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domingo, 7 de abril de 2024

UN VIAJE PELIGROSO


Un viaje peligroso, de Tove Jansson (Blackie Little)
Fotografía: Pedro Delgado

Qué cierto es ese refrán que dice que el hombre propone y Dios dispone. Aquel Cor hominis disponit viam suam, sed Domini est dirigere gressus elus (El hombre dispone su camino, pero al Señor corresponde disponer sus pasos).

 El pasado día 27 de febrero, por mi 58 cumpleaños, teníamos planeado viajar a Granada para dar una vuelta por la ciudad y visitar la librería de viejo Sostiene Pereira..., donde me iba a autorregalar un par de libros que había localizado por internet: uno de Enrique Meneses en África, y otro de un francés que desconocía, el cual había dado la vuelta al mundo en autostop, un proyecto que tengo en mente para cuando me jubile.

 Sin embargo, la tarde antes ya empecé a encontrarme mal, con los síntomas de un resfriado, y tuve que pasar la noche en el sofá del salón pues en la cama me daba la sensación de que me asfixiaba. Cuando amaneció el 27, ya sabía que no habría viaje a Granada ni visita a la librería. Fue un día de sofá y manta, sobres de medicamentos cada 8 horas y mucha agua para disminuir la mucosidad (el test de COVID-19 y gripe dio negativo).

 A última hora de la mañana, el cartero pegó a la puerta y me entregó un sobre que me supo a regalo de cumpleaños. Contenía un par de libros que había solicitado a una editorial. Uno de ellos era un álbum ilustrado de la finlandesa Tove Jansson con el sugerente título de Un viaje peligroso. Un libro de formato grande en el que poder apreciar sus ilustraciones. Bajo aquellas delicadas acuarelas había pequeños textos, más o menos en verso, que desarrollaban la trama. No tenía la cabeza para meterme en el libro que estaba leyendo esos días, pero sí para aquel álbum de literatura infantil en el que aparecía el valle de los Mumin, aquellos personajes que descubrí con mi hijo Enzo cuando viajamos a Finlandia en busca de Papá Noel*. Allí le compré una cajita con los muñecos de todos los personajes, y a la vuelta le regalé la novela La familia Mumin en invierno, que les fui leyendo a él y a su hermano por las noches. Y más adelante, cuando comenzaron a editarlos en España, el primer tomo con las tiras ilustradas de aquella simpática familia de troles blancos.

Las tiras de cómics (Coco Books) y La familia Mumin en invierno (Siruela)
Fotografía: Pedro Delgado

 Un viaje peligroso, recién editado por Blackie Little en una traducción de Elena Martí i Segarra, narra las aventuras de Susana y su gato. Mientras el animal se conforma con remolonear entre las flores de un mullido prado, la niña se aburre de lo lindo y suspira por vivir alguna aventura.

Un viaje peligroso, de Tove Jansson (Blackie Little, 2024)
Fotografía: Pedro Delgado

Un bonito y soleado día de primavera Susana se levantó medio enfadada. Ni ella misma sabía por qué, pero así era. ¿Y a quién le tocó pagar el pato? ¡Pues a su gato!
El pobre era más viejo que Matusalén. Tan solo dormía y engullía todo el día. Por eso no cazaba ni un triste ratón. Y además, ¡era un vago y un remolón!
Los dos se sentaron sobre la hierba. «Mm... ¡Qué bien estoy!», pensó el gato. Susana, en cambio, enseguida refunfuñó. «¡PUAJ! ¡Cómo detecto este prado!».
Y en lugar de relajarse, no hacía más que quejarse: «¡Qué lata de vida, jolín!», mascullaba Susana sin fin.
Y pensaba para sus adentros: «¡Ojalá me acecharan mil peligros! A mí no se me cortaría el aliento, ¡pues se acabaría mi aburrimiento!».

 El viaje convertido en aventura, con sus peligros e imprevistos pero también con sus descubrimientos y sus encuentros, es el protagonista de este cuento infantil que le encantará a los más pequeños de la casa, un libro para leer con la linterna debajo de las sábanas.

Un viaje peligroso, de Tove Jansson (Blackie Little)
Fotografía: Pedro Delgado

Ilustración de Un viaje peligroso, de Tove Jansson (Blackie Little)
Fotografía: Pedro Delgado

Ilustración de Un viaje peligroso, de Tove Jansson (Blackie Little)
Fotografía: Pedro Delgado

Páginas 18 y 19 de Un viaje peligroso, de Tove Jansson
Fotografía: Pedro Delgado

Ilustración de Tove Jansson. Un viaje peligroso (Blackie Little)
Fotografía: Pedro Delgado

Ilustración de Un viaje peligroso, de Tove Jansson
Fotografía: Pedro Delgado

Ilustración de Tove Jansson. Un viaje peligroso (Blackie Little)
Fotografía: Pedro Delgado

El valle de los Mumin en Un viaje peligroso, de Tove Jansson
Fotografía: Pedro Delgado

La familia Mumin en Un viaje peligroso, de Tove Jansson (Blackie Little)
Fotografía: Pedro Delgado

 Aunque los Mumin y el valle en el que viven aparecen fugazmente en el álbum, es imposible que los jóvenes lectores no se interesen por esas adorables criaturas blancas con forma de hipopótamos y se les abra el deseo de conocerlas más en profundidad.

