martes, 30 de diciembre de 2025

KIT CARSON Y OTROS GRANDES DEL OESTE, DE JESÚS BLASCO


Kit Carson y otros grandes del Oeste, de Jesús Blasco
Colección Gran Oeste de Laramie Ediciones. Fotografía: Pedro Delgado

Ya se ha publicado el segundo número de la colección Gran Oeste de Laramie Ediciones, dedicado en esta ocasión al trabajo del dibujante y guionista Jesús Blasco Monterde (Barcelona 1919 – 1995).

Jesús Blasco Monterde
Fotografía: Facebook del dibujante.

 En este caso, el protagonismo de las tres historietas que contiene está repartido entre Kansas Kid, Kit Carson y Buck Jones. Un trío de ases que, como dice la felicitación navideña de Laramie –extensible a todos los que visitan mi blog–, evoca al niño que fuimos y que aún llevamos dentro.

Felicitación Navideña de Laramie Ediciones

 Todas estas historietas del Oeste de Jesús Blasco aparecieron originalmente en el mercado británico –en la Cowboy Picture Library de la editorial Fleetway– a mediados de los años cincuenta e inicios de los sesenta, época en la que también dibujó Billy the Kid para la revista Sun; aunque su primer western fue Buffalo Bill, serie que se empezó a publicar en la revista Comet en 1954.

A mediados de los años cincuenta, la editorial Fleetway Publications, con sede en Londres, comenzó a buscar dibujantes en Europa continental para cubrir la creciente demanda de títulos; había comenzado una época en la que el cómic británico necesitaba grandes cantidades de material semanal para sus exitosas colecciones de bolsillo o "libraries" –libritos de 64 páginas en blanco y negro– dedicadas a géneros populares, como el western, las aventuras, el romance, la adaptación de novelas, las biografías históricas, el bélico, la fantasía y el terror.
Para lograr cumplir con la ingente cantidad de encargos que llegaban desde el otro lado del canal de la Mancha, Jesús Blasco solicitó ayuda a sus hermanos, Adriano, Alejandro y Pilar, también dibujantes, estableciendo lo que popularmente se conocería como el Estudio/Taller Blasco. [...]
El sistema era simple: el guion llegaba traducido a Barcelona, o alguna agencia de dibujantes (como Selecciones Ilustradas o Bardon Art) lo traducía, Blasco y sus hermanos lo dibujaban y entintaban en su estudio, el material final se enviaba de vuelta a Londres para su revisión y, si no se señalaba ninguna rectificación, la editorial procedía a su publicación.
Aunque los guiones provenían de escritores ingleses anónimos, el trazo y la energía narrativa de Blasco y su equipo conferían a aquellas páginas una personalidad inconfundible. Estas historietas, breves pero intensas, formaron parte de la gran ola de producción que unió a numerosos dibujantes españoles con las editoriales británicas durante las décadas de 1950 y 1960, en un contexto marcado por la censura, las restricciones económicas y la búsqueda de mercados más florecientes.
El Western de los hermanos Blasco, Aitor Marcet

 Aquellas series británicas fueron más tarde traducidas y publicadas en España por las editoriales Ferma y Vilmar.

Revistas de historietas del Oeste de las editoriales Ferma y Vilmar

 Y ahora es Laramie quien selecciona y agrupa por autores algunas de aquellas historietas, estando inéditas en España, hasta ahora, las tres que componen este volumen: Kansas Kid y el poder de Puño Rojo; La frontera del miedo y Cazabandidos. Todas ellas precedidas de cuidados textos de Aitor Marcet, coodinador de la colección Gran Oeste, que contextualizan al autor y a sus personajes.

Kansas Kid y el poder de Puño Rojo. Colección Gran Oeste (Laramie)
Fotografía: Lucía Rodríguez

La frontera del miedo, una aventura de Kit Carson. Colección Gran Oeste
Fotografía: Lucía Rodríguez

Cazabandidos, una aventura de Buck Jones. Colección Gran Oeste (Laramie)
Fotografía: Lucía Rodríguez

 En la primera, publicada originalmente en el número 316 de la colección Cowboy Picture Library, el protagonismo recae en Kansas Kid, apodo del guardián del rancho Doble D, un vaquero que acabó muriendo en una estampida y yace enterrado en el cementerio Boot Hill de Tombstone (Arizona).

  En la segunda, aparecida por primera vez en el número 413 de la misma revista, el personaje principal es Kit Carson, sobre el que recae, quizá debido a su popularidad, el peso del título: Kit Carson y otros grandes del Oeste de Jesús Blasco.

