Exposición Joyería Amazig. Identidad de los pueblos beréberes Colección Jorge Dezcallar de Mazarredo (Corral del Carbón, Granada) Fotografía: Lucía Rodríguez
El día después de Navidad me acerqué a Granada a visitar la exposición de fotografías de David Jiménez en el Centro José Guerrero.
Roma, exposición de David Jiménez en el Centro José Guerrero Fotografía: Lucía Rodríguez
Después de ver su trabajo en torno a la ciudad de Roma, su peculiar y poética combinación de fotografías, nos acercamos al Corral del Carbón, uno de los sitios que más me gustan de Granada, ciudad donde tuve la suerte de estudiar cinco años.
Corral del Carbón, Granada Fotografía: Pedro Delgado
Patio del Corral del Carbón, Granada Fotografía: Pedro Delgado
Allí, cosa de algún djinn o de los djnoun que quedan por aquí desde los tiempos de al-Andalus, me topé con la exposición Joyería Amazig. Identidad de los pueblos beréberes, que recoge parte de la colección de joyas amaziges de Jorge Dezcallar de Mazarredo (Palma de Mallorca, 1945), quien fuera director civil del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y durante ocho años director general de Política Exterior para África y Oriente Medio en el Ministerio de Asuntos Exteriores.
Exposición Joyería Amazig. Colección Jorge Dezcallar de Mazarredo Corral del Carbón, Granada Fotografía: Lucía Rodríguez
Además de ser embajador en la Santa Sede y Estados Unidos, Dezcallar fue de 1997 a 2001 embajador de España en Marruecos. Allí, siendo numismático y yendo tras la pista de monedas españolas antiguas, descubrió que estas eran muy usadas, por aquello de la plata, en la joyería bereber, y así fue como empezó a entusiasmarse por ese arte y a coleccionar piezas que probablemente se habrían perdido o habrían sido dispersadas por el mundo.
Páginas interiores del catálogo de la exposición Joyería Amazig Fotografía: Lucía Rodríguez
La exposición, abierta desde el 12 de junio de 2024, recoge alrededor de 200 joyas procedentes no solo de Marruecos, sino también de Libia, Túnez, Argelia y Mauritania, de donde también son autóctonos este pueblo del Norte de África.
Joyería Amazig. Identidad de los pueblos beréberes Colección Jorge Dezcallar de Mazarredo Corral del Carbón, Granada Fotografía: Lucía Rodríguez
Exposición Joyería Amazig. Identidad de los pueblos beréberes Colección Jorge Dezcallar de Mazarredo Fotografía: Lucía Rodríguez
Se da en la joyería amazig una importante variedad de técnicas (esmaltado, filigrana, grabado, incrustación,...) y materiales (plata, monedas, piedras preciosas, cuentas de vidrio o plástico, coral...), en unas piezas que trascendían el mero adorno, pues tenían una utilidad práctica. También servían para atraer el bien y ahuyentar el mal, así como para invertir los ahorros, pues la plata empleada, las piedras preciosas y el coral las convertía en piezas de gran valor en caso de tener que venderlas por necesidades económicas.
Joyería Amazig. Identidad de los pueblos beréberes Corral del Carbón, Granada Fotografía: Lucía Rodríguez
Joyería Amazig. Identidad de los pueblos beréberes Colección Jorge Dezcallar de Mazarredo Fotografía: Lucía Rodríguez
Exposición Joyería Amazig (Corral del Carbón, Granada) Fotografía: Lucía Rodríguez
La muestra, que contiene collares, colgantes, pendientes, broches, diademas, bandas frontales, pectorales, pulseras, anillos y amuletos, se enriquece con varios paneles expositivos y un interesantísimo vídeo donde Dezcallar nos da una clase magistral sobre la joyería y la cultura amazig.
Vídeo de Jorge Dezcallar sobre las joyas y la cultura amazig Exposición Joyería Amazig. Identidad de los pueblos beréberes Fotografía: Lucía Rodríguez
Completan la exposición algunas dagas y alfombras bereberes y nueve pinturas del granadino Jesús Conde, óleos sobre metal inspirados en la colección de Dezcallar.
