Mi reseña sobre el libro de Namik Dokle en la revista ExLibris Fotografía: Pedro Delgado
El pasado día 4 de junio, el escritor albanés Namik Dokle presentó su último libro, Las muchachas que bailaron con la luna y otras leyendas de Gora, en Benalmádena (Málaga). Y lo hizo en el emblemático castillo El Bil Bil.
Presentación del libro de Namik Dokle en el castillo El Bil-Bil, Benalmádena 4 de junio de 2025, Málaga. Fotografía: Lucía Rodríguez
Justo antes de empezar el acto, Namik me dio una grata sorpresa: me traía el número de abril de la revista literaria albanesa ExLibris, donde, bajo el título de Një surprizë magjike (Una sorpresa mágica) aparecía mi reseña del libro de leyendas de Namik. Ver mi artículo traducido al albanés fue igual de mágico*.
Mi reseña sobre el libro de leyendas de Namik Dokle en la revista ExLibris Fotografía: Pedro Delgado
Para los que no pudieron asistir a la presentación de Namik, les dejo aquí el vídeo que grabó Lucía Rodríguez. Y les invito a escuchar las palabras de Namik sobre la resistencia espiritual de los pueblos pequeños que defienden su cultura material y espiritual a través de sus tradiciones, sus costumbres, sus canciones, sus baladas y sus leyendas. Además de hablarnos de su libro, Namik nos narró jugosas anécdotas, como la respuesta que le dio al expresidente Felipe González cuando este le preguntó si había aprendido español en casa de Fidel Castro (minuto 27:40 del vídeo).
Presentación de Las muchachas que bailaron con la luna en Benalmádena Fotografía: Lucía Rodríguez
Son textos que hablan de su tierra, de su gente, de los sueños, de la historia, de las heridas y también de la esperanza. Las muchachas que bailaron con la luna es una obra única, cargada de lirismo, de emoción y de memoria. Les invito pues a dejarse llevar por esta lectura, a escuchar la voz de Namik Dokle, que cruza fronteras geográficas y culturales para hablarnos directamente al corazón.
Presi Aguilera, Teniente de Alcalde de Benalmádena
Presentación de Namik Dokle en el castillo El Bil-Bil de Benalmádena Málaga, 4 de junio de 2025. Fotografía: Lucía Rodríguez
Dokle recrea en sus novelas la historia real y mágica, las costumbres, mitos, tradiciones y formas de vida de Gora, creando un gran fresco literario de enorme calidad y valor emocional que ahora podemos conocer en español con la publicación de Las hijas de la niebla y esta que hoy nos ofrece, Las muchachas que bailaron con la luna, que a lo largo de 53 narraciones sobre mitos y leyendas nos deslumbra con una recopilación maravillosa centrada en esa aldea, Borje, donde el sol se pone dos veces al día y la luna se pone dos veces cada noche, marco espectacular para vibrar y deleitarse con el retrato de sus gentes y su forma de vida.
Nota: La edición de Las muchachas que bailaron con la luna y otras leyendas de Gora, de Namik Dokle, en una traducción de María Roces González, con ilustraciones de Jesús Gabán, corre a cargo de la editorial madrileña Libros de las Malas Compañías.
Antología poética: Naim Frashëri (La Tortuga Búlgara Ediciones) Fotografía: Pedro Delgado
Un anciano de 98 años estaba cavando para plantar una parra, y se le acercó y le preguntó un amigo: «¿Esperas vivir tanto como para probar algún racimo suyo?». «No –le respondió el anciano–, pero si los que se fueron sembraron lo que nos alimenta a nosotros, hemos de sembrar nosotros lo que alimente a los que han de venir».
Naim Frashëri en una traducción de María Roces
El mismo día en que la poeta rumana Ana Blandiana defendía en Málaga el poder sanador de la poesía en estos tiempos de consumismo e individualismo feroz, recibí por correo un libro de poemas del albanés Naim Frashëri: Antología poética (La Tortuga Búlgara Ediciones, 2025). Fue un día antes de que Txema Martín escribiera en el periódico que la poesía es la sublimación del lenguaje, pero también la gran olvidada.
Arrinconada en las librerías, apenas presente en las aulas y siempre señalada como un género minoritario. No se vende, no renta y, sin embargo, ahí sigue: respirando donde menos se la espera, como una fiesta empeñada en celebrarse. La poesía resulta molesta porque no es productiva, no se ajusta a balances ni cotiza en las ferias de vanidades. Vive en la intemperie, en ese espacio incómodo donde las palabras duelen y curan a partes iguales. Quizá por eso se la arrincona como si fuera un pariente excéntrico al que no se sabe bien dónde sentar.
La Tortuga Búlgara publica en España poesía y narrativa en lenguas de escasa difusión –albanés, búlgaro, croata, letón, lituano y ucraniano–, un gesto que me parece un bonito acto de fe. Lo mismo que el trabajo de María Roces González, encargada de seleccionar los textos y traducirlos del albanés.
Entre dichos textos de Naim Frashëri (1846-1900) –el más importante poeta del Renacimiento Nacional albanés, ilustre pensador y activista en pro de la educación y la cultura albanesa–, María Roces ha incluido algunos cantos de la epopeya Historia de Scanderbeg, la que muchos consideran su obra maestra, unos versos que he leído con sumo interés, pues Scanderbeg, el gran héroe nacional albanés, sigue muy presente en el país, con esculturas, museos y monumentos que alaban su figura, e incluso un equipo de fútbol y un estadio con su nombre en la ciudad de Korçë.
Estatua ecuestre de Scanderbeg en Kruja, Albania Fotografía: Pedro Delgado
Busto de Scanderbeg (Museo Scanderbeg Kruja) Fotografía: Pedro Delgado
Scanderbeg, grupo escultórico del Museo Scanderbeg de Kruja) Fotografía: Pedro Delgado
Campo de fútbol del KF Skenderbeu, Korçë (Albania) Fotografía: Pedro Delgado
De hecho, en mi casa tengo un retrato de Scanderbeg que le compré a su joven autor –Bilbil Çela– en Kruja, cuando visité el castillo de la ciudad en el verano de 2017. En aquella fortaleza, bajo su caudillaje, la resistencia albanesa hizo fracasar tres largos asedios otomanos, guiando desde allí la resistencia contra los turcos.
