en el tiempo.
Cuando soplan las emociones, Paco Roca
***

Epílogo de Daniel López Valle para Cuando el viento sopla
Fotografía: Pedro Delgado
El ilustrador Raymond Briggs se sentó en la noche del 10 de marzo de 1980 frente a su televisor para ver, como tantos otros británicos, un programa informativo de la BBC llamado Panorama. La emisión de aquel día era muy especial: llevaba el inequívoco título de «Si cae la bomba». Además de entrevistar a gente de la calle y de explicar qué zonas de Londres quedarían arrasadas si, por ejemplo, la bomba cayera sobre el palacio de Westminster, Panorama ofreció a sus espectadores algo más. Mucho más: extractos de una serie de cortos preparados por el gobierno británico para informar a la población sobre qué hacer en caso de un ataque nuclear. Esos cortos eran top secret y solo debían ser emitidos si estallaba una guerra, pero el programa había conseguido hacerse con ellos. Al verlos, Briggs se dijo: «Aquí está mi próximo libro».
 Eran meses en los que la Guerra Fría había vuelto a calentarse. [...]
 El libro que Briggs empezó a imaginar una noche de marzo de 1980 vería la luz dos años más tarde. Durante ese tiempo, se supo que lo emitido en Panorama formaba parte de una campaña gubernamental llamada «Proteger y sobrevivir» que, además de películas, incluía el reparto masivo de folletos informativos y emisiones especiales de radio. El impacto en la población fue enorme. La opinión pública demandó conocer cuáles eran las instrucciones que el Estado pensaba dar en el caso, de repente creíble y probable, de un ataque nuclear y los folletos fueron publicados para calmar los ánimos, pero su efecto fue el contrario. Las instrucciones que contenían eran en ocasiones contradictorias, a menudo delirantes, y la fe en las autoridades se resintió. En este clima, Cuando el viento sopla tuvo un éxito tan grande e inmediato que fue necesario reimprimirlo antes incluso de ser publicado. Solo un año más tarde se hicieron premiadas adaptaciones a la radio y al teatro y en 1986, el año del accidente de Chernóbil y del referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN, apareció una película, ya clásica, con música de David Bowie y Roger Waters. [...]
Proteger y sobrevivir, Daniel López Valle

Carteles película Cuando el viento sopla (When the wind blows)
Dirigida por Jimmy Teruaki Murakami

 Yo empecé a amar a aquella pareja de jubilados, que intenta sobrevivir a un ataque nuclear soviético al Reino Unido, a través del videoclip de la canción de mi querido y añorado David Bowie, que formaba parte de la banda sonora de la película que se estrenó cuatro años después del libro.

 Y en mi segundo viaje largo por Gran Bretaña, visité el Museo del Lápiz de Cumberland, población donde se encuentra la fábrica de lápices de colores que proveía de instrumental a Briggs. Allí compré unas cajas de lápices y el clásico de la literatura infantil El muñeco de nieve, que no contenía ni una sola palabra, ni falta que le hacía, pues Briggs era capaz de contarnos una historia tierna y delicada sólo con sus dibujos. Con aquel libro, unos cuantos años después, mis hijos también comenzaron a amar la maestría de Raymond, y sus páginas y el visionado de la película en VHS se convirtió en un clásico de las Navidades junto a otros títulos.

The Snowman y los lápices Derwent
Fotografía: Lucía Rodríguez

 Pero dejen que vuelva a Cuando el viento sopla. En esa entrevista impagable que recoge el libro, realizada por Paul Gravett el 8 de mayo de 2002 en la casa de Raymond en Weston (Sussex), donde Briggs vivió durante sesenta años, el artista afirma que la mayoría de sus ideas se basan en una premisa básica: asumamos que algo imaginario es totalmente real y a partir de ahí desarrollémoslo de una forma lógica. ¿Qué vamos a hacer cuando escuchemos el aviso: «¡Ya vienen!»?