Exposición Joyería Amazig. Identidad de los pueblos beréberes Corral del Carbón, Granada Fotografía: Lucía Rodríguez
Óleo sobre metal de Jesús Conde Ayala Exposición Joyería Amazig (Corral del Carbón, Granada) Fotografía: Lucía Rodríguez
La exposición estará abierta hasta el día 17 de enero de este 2025, es decir, que ya sólo tienen esta semana para verla; aunque, según me dijeron al final de la visita, es probable que más adelante se vuelva a exhibir en la Alhambra, marco también incomparable para tan interesante colección. Y si no, siempre pueden intentar hacerse con el catálogo.
Catálogo de la exposición Joyería Amazig Fotografía: Lucía Rodríguez
Jorge Dezcallar tuvo el detalle de prologar mi libro de relatos Carta desde el Toubkal, y de leer En el corazón del Atlas. Cuaderno de viajes del Alto Atlas marroquí (manuscrito que permanece inédito en un cajón a la espera de que alguna editorial se interese por él), de ahí que me alegrara tanto encontrarme indirectamente con él aquella mañana de diciembre.
Jorge Dezcallar de Mazarredo Fotografía: Nuno Sousa Dias
Que no falten libros junto al roscón de Reyes Fotografía: Pedro Delgado
El día de Reyes está a la vuelta de la esquina, y algunos todavía no saben qué van a regalar. Por si les sirve de ayuda, quiero compartir con ustedes algunos de los últimos libros que he reseñado, así como mis peticiones literarias para este año que recién comenzó. Espero que Gaspar, Melchor y Baltasar sean benévolos con nuestras faltas y nos colmen de regalos.
Cómics, ensayos, novelas, relatos, diarios, crónicas y biografías que nos acompañen este 2025. Lean, viajen y disfruten de los placeres sencillos que nos ofrece la vida.
Archivo Museo San Juan de Dios (Casa de los Pisa) Fotografía: Pedro Delgado
Me topé con el libro en la antigua casa palaciega de los Pisa, en Granada. Había entrado para ver el Belén y curiosear el interior del edificio y, entre las columnas del patio, ocupando dos de sus laterales, me encontré con un montón de estanterías y de mesas abarrotadas de libros antiguos que vendían por un par de euros.
Pasos sin huellas, de F. Bermúdez de Castro Fotografía: Pedro Delgado
Sostuve largo rato en mis manos una novela de Fernando Bermúdez de Castro, con la que el escritor y abogado gallego –lo anunciaba la solapa y la faja guardada en el interior– había ganado el Premio Planeta del año 1958.
Pasos sin huellas, de F. Bermúdez de Castro (Premio Planeta 1958) Fotografía: Pedro Delgado
Debí cogerlo por el título: Pasos sin huellas, pero lo que hizo que me lo quedara fue la felicitación navideña que hallé entre sus páginas: «Os deseo felices Navidades y Año Nuevo. Con cariñosos saludos, Antoñita».
Tarjeta Navideña entre las páginas de Pasos sin huellas Fotografía: Pedro Delgado
Felicitación Navideña en el interior de Pasos sin huellas Fotografía: Pedro Delgado
Aquel mensaje escrito tantas décadas atrás con la preciosa caligrafía que tienen muchas personas mayores, entre ellas mi padre, parecía dirigirse a mí ahora, como si una mano azarosa hubiese querido conectar a un ser del pasado con alguien del presente en aquel patio de mármoles y empedrados.
Sirvan también estas palabras para conectarme con todas aquellas personas que visitan con regularidad este blog y desearles un próspero y venturoso Año Nuevo.
Los diarios del opio (Editorial Ariel, 2023), de David Jiménez Fotografía: Pedro Delgado
Ahora que el otoño da sus últimos compases, retomo uno de los libros que leí esta primavera para escribir esta reseña. Se trata de Los diarios del opio, del periodista y escritor David Jiménez, publicado por la editorial Ariel en junio de 2023.