Bilbil Çela dibujando a Scanderbeg en Kruja (2017) Fotografía: Pedro Delgado
Copia del casco y la espada de Scanderbeg (original en Viena) Mural pintado por Naxhi Bakalli en el Museo Scanderbeg de Kruja Fotografía: Pedro Delgado
Historia de Scanderbeg «consta de 11.500 versos octosílabos distribuidos en veintidós cantos. Los hechos siguen un orden cronológico, de modo que si el canto primero refiere cómo» el soberano «Gjon Castriota se ve obligado a enviar a cuatro de sus hijos» –entre ellos Gjergj Kastrioti, quien en el futuro será llamado Scanderbeg– «como rehenes al sultán Murad para sellar con él un pacto de no agresión y amistad, en los dos cantos finales asistimos al fallecimiento del héroe y, en consecuencia, a los peligros y amenazas que habrá de afrontar Albania tras su muerte. Concluye con el amanet (última voluntad) expresada desde el más allá por el espíritu de Scanderbeg.
Este largo poema habría de ser uno de los más leídos en la época del Renacimiento Nacional albanés –desde la segunda mitad del siglo XIX hasta 1912, año de la independencia de Albania– al condensar las aspiraciones de los albaneses a la libertad e independencia del Imperio otomano, apelar al deber patriótico y al fortalecimiento de la conciencia nacional, al derecho a vivir libremente en una nación propia en el antiquísimo territorio ancestral y constituir, simultáneamente, un tonante llamamiento a tomar las armas contra la dominación y ocupación osmanlí».
El héroe legendario, el paladín, es aquí Scanderbeg, que aparece revestido con los atributos románticos derivados del humanismo europeo y del aliento renacentista albanés, encarnando, por ello, la belleza y la grandeza humana, la fuerza física, la riqueza espiritual y moral, la sabiduría y la prudencia y, sobre manera, la hombría y el valor. La idealización de la figura de Scanderbeg y de su época por los renacentistas se forja en nombre de un ideal superior: servirá para ilustrar cómo la dominación otomana viene a interrumpir el proceso de desarrollo y estadio de civilización en los que se encontraba Albania en el siglo XV, para hundirse, desde entonces, en un profundo atraso. La edad de oro de la historia nacional, que correspondería al periodo de Scanderbeg, se contrapone en la epopeya, de ese modo, a la atrasada deriva que sufre Albania bajo el yugo osmanlí, del que será preciso desembarazarse cuanto antes. Si bien, el poema se interesa bastante más por la situación política que atraviesa Albania que por su historia, pues no pretende tanto poner de relieve un determinado periodo de la historia de Albania como despertar la conciencia política y revolucionaria de los albaneses, a fin de que estén ideológicamente preparados para afrontar tanto los retos del presente como del futuro.
Es así que las páginas de esta antología, en una edición bilingüe, nos retrotraen «al periodo en el que los pueblos balcánicos anhelaban y luchaban por su independencia nacional y su segregación del Imperio otomano».
El poeta Naim Frashëri, postal de 1950 Fotografía: Wikimedia Commons
Otra muestra de cantos de Naim Fashëri incluidos en la selección de María Roces pertenecen a Kerbala, que interesará a todos los que tenemos atracción por el mundo árabe, pues entronca con la escisión que se produjo entre los musulmanes, divididos a partir de entonces en sunitas y chiítas.
La batalla de Kerbala, siglo XIX (Escuela persa) Fotografía: Private Collection / Bridgeman Images
Kerbala (Querbelaja) «es una epopeya de 25 cantos en verso octosílabo publicada en Bucarest en 1889, cuyo tema entronca con la historia del califato árabe y los acontecimientos que tuvieron lugar entre los siglos IX y XVII», algo que explica muy bien María Roces en los textos que acompañan a los poemas de Fashëri.
Tras la muerte del profeta Mahoma, sin haber dejado sucesor, se designó a su suegro Abu Bakar como primer califa del islam contra los deseos de los partidarios de Alí. Siguiendo la línea sucesoria de Abu Bakar, el liderazgo recaería, en el año 680, en Yazid I, de la dinastía Omeya. Por entonces, el califato se encontraba en un estado de caos político y corrupción, y por ello Huseín bin Alí, nieto y último descendiente vivo de Mahoma, se negó a jurar lealtad a Yazid, al considerar que había usurpado el trono. Procedió entonces a promover un levantamiento para derrocarlo. Temiendo la insurrección, Yazid envió 30.000 soldados a detener y dar muerte a Huseín y a su comitiva, apenas 72 personas. Rápidamente los sitian en el desierto, donde quedan aislados y sin agua durante tres días. La batalla de Kerbala, tuvo lugar en el valle iraquí del mismo nombre el 10 de octubre del año 680 entre las tropas de Yazid I, segundo califa omeya, y los seguidores del nieto del profeta Mahoma, Huseín bin Alí. Al comenzar la batalla, los hombres de Huseín fueron cayendo uno a uno. Las fuerzas de Yazid demandaban de Huseín que le jurara lealtad, pero el nieto de Mahoma no claudicó. Al final se quedó solo, herido, y sin otro apoyo que el de las mujeres e hijos de sus hombres caídos, que lo atendían al borde de la muerte.
Hussein fue asesinado, pues, el décimo día de muharram, primer mes del año lunar islámico, conocido como el día de Ashura, del año 680. La batalla de Kerbala desencadenó la segunda fitna o guerra civil islámica, que terminó de dividir a la comunidad musulmana en dos grandes corrientes: el chiismo (al que pertenecen los bektashíes) y el sunismo. La primera fitna había tenido lugar dos décadas atrás, entre los omeyas y Alí, yerno de Mahoma y padre de Huseín, y a quien se remonta el origen político del chiismo.
[...] Los mártires de Kerbala, comparten la misma creencia religiosa que los otomanos, pero, no obstante, Naim Frashëri transforma el martirio de Huseín en un ardiente llamamiento a los albaneses para que combatan la ocupación otomana y, con ese fin, la batalla de Kerbala aparece como un enfrentamiento de los propios albaneses contra el poder osmanlí; batalla en la que los albaneses deben vencer puesto que tienen la razón de su parte.