Doble página de Cuando el viento sopla, de Raymond Briggs
Fotografía: Pedro Delgado

GRAVETT: Cuando el viento sopla fue el libro con el que tu reputación dio un giro; antes, se te consideraba un ilustrador de libros infantiles puro y duro. ¿Te resultó complicado convencer a tus editores de que te dejaran abordar un tema mucho más oscuro?
BRIGGS: No, no recuerdo que hubiera ninguna resistencia.
GRAVETT: Pero el libro levantó tal controversia que incluso provocó un debate en el Parlamento.
BRIGGS: Sí, enviaron copias tanto a la Cámara de los Comunes como a la cámara de los Lores. Debió de provocar cierto escándalo. Lady Olga Maitland dijo muy indignada que era propaganda de la CNC (Campaña por el desarme nuclear) Hubo manifestaciones en las puertas del Whitehall Theatre, a 50 metros de la calle Downing, cuando hice una representación. [...]
Escritorio de Raymond Briggs en su casa de Sussex
Fotografía: Leigh Simpson (The Art Newspaper)
GRAVETT: ¿Cómo trabajas en tus historias?
BRIGGS: Cuando he ordenado mis ideas para un libro, hago un esbozo a lápiz para enseñárselo a mis editores. Esa es la parte agradable. Lo peor es planificar el espacio. Rotulo a mano todos los textos, luego los corto y los coloco –por ejemplo, en veinte paneles de bocetos para cuarenta páginas– y veo cuánto espacio ocupan y cuánto queda para los dibujos. Con Cuando el viento sopla, no paraban de ocurrírseme más ideas y tenía que rediseñar el boceto. Añadir cuatro viñetas implicaba reorganizar el resto, haciéndolas un poco más pequeñas. Cuando está todo planificado, trabajo en cada doble pliego. Dibujo a lápiz los contornos, entinto las líneas, rotulo usando una lupa, y coloreo con acuarelas y ceras. Pueden pasar dos años desde la idea original que les presento a los editores hasta que el arte final se envía a imprenta.
 Una vez llevé la cuenta del tiempo que tardaba en hacer dos páginas de Cuando el viento sopla: veinte horas de lápiz, dieciocho de tinta, veinticinco de color. Y todo eso después de meses y meses de pensar ideas, escribir y planificar. Siempre me agota el tiempo que me lleva. Me exaspera porque es laborioso, un trabajo muy esclavo para la edad que tengo. Lo que más odio es lo engorroso que resulta hacer bien el rotulado, las separaciones y las superposiciones. Hoy en día, los editores quieren que hagas toda la rotulación en capas superpuestas, pero yo me niego mientras sea sobre fondo blanco. Si es de color, hay que hacerlo para impedir que traspase el resto. Puede que no parezca tanto trabajo una vez que lo ves dentro del libro, pero cuando lo pones todo en una pared y cubre todo un extremo de tu estudio, son cientos de palabras, para haberlas escrito tú mismo. ¡Ya me estoy portando como un viejo gruñón, como siempre! La verdad es que tengo suerte de ser capaz de hacer este tipo de trabajo a mi edad. Pero cada vez me cuesta más.
Páginas 2 y 3 de Cuando el viento sopla, de Raymond Briggs
Fotografía: Pedro Delgado
GRAVETT: ¿Trabajas a gran tamaño, o en el mismo en el que se va a publicar?
BRIGGS: Siempre dibujo en el mismo. Hacerlo más grande sería aún más laborioso. Pero si lo haces más grande y luego lo reduces queda mejor. Hace que parezca mejor de lo que es. En Suiza han hecho una edición en miniatura de Papá Noel, con dibujos diminutos, y creo que queda fantástico. Las ilustraciones tienen como un cuarto del tamaño original, reducidas fotográficamente. Quedan mucho mejor, en todos los aspectos. No me había dado cuenta de que podía hacer viñetas de cinco por cinco centímetros. Así que cuando me puse con Cuando el viento sopla, pensé que usaría un gran formato y estas ilustraciones pequeñitas, porque había muchas cosas que quería poner en la obra. Y funcionó bien: no necesitas hacer viñetas tan grandes, las puedes hacer mucho más pequeñas.

