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martes, 12 de julio de 2016

EL VIAJE A PIE


Nacho Dean momento antes de iniciar la vuelta al mundo a pie
Kilómetro Cero de Madrid, 27 de marzo de 2013

Aquella mañana del 27 de marzo de 2013, se formó un pequeño revuelo en la Puerta del Sol. Familiares, amigos y curiosos se habían acercado hasta allí para despedir y desear suerte a Nacho Dean, un malagueño que partía desde el Kilómetro Cero en pos de una quimera: dar la vuelta al mundo a pie. Abrazos, risas, llantos, palmadas en la espalda, palabras al oído..., y luego empezar a caminar, a dar un paso tras otro, con la gozosa incertidumbre de no saber qué es lo que va a pasar cada día, con la profunda sensación de libertad que da dirigirte hacia el horizonte.

Nacho Dean con la cordillera de los Andes al fondo

 Nacho Dean necesitó de tres años para completar su aventura, y el pasado día 5 de mayo se acercó hasta Málaga para contárnosla, invitado por el Aula de Filosofía Práctica de La Térmica. La charla de Nacho, con el título Interludio: el viaje a pie, fue presentada por Juan Manuel Ayllón, profesor titular de Derecho Administrativo de la Universidad de Málaga, que ha sido miembro de la Sociedad Excursionista de Málaga y, por tanto, buen andariego.

Nacho Dean y Juan Manuel Ayllón (Interludio: el viaje a pie)
Aula de Filosofía Práctica de La Térmica, Málaga 5 de mayo de 2016
Foto: Pedro Delgado



Nota: la grabación fue realizada por mí y es aquí reproducida con el permiso de los ponentes y de Manuel Arias Maldonado, organizador del evento.


 Como ven, la experiencia de Nacho es un ejemplo para todos los que sueñan con realizar algo que se salga de la norma, incluso ese sueño tan peregrino que me viene rondando en la cabeza desde hace un tiempo y que consistiría en dar la vuelta al mundo haciendo autostop. Lo de hacerlo a pie no crean que no me gustaría, pero tres años es demasiado tiempo para alguien que tiene familia. Mi última gran caminata fue en el 99, cuando recorrí casi toda la cordillera del Alto Atlas en Marruecos. De aquel viaje guardo un grato recuerdo y un manuscrito (En el corazón del Atlas) que espero ver algún día en las librerías.

Mis botas (Fotografía: Pedro Delgado)

 Escuchando a Juan Manuel y a Nacho Dean, me vinieron a la mente los nombres de varios ilustres  y espartanos caminantes:

Arthur Rimbaud, que descubrió el placer de las largas caminatas en su infancia y de pasear por las orillas del Mosa pasó a caminar por Europa;

Rimbaud dibujado por Verlaine
"Los viajes forman la juventud"

Gerald Brenan, que con 18 años escapó de la isla y de la rigidez paterna en busca de las montañas del Pamir. Brenan no alcanzó nunca su meta, se detuvo en Bosnia, pero los 2.500 kilómetros que recorrió aquellos meses convirtieron a aquel adolescente en todo un adulto.

Gerald Brenan

Y Patrick Leigh Fermor, que cruzó Europa hasta Costantinopla en los años treinta, con la misma edad que Brenan, experiencia que escribió cuarenta y cincuenta años después en esa trilogía viajera que es Un tiempo de regalos, Entre los bosques y el agua y El último tramo.

Patrick Leigh Fermor en 1934

 Nacho Dean también quiere escribir un libro, y me pregunto qué tipo de libro escribirá. No crean que es fácil. Hay que tomar muchas decisiones, y cada una de ellas lleva a un libro distinto. Y luego queda titularlo. Todo se arregla caminando podría ser una buena elección, pero ya la ha elegido César Antonio Molina para sus memorias. Sea como sea, espero que Nacho no tenga muchas dificultades para publicarlo; desde hace un tiempo el mundo editorial viene fijándose en este tipo de literatura, lecturas que nos animan a calzarnos las botas y tirar hacia delante: Wanderlust. Una historia del caminar, de Rebecca Solnit (Editorial Capitán Swing);


Andar. Una filosofía, de Frederic Gros (Taurus); Salvaje, de Cheryl Strayed (Roca Editorial) o Del caminar sobre hielo, de Werner Herzog (Gallo Nero), son un buen ejemplo de ello.