[...] si Scanderber es el arquetipo de la resistencia de los cristianos albaneses y europeos contra los otomanos musulmanes, el iman Huseín es el arquetipo del mártir por la verdad y, la batalla de Kerbala, la representación de la lucha entre la justicia y la injusticia, entre lo que es bendito y lo que está maldito.
El libro si ofrece al completo el poema bucólico Ganado y agricultura, himno a la madre patria y su naturaleza, así como otros versos del poemario Las flores del verano. De este último, quiero dejarles aquí el poema El ruiseñor, que menciona al mes de mayo y a dicha ave, cuyo inconfundible e incansable canto –incluso durante la noche– «es posiblemente el más sobresaliente de entre todas la aves canoras».
Ruiseñor común Dibujo: Juan Varela (SEO/BirdLife)
El ruiseñor
El día quince el plenilunio
luce en los flancos del cielo,
el mundo yace tranquilo,
nada se mueve, hay sosiego.
El cielo está inmaculado,
impoluto como el oro,
dormido está y tan calmado
como insatisfecho el ojo.
Fluye como un río argento
una luz y por doquiera,
y de ella en el firmamento
parece que amaneciera.
Manan de oro fontanas
que la tierra van ornado,
las crestas de las montañas
y los cerros, blanqueando.
Sobre la loma el soto
y allende el mar la luz cae,
sobre piedras, sobre escollos
y sombreados lugares.
La noche es todo sosiego,
todo se queda dormido,
solo torrente y reguero
susurran, también el río,
murmuran mientras avanzan
en un tono melodioso,
y entonan mientras se marchan
un canto dulce y hermoso.
El norte sopla tranquilo,
hombre, animal, ave, hoja,
bosque, peña, campo, pico,
todos en calma reposan.
Dios le ha traído a mayo
felicidad, bendiciones,
y el ambiente ha mejorado
vistiendo de oro la noche.
Han florecido las flores
va corriendo un aire manso,
cargados están los árboles
y la yerba ha germinado.
Cabras, cabritos, corderos
con ovejas apiñados,
solo los perros, despiertos
sobre el terraplén tumbados.
Se oye el cantar del garbón
con tres o cuatro palabras
en la loma y en el llano,
y en el mar las olas varias.
¡Escuchad, pues, otro canto
que abrasa mi corazón,
quema, ¿podré soportarlo?,
canta ahora el ruiseñor!
Astros y tierra, chitón,
¿escucháis la melodía?,
oíd y prestad oídos,
que es el ruiseñor quien trina.
Roncal, yo sé lo que ansía
la cadencia de tu trino,
y tanto abrasó mi alma
que incluso el sueño he perdido.
Del poemario Lulet e verës
(Las flores del verano), Bucarest, 1890
Naim Frashëri en una traducción de María Roces
Sin duda, esta edición es una buena oportunidad de acercarnos a la poesía de Naim Frashëri, fundador de la literatura nacional albanesa.
Y si les interesa dicha literatura, los invito a asistir el próximo 4 de junio, a las 19:00 horas, en el castillo Bil-Bil de Benalmádena, a la presentación en Málaga de Las muchachas que bailaron con la luna y otras leyendas de Gora (Libros de las Malas Compañías, 2025), de Namik Dokle, libro de leyendas que ya reseñé en este blog, al igual que su novela Las hijas de la niebla (2Sicilias Reino Editorial–Ginger Ape Books, 2022).
Presentación del último libro de Namik Dokle en Benalmádena
Nota: Pueden leer dichas reseñas clicando sobre los siguientes enlaces:
Las muchachas que bailaron con la luna y otras leyendas de Gora Namik Dokle (Libros de las Malas Compañías) Fotografía: Pedro Delgado
[...] Las tres mujeres recordaron la leyenda que se contaba sobre Gora y los goranos desde los tiempos en los que sus tatarabuelos aún no habían nacido. Decían que, cuando llegó la noticia de que Dios convocaría a todas las comarcas para repartir entre ellas sus bienes, partió hacia allá un gorano, quien viajó nueve días y nueve noches sin parar hasta alcanzar la Casa del Señor. Mas encontró la mesa ya quitada, todos los demás habían tomado lo que Dios les donó y se habían ido. El mismo Dios se sorprendió al toparse con el gorano.
–¿De dónde vienes? –le preguntó.
–Vengo del fin del mundo –le respondió–. De un lugar llamado Gora.
–Has llegado tarde, ya repartí todos los bienes que tenía.
–¡Oh, Señor, hice nueve días y nueve noches de camino hasta el patio de tu casa, no me hagas volver con las manos vacías!
Dios echó una ojeada al patio, tomó una piedra y se la dio.
–Esto es lo único que me queda y te lo doy de todo corazón, quizá tendréis pocas cosas en la vida, pero a las piedras de vuestros montes las querréis sobremanera.
De la leyenda Vengo del fin del mundo
Si la leyenda más antigua de Gora se remonta al día en que Dios convocó a un habitante de cada región del globo para darle a cada cual algo de lo bueno de este mundo, el origen de esta nueva obra del albanés Namik Dokle –traducida por María Roces González y recién publicada por la editorial Libros de las Malas Compañías– se remonta a la noche en la que Namik presentó su novela Las hijas de la niebla (2Sicilias Reino Editorial–Ginger Ape Books, 2022) en el Instituto Cervantes de Madrid. Terminado el acto, y en compañía de María Roces y Cristina Herreros, fueron a tomar algo a la calle Sagasta. Allí, la conversación giró sobre Albania y la región de Gora, donde se desarrollaba su novela, un texto salpicado de leyendas, a cada cual más increíbles.
Namik Dokle nació en 1946 en Durrës, en la costa adriática, pero pasó toda su infancia en la aldea gorana de Borje (Kukës), de ahí que animara la velada contando numerosas leyendas de la zona. Cristina, que es la editora de Libros de las Malas compañías, le preguntó entonces por qué no escribía un libro con todas las leyendas de Gora, rematando la pregunta con un ofrecimiento: «Yo te lo publicaría con sumo placer». Al que María añadió otro: «Y yo lo traduciría con gran satisfacción».