 Christopher Houston Carson (Kentucky, 1809 - Colorado, 1868)), conocido como Kit Carson, fue un destacado trampero, guía y explorador que participó en la Guerra contra México (1846-1848) y la Guerra Civil estadounidense, en la que se alineó en el bando de la Unión. También tomó parte en las campañas contra los pueblos indígenas.

Christopher Houston Carson, más conocido como Kit Carson

 Su figura, muy popular en la cultura estadounidense, ha aparecido en novelas, tebeos y películas; entre estas últimas se encuentran títulos como Kit Carson (George B. Seitz, 1940), un entretenido largometraje que acabo de ver en Filmin y en el que, como en la historieta, aparecen shoshones y mexicanos que arman con rifles españoles a los indios para impedir que los colonos americanos se asienten en California.

Cartel de la película Kit Carson
Dirigida por George B. Seitz, 1940

 En la tercera historieta, publicada por primera vez en el número 446 de la Cowboy Picture Library, el protagonista, como ya ocurriera en el primer número de la colección Gran Oeste de Laramie, es Buck Jones, del que ya hablé en un anterior artículo al reseñar Buck Jones de Alberto Breccia.

 En las tres historietas se puede apreciar el arte de Jesús Blasco y sus hermanos, un equipo que «trabajaba con un rigor casi industrial: se repartían las tareas –Jesús solía encargarse de los bocetos y la planificación general, mientras sus hermanos realizaban fondos, entintado o rotulación– logrando mantener un ritmo de producción impresionante sin perder un ápice de calidad».

El estilo de Blasco durante este periodo combinaba un trazo vigoroso con un profundo sentido de la composición, a pesar de las limitaciones que imponía el formato "library". Las viñetas mostraban una narrativa clara, eficaz, sin alardes pero con gran elegancia. Frente al realismo funcional de otros artistas británicos, Blasco prefería una línea más viva y expresiva, con un uso magistral de las sombras para reforzar el dramatismo de las escenas. Su trabajo, aunque condicionado por los plazos de entrega y las necesidades de producción, anticipa ya rasgos de su evolución posterior. [...]
A lo largo de sus años de colaboración con Fleetway, Jesús fue depurando su estilo, haciéndolo cada vez más realista y expresivo. [...]
Hoy, al releer estas historietas, puede que no encontremos en ellas obras maestras ni argumentos especialmente originales. Pero sí descubrimos algo más valioso: el testimonio vivo de una época de transición, en la que los dibujantes españoles supieron abrirse camino en el mercado internacional con talento, esfuerzo y profesionalidad. Son relatos sencillo, ágiles y entretenidos, que respiran el espíritu de los años cincuenta y sesenta y que reflejan la dignidad del trabajo bien hecho, incluso en las condiciones más humildes.
El western de los hermanos Blasco, Aitor Marcet

 Además del western, Jesús Blasco abordó con maestría muchos otros géneros, como el de aventuras, la ciencia ficción, el bélico, el romance y el terror, así como la adaptación de novelas clásicas y biografías históricas; pero, sin duda, será recordado por The Steel Claw (Zarpa de Acero) y la que es su obra maestra: Los Guerrilleros, un western vibrante con guiones de Miguel Cussó y José Ramón Larraz.

 A ellos seguramente mi padre añadiría a Cuto, el personaje que creó Jesús Blasco para la revista Chicos.

 Lean y sigan cabalgando.

 ¡Saludos desde la Frontera!

jueves, 6 de noviembre de 2025

DE HONDO Y EL REGALO DE COCHISE

Fue terminar La ley del desierto* de Laramie Ediciones y zambullirme en las páginas de Hondo de Louis L'Amour, novela publicada por Valdemar en la colección Frontera que regalé a mi padre hace muchos años.

Hondo, de Louis L'Amour
Valdemar / Frontera

 La portada es un detalle de un cuadro del pintor estadounidense Frank McCarthy, una obra de 1986 en formato apaisado que lleva por título The Hostile Land.

The Hostile Land, obra de Frank McCarthy
Imagen: Bradford's Auction Gallery

 «Regalo de mi hijo Pedro por mi 81 cumpleaños. 12. 12. 2016» se lee en la segunda página, escrito a lápiz con la preciosa letra gótica de mi padre.

 La editorial ha tenido el detalle de incluir en el libro El regalo de Cochise, el relato que dio origen a la novela; una curiosa historia que nos cuenta Alfredo Lara, director de la colección Frontera de la editorial Valdemar, en las páginas de presentación.

 En 1952, el actor John Wayne y el productor Robert Fellows compraron los derechos de El regalo de Cochise, aparecido en la revista Collier's y escrito por, hasta ese momento, casi un desconocido Louis L'Amour.