Tove Jansson en 1956 con los Mumin
Fotografía: Reino Loppinen

 Y para los adultos que quieran conocer a su autora, les recomiendo la película Tove, dirigida por Zaida Bergroth, film que vimos esa tarde después de soplar las velas de la tarta y abrir los regalos pues como dice ese otro refrán, no hay mal que por bien no venga.

Cartel de la película Tove

 Acurrucados en el sofá, y arropados por una manta, aprendimos de la vida de la pintora, ilustradora y escritora Tove Jansson, nacida en Helsinki en 1914 y fallecida en la misma capital en 2001 a los 86 años de edad. Como su obra, la vida de Tove esconde muchas capas y lecturas. Sin renegar de sus criaturas, publicadas justo después de la Segunda Guerra Mundial con un éxito inmediato, ella quería ser reconocida en el mundo del arte por sus cuadros al óleo de carácter impresionista y postimpresionista, en su juventud, y modernista abstracto, en sus últimos años.

 De padre escultor y madre ilustradora, Tove estudió arte en Estocolmo y Helsinki, y completó su formación en 1938 en París, donde exploró la vida nocturna de la Rive Gauche. Aunque tuvo relaciones con hombres y mujeres, allí conoció a la que sería su pareja, la también artista gráfica Tuulikki Pietilä, con la que pasó gran parte de su vida en Klovharu, una pequeña isla perteneciente a las islas Pellinge en el golfo de Finlandia.

Tuulikki Pietilä y Tove Jansson
Fotografía: Reino Loppinen

 En la última etapa de su vida escribió una serie de novelas y cuentos para adultos, editadas algunas en España. La primera de ellas, El libro del verano, será llevada al cine este año por Charlie McDowell, con Glenn Close como protagonista. Y la segunda, Juego limpio, recoge a través de relatos su relación con Tuulikki Pietilä.

 Pero volvamos a Un viaje peligroso y cerremos esta reseña recordando lo que decía Jordi Esteva en el primer volumen de sus memorias:

El viaje por tierra a la India no era en absoluto un paseíllo. Aparte de las grandes incomodidades materiales, no dejaba de suponer un riesgo e implicaba valentía, habida cuenta de los numerosos países que se debían atravesar, muchos de ellos políticamente inestables, y el peligro de robos, enfermedades, violaciones, estancias en prisión y otras grandes dificultades. Años más tarde, rememorando aquel viaje, todos coincidimos en que cambió nuestras vidas.
Jordi Esteva, El impulso nómada (Galaxia Gutenberg)


*https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2014/12/sos-navideno.html

Nota: Esta entrada debería de haberse publicado el día 2 de abril, coincidiendo con el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil, pero como decía al inicio de la reseña: el hombre propone y Dios dispone.

domingo, 17 de diciembre de 2023

GILGAMESH. MÁS ALLÁ DEL CONFÍN DEL MUNDO


Gilgamesh, de Annamaria Gozzi y Andrea Antinori (Ediciones Siruela)
Fotografía: Pedro Delgado
 Observábamos tan atentamente la Vía Láctea que cada estrella se convertía en cien, y cada una de las cien en otras tantas. Entonces nos hacíamos las eternas preguntas desde que el hombre se puso en pie en algún lugar de África, quizá en un rincón desolado del lago Turkana, de aguas de color jade infestadas de cocodrilos. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hay vida después de la muerte? Preguntas tan antiguas como la épica de Gilgamesh, el primer relato literario conocido, en el que el joven e impetuoso rey de Uruk, desesperado por la muerte de su compañero Enkidu, decide partir a los confines del mundo en busca de la planta de la inmortalidad.

Casualmente, después de leer estas líneas en El impulso nómada (Galaxia Gutenberg, 2021), las apasionantes memorias de Jordi Esteva, me topé con un álbum ilustrado que versa sobre el rey sumerio.

 El encuentro ocurrió en la sección infantil de una librería, la portada llamó mi atención y me senté en uno de esos taburetes de colores que tienen allí colocados para los niños. Aquel era un álbum ilustrado en el que se conjugaban textos e imágenes, uno de esos libros que, según Babelia, gozan de tan buena salud en el ámbito de la literatura infantil.

 Aunque conocía la figura de Gilgamesh, su historia se había difuminado en mi mente, como si una espesa niebla hubiera cubierto los actos de su vida, de ahí que me pusiera a leerlo.