«Tras las huellas de Orwell, Conrad, Kipling y otros grandes escritores que encontraron la perdición en Oriente» se lee en la portada, invitándonos de inmediato a sumergirnos en sus páginas.
David Jiménez (Barcelona, 1971) Fotografía: Héctor Vila
Como en una baraja de cartas infantiles, David Jiménez (Barcelona, 1971) ha emparejado a diez grandes escritores y viajeros con otros tantos países, destinos o lugares que quedaron asociados por distintos motivos a sus nombres.
Índice Los diarios del opio, de David Jiménez Fotografía: Pedro Delgado
Igual que sucede con los libros de relatos, uno puede leer este libro en orden o a salto mata atraído por tal o cual emparejamiento. Tras estudiar el índice, empecé por el final, por el único nombre del listado que no conocía: Tiziano Terzani.
El escritor, periodista y viajero Tiziano Terzani
El escritor y reportero italiano resultó ser el autor de Un adivino me dijo, que según David Jimenez es uno de los mejores libros de viajes publicados sobre el sureste asiático, al que tendré que hacer un hueco en mi biblioteca.
Un adivino me dijo, de Tiziano Terzani
Terzani, vivió entre 1990 y 1995 en Bangkok, la capital de Tailandia. Su hogar, la Casa de la Tortuga por el animal centenario que vivía en el estanque, era «un oasis de esplendor tropical en la jungla de cemento», una construcción de estilo tradicional tailandés que se convirtió en restaurante a su marcha, «harto de un progreso que detestaba». Hoy día, en el terreno que ocupaba la casa «en una bocacalle de la avenida de Sukhumvit» se levanta un nuevo bloque de apartamentos.
Pensé en la casa museo de Jim Thompson –que visité en julio de 2018 cuando recalé en la capital de Tailandia para recorrer gran parte del sudeste asiático–, con su estructura de teca, su estilo colonial y los muebles orientales y las obras de arte asiático y antigüedades que le daban vida.
Casa Museo Jim Thompson. Bangkok (Tailandia) Fotografía: Pedro Delgado
Casa Museo Jim Thompson. Bangkok (Tailandia) Fotografía: Pedro Delgado
Casa Museo Jim Thompson. Bangkok (Tailandia) Fotografía: Pedro Delgado
Casa Museo Jim Thompson. Bangkok (Tailandia) Fotografía: Pedro Delgado
Casa de Jim Thompson en Bangkok (Tailandia) Fotografía: Pedro Delgado
La casa y el jardín daban a uno de los canales por el que había llegado en una barca de madera a motor. Perteneció al difunto James HW Thompson (Delaware, 1906), conocido como el Rey de la seda. Como en una novela de Maugham o de Paul Bowles, el empresario estadounidense desapareció misteriosamente en marzo de 1967 durante un viaje por Malasia.
Jim Thompson
¿Sobrevivirá para las futuras generaciones la casa de Thompson o le sucederá como a la de nuestro ilustre italiano?
Terzani describió con desolación la transformación de Bangkok, donde el plan de urbanismo de las últimas décadas se podría resumir en una frase: se aprueban todos los proyectos que supongan un beneficio para la elite del país, incluida la Oficina de Propiedad de la Corona, el entramado a través del cual la familia real tailandesa acumula su fortuna. El escritor italiano desespera al ver cómo los canales de la Venecia de Asia –esas comparaciones, otra vez– son asfaltados e interminables atascos sustituyen a los trayectos en barca; los templos quedan arrinconados por los rascacielos, cada vez más altos; los mercados se desmantelan para hacer sitio a centros comerciales; y los puestos de comida callejera, que ofrecen una cocina inalcanzable para los restaurantes de los hoteles de lujo a un precio irrisorio, son desplazados para hacer sitio a cadenas de cafeterías y hamburgueserías. «Nunca fue bella, pero tenía su encanto», dice Terzani de la ciudad donde fue feliz, en compañía de su mujer y sus dos hijos.