The Gift of Cochise by Louis L'Amour
Revista Collier's

Por aquellos días Louis L'Amour es un escritor incipiente, un admirador y aprendiz de Jack London, de ascendencia francesa por parte de padre e irlandesa en su rama materna, que ha sido marino mercante en los mares de Indochina, boxeador profesional por necesidad, soldado en la división de tanques del ejército de Patton durante la II Guerra Mundial en Europa y que, tras todas esas ocupaciones y algunas más, se intenta abrir paso como escritor en las revistas de relatos.*

Revista de relatos Collier's
The Gift of Cochise by Louis L'Amour

 Wayne y Fellows pusieron el relato en manos de uno de sus guionistas de cabecera: James Edward Grand. Y le encargaron la dirección a John Farrow. Fruto de ello resultó Hondo que «aunque no es la mejor película de Wayne, sí es de aceptación bastante extendida que es el mejor de los western de John Wayne no dirigido por Ford o Hawks, y suele aparecer con regularidad en la lista de los 25 mejores westerns de todos los tiempos».

Cuando L'Amour vende los derechos de El regalo de Cochise a Wayne y Fellows, el autor se reserva el derecho de novelar el guión que va a hacer James Edward Grant para el film. Y lo hace. Y en 1953 aparecen simultáneamente, justo el mismo día, la película Hondo, protagonizada por John Wayne, y la novela de Louis L'Amour Hondo, con una frase promocional de John Wayne en la que afirma que Hondo es el mejor western que ha leído nunca.*

 Primero leí el relato, de apenas veinte páginas, y nada más iniciarlo comprendí porqué John Wayne y Fellows habían comprado los derechos para el cine del mismo. Así, imaginé a Brigitte Bardot o a Farrah Fawcett –incluso a nuestra María Jiménez, para ser más patrios si aquello fuese un spaghetti western– en el papel de Angie Lowe, esa ranchera que espera con sus hijos el retorno de su marido asediada por los guerreros apaches de Cochise.

Tensa y pálida, Angie Lowe se plantó ante la puerta de su cabaña con una escopeta de dos cañones en las manos. Junto a la puerta había un Winchester 73 y sobre una mesa, dentro de la casa, dos Colts Walker.
 Delante de la casa había doce apaches montados en ponis blancos desgreñados, y uno de los indios había alzado una mano, con la palma hacia fuera. El apache que montaba el bayo con manchas blancas era Cochise.
 Junto a Angie estaban su hijo de siete años, Jimmy, y su hija de cinco, Jane.
 Cochise, sin apearse del caballo, guardaba silencio; los ojos negros e inescrutables escrutaban a la mujer, a los niños, la cabaña y el pequeño jardín. Miró los dos ponis del corral y las tres vacas. Su mirada se alejó hacia el pequeño almiar de heno cortado en la vega y más allá, a los pocos novillos que había en el cañón.
 En tres ocasiones los apaches habían atacado aquella cabaña solitaria y en las tres los habían rechazado. En total, habían perdido siete hombres y tres habían resultado heridos. Habían muerto cuatro  ponis. Sus bravos informaban de que no había ningún hombre en la casa, sólo una mujer y dos niños, y Cochise había acudido para conocer a la mujer, tan certera con el rifle, que estaba matando a sus guerreros.
 Estos eran los mismos que habían vencido en fuerza, astucia y velocidad al mejor de los ejércitos americanos, que superaba a los apaches en la proporción de cien a uno. Sin embargo, una mujer sola con dos niños los había vencido, y era apenas mayor que una niña. Y ahora estaba preparada para luchar. Hubo un destello de admiración en los ojos de Cochise mientras la evaluaban. Los apaches eran un pueblo guerrero y respetaban el carácter luchador.
 –¿Dónde está tu hombre?
 –Ha ido a El Paso.
 La voz de Angie fue firme, aunque estaba asustada como nunca lo había estado. Había reconocido a Cochise por las descripciones y sabía que si él decidía matarla o apresarla, eso es lo que sucedería. Hasta entonces, los asaltos esporádicos que había repelido eran de pequeñas bandas de guerreros que atacaban la cabaña cuando iban de paso.
 –Lleva mucho tiempo fuera. ¿Cuánto?
 Angie vaciló, pero mentir no formaba parte de su naturaleza.
 –Se fue hace cuatro meses.
 Cochise meditó en la respuesta. Sólo un estúpido abandonaría a una mujer así, a unos niños como aquellos. Sólo había una causa que pudiera impedir su regreso.
 –Tu hombre ha muerto –dijo.
 Angie aguardó, su corazón batiendo con fuertes latidos rítmicos. Hacía mucho que pensaba que Ed había muerto, pero el modo como Cochise lo había dicho no daba a entender que hubiera sucedido a manos de los apaches, sólo que tenía que estar muerto porque en otro caso habría regresado.