Guardas de Gilgamesh (Ediciones Siruela, 2023)
Fotografía: Lucía Rodríguez

Gilgamesh, de Annamaria Gozzi y Andrea Antinori
Fotografía: Lucía Rodríguez

Inicio de Gilgamesh. Más allá del confín del mundo
Fotografía: Lucía Rodríguez

 El libro se abre con un rey que llora y vela el cuerpo inmóvil de Enkidu, y los que hemos pasado por la devastación de perder a un amigo, empatizamos al momento con el rey Gilgamesh.

Había una vez un rey que lloraba.
Había perdido a su mejor amigo.
¿Cómo se puede perder un amigo?
Los amigos siempre están ahí.
–Enkidu –llamaba el rey–. Enkidu, responde.
Y al rey ya no le importaba nada ser poderoso y gobernar una ciudad toda dorada si su amigo seguía mudo. Inmóvil.

 Nunca nos sentimos tan aturdidos y desvalidos, ni nos parece el mundo tan cruel y desapacible como cuando perdemos a un amigo. Es un dolor físico.

 Abatido, Gilgamesh ya no puede permanecer sentado tranquilamente en su trono y, abandonando la ciudad dorada, se embarca en la aventura de buscar la inmortalidad.

Gilgamesh navegando hacia el confín del mundo
Fotografía: Lucía Rodríguez

Y cuando comprendió que nunca más despertaría, partió hacia el confín del mundo.
Porque se rumoreaba que más allá vivían un hombre y una mujer que  nunca habían muerto ni iban a morir.
Gilgamesh quería conocerlos para recuperar a su amigo perdido y vencer el miedo a aquel sueño eterno. Un sueño que, algún día, le llegaría también a él.
–No vayas –le dijeron los sabios del reino–. Nunca nadie ha regresado.
Pero el rey se marchó.
Vagó durante días y atravesó las noches.
Su barba creció hasta cubrirle el pecho.
Su pelo se llenó de canas, se le hundieron las mejillas.
Y el rey seguía buscando.

Custodios de la Montaña del Sol
Fotografía: Lucía Rodríguez

 Tras atravesar la Montaña del Sol por sus oscuras y peligrosas galerías, el soberano llegará al Jardín del Sol y a las playas donde, en un palafito, la cantinera de los dioses escancia vino en copas de plata. «Quien se ha marchado ya no puede volver. La vida que buscas, no la encontrarás. Bebe, olvida y regresa a tu ciudad», le aconsejará ésta. Pero Gilgamesh no cede en su empeño. Quiere conocer a quien nunca a muerto, y para ello está dispuesto a todo.

– [...] Estoy dispuesto a todo. Y ahora que ya casi he llegado, nada podrá detenerme.
–¿Que casi has llegado? –La mujer se rio–. Para llegar a la Lejanía, tendrás que cruzar el Mar de la Muerte, el más vasto de todos los mares, cuyas aguas están envenenadas. Nadie puede cruzarlo. [...]
–Ayúdame –suplicó el rey–. Enséñame a cruzar esas aguas.
A la mujer, que solo conocía las necesidades de los dioses, le sorprendió la desesperación humana del rey.
–Ve al bosque –le dijo–, construye una barca honda que te proteja. Luego corta ciento veinte pértigas para hacer los remos. Los necesitarás todos. Cada vez que una madera toque las aguas mortíferas, deberás soltarla y usar otra, y otra más...
El rey trabajó día y noche en el bosque, hasta que la barca y los remos estuvieron listos.

Gilgamesh preparándose para cruzar el Mar de la Muerte
Fotografía: Lucía Rodríguez

Gilgamesh cruzando el Mar de la Muerte
Fotografía: Lucía Rodríguez

 No les contaré más para no desvelarles la historia, esa que el propio Gilgamesh mandó grabar en tablillas de arcilla para conservarlas en la memoria; un tesoro arqueológico que fue descubierto, a mediados del siglo XIX, en Irak, la antigua Mesopotamia, y que el inglés George Smith logró descifrar en 1870. «Soy el primer hombre que ha leído esto tras miles de años de olvido», dijo. Tras muchas excavaciones, viajes y estudios, se lograron reunir las tablillas que devolvían a la vida la epopeya de Gilgamesh, soberano de la ciudad de Uruk, la primera ciudad del mundo antiguo. Por cierto que las gestas de Gilgamesh están incompletas, pues aún quedan fragmentos de la saga durmiendo bajo tierra a la espera de ser descubiertos.

La última tablilla fue hallada recientemente y añadió información a los acontecimientos de una historia de la que se sigue hablando y que no deja de sorprendernos.

Gilgamesh. Más allá del confín del mundo (Ediciones Siruela)
Fotografía: Lucía Rodríguez

 Porque es parte de la vida, la muerte abre y cierra Gilgamesh. Más allá del confín del mundo (Ediciones Siruela, 2023), de la escritora Annamaria Gozzi y el ilustrador Andrea Antinori, en una traducción del italiano de Ana Romeral Moreno. Unas páginas que nos hablan de la existencia, con su dolor pero también con su parte de luz.

Nota: Como no podía ser de otra manera, esta entrada está dedicada a los amigos ausentes.