Vista del pueblo de Borje (Albania), 31 de diciembre de 2010 Fotografía: Flickr (aljabak85)
Namik no pudo o no supo negarse a semejante oferta y, pacientemente fue recopilando y dándole forma a todas las leyendas que pululan por la comarca de Gora, desmembrada en la actualidad en tres Estados balcánicos: Albania, Kosova y Macedonia del Norte –originariamente, tras la Primera Guerra Mundial, quedó dividida entre Albania y la desaparecida Yugoslavia–.
[...] una comisión internacional de las grandes potencias europeas le otorgó nueve aldeas a Albania y las veinte restantes al entonces reino yugoslavo. Desmembramiento que resultó aún más brutal durante el periodo comunista, cuando la Albania de Enver Hoxha y la Yugoslavia de Tito cerraron herméticamente la frontera entre ambos Estados y una parte de Gora quedó bajo dominio de Serbia. «Tito en la parte de allá, Enver en la de acá y la niebla en medio», decían entonces los goranos. Una macabra separación de personas y familias, de sufrimientos y alegrías entre parientes. Mi madre tuvo durante décadas la esperanza de poder abrazar a dos de sus hermanas, casadas al otro lado de la línea divisoria marcada por la comisión Internacional, pero se murió sin poder hacerlo.
Del prólogo de Namik Dokle
Algunas de las leyendas que aparecen en este libro ya aparecían en Las hijas de la niebla –un tríptico del que aguardo expectante la traducción de sus otras dos entregas–, pero la gran mayoría son para mí una novedad, una deliciosa sorpresa que, además de dar a conocer el rico y singular patrimonio cultural de una región y de un grupo etnográfico, va a permitir que no se pierdan estas historias, que sobrevivan a la muerte de los más ancianos, pues el gorano tiene la particularidad de ser una lengua oral y no escrita –al transcribirla se utilizan los caracteres albaneses–.
La lengua que hablan los goranos es una lengua eslava arcaica, que no se enseña en la escuela ni se aprende en los libros, y «empapada», tanto en su estructura gramatical como en el léxico, de palabras procedentes del macedonio, serbio, búlgaro, albanés y turco. Hasta el punto de que, políticamente, a la población de Gora la pretenden como propia cuatro Estados, mientras Turquía la considera «herencia» suya. Pero los goranos se consideran a sí mismos nashinci, es decir «nuestros», y a su lengua la denominan nashinski: «nuestra lengua».
Del prólogo de Namik Dokle
Nos dice también Namik en el prólogo que ha escrito para el libro, que el floclore de Gora se nutre más de la lírica que de la épica y que los goranos cantan y cuentan más leyendas sobre el amor que sobre la guerra, sobre las víctimas de la historia que sobre sus héroes; algo que se puede constatar al adentrarnos en las páginas de Las muchachas que bailaron con la luna y otras leyendas de Gora.
Las muchachas que bailaron con la luna y otras leyendas de Gora Namik Dokle con ilustraciones de Jesús Gabán Fotografía: Pedro Delgado
FLORES QUE NO SE MARCHITAN EN NUEVE AÑOS
Unos días después de su boda, a Asan Ago le ordenaron unirse de soldado al ejército. El príncipe estaba inmerso en una larga guerra y necesitaba hombres jóvenes para sustituir a los muertos en combate. Fue presa de una gran tristeza, hasta el punto de que las estrellas celestes se percataron de ello y les dio mucha pena.
–¿Por qué estás tan triste, Asan Ago? –le preguntó el Lucero del Alba.
–¿Cómo dejar y dónde dejar a mi joven desposada? –dijo Asan–. No es una novia como todas las demás. Se ha criado como un pino negral. De sus raíces brota el agua mejor del mundo. Su cuerpo lo iluminan la luna y la estrella del alba. Cuatro vientos acarician sus ramas. En su copa se detiene el sol...
La madre de Asan dispuso pan blanco para nueve días de camino.
La hermana de Asan le preparó ropa para nueve años.
La mujer de Asan salió al huerto a coger flores para él.
Cogió las flores más hermosas del huerto, aquellas que parecían absorber la luz del sol, de la luna y de la estrella del alba.
Cuando Asan se montó en el caballo, se le acercó la recién casada. Le entregó las flores y le dijo:
–Son las flores de mi alma, te esperaré nueve años. Al décimo, si no has regresado, me casaré con algún viudo achacoso y sucio.
–¿Cómo sabré que llega ese día? –le preguntó Asan a su bella esposa.
–Te lo anunciarán las flores de mi alma... Durante nueve años no se marchitarán, al décimo se irán encorvando sus corolas.
Se marchó Asan y en la sangrienta guerra no logró contar los días, los meses ni los años. Tras cada batalla contemplaba el ramillete florido. Pasaron, de ese modo, los nueve años y las flores no se marchitaban. El día primero del año décimo observó un pétalo gacho. Un alarido de dolor y tristeza cubrió el campo de batalla.
Aquel mismo día, abandonó Asan la guerra y emprendió el camino de regreso. El aroma de las flores aún sin marchitar lo mantuvo vivo durante tres días y tres noches, hasta que llegó a su casa. En el patio lo esperaba su mujer. Su hermoso rostro apenas comenzaba a marchitarse, pero, en cuanto vio a su amado, se abrió y hermoseó de nuevo como las flores, como en su primer día de amor.
Ahora solo hace falta que ustedes valoren el trabajo de Namik, su esfuerzo ímprobo por recopilar en papel estas historias milenarias para que nunca caigan en el olvido y, a través de la magnífica traducción de María Roces, las apreciemos y nos emocionemos con ellas.
CON LA LEY DE DIOS
Gora se quejaba de su enorme pobreza. Y entonces Dios llamó a un hombre honesto para preguntarle cuáles eran las preocupaciones de Gora. El gorano se las contó todas. Dios le creyó y le dijo:
–Pues te doy tres mil ovejas, vete a Gora y repártelas de acuerdo con la ley de Dios.
Tomó las ovejas y bajó a las brañas de Gora. Dio una voz a todos los goranos y comenzó a repartir las ovejas entre cada familia.
Cuando llegó el primer aldeano, le preguntó:
–¿Cuántas ovejas tienes en casa?
–Solo dos –dijo el aldeano.
–Pues toma otras dos.
El aldeano agarró las dos ovejas y se marchó muy contento.
El segundo solicitante tenía cinco ovejas.
–Pues toma otras cinco –le dijo el delegado de Dios.