Hasta que dejó de serlo y se marchó.
Cuando David Jiménez se mudó a Bangkok en 2004 para trabajar como corresponsal, Terzani acababa de morir en Italia.
Era parte de una generación de reporteros que quedaron marcados por su cobertura de las guerras de Indochina, muchos de ellos réplicas reales del Thomas Fowler de El americano impasible de Greene, con vidas personales complejas y tendencia a dejarse arrastrar por las pasiones ocultas de Oriente. Jim Pringle, otra leyenda de la época con quien entablé amistad al llegar a Tailandia, contaba que en la Camboya de los setenta los reporteros terminaban la jornada en Madame Chantal's, el fumadero de opio más infame del sureste asiático: «Nos quitábamos la ropa y nos poníamos un pareo, y simplemente nos recostábamos y charlábamos. Después de tomar una pipa, la tensión disminuía y el sonido de los bombardeos de los B-52 que oías era más y más débil».
Tiziano Terzani sufrió un desencuentro con Oriente, aunque más tarde lograría reconciliarse con su querida Asia.
[...] cuanto más se occidentaliza la región, más se orientaliza el escritor; cuanto más materialista se vuelve Asia, más se abraza él al espiritualismo que siente desvanecerse ante sus ojos; y cuanto más caen las gentes del Este en el encantamiento de Hollywood, más da él la espalda al que se supone que es su mundo, el occidental. Empieza a meditar. Se desprende de lo material. Indaga en las supersticiones orientales, enfrentándolas a la razón de su cultura europea. Y mientras todos a su alrededor aceleran, en busca de más, más y más, él frena. Cuando se acerca el año 1993, recuerda lo que un adivino le dijo quince años antes en Hong Kong: «¡Cuidado! Corres un gran peligro de morir en 1993. No puedes volar ese año. No vueles, ni siquiera una vez».
Las palabras de aquel adivino, que dio título a uno de sus libros, le animan a tomarse las cosas con calma y les vende a los editores de Der Spiegel las ventajas de un periodismo cocinado a fuego lento. Es así como Terzani recorre la inmensidad de Asia solo por tierra y mar sin tomar un solo avión.
Redescubre su inmensidad inabarcable; vuelve a conectar con su calidez; encuentra personas y conversaciones fascinantes que nunca habría tenido en los aviones; y recobra la pasión por descubrir. Contempla las estrellas mientras surca los mares en barcos de madera, se empapa de humanidad en las estaciones de trenes y en los puertos, deja atrás la ansiedad de llegar cuanto antes y se siente dueño del tiempo y el silencio, esos grandes compañeros del viajero.
Además, el vaticinio del adivino se vuelve certero, y en ese 1993 se estrella en Camboya un helicóptero de la ONU con periodistas, en un vuelo en el que habría estado de no haber hecho caso a aquel augurio.
En su año sin vuelos, Terzani busca regresar a Italia en el que será su viaje más largo, con paradas en Vietnam, China, Mongolia, Siberia y más allá. Siente la anticipación del viajero necesitado de su droga. Solo de imaginarse en la carretera, libre de compromisos, sin que nadie lo espere en ninguna parte, citado solo con la incertidumbre, un hormigueo recorre su estómago. ¿No es eso el viaje, una huida de todos y de uno mismo?
En la historia de Tiziano Terzani, como en las de los otros autores que aparecen en el libro, David Jiménez intercala anécdotas propias que vivió al visitar esos escenarios y, dando saltos entre el pasado y el presente, nos muestra las complejidades sociales, políticas, culturales e históricas de cada región. A su vez, con la lectura, afloran en mi cabeza las aventuras que yo también viví en algunos de esos lugares, libre de compromisos, citado solo con la incertidumbre, como dice el texto anterior.
¿Quién conoce mejor una flor ? ¿Quien lee sobre ella en un libro o quien la encuentra salvaje en la montaña?
