viernes, 23 de febrero de 2024

EL GRAN LIBRO DE LOS PÁJAROS


El gran libro de los pájaros (Blackie Books)
Fotografía: Pedro Delgado

Será por este invierno que estamos teniendo en Málaga, parece primavera, que los gorriones todavía no han desaparecido del porche. Además del clima, supongo que incentiva las visitas los cuencos con semillas y agua que les he dispuesto desde este último verano.

Los gorriones son los niños del aire, la chiquillería de los arrabales, plazas y plazuelas del espacio. Son el pueblo pobre, la masa trabajadora que ha de resolver a diario de un modo heroico el problema de la existencia. Su lucha por existir en la luz, por llenar de píos y revuelos el silencio torvo del mundo, es una lucha alegre, decidida, irrenunciable. Ellos llegan, por conquistar la migaja de pan necesaria, a lugares donde ningún otro pájaro llega. Se les ve en los rincones más apartados. Se les oye en todas partes. Corren todos los riesgos y peligros con la gracia y la seguridad que su infancia perpetua les ha dado.
El gorrión y el prisionero, Miguel Hernández

 Vienen nueve o diez, primero se posan algo tímidos en la reja y en las ramas de la higuera y el jazmín, y cuando han cogido confianza, saltan al alfeizar en busca de la comida que les pongo y de la que se cae de la jaula de mi agapornis. A veces, con píos y batir de alas, se pelean entre ellos por el derecho a meter la cabeza en los cuencos de cristal, y montan un buen jolgorio al bañarse en un cuenco más grande de plástico, de esos en los que vienen las raciones de crema de calabaza y zanahoria o verduras del supermercado. A veces, les acompaña algún mirlo, que prefiere buscar lombrices y pequeños insectos en los macetones. Lucía protesta de las cagadas que dejan, pero para mí es un disfrute verlos. Una de esas pequeñas cosas que me dan placer y me conecta con la naturaleza. Es como el momento «komorebi» (el baile que se crea entre las hojas de los árboles, la luz del sol y el viento) del protagonista de Perfect Days, la película dirigida por Wim Wenders que vi la semana pasada y que les recomiendo encarecidamente. Me aportan serenidad, calma.

El gran libro de los pájaros (Blackie Books)
Fotografía: Pedro Delgado

 Por lo mismo, he estado leyendo estos días El gran libro de los pájaros, de Blackie Books, con «los mejores relatos, ensayos y poemas de la literatura alada universal». La edición corre a cargo de Alba G. Mora y Jorge de Cascante, y está ilustrada por Alexandre Reverdin. El mismo equipo de El gran libro de los perros, El gran libro de los gatos, El gran libro de Satán y El gran libro de las bicicletas*. Como en todos ellos, han intercalado informaciones o curiosidades diversas con poemas, relatos y extractos de ensayos, dietarios y novelas donde se mencionan o aparecen aves, como el loro de John Silver en La isla del tesoro o los pingüinos del cuento de  Guy de Maupassant.