Y así fue como el que tenía diez se llevó otras diez, el que tenía veinte se llevó otras veinte y el que tenía cien se llevó otras cien ovejas.
Se armó un gran alboroto y se alzaron protestas por aquella clase de reparto. Y las protestas de Gora desembocaron como un río directamente en el cielo. Dios llamó de nuevo al hombre honesto y le reprochó enojado:
–¿Por qué hiciste eso? ¡Acaso no te dije que repartieras las ovejas de acuerdo a la ley de Dios!
–Eso hice.
–¡¿Cómo es eso?! –se sorprendió el Señor.
–Tantas como les habías proporcionado tú, esas mismas les di yo.
***
EL MANZANO DEL HAMBRE
El hambre es peor que la muerte. Cuando sobreviene, Gora es un infierno. Las gentes no saben qué hacer, no saben adónde ir, no se reconocen a sí mismas. Sin embargo, parten por caminos desconocidos para ganarse la vida. Cuando cayó la primera hambruna, las mujeres y las desposadas vendieron todos los dijes de oro con los que adornaban el pañuelo que les cubría la frente. Cuando cayó la segunda hambruna, muchas aldeas de Gora quedaron abandonadas y sus tierras fueron ocupadas por gentes llegadas de cerca y de lejos. Cuando le sobrevino la tercera hambruna a Gora, muchos hombres y mujeres cruzaron las montañas, entre la nieve, para ir en busca de sustento. Mas solo unos pocos volvieron a casa; algunos fueron descuartizados por los lobos, a otros los asaltaron los ladrones y se lo robaron todo y la mayoría se congeló y acabó hecha un témpano por el frío.
Una mujer, que había dejado en casa a sus dos niños pequeños, consiguió superar todos esos peligros y, siete días después, volvió a su casa. Pero había tardado demasiado en su deambular en busca de alimento; el hambre era más rápida, más feroz y despiadada. Cuando llegó a su casa, sus dos hijos, muertos de hambre, habían sido enterrados. Le mostraron las tumbas y ella comenzó a llevar a diario pan caliente a ambas fosas, mientras plañía, gemía y a continuación balbuceaba:
–¡Comed, almas mías, comed deprisa, no se os vaya a enfriar el pan!
Tres días después la encontraron congelada entre las dos tumbas de sus hijos, en una mano llevaba el pan y en la otra dos manzanas. Con ambos la enterraron.
En primavera, en medio de las tumbas, brotó un manzano que fue creciendo con los años y se convirtió en sombra de los muertos. Las gentes lo llamaban el «Manzano del hambre».
Para que se hagan una idea de lo remoto de Gora, esa tierra de baladas y leyendas, les diré que en mi guía de viajes de Albania de la Lonely Planet –la Biblia del viajero– no aparece nada sobre la región, lo que engarza muy bien con esas nieblas que parecen cubrirla y que acrecienta el aura sobrenatural de la comarca.
Mis libros de Namik Dokle e Ismaíl Kadaré sobre Albania Fotografía: Pedro Delgado
En mi viaje por Albania, aquel verano del 2017, no tenía aún la guía de la Lonely en mi poder, así que recorrí el país con la información que obtuve en la Oficina de Turismo y en los libros de Ismaíl Kadaré que llevaba. Lástima desconocer por entonces los escritos de Namik Dokle, porque de haberlos conocido habría visitado alguna de las aldeas de Gora. De hecho, buscando la Kulla de Kurpalve pasé por la ciudad de Kukës, que está a tan solo 30 kilómetros por carretera de Borje, donde, como les dije más arriba, pasó su infancia Namik Dokle.
La ciudad de Kukës, Albania Fotografía: Pedro Delgado
Quién sabe, quizás algún día el espíritu de Majka, esa vieja que pasó doscientos o trescientos años en este mundo olvidada de la muerte, me lleve con su magia de nuevo a Albania y pueda, por fin, visitar la comarca. Será como zambullirme de nuevo en las historias y leyendas de mi estimado Namik.
Nota: Esta entrada está dedicada al autor de este libro, Namik Dokle, y a su traductora, María E. Roces González, a los que conocí una tarde de marzo de 2023 en la librería Áncora de Málaga.
Las hijas de la niebla, de Namik Dokle en la librería Áncora de Málaga Fotografía: Pedro Delgado
Presentación de Las hijas de la niebla, de Namik Dokle, en la librería Áncora Fotografía: Pedro Delgado
Me cuenta el escritor albanés Namik Dokle, una tarde de marzo en la librería Áncora de Málaga, que existe una aldea, oculta entre la niebla, en la que nacen hombres que encanecen desde niños y ven mejor de noche que de día. Hombres que no han nacido del vientre de su madre, sino que los ha parido la niebla de las brañas de Kallabak. En esos prados altos donde pastan las ovejas, me dice, nos dice a todos los que hemos asistido a la presentación de su libro, viven los hijos de la niebla.
Con pañales de niebla los arropan cuando salen del vientre de su madre y con sudarios de niebla los envuelven cuando los acompañan hasta detrás de la Loma, al cementerio. Y durante toda su vida los conduce la niebla por el mundo, los arrastran consigo los vientos de otoño, se abrazan con las rocas en las gargantas de los ríos, se alimentan con la noche y se pelean con el día... Se calientan la cabeza con este mundo y con el otro...
Esa aldea es Bukojna, y pertenece a la comarca de Gora, donde se habla gorançe (gorano) o nashke, que en su habla significa "nuestra lengua" –variante dialectal del eslavo balcánico salpicada de palabras del albanés y el turco–, lengual oral y no escrita que, cuando se escribe, utiliza los caracteres del país del águila bicéfala. Gora se extendía a ambos lados de la antigua frontera albano-yugoslava, pero hoy día, se lamenta Namik, está dividida en tres Estados: Albania, Kosova y Macedonia. E incluso se suman a ellos serbios y búlgaros en la reclamación del origen de los naturales de la comarca que, ante la pregunta, responden con un simple y espontáneo «somos nuestros» («somos goranos»).