 La entrevista al autor son 12 páginas de preguntas y respuestas, donde repasa su vida y su obra, acompañadas de una introducción que funciona, tras las glosas iniciales, como una pequeña y deliciosa narración:

Entrevista de Paul Gravett a Raymond Briggs
Fotografía: Pedro Delgado

A punto de cumplir los 70 y pese a haber superado ya la edad de jubilación, Raymond Briggs sigue intentando dejar de escribir y dibujar libros. Afortunadamente para todos nosotros, nunca lo consigue.
 Briggs se ha dedicado a la ilustración desde que tenía 23 años. Inicialmente se labró su carrera dibujando libros infantiles en color, un género inusual pero respetado, en el que los británicos siempre han destacado. Sus 897 ilustraciones para The Mother Goose Treasury le valió su primera Medalla Kate Greenaway en 1966. La segunda llegó en 1973, por Papá Noel. En ambos casos, premiaron sus ilustraciones, pero no sus historias: una prueba de que los jurados veían ambas cosas como aspectos totalmente separados. Escribiendo y dibujando su Papá Noel cascarrabias, adoptó la historieta, un formato que adoraba desde que era joven, pero que los círculos editoriales más elitistas de Gran Bretaña no terminaban de aceptar. Y precisamente por no estar empapado de la tradición del cómic y sus clichés, desarrolló un enfoque único e impactante. A lo largo de treinta años llenos de superventas internacionales, ha demostrado el encanto y la versatilidad del medio, en cuentos infantiles tan imaginativos como El muñeco de nieve, El mundo oculto de los cavernosos, The Bear o Ug, al tiempo que aborda temas más oscuros y personales, de la escalofriante fábula postnuclear Cuando el viento sopla a la candorosa biografía de sus padres, Ethel y Ernest. Su obra, inequívocamente británica, es un tesoro nacional que cautiva a los lectores de todo el mundo.
Casa Weston, hogar de Briggs, en una fotografía aérea
Fotografía: Leigh Simpson (The Art Newspaper)
 En cierta ocasión, Raymond contestó en un cuestionario que su posesión más preciada era su hogar. Y visitando su acogedora casa de campo de dos pisos en plena campiña de Sussex, en el sur de Inglaterra, pude ver por qué. Vive y trabaja en esa casa desde hace años, primero con su esposa, y, tras su muerte, en soledad, sin hijos ni mascotas, aunque, como el caballero que es, es muy discreto respecto a la amistad que mantiene con una señora del pueblo vecino. Llego en un perfecto día de verano, excepto por los elevados niveles de polen, que agravan su alergia, a tiempo para el café de la mañana, servido en las «temidas» tazas de El muñeco de nieve. Su cocina está llena de la vajilla de este personaje, además de guantes y paños de cocina, y aún hay más productos de Fungus y Papá Noel rebosando el baño. Como él mismo explica, ya que se los envían, lo mejor es usarlos.
Platos y tazas con dibujos de El muñeco de nieve en la cocina
Fotografía: Leigh Simpson