http://www.gallonero.es/del-caminar-sobre-hielo/

 Yo acabo de leer este último, en el que Herzog se nos revela como un vagabundo, un poeta, un soñador, un caballero, un rufián..., y también como el cineasta que es*. Un tipo solitario que camina desde Munich a París para insuflarle vida a su mentora. La búsqueda, la eterna búsqueda de uno mismo y de los demás.
*el alemán es el director de Fitzcarraldo y Aguirre, la cólera de Dios.
"A finales de noviembre de 1974, un amigo de París me llamó y me dijo que Lotte Eisner estaba gravemente enferma y probablemente moriría [...] Cogí una chaqueta, una brújula y una bolsa de lona con lo imprescindible. Mis botas eran tan sólidas y nuevas que confiaba en ellas. Tomé el camino más directo a París, firmemente convencido de que si iba a verla a pie, ella seguiría con vida. Además, quería estar a solas conmigo mismo."
 Al igual que Herzog, yo también tengo una buena amiga en París, así que me resulta fácil imaginar la situación. Por supuesto que podría llegar a la capital francesa en un par de horas sentado cómodamente en un avión; pero, como él, creo que preferiría hacerlo a pie. Y mi paso sería firme, y la tierra temblaría...
"Mi paso es firme. Y la tierra tiembla. Cuando camino, es un bisonte el que camina. Cuando descanso, es una montaña la que reposa."
"Entonces varias grullas me han sobrevolado en formación. Volaban contra el fuerte viento y apenas avanzaban más rápido que yo a pie. Eran veinticuatro, grandes, grises, y de vez en cuando una de ellas lanzaba un chillido ronco. Cuando una ráfaga de aire golpeaba su formación, algunas planeaban; otras, a las que el viento había sacado del grupo, luchaban por regresar a su posición; era grandioso verlas encajar unas con otras. Para aquel que camina, las grullas, al igual que el arcoíris, son una metáfora."

 Y no me resisto a terminar esta entrada sin recordar a mis alumnos que, al igual que viajar es la mejor escuela del mundo, andar es el mejor vehículo para ir al instituto o a la universidad, una buena manera de empezar el día de forma activa. Yo procuro dar ejemplo, y siempre me desplazo al trabajo en bicicleta o a pie. ¿Y tú, te apuntas el curso que viene?


Nacho Dean feliz en su aventura  http://earthwidewalk.tumblr.com/post/64397306427

"La sabiduría llega a través de las plantas de los pies." 
Werner Hergoz 


Nota: los textos de Werner Herzog del caminar sobre hielo pertenecen a la primera edición de Gallo Nero Ediciones, con traducción de Paula Aguiriano Aizpurua.

jueves, 16 de junio de 2016

EL SENTIDO DEL VIAJE EN UN MUNDO HIPERCONECTADO

El Aula de Filosofía Práctica de La Térmica, abrió el pasado 5 de mayo un debate sobre el sentido del viaje en un mundo hiperconectado. La facilidad con la que hoy en día nos desplazamos por el planeta ha cambiado la manera de viajar. ¿Sigue siendo el viaje una oportunidad de profundizar nuestra vivencia del mundo o es una simple experiencia de traslado? ¿Viajamos para conocer y ampliar nuestros horizontes o para acumular recuerdos y anotar otro país en nuestra lista de países visitados? ¿El turista llega a conocer lo que visita o visita lo que cree que ya conoce por la televisión? ¿Quién decide "lo que hay que ver"?

 Para reflexionar sobre todas estas cuestiones, el coordinador del Aula, el profesor Manuel Arias Maldonado, dividió la sesión en dos partes: una primera, Del viajero al turista, a cargo de la escritora y viajera Patricia Almárcegui y el profesor de filosofía Luis Sáez Rueda; y una segunda, Interludio: el viaje a pie, en la que el protagonismo recayó sobre Nacho Dean, un malagueño que ha dedicado los últimos tres años de su vida a dar la vuelta al mundo a pie.
 Esta entrada se va a centrar en el primer encuentro, Del viajero al turista, dejando para otro artículo la entrevista que le hizo el profesor Juan Manuel Ayllón a Nacho Dean.

 Antes de mostrarles el vídeo que grabé de la charla y que reproduzco aquí con el permiso de los ponentes, quisiera presentar de manera breve a los mismos:

Patricia Almarcegui, Manuel Arias y Luis Sáez Rueda en el Aula de Filosofía Práctica de La Térmica
Málaga 2016 (Fotografía: Pedro Delgado)

Patricia Almarcegui es profesora universitaria de Literatura Comparada y escritora. Entre sus obras se encuentran Ali Bey y los viajeros europeos a Oriente (Ed. Bellaterra, 2007), El pintor y la viajera (Ediciones B, 2011), El sentido del viaje (Accésit en el Premio Fray Luis de León de Ensayo, 2014) y Escuchar Irán (Newcastle, 2016).

Luis Sáez Rueda es profesor universitario de Filosofía en la Universidad de Granada. Doctor en la materia, es autor de Ser errático. Una ontología crítica de la sociedad, El conflicto entre continentales y analíticos. Dos tradiciones filosóficas y Movimientos filosóficos actuales.