«En la frontera, en dirección a Albania, como una suerte de almena entre dos Estados, en dieciocho aldeas aisladas de los Montes de Sharr, viven los goranos, cuya pertenencia se disputan cuatro naciones y una comunidad, en tanto ellos ignoran a quién pertenecen y viven sumidos en la niebla y en la mayor de las pobrezas, como huérfanos. Asentados en un valle, como avergonzados, el punto fronterizo queda oculto tras las ramas de los escasos árboles. La señal de que allí hay soldados, son las hilachas de humo que se escapan del tejado del barracón. En la parte albanesa, a lo largo del estrecho valle, pegada a la frontera serpentea una amplia franja carente de árboles e incluso de yerba. En ella está labrado cada palmo de tierra y el soldado, desde el punto fronterizo, puede ver desde la distancia al ratón de campo cuando cruza a toda velocidad al Estado vecino.
»Arriba entre la niebla, en un hermoso claro, con grandes letras de piedra está escrita la consigna: «Partido-Enver».
»Entretanto, en la aldea de Orçusha, a este lado de la frontera, vi grandes tubos de hormigón armado, en un parque con ochenta y ocho robles, en los que con grandes letras luminosas se podía leer «Tito». Enver en el lado de allá, Tito en el lado de acá y la niebla en medio. Algunas de las letras tienen rotos los cristales, pero eso no se aprecia desde el lado de allá. La aldea de Orçusha se encuentra frente a la de Orgosta allende la frontera. Ambas tienen sus casas dispersas, una parte en ruina, cubiertas de lajas de piedra. Cuando alguien muere aquí, nadie pregunta de qué ha muerto, sino "¡Oh Dios!, ¿de qué ha vivido?".
La novela comienza con una osa muerta que yace sobre una tarima de troncos en la plaza del pueblo. La han matado tres días antes los guardafronteras, y los gruñidos dolientes de las oseznas huérfanas hienden la noche en dos. Muchos piensan que la muerte de la osa traerá la desgracia a la aldea.
El gruñido de las oseznas huérfanas solo se oyó a la tercera noche. «Quizá hayan sentido ahora el olor de la madre», dijo madre sin mirarnos ni a mí ni a padre. Puso otra vez mimo en cubrirme los hombros y, con voz cansada, me dijo que me despertaría para que fuera al molino. «No queda ni un dedo de harina», se disculpó. El alarido de las oseznas continuó hasta el alba de aquel nublado y gélido día.
Es en ese molino de agua, adonde había ido a moler avena para el pan, donde nuestro joven protagonista, el hijo de Hamza, de apenas 13 años, oyó, al albur de una conversación, que la «acción» vendría a llevarse a las mozas del pueblo.
«Pero ¿qué será eso de la acción?». Jamás había oído aquella palabra. «¿Será algún hombre que vendrá a casarse? ¿Será acaso un furioso vendaval que solo arrebatará a nuestras mozas, o alguna enfermedad como el tifus de los piojos, que les entrará solo a ellas y no alcanzará a las demás aldeas?». La mula subía despacio la empinada pendiente y yo ardía de impaciencia por llegar a la aldea para preguntar por la acción que se llevaría a nuestras muchachas.
La «acción» es una campaña o movilización supuestamente voluntaria de efectivos (jóvenes, trabajadores, intelectuales, etc.) para realizar obras públicas o diversos trabajos de interés regional, estatal o gubernamental. Y quien la decide es la organización del partido comunista o Partido del Trabajo de Albania.
Solo aquel día comprendí por qué la gente pronunciaba con desconcierto o con miedo las palabras: «Me llamaron de la organización», «lo decidieron en la organización», «la organización repartirá el cereal», «le condenaron en la organización».
A partir de ahí se despliega la narración y se encadenan los hechos, en un tono que me recuerda a la de los cuentos orientales y populares, con páginas que se nutren del folclore y la tradición oral balcánica y que nos hacen avanzar o retroceder en la historia. Pero ojo, que bajo esa apariencia de fábula, lo que nos cuenta Namik Dokle es algo muy real.
Había llegado a la pequeña plaza del caño. La osa seguía allí, pero ya nadie pensaba en ella. También a mí me parecía que otra osa viva e imponente había depositado sus plantas sobre la aldea. Solo el agua del caño seguía manando con el mismo arrullo que cientos de años atrás, cuando tres mujeres dieron con la fuente y mojaron en ella sus labios resecos.
7
Nadie sabía a ciencia cierta ni cuándo ni quién había construido la primera casa de mi aldea, tampoco los paisanos de la comarca de Gora, a la que pertenecía. Solo se sabía que antaño los fundadores de la aldea la habían emplazado algo más abajo, a orillas del río, en un lugar llamado Gushaja, donde casi todos los habitantes fueron presa de una fastidiosa enfermedad que les hacía crecer la papada como un fardel de avena, sobre todo a las mujeres. Fueron ellas las primeras que decidieron abandonar aquel lugar, y una de ella hizo incluso ocho horas de camino a pie hasta Tetova y hasta Prizren para conseguir talismanes de los hoxha más afamados de aquellas tierras. Algunos le escribieron la inscripción del talismán y se la cobraron, pero uno de ellos no tomó el dinero acordado sino que trató de meterla en la cama, mientras que otro de los hoxha, con nociones de medicina, le dijo amablemente que no darían resultado ni los rezos ni los talismanes si seguían bebiendo la misma agua. «Debéis encontrar vuestro abuzemzem, el agua bendita de la mezquita de la Kaaba», le dijo. Entonces ella y otras dos mujeres subieron una mañana temprano la pendiente hacia Pico Negro en busca de agua. Buscaron por todas partes, en el hayedo, en los prados, entre el enebro y en cada palmo de tierra donde pusieron los pies. Al igual que los soldados árabes que buscaban agua en España y cuando la encontraron gritaron: «¡Mayrit, abunda el agua!», y se asentaron en el lugar que hoy se llama Madrid, las tres mujeres de Gushaja no gritaron pero llenaron unos aguamaniles en aquel manantial que les pareció de agua blanda. Lo mismo hicieron otros muchos días, hasta que se sintieron más aliviadas del nerviosismo que les producía la colgante papada e incluso les pareció que disminuía.
Desde ese momento comenzó el traslado de Gushaja al nuevo asentamiento, al que llamaron Bukojna, puesto que contaba con un bosque de hayas con numerosos veneros, el mejor de los cuales era el que llamaron fuente de Topillo y que años más tarde sería el centro de la aldea, precisamente donde Sinan Bajá de Kallabak levantó una mezquita y donde, frente a sus chamuscadas ruinas, los guardafronteras colocarían la tarima para mostrarles a los aldeanos la osa muerta, a la que Salko había echado en cara: «¡Quién te mandaría a ti pisar la frontera, con lo bien que estabas en el bosque!».