 En dicho relato, frente a Cochise, Angie y su marido –Ed Lowe–, cobra protagonismo Ches Lane, al que Lowe ha salvado la vida. Por supuesto, no les revelaré nada más de la trama, ni del relato ni de la novela que disfruté después en varias tardes de lectura.

Leonard Howard Reedy, acuarela sin título
Imagen: Invaluable Sold at Auction

 El guión novelado por L'Amour, es decir, lo que acaba siendo la novela Hondo, no se limita a expandir los hechos narrados en El regalo de Cochise, sino que, manteniendo lo básico, introduce cambios muy sustanciales en la historia. En principio, el relato corto cuenta cómo Ches Lane decide socorrer a una joven mujer que ha quedado aislada en pleno territorio apache y... –no revelaremos más del relato–. En Hondo, la novela que deriva de él, los elementos románticos, bélicos e históricos –aunque con alguna licencia– se han acentuado notablemente. Por de pronto y respecto al relato previo, ya no se trata de Cochise y hacia 1872; la acción se ha retrasado casi diez años, hasta la campaña contra Victorio. En ese turbulento escenario Hondo Lane, correo y explorador del general Crook, llega al rancho donde Angie Lowe espera el retorno de su marido ausente.*
*(de la presentación de Alfredo Lara)

Cartela de la película Hondo, con John Wayne y Geraldine Page
Imagen: Warner Bros.

 La novela, escrita con un respeto absoluto por los apaches y la figura del jefe Victorio, contiene todos los elementos y toda la épica que se le puede pedir a un buen western.

 Achicando los ojos contra el resplandor del sol, trató de ver más allá de las ondas de calor. Al otro lado se encontraban las montañas, y ante ellas, entre las ondulaciones líquidas, asomaban los puntiagudos tallos de los saguaros, esos extraños signos de exclamación del desierto.
 Ningún sonido perturbaba la tarde en declive, salvo el crujido del cuero de las sillas, el roce de los avíos, el tintineo de las herraduras contra las piedras, y tales sonidos iban siempre con ellos.
 El sudor le abría regueros entre el polvo que le cubría el rostro, y la sal le había dejado el uniforme rígido y gris. El cuello le picaba por el calor y el polvo, y tenía las partes expuestas del cuerpo en carne viva debido al sol. En ningún lugar de aquella vasta extensión se apreciaba movimiento alguno. Aun así, los apaches estaban allí, en alguna parte.

 La historia engancha desde el inicio y hace que uno quiera seguir leyendo a la conclusión de cada capítulo.

 Llenó el primer cubo, luego el segundo. No se oía nada, y estaba examinando las colinas cuando algo la hizo mirar a su espalda.
 Un indio había salido de entre los árboles y, a lomos de un poni jadeante y de aspecto fiero, la miraba fijamente. Ella no había oído nada ni notado ningún movimiento.
 Apareció otro y luego otro más. Y, procedentes de entre los árboles, se materializaron como por arte de magia, hasta conformar una docena.

 Hondo es también una historia de amor, una novela romántica que rezuma poesía en algunas de sus líneas.

 Casi había anochecido cuando la tormenta remitió en el valle y ella salió. El aire estaba milagrosamente fresco y limpio. Respirar era como beber agua fría. El cielo seguía cubierto por un manto nuboso y los truenos retumbaban en el cañón entre las colinas lejanas, al oeste. Masas bajas de nubes colmaban los huecos de las colinas y anidaban en los desfiladeros. De cuando en cuando los abultados domos resplandecían incandescentes por efecto de un rayo distante.

 Añadir que a Hondo Lane, correo y explorador del ejército, lo acompaña en la novela un perro –Sam–, un animal mestizo y de aspecto poco amigable que no aparece en el relato y tiene peso en la lectura.