Desde los años ochenta, Europa ha perdido más del 60% de la población de gorriones.
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Un murciélago puede ser visto como un ratón metamorfoseado a la manera de Ovidio. Al ser perseguido por un gato maligno, les pide alas a los dioses, y estos se las conceden.
Aforismos, G. C. Lichtenberg
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¡Qué alegría!
¡Una paloma
en una panadería!
Anónimo
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Eran como pájaros envejecidos y oscuros, con las pechugas palpitantes de haber volado mucho en un trozo de cielo muy pequeño.
Nada, Carmen Laforet
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En la época de la plaga de langosta, los indígenas las asaban y se las comían. Me propuse probarlas, pero antes de decidirme le pregunté a Farah a qué sabían. «No lo sé, mensahib», dijo él. «Yo no como aves tan pequeñas».
Sombras en la hierba, Isak Dinesen
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No tienes que ser buena.
No tienes que atravesar el desierto
de rodillas, arrepintiéndote.
Sólo tienes que dejar que ese delicado animal
que es tu cuerpo ame lo que ama.
Háblame de tu ansiedad y yo te hablaré de la mía.
Mientras, el mundo sigue girando.
Mientras, el sol y las gotas cristalinas
de lluvia avanzan por el paisaje,
las praderas y los árboles, las montañas y los ríos.
Mientras, los gansos salvajes, volando ahí arriba,
en el aire azul y puro,
regresan a casa.
Seas quien seas, por muy sola que te sientas,
el mundo entero está vivo en tu imaginación,
y te llama, como los gansos salvajes, gritando,
anunciando una y otra vez
tu lugar en el orden de las cosas.
Gansos salvajes, Mary Oliver
***
Muchos pájaros cantores tienen dialectos regionales con «acentos» tan diferenciados como el de un andaluz o un gallego. Estos dialectos se aprenden y se transmiten por vía familiar de generación en generación. Un cardenal norteño que escuche grabaciones responderá con mucho más vigor a las voces de cardenales locales que a las de cardenales que habitan a tres mil kilómetros de distancia. El carbonero común del sur de Alemania tiene un dialecto tan diferenciado del carbonero común de Afganistán que las aves alemanas no reconocen a sus parientes de Oriente Próximo. Incluso los pájaros procedentes de distintas zonas en el seno de un mismo estado de Estados Unidos pueden entonar trinos completamente distintos. De acuerdo con el ornitólogo Donald Kroodsma, los carboneros cabecinegros que vivían en Martha's Vineyard cantaban un canto distinto a los que vivían en tierra firme en Massachusetts. La separación geográfica entre variaciones de trinos puede ser del orden de solo un kilómetros y medio o incluso menos. Entre los gorriones de corona blanca de California, por ejemplo, los distintos dialectos pueden corresponder a una distancia de apenas unos metros. Las aves que habitan en el umbral de dos dialectos en ocasiones son «bilingües».
***
Si alguna vez te has preguntado qué aspecto tendría un Pokémon legendario en la vida real, tenemos la respuesta: sería como el turaco de Schalow, un ave verde con eyeliner blanco que vive en el sur de África. Fue llamada así por el banquero y ornitólogo alemán Herman Schalow.

Turaco de Schalow
Fotografía: John Pudephatt (Wikipedia)

 Muchos de los relatos y poemas son inéditos, y junto a autores clásicos aparecen otros menos conocidos, incluso algunos totalmente desconocidos. Por cierto, me gustó reencontrarme con Claudia Ulloa Donoso, de la que ya les hablé en una de mis reseñas**. Y leer a Sara Mesa (No hay justicia) y a Marta Jiménez Serrano (Cinonia ciconia) de las que todavía no había leído nada. También es cierto que, para mi gusto, hay tres o cuatro relatos más flojos que se podrían haber cambiado por otros, pero en un índice tan extenso eso resulta poca cosa. 

 Me encantó el extracto de Los pájaros, la novela corta de Daphne du Maurier que llevó al cine Alfred Hitchcock. La lectura me pareció más inquietante que la escena de la película.

 Otros relatos que inquietan son Fiorel y el cuco, de Elisa Levi; Gorrioncillos, de Marilar Aleixandre; Nugumbu, de Tamara Romero; y Llenarse de nubes, de Irene López de Guereña. Pero el que se lleva la palma, el relato que ha seguido en mi cabeza después de cerrar el libro, es La gallina degollada, de Horacio Quiroga. Terrorífico su final.

 Algunos de los extractos, me llevan a querer leer los relatos o las novelas de los que están sacados, como Los pájaros, de Bruno Schulz; El loro antillano, de Ignacio Aldecoa; Lola, de Truman Capote; Historia de mi palomar, de Isaak Bábel; o El mandarín, de Eça de Queirós, por dar unos cuantos nombres. También aparecen en sus páginas títulos cuya lectura tengo pendiente desde hace muchos años, como En Marruecos, de Edith Wharton, La colina de Watership, de Richard Adams, o El maravilloso viaje de Nils Holgersson, de Selma Lagerlöf, aquella escritora sueca que «soñaba con atravesar el mundo a lomos de un ganso salvaje».