–Parece otro mundo –dijo una de ellas.
–Establezcámonos aquí, al menos tendremos este mundo a la vista –dijo otra.
«Y hay muchas piedras», dijo la tercera. Entonces recordó la leyenda sobre Gora y el gorano de los tiempos en los que su tatarabuelo aún no había nacido. Contaban que cuando llegó la noticia de que Dios convocaría todas las comarcas para repartir entre ellas sus bienes, partió hacia la Casa del Señor un gorano que viajó nueve días y nueve noches sin parar. Pero cuando llegó, encontró ya quitada la mesa.
–¿De dónde vienes? –le preguntó Dios.
–Del fin del mundo –respondió.
–Has llegado tarde, ya repartí todos los bienes que tenía.
«¡Oh, Señor, hice nueve días y nueve noches de camino hasta el patio de tu casa, no me hagas regresar con las manos vacías!». Dios echó una ojeada al patio, cogió una piedra y se la dio. «Esto es lo que tengo y te lo entrego de todo corazón, quizá tendréis muy pocas cosas en la vida, pero a las piedras de vuestras montañas las querréis sobremanera».
Esta leyenda ancestral del encuentro de Dios con aquel gorano, también la contó Namik Dokle en la presentación de su libro, acompañado de Antonio Ruiz, editor de Ginger Ape Books, Vicente Fernández, profesor de griego moderno de la Universidad de Málaga, y María E. Roces González, la traductora de la obra, quien por cierto, tras el fallecimiento de su pareja, el traductor Ramón Sánchez Lizarralde, es actualmente la única traductora del albanés al español. Yo había recorrido Albania a fondo un verano de 2017, con los libros de Ismaíl Kadaré que había traducido su marido en la mochila (El general del ejército muerto, Abril quebrado, Tres cantos fúnebres por Kosovo y Crónica de piedra), así que, con la atención debida, sigo con interés todo lo que cuentan, con esa sensación tan agradable que da conocer los lugares de los que hablan: Tirana, Shkoder, Kukës, Durrës, Peshkopi, Korabi, Prizren...
Namik Dokle, que vive actualmente en Tirana, nos cuenta que nació en la ciudad costera de Durrës de manera circunstancial, pero que sus padres volvieron rápidamente a Gora, su comarca natal, donde se crió. Es por ello que desde pequeño ha escuchado de boca de familiares y vecinos las historias que ha ido recopilando. Incluso se ha valido a la hora de escribir del diario de su tío, que recogió, en un cuaderno grande con tapa, los sucesos de la aldea durante más de cinco años.
11 DE MARZO DE 1949
Hoy he comenzado a escribir sobre los acontecimientos de mi aldea. Al sistema político lo llaman «democrático». De dirigente tenemos a Enver Hoxha. Hace seis meses se cerró la frontera con Yugoslavia. Bastantes de los familiares de los vecinos de la aldea se han quedado al otro lado. Hasta ahora habíamos sido amigos de Tito. Han llegado soldados al pueblo. Estamos hasta el cuello de angarias. (...)
12 DE MARZO DE 1949
Hace unos días han llamado a filas a algunos hombres de la aldea. En el bazar no hay ni un alma. Hace tres meses que no nos abastecen de alimentos. No se encuentra jabón ni para lavar los cadáveres. Los soldados destacados en la aldea han matado en las proximidades de la frontera a Shaqir de Cërnaleva, nadie sabe por qué. Los soldados no nos dejan trabajar las tierras que se encuentran a quinientos metros de la frontera, lo hacemos según el humor del comandante del puesto.
21 DE OCTUBRE DE 1949
Los soldados albaneses han matado a Bajram de Shishtavec. Subió a las brañas a segar hierba. Ellos, creyendo que huía, le han disparado sin darle el alto y lo han dejado en el sitio.
6 DE MARZO DE 1953
Hoy se supo que se ha muerto Stalin, el dirigente de la Unión Soviética y el caudillo de todos los partidos comunistas del mundo. Los comunistas están de luto, puesto que él los dirigió en la senda hacia el comunismo. Poco después supimos que el lugar de Stalin lo ha ocupado Malenkov.
Namik explica que empezó a escribir Las hijas de la niebla hace muchísimos años, cuando era articulista y redactor jefe de dos de los diarios más importantes de Albania. Sin embargo, tras la caída del comunismo, al iniciar su carrera política, tuvo que abandonarla pues la dedicación que le requería, primero la vicepresidencia y después la presidencia del parlamento, era máxima, total cuando lo nombraron viceprimer ministro de la República de Albania. No sé si esa hechicera llamada Majka, que lleva doscientos o trescientos años en este mundo y a quien la muerte ha olvidado, tuvo algo que ver, si se metió en su cerebro para reclamarle que volviera a aquel mundo duro y ariscado pero lleno de dignidad de la aldea, pero lo cierto es que un buen día Namik decidió abandonar los laureles de la política y retomar aquel manuscrito, en realidad un tríptico formado por Las hijas de la niebla, Las flores del fin del mundo y Días de murciélagos.
En la primera novela de ese «Tríptico de Gora», Namik ha entrelazado el poder de la naturaleza y los animales que la pueblan con las tradiciones, la lengua y las vidas de los habitantes de su aldea: la anciana Makja, Mursel el de Orgosta; el Maestro de Shkodra; Salko el pelirrojo, secretario del partido; los pregoneros Craple y Çinarçe; Olloman Amerika, que jamás había estado en Norteamérica pero lucía un sombrero borsalino como aquellos de la época de Al Capone; las siete hijas del primer Shund; Isak el judío; Gjek Gjelosh, quien se presentó en el patio del amante de su mujer; el bandolero de Kolloshtrez, sin derecho a humo; el mulá Isuf, el hombre que tenía más libros en casa que los que pudieran tener todos los demás juntos; Sinan Bajá, que mandó construir la mezquita de la aldea; Nefka, de la que nadie en la aldea sabía su nombre puesto que hasta su marido la llamaba ella; el derviche de Kolshi; el ingeniero Irving Hartman; el rey Zog, exiliado en París; el sargento Hatja, el más colérico de los sargentos; Anatolia, que llegó a la aldea desde Turquía y contaba las historias de Sherezade; la chicas jóvenes sin las que no se celebraría San Jorge; sus padres y su perrita Dudan; su tío, el del diario; su abuela Ajmurka, su segundo marido Çaush y el sinvergüenza de Dragon Donguz; estos y tantos otros personajes vuelven a la vida en las páginas de Las hijas de la niebla; y sobre ellos, sobre sus destinos, sus penurias y su desamparo, la sombra de la tiranía de Enver Hoxha y la dictadura que impuso con mano de hierro en el país.