 Sam se asomó a la puerta, dudó y entró receloso. Un minuto después se tendía en el suelo, pero sin perder de vista a Hondo. Parecía peligroso y distante. No había nada en el perro que inspirara afecto, salvo, quizá, su absoluta resolución. Existía una curiosa afinidad entre hombre y perro. Ambos eran indómitos, criaturas nacidas y criadas para la lucha, afiladas y templadas por vendavales tórridos y largas marchas a través del desierto, desconfiados, peligrosos, y aun así buenos compañeros en una tierra dura.
 –¿Qué puedo dar de comer a su perro?
 –Nada, gracias. Se las apaña solo. Es más rápido que cualquier conejo.
 –No es ningún problema –se volvió hacia la cocina y cogió un plato para llenarlo de sobras.
 –Si no le importa, señora, prefiero que no le dé nada.
 Ella lo miró con curiosidad. Cada vez le sorprendía más aquel hombre, tan extraño. No obstante, se sentía más a salvo con él en casa. No se parecía a nadie que hubiera conocido, ni siquiera en aquel territorio de hombres extraños y peligrosos.
 Bastaba verlo moverse para apreciar que era diferente de los demás. Siempre despreocupado, siempre pausado, pero con un control de sus movimientos y una vigilancia que contradecían la actitud tranquila. Ella tenía la impresión de que vivía en continua vigilancia del peligro, sin permitir nunca que este lo alcanzara, pero siempre preparado. La mirada de la mujer cayó en la gastada cartuchera y en la pulida empuñadura del Colt. Las dos tenían una larga historia, no fruto del mero paso de los años, sino de usarlas para lo que estaban hechas.
 –Creo que lo entiendo. No quiere que se acostumbre a aceptar comida de alguien que no sea usted. Bueno, yo la prepararé y usted puede dársela.
 –No, señora. Yo tampoco le doy de comer.
 Viendo la duda en los ojos de la mujer, dijo:
 –Sam es independiente. No necesita a nadie. Quiero que siga así. Es una buena forma de ser.
 Se sirvió otra ración de carne, junto con más patatas y salsa.
 –Pero todo el mundo necesita a alguien.
 –Sí, señora –Hondo siguió comiendo–. Qué lástima, ¿verdad?
***
Angie salió de la casa y lo vio reordenar la leñera para mantener el contenido a salvo de la lluvia. Mientras él trabajaba, el niño miraba a Sam, que los contemplaba desde las cercanías.
 El niño vaciló, miró anhelante al perro y luego a Hondo.
 –¿Lo acaricio?
 –Haz lo que quieras, pequeño.
 Dubitativo, el niño tendió una mano hacia el perro. Sam erizó el pelo y lanzó un mordisco. El niño retrocedió a toda prisa, asustado y a punto de llorar.
 Angie se volvió enfadada hacia Hondo.
 –Señor Lane, si sabía usted que el perro muerde, ¿por qué...?
 –Señora Lowe –dijo Hondo con calma–, ya le había dicho al niño que no lo tocara, pero él seguía queriendo acariciarlo. La gente aprende a fuerza de mordiscos. Ahora el pequeño ha aprendido la lección.
 Para ocultar su confusión, ella se dirigió al niño.
 –¡Johnny, no vuelvas a tocar a ese perro!
 Johnny miró a Hondo y este sonrió, poniendo una mano sobre la cabeza del niño.
 –No pasa nada, amigo. Recibirás un montón de mordiscos en esta vida. Es mejor que te acostumbres. No te fíes de nada ni de nadie.
***
 Sam apareció trotando. El perrazo había estado ausente ocupándose de un asunto propio. Por el  mechón de pelo que le colgaba del extremo de la mandíbula, el asunto había tenido que ver con conejos. Tomó asiento a unas yardas y observó a Hondo. Los dos eran, en cierto modo, distantes, intocables, inalcanzables. Ella estudió al perro como si esperara aprender más del hombre.
 –Es raro ese perro suyo.
 –No es mi perro.
 Ella estaba perpleja.
 –Pero los dos van juntos.
 –Está conmigo. Puede oler a un indio a media milla.

 Si no vi de nuevo la película –la vi de niño, como casi todas las de John Wayne– fue porque no está en mi videoteca ni, de momento, en la programación de Filmin. Mas todo se andará. Por cierto, he encontrado un fotograma de la película en el que pueden ustedes ver al perro. Por supuesto, pinta muchísimo más fiero y salvaje el de la novela; «un perrazo brutal y feo», un bicho tan «amistoso como un puma», pero batallador y «tan extrañamente cortés» que sabe ganarse un hueco en el corazón del lector.

John Wayne y su perro Sam en Hondo
Imagen: Warner Bros.

 Por cierto, la traducción de Hondo, impecable, corre a cargo de Jon Bilbao, traductor para la editorial Impedimenta de otro excelente wéstern, A lo lejos**  de Hernán Díaz, que ya reseñé en este blog.

A lo lejos, de Hernán Díaz

 Además de traductor, Jon Bilbao es escritor y tiene publicada en la misma editorial una trilogía de temática western conformada por BasiliscoAraña y Matamonstruos que espero poder leer y reseñar algún día.

*Pueden leer la reseña del cómic La ley del desierto de Laramie Ediciones clicando sobre el siguiente enlace:

https://cartadesdeeltoubkal.blogspot.com/2025/10/la-ley-del-desierto.html

**Y si se quedaron con ganas de más, también pueden leer la reseña de A lo lejos de Hernán Díaz clicando sobre este otro enlace:

https://cartadesdeeltoubkal.blogspot.com/2020/06/a-lo-lejos-in-distance.html

jueves, 16 de octubre de 2025

LA LEY DEL DESIERTO

Decía el dibujante y guionista italiano Stefano Casini que en el momento en que veía un caballo, un sombrero y una pistola, volvía a ser un niño. Y eso mismo me pasa a mí cuando abro un tebeo o veo una película del Oeste.