Memorabilia de El muñeco de nieve en el alfeizar de la ventana
Fotografía: Leigh Simpson
 Me hace una visita guiada. En el piso de arriba, en su amplio estudio, rebusca en las rebosantes estanterías para enseñarme un álbum del maestro italiano del porno, Guido Crepax, y se muestra ligeramente turbado y deliciosamente escandalizado por sus personajes espeluznantes y escuálidos. Luego me enseña los originales enmarcados –ninguno de su autoría– que llenan sus paredes. Al bajar, me cuenta que su amiga Posy Simmonds, historietista e ilustradora, además de su compañera en la nómina de la editorial Jonathan Cape, sufrió una caída horrible en sus escaleras hace unos años, lo que le recuerda que tiene que poner una barandilla en condiciones.
 En la sala de estar, hojeo su creciente colección de extraños carteles con titulares del periódico local, como la impagable promoción «¡Gane cinco pares de zapatos!». Finalmente, nos instalamos en un salón abierto en la parte trasera de la casa, que da al jardín, y nos acomodamos en los sofás.
Sala de estar de la planta baja de la casa de Briggs en Sussex
Fotografía: Leigh Simpson
Nos rodean pilas de libros en las estanterías y el resto de los muebles, incluyendo una especie de «santuario» lleno de un número alarmantemente grande de libros de Cuando el viento sopla en diferentes versiones. Después, la conversación continúa con una pinta de cerveza mientras almorzamos en un pub y, más tarde, en su coche, que me deja en la estación de tren.
 Esta entrevista se realizó el 8 de mayo de 2002, y posteriormente fue ampliada, editada y revisada por ambos.
-Paul Gravett
Páginas de Cuando el viento sopla, de Raymond Briggs
Fotografía: Pedro Delgado
PAUL GRAVETT: Me estabas diciendo que escribiste a Carl Giles.
RAYMOND BRIGGES: Sí, le escribí cuando estaba haciendo Cuando el viento sopla, porque estaba dibujando a Hitler, Mussolini, Göring y todos esos, y como crecí con sus dibujos, todas mis versiones se parecían a las suyas. Así que le escribí para preguntarle, «¿le importaría que copiara sus caricaturas?», con una línea debajo de reconocimiento. Pero el Daily Express [el periódico que publicaba a Giles] me dijo que no, que de ninguna manera. No creo que a él le hubiera importado. Creo que él mismo me contestó y me dijo: «seguro que puedes hacerlo tú mismo», que fue lo que hice al final, pero muy influido por él.

Entrevista de Paul Gravett a Raymond Briggs
Fotografía: Pedro Delgado

 Sus influencias, sus aficiones, su relación con sus padres, sus autores favoritos..., todo tiene cabida en esa entrevista, desglosada por obras y temas, que supone un complemento perfecto al título que nos presenta Blackie Books. Un libro que, conforme pasan los meses, cobra un nuevo protagonismo. Y es que lo que Raymond Briggs pergeñó, allá por 1982, sigue siendo actualidad. Es lo que tienen los clásicos.

Páginas de Cuando el viento sopla, de Raymond Briggs
Fotografía: Pedro Delgado

 El otro día escuché por azar El mundo se va a acabar, un tema de Pauline en la Playa. Una canción en la que las hermanas Álvarez, entre imágenes de bombas atómicas implosionando, nos dicen aquello de «Así o asá / hoy voy a ponerme guapa / Al fondo el mar, sonrían digan patata / Que el mundo se va a acabar / Hoy no pero acabará...»

 Y Mikel Erentxun, en el cierre de su gira en el Teatro Cervantes de Málaga, donde presentaba Septiembre, su último álbum de estudio, interpretó Tren a Marte, un tema que también hace referencia a ese fin del mundo y al planeta rojo como camino de huida. «Nos falta Bowie, nos falta Lou Reed / Nos falta Petty, no llueve en abril / Es el fin del mundo / Es el fin del mundo / En diferido y por televisión».

 Si alguna vez llega el acabose mundial, prometo despedirme con el mismo bailecito con el que el donostiarra puso punto final al concierto. No me digan que no es contagioso.


 Por cierto, mil gracias a Mikel por el espectáculo que nos brindó, y por atendernos al final del concierto después de la paliza que se dio.

Lucía Rodríguez con Mikel Erentxun (12 de octubre de 2024)
Cierre de la gira del cantante en el Teatro Cervantes de Málaga
Fotografía: Pedro Delgado

Pedro Delgado con Mikel Erentxun (12 de octube de 2024)
Cierre de la gira del cantante en el Teatro Cervantes de Málaga
Fotografía: Lucía Rodríguez