Al terminar la presentación, Namik, María, Antonio y Vicente se van a cenar. Me hubiese gustado acompañarlos, como cuando vino Donatella Iannuzzi, de Gallo Nero, pero Enrique del Río esta vez se queda en la librería recogiendo las sillas y colocando los muebles de nuevo en su lugar. Elías es quien va con ellos en representación de la librería, pero yo apenas lo conozco y me da vergüenza sumarme al grupo a las bravas. Sé que luego me arrepentiré.
Antonio, María, Namik, Pedro, Vicente y Elías Librería Áncora (Málaga, 17 de marzo de 2023)
De vuelta a casa, comienzo a leer el libro, y ya de inicio descubro que allí hay una película. Y cuando lo termino, imagino qué sería aquello contado en imágenes por un Tarkovski o un Parajanov.
Y ahora, mientras termino de escribir esta reseña, muchas semanas después de aquella presentación, me asaltan otras imágenes: las de mi viaje por Albania y Kosovo aquel lejano 2017, a donde he de volver para terminar mi libro de viajes, aquel que empecé a escribir unos días antes de volar a Tirana y que comenzaba con un sueño recurrente.
La tarde agonizaba. De repente, cien metros ladera arriba, un enorme perro se alzó sobre sus patas y comenzó a ladrar. Parecía uno de esos mastines asilvestrados de los que tanto me habían advertido. El pastorcillo buscó una piedra para tirarle, pero no encontró ninguna en la hierba. Tiró del brocado de la mula y seguimos caminando. Arriba, los ladridos se hicieron más fieros y, entre uno y otro, el animal lanzaba dentelladas al aire mostrando sus colmillos. Luego bajó hacia nosotros a la carrera. El crío saltó de un brinco al lomo de la mula e hizo un ademán con la mano para que lo siguiera, pero mi agilidad no era la misma y, asustado, traté de rodear por detrás a la acémila para pasarme al lado contrario, con tan mala fortuna que me coceó y me tiró de espaldas. Al instante, una mancha beis voló rauda hacia mí. Acto seguido, sonó una detonación y la fiera salió despedida hacia atrás como si hubiera chocado contra un muro invisible. Miré hacia abajo al lugar de donde procedía el disparo. El hombre aún tenía el arma en la cara apuntando hacia nosotros, y cuando bajó el cañón humeante de la escopeta dejó ver su rostro y pude reconocer a uno de mis anfitriones de la pasada noche. Volví los ojos hacia el animal. Tenía la cabeza reventada, y la hierba y mi propia ropa, mi cara y mis manos, estaban salpicadas aquí y allá de pequeñas gotas de sangre.
–Too much crazy! –dijo el hombre al llegar a nuestra altura–. This dog is too much wild... and not any more. It is no longer dangerous for anyone.
No pronuncié palabra. Tan sólo me bajé el pantalón para ver los efectos de la patada. Por fortuna no me había roto nada, y lo único que tenía era un gran hematoma que seguro se extendería e inflamaría en las próximas horas. El hombre no prestó atención al muslo de mi pierna izquierda, sino que se inclinó sobre el can para ver el efecto del disparo. Como había caído boca abajo, antes intentó voltear el cuerpo con el pie, pero el animal pesaba demasiado y tuvo que soltar el arma en el suelo y valerse de las manos. Le dio la vuelta despacio, como si temiera mancharse de sangre la ropa, y lo dejó así, patas arriba.
–All ok or come back to home? –me preguntó al verme todavía ensimismado con la pierna.
Levanté el dedo pulgar hacia arriba por toda respuesta, y el crío, que no dejaba de observarme, sonrió y palmeó con ritmo. El montañés se pasó la bandolera de la escopeta por el brazo y la cabeza, y la dejó a su espalda. La cima del monte Korab nos aguardaba, y el sendero serpenteaba por delante entre las rocas y los matorrales. Se puso en cabeza y reemprendimos la marcha. Íbamos en hilera: él delante y el crío con la mula de cierre. Y en ese momento de felicidad, tras la tensión vivida, siempre me despertaba.
Con pequeñas variaciones, aquel fue un sueño recurrente las semanas previas a mi viaje a Albania, e incluso se repitió los días previos a mi ascensión al Korab, al que allí también denominan Korabit. Por fortuna, no tuvo nada de premonitorio y en el curso de mi andadura nada de eso ocurriría.
Cuaderno de viaje de Albania
Pedro Delgado
Pedro Delgado en la cima del Korab, la montaña más alta de Albania Agosto, 2017
Nota: Dice Namik Dokle en la página 146, algo que pude corroborar no sólo en las aldeas perdidas, sino también en las ciudades y pueblos de Albania y Kosovo, donde fui recibido y acogido con una hospitalidad conmovedora que ya se ha perdido en otros países. «Los jóvenes, los sanos y fuertes, se han ido por el mundo a ganar algo. Nosotros, los goranos, la juventud y la salud las malgastamos vagando por el mundo y cuando ya no tenemos fuerzas, volvemos aquí, de donde salimos, a morir. Así ha sido desde siempre y quién sabe hasta cuándo será». A todos ellos, a los que se marcharon y a los que se quedaron, va dedicada esta entrada. Mil gracias a todos los que me recogisteis en la carretera cuando hacía autostop, y un millón de gracias a la familia que me abrió las puertas de su casa en aquella remota aldea cuando me propuse ascender el monte Korabi.
Las hijas de la niebla de Namik Dokle ha sido publicada por la editorial 2Sicilias Reino Editorial en coedición con la casa albanesa Botimet Toena, siendo la editorial invitada al cargo de la edición la malagueña Ginger Ape Books.