 Todos esos elementos que menciona Casini están en la portada de La ley del desierto (Laramie Ediciones, 2025), cambiando el revolver por un Winchester 73. Esa ilustración espléndida, sobre fondo amarillo, que se basta y sobra para que te lleves el cómic a casa, es obra del maestro Manuel Sanjulián (Barcelona, 1940), que el pasado verano cumplió 84 años de edad.

La ley del desierto, portada de Sanjulian
(Laramie Ediciones, 2025)

 Si Sanjulián fuese estadounidense, le caerían los homenajes a porrillo, pero como es español... el único homenaje que recibe es el de sus admiradores que, a la postre, quizás sea el más genuino. Por cierto, que recientemente Diábolo Ediciones publicó un libro con más de quinientas páginas en el que recoge toda su obra: ilustraciones de novelas, revistas, cómics y carteles de cine; más de quinientas páginas en las que toca todos los géneros: wéstern, terror, ciencia ficción, capa y espada, fantasía... Y todo en una edición de lujo cuya portada también te grita eso de «Llévame a casa».

Sanjulian. La fantasía ilustrada (Diábolo Ediciones)

 La versión cómic del relato Law of the Desert BornLa ley del desierto en la edición de Laramie– es fruto del amor de un hijo por su padre y por el legado de este, pues Beau L'Amour, guionista junto a Katherine Nolan, es hijo y albacea literario del gran escritor de novelas del Oeste Louis L'Amour (Jamestown, Dakota del Norte, 1908–Los Ángeles, California, 1988), autor de en torno a un centenar de novelas y más de cuatrocientos relatos, entre las que podríamos mencionar Ruta Kiowa, ShalakoEl pistolero de Cheyenne, Un hombre llamado MoonHondo.

Louis L'Amour con su hijo Beau
Foto: cortesía de Louis D. y Katherine E. L'Amour Trust
(Magazine Cowboys & Indians)

 En 2013, Beau L'Amour eligió el relato breve Law of the Desert Born para llevarlo al mundo de las viñetas. Ese era el primero de los wésterns que Louis publicó al regresar de la guerra en Europa. Apareció en una revista pulp –Dime Western, abril 1946–, y aunque pronto cayó en el olvido, cuarenta años después lo incluyó y dio título a una colección de relatos que publicó Bantam Books.

 Sin embargo, el cómic que ahora publica Laramie Ediciones no es exactamente igual que el relato que publicó su padre. Algo que nos cuenta el propio Beau L'Amour en el texto extra e interesantísimo que cierra el libro, y que lleva por título: La historia detrás de la historia.