Alexandra David-Néel
Pedro Delgado en el monasterio de Bagaya en Inwa (Ava para los británicos). Myanmar (antigua Birmania) Fotografía: Pedro Delgado hijo (agosto de 2018)
El opio es el nexo de unión de todos los autores que aparecen en el libro, y en el caso de Terzani no podía ser menos.
Pero antes de abandonar Vietnam, se adentra en la noche oriental de los mil secretos y, arrastrado por las tentaciones que pierden al hombre blanco en sus viajes por el Este, pide a un conductor de rickshaw de Hanói que lo lleve a un fumadero de opio. ¿También tú, Tiziano? Encuentra lo que busca entre una maraña de casas desconchadas del centro, entra en una habitación con las paredes revestidas de bambú y enseguida reconoce el aire con sabor dulce y embriagador de la adormidera. Esparcidos por el suelo, jóvenes recostados y apoyados en almohadas de madera aspiran el elixir de Oriente. Se hace un sitio entre ellos, a la espera de que llegue su turno y la madame le entregue la pipa que lo hace levitar sobre todas las decepciones, borrar las fealdades que ha ido encontrando en el camino e imaginar que las cosas son como él querría.
Leí cada capítulo del libro en la sala de espera del centro de rehabilitación al que llevo a mi padre. Y al salir de allí, camino de vuelta a casa, le desgranaba las anécdotas sobre los autores que acababa de leer, a los que él, salvo a Terzani, también conocía. Y junto a ellas, le contaba mis experiencias en Birmania, Laos, Vietnam, Tailandia, Camboya o India.
El día que le comenté el apartado dedicado a Somerset Maugham e Indochina, salí de su casa con uno de los volúmenes de las obras completas del británico, una quinta edición de octubre de 1971, una de esas joyas en papel biblia y encuadernada en piel de la editorial Plaza & Janés. Un regalo que puse en un lugar bien visible en mi biblioteca. Del autor británico yo había leído algunos relatos, y me había hipnotizado la adaptación al cine de El velo pintado (John Curran, 2006).
Ahora, en aquel tercer tomo, tenía al alcance de la mano El agente secreto, Rosie (Cake and ale), El paso del hombre (The narrow corner), La otra comedia (Theatre) y La imperfecta casada (Up at the villa).
Obras completas (tomo III) de W. Somerset Maugham (Plaza & Janés, 1971) Fotografía: Pedro Delgado
Por supuesto que no es una crítica a David Jiménez, pero he de decir que echamos de menos en su selección a Jack London y a Robert Louis Stevenson –el primero fue traficante de opio y el segundo, al que no le resultaba ajeno, habló de su contrabando en Los traficantes de naufragios–, London unido a Alaska y Stevenson a las islas de los Mares del Sur. Y una fotografía o un dibujo –o incluso un sello– de cada uno de los autores. Lo primero, daría para otro libro junto a otros descartes del autor. Y lo segundo, seguro que se podría añadir cuando se reedite la obra.
Kipling visto por Mikel Casal
Más dejemos mi impertinencia a un lado y volvamos a los otros escritores que ha querido destacar muy justamente el autor: William Somerset Maugham, Joseph Conrad, Rudyard Kipling, George Orwell, Alexandra David-Néll, Martha Gellhorn, Graham Greene, Manu Leguineche y Nicolas Bouvier.
Protagonistas de Los diarios del opio, de David Jiménez Montaje: Pedro Delgado
Dice David Jiménez, en algún punto del libro, que «las verdaderas leyendas dejan que otros agranden su nombre», y eso es lo que ha hecho él, en su justa medida, con todos estos mitos de la literatura y el periodismo.
A través de todos ellos, hechizados por la magia de Oriente, David Jiménez trata de descubrir cuál es el secreto oculto que ha empujado a viajeros, exploradores, reporteros y escritores hasta el Este desde tiempos de Marco Polo. ¿Lo desentrañará?
El misterioso Oriente estaba ante mí, perfumado como una flor, silencioso como la muerte, sombrío como un sepulcro.