Introducción y presentación

Primera intervención de Patricia Almarcegui

Primera intervención de Luis Sáez Rueda

Debate entre los ponentes

Turno de preguntas

 Por cierta timidez no quise intervenir en el coloquio que se abrió con el público al final del acto, y también porque consideré que el protagonismo debían tenerlo los ponentes.

 Sobre la dicotomía turista-viajero que ahí se habló, quiero sacar a colación la opinión de dos grandes escritores y viajeros. La primera la tengo subrayada en una manoseada edición de bolsillo de El Cielo Protector. En ella, el estadounidense Paul Bowles nos dice en la voz del narrador que la diferencia entre uno y otro reside, en parte, en el tiempo.
Mientras el turista se apresura por lo general a regresar a su casa al cabo de algunos meses o semanas, el viajero, que no pertenece más a un lugar que al siguiente, se desplaza con lentitud durante años de un punto a otro de la tierra.
 La segunda me la recordó mi hermano Marcial el otro día, cuando me reenvió un tuit de la editorial Acantilado. Venía acompañado de una fotografía: la página de un libro en la que se podían leer unos párrafos de Viajar o "ser viajado", un artículo que Stefan Zweig escribió en 1926. Y si Paul Bowles nos ha puesto el listón demasiado alto, el austrohúngaro nos lo baja, mostrándonos que ser un viajero, en lugar de un turista, está al alcance de cualquiera.
[...] Cuando viajamos, no lo hacemos sólo para buscar la lejanía sino también para abandonar lo propio, el mundo doméstico cotidiano y metódico, para disfrutar del no estar en casa y, por ello también, del no ser uno mismo. Deseamos interrumpir el simple ir viviendo por medio de vivencias. Pero aquellos que prefieren que los lleven de viaje sólo llegan a conocer lo novedoso de forma superficial, sin penetrar en su interior; se pierden irremediablemente todo lo peculiar y propio de un país al dejar que sus pasos sean conducidos por un guía y no por el verdadero dios del viajero: el azar. Estos ingleses y norteamericanos que se desplazan en autocares no salen en realidad de Inglaterra ni de Norteamérica, no oyen la lengua extranjera, no perciben (por falta de contacto) la singularidad, las costumbres del lugar. Ven lo que merece ser visto, cierto, pero en veinte descargas diarias; todos juntos presencian idénticas atracciones turísticas, todos tienen exactamente las mismas vivencias y en mayor medida, si cabe, al venir las explicaciones de la misma persona. Y nadie las vive a fondo, porque se acercan a los valores y a los mundos seleccionados en compañía, conversando y charlando, sin contemplar nunca a solas lo novedoso, sin absorber con devoción y en solitario las maravillas que se les ofrecen; [...]

La eternidad de un día en la librería Proteo
Fotografía: Pedro Delgado

 Como ven, no es difícil. Basta con dejarse guiar por el azar. Para ello prueben a viajar en solitario o, en su defecto, en pareja; ligeros de equipaje; desplazándose en medios de transporte locales; sin un itinerario cerrado; sin saber de antemano qué van a hacer cada día ni dónde van a dormir cada noche; sin rehuir el contacto con la gente y sus modos de vida. Y, por supuesto, lleven libros en la mochila, lecturas que les permitan conocer y comprender mejor el país o la zona que visitan.

 Tras el acto pude hacerle un par de preguntas a Patricia sobre sus viajes a Irán, pues he decidido viajar allí este verano. Ella acaba de publicar Escuchar Irán (Newcastle Ediciones, 2016), un libro que adquirí al día siguiente y que espero me dedique la próxima vez que nos veamos. Y sí, seguiré su consejo y, aunque estén criando malvas, visitaré a los poetas.

Interior de la Mezquita Masjed e Nasir ol Molk en Shiraz, Irán (Fotografía: AltaïrMagazine)

 Por eso de las casualidades, o por esas sincronías de las que me habló una vez Lourdes Prat, me topé anoche de nuevo con Patricia, esta vez en forma de prólogo, el que le ha escrito a El camino cruel: el viaje en coche desde Suiza a Afganistán, en los albores de la II Guerra Mundial, de Ella Maillart y ese ángel caído que fue Annemarie Schwarzenbach.

Nota: El texto de El cielo protector, de Paul Bowles, pertenece a la edición de 1992 de la editorial Alfaguara, con traducción de Aurora Bernárdez, y el texto de Stefan Zweig pertenece a La eternidad de un día. Clásicos del periodismo literario alemán (1823-1934), editado por Acantilado con traducción de Francisco Uzcanga Meinecke.