Uno de los proyectos más interesantes que Louis creó antes de fallecer fueron los trabajos con la división de audiolibros de Bantam (ahora Random House) para producir una serie de audiodramatizaciones, unas adaptaciones de sus relatos breves inspiradas en las grandes radionovelas de los años treinta y cuarenta.
...Y aquí llego yo. Como buscaba trabajo y era el miembro de la familia que quería escribir y dirigir para el teatro y el cine, mi padre me acabó reclutando para supervisar la adaptación y producción de los audiolibros. Apenas un par de años después, papá falleció, mis responsabilidades crecieron y tuve que gestionar todas sus propiedades, un proceso que continúa hoy e incluye la creación de esta novela gráfica. [...]
Un verano, Jenny Frost, por entonces directora de los audiolibros Bantam, me pidió producir La ley del desierto y convertirla en una audiodramatización. Lo normal era que yo eligiera los títulos en los que íbamos a trabajar, pero esa vez ya habíamos producido otros dos relatos de la colección de bolsillo de La ley del desierto y Jenny quería presentar los tres juntos, a modo de regalo de Navidad. Tenía sentido que el tercer relato fuese el que daba título a la colección.
Audiolibros de Louis L'Amour
No teníamos mucho tiempo de preparar nada para Navidad, así que llamé a Kathy Nolan y le dije que teníamos que sacar el proyecto adelante, a trancas y barrancas. Necesitábamos un programa que se titulase La ley del desierto. Hablamos de la historia y le di rienda suelta con el guion. Creo que tardó un mes, más o menos, en completarlo.
Unos cuantos días antes de la fecha de entrega, Kathy me llamó. Había cundido el pánico. Sabía que la fecha de entrega del guion era inamovible. A causa de las Navidades, el título ya figuraba en el catálogo de Bantam y había reservado el estudio de grabación. Me dijo que el guion era demasiado largo. Le había costado recortarlo y solo había conseguido dejarlo en unas noventa páginas, en lugar de las sesenta que necesitábamos.
Una de las complicaciones de hacer las audiodramatizaciones era que daba igual lo largos que fuesen los relatos de Louis (entre tres páginas y ochenta o noventa), el guion tenía que durar sesenta minutos. Los guiones tienen una página por minuto y yo siempre trabajaba con guionistas para estructurar las historias y que acabasen con cincuenta y ocho o sesenta y dos páginas y unas quince o veinte escenas. Implicaba recortar mucho el relato original o estirar las ideas del relato para conseguir el número de páginas que necesitábamos. Como tenía once páginas y poco argumento, a nadie le había preocupado que La ley del desierto fuese demasiado largo. ¡Menudos ingenuos!
Katherine, que solía entregar sesenta páginas exactas, se había pasado con el desarrollo. Por mi parte, le había dado alas porque a los dos nos preocupaba no tener suficiente material. Pero noventa páginas eran demasiadas y me preguntaba por qué no podía abreviarlo más. Con la certeza de que yo podría ajustarlo todo a la duración correcta, le dije que quedaríamos al día siguiente, lo leería y lo arreglaría.
A mediodía, yo también era presa del pánico. No bromeaba. No se podía recortar el guion sin despedazarlo.[...]
Teníamos setenta y dos hora. Ay.
Bueno, la necesidad es una virtud o algo así. Fingí una tranquilidad que no sentía, saqué un cuaderno y dije: «Vale, para que parezca el relato original, ¿qué es lo que hay que conservar?».
Dijo algo así como: «El final. Los dos tipos. La presa y el cazador se reúnen. Se hacen amigos».
Lo anoté. «Y para que tenga sentido –le dije–, han de pasar un calvario». Así que teníamos el principio... o más bien el final. Trabajamos marcha atrás y creamos una historia casi completamente nueva, nos imaginamos cada escena según la anterior hasta que tuvimos una estructura general.
Luego le dije que cogiera el cuaderno y que yo iba a contar la historia. Le pedí que apuntase todo lo que dijese que fuera nuevo y distinto. Todo lo que iba improvisando. Luego cogí el cuaderno y ella me contó la historia. De milagro, cada vez aparecía más material. Nos costó que la narrativa fuera lo más austera y sencilla posible. Después de unas cinco horas, teníamos todas las escenas esbozadas y casi la mitad del diálogo.
[...] El nuevo guion, aunque aún era mediocre, tenía una energía y una aspereza real que nos emocionó a los dos. Nos pasamos los próximos dos días escribiendo y reescribiendo, tapando agujeros de guion y puliendo las escenas. [...]
Louis L'Amour / Audio Cassettes
Un año o dos después [...] La ley del desierto aún me seguía susurrando al oído. A Kathy le pasaba igual. Teníamos ideas nuevas y nos solíamos acordar de la locura que había sido, de lo rápido que habíamos trabajado o de lo atípica que era la historia. Al final, dije que creía que aún les podíamos sacar más partido a los personajes y a las situaciones y que deberíamos convertirlo en un guion de cine. Kathy brincó de alegría.
[...] Al final creo que escribimos entre treinta y cuarenta borradores del guion.

 Si el guión de La ley del desierto que escribió Beau L'Amour y Kathy Nolan vio la luz en forma de audiolibro, su transformación a guión de cine no llegó a hacerlo. A pesar de sus disgustos con los productores de Hollywood, Beau y Kathy no dejaron de mejorar el guión. Fue al conocer al editor y guionista Charles Santino –quien desarrolló la trama y el guion de Conan el Bárbaro para Marvel– cuando pensaron en publicarlo como una novela gráfica. Le presentaron el proyecto a Betsy Mitchell de Random House y... ¡Bingo!

Quisiera decir que Random House compró el relato y el resto es historia, pero la verdad es que ha supuesto un montón de trabajo. Charles Santino insistió en que había que despojar al guion de todo lo que no fuese esencial, y aunque imaginaba haberlo hecho hacía años, volví a cogerlo con ganas. ¡No hay nada como un contrato para espolear la creatividad y la constancia! Charles empezó el proceso de diseñar las viñetas y las páginas y le dio un ritmo nuevo a la historia (casi una minihistoria) desde la esquina superior izquierda a la esquina inferior derecha de cada par de páginas. Nos esmeramos en que la mayoría de las páginas no pasara de seis o siete viñetas y en que los diálogos no fuesen constantes. [...] Empecé a crear una hoja de estilo, una guía de cómo debía verse y sentirse la historia. También organicé un archivo de imágenes de ropa y localizaciones, atrezo y mapas.

 Una vez Charles Santino adaptó el guion al formato cómics, llegó la elección del dibujante. Así fue como Thomas Yeates se unió al proyecto.

Thomas Yeates (California, 1955), ilustrador y dibujante de cómics
Fotografía: ERBzine

 Thomas Yeates era uno de los primeros graduados de la Escuela de cómics y Arte gráfico de Joe Kubert en Madison, Nueva Jersey. En 1978 hizo su primer trabajo profesional para DC Comics, una historia –Preacher– que apareció en Sgt. Rock.

Nº 312 de Sgt. Rock, portada de Joe Kubert e historieta dibujada por Thomas Yeates

 A raíz de ello trabajó en otras series de DC, como Warlord, Mystery in Space, y Swamp Thing, más conocida por estos lares como La Cosa del Pantano.

 En los 80, dibujó Timespirits para Marvel/Epic, y Airboy Scout para Eclipse Comics. Para Pacific Comics creó Alien Worlds y Vanguard Ilustrated, y para TSR Fantasy ilustró la saga Dragonlance.

 A principios de los 90 dibujó al que tal vez sea su personaje más querido, aquel que ya dibujaba de niño: Tarzán. Entre otras, realizó la serie Tarzán, The Beckoning y The Return of Tarzán –retomando el personaje en 2011 con la serie The Once & Future–.

Dibujo de Tarzán de Tom Yeates niño

Portada y página de la serie Tarzán, The Once & Future, de Thomas Yeates

 Durante la misma época, Yeates dibujó Drácula versus Zorro para Topps Comics, y Tomahawk para DC.

 Y a finales de los 90 dibujó la tira de prensa de El Zorro.

Tiras de prensas del domingo de El Zorro
Don McGregor, Tod Smith y Thomas Yeates

 En los 2000 dibujó junto a Cary Nord a Conan; hizo una historia de The Escapist para Dark Horse Comics; dibujó siete novelas gráficas para Lerner Publishing, entre las que se incluía El Rey Arturo, Odiseo y Robin Hood; e ilustró la novela John Carter de Marte, publicada por Fall River Press.

Ilustración de Thomas Yeates para John Carter de Marte

 Los siguientes años los pasó ilustrando libros infantiles y juveniles de distintos autores, compaginando en 2011 esa labor con su regreso a Tarzán con el ya mencionado Tarzán, The Once & Future. Fue en esa época cuando comenzó a trabajar en Law Of The Desert Born, el wéstern de Louis L'Amour.

Law of The Desert Born, by Thomas Yeates
Tira a la aguada sobre papel Bristol 30 x 40 cm

 Law Of The Desert Born se publicó en 2013 en Estados Unidos y ganó cinco premios, siendo nominado al Premio Eisner en 2014.

Law Of The Desert Born, edición estadounidense

 Aunque actualmente Thomas Yeates publica la tira de prensa de El Príncipe Valiente, algo que hace desde el 1 de abril de 2012 –año en el que obtuvo el premio Inkpot que otorga anualmente la Comic-com Internacional–, en España acaba de volver a la actualidad gracias a la mencionada edición en español –traducción de Miguel Sanz Jiménez– de La ley del desierto, una apuesta más de Laramie Ediciones por el wéstern.

Pág. 30 de La ley del desierto (Laramie Ediciones)

 Dos son los protagonistas de La ley del desierto: Shad Marone, un cuatrero al que la vida había dado una segunda oportunidad, y Jesús López, un mestizo medio mexicano medio apache encarcelado, cuya única posibilidad de libertad reside en rastrear y encontrar al primero, prófugo de la justicia.

 Ambientada a finales de 1887, La ley del desierto, que se abre con un asesinato, es una invitación a acompañar a López y a la patrulla del Sheriff en una cacería que nos llevará a adentrarnos en los desiertos más secos y ardientes de Nuevo México.



 Leí La ley del desierto en lo que se tarda en ver un buen wéstern en la televisión o en el cine, y créanme que la sensación fue la misma. Si no se saltaron los textos anaranjados, comprenderán por qué la historieta es tan cinematográfica, con esos flashbacks y esos impresionantes y ásperos paisajes desérticos que te secan la garganta sólo de verlos.

 La ley del desierto explora la delgada línea que separa la lealtad de la traición, el bien del mal. Habla de los vínculos que persisten y de cosas tan antiguas como la dignidad, la amistad y el perdón.

 Por supuesto, fue terminar el cómic y zambullirme en las páginas de Hondo de Louis L'Amour, una novela publicada por Valdemar en la colección Frontera que regalé a mi padre hace muchos años.

Hondo, de Louis L'Amour
Valdemar / Frontera

 Pero eso os lo cuento ya en la siguiente reseña.