  El que lleva por título La tapia, de Rosa Ponce, es el que mejor recoge la relación que algunos establecemos con los gorriones y otros pájaros, ya saben, todo eso que les contaba al principio. Lo mismo que le pasó a Rosa con el gorrión, me pasó a mi con un mirlo, y al igual que ella, me pregunto si será el mismo mirlo el que aparece de cuando en cuando por el porche.

De tanta miga y tanta miga se fue viendo él más fuerte y más recuperadito y un día agarró una rama del jazminero, después otra y otra y así hasta que echó a volar y pasó la tapia. Cuando me quise dar cuenta, me había dejado aquí más sola que la una, mirando para arriba como una tonta.

 Cosimo, el protagonista de El barón rampante, de Italo Calvino, decía que los libros eran como pájaros, y no quería verlos quietos o enjaulados. Por eso los cambiaba continuamente de sitio según los estudios y los gustos del momento. Para que no se pusieran tristes. Así que ya saben ustedes. Si este libro cae en sus manos, no lo deje en la estantería cogiendo polvo. Préstelo o regálelo para que vuele y no se entristezca.

Y volvían de nuevo, lanzando agudos gritos, revoloteando por encima de las ventanas de la casa: cuerpos oscuros y alados sobre el cielo del atardecer. ¿Qué pájaros eran aquellos? Pensó que debían de ser golondrinas ya de regreso del sur. El augurio era, pues, de partida, porque aquellos pájaros siempre estaban yendo y viniendo, construyendo un hogar transitorio bajo los aleros de las casas de los humanos y abandonando para siempre sus hogares para errar de nuevo por el mundo abierto.
Extracto de Retrato del artista adolescente, James Joyce

 Lean y cuiden de las aves. De las palomas también. No se crean esa patraña de que son las ratas del cielo.

Cuando todos dormimos aún, aparecen en los parques municipales y echan pienso envenenado. Después transportan en sacos a las palomas muertas. Apenas son toleradas en alguna parte, por personas muy concretas. Cada vez hay más redes de alambre y cada vez en más letreros salen puntas de metal o vidrio hacia arriba, que hacen imposible que se posen. Perplejas vuelan a los caminos donde ciclistas conducen directamente hacia ellas y niños escolares las patean. Hace unos catorce días leí por primera vez en el periódico local una palabra injuriosa para ellas: «ratas volantes». Hoy veo, también por primera vez, que los adolescentes les tiran piedras. Como las palomas están casi siempre medio amontonadas, es fácil darle al menos a una de ellas. El grupo sobre el que cae una pequeña piedra puntiaguda revolotea asustado. Un cuerpo se queda en el suelo, se convulsiona. Un par de veces levanta un ala, después ya no se mueve. Las otras palomas se posan solo unos metros más allá. No está claro si los animales están de duelo o si tienen miedo. Me gustaría demostrar que la injuria «ratas volantes» ha dado licencia a la violencia contra ellas. En la larga historia del odio no ha habido enemistad alguna sin una palabra que la permitiera. Pero naturalmente no podré mostrar la prueba. Mi procedimiento es descriptivo, no aporta ningún hecho y menos alguna demostración. Incluso la alegría en los rostros de aquellos que ahora mismo se preparan para un nuevo lanzamiento de piedras, solo puedo fijarla con palabras. Para ellos no se trata de una paloma muerta más: ellos quieren ver la total perplejidad de las que sobreviven ante la muerte.
Mujeres cantando suavemente, Wilhelm Genazino 

 Y para termina, un par de avisos a navegantes:

El volantón es una cría de pájaro con plumas que está aprendiendo a volar. Si los ves, no te los lleves a casa. Están en mitad de su fase de aprendizaje.
***
¿Les das de comer pan a los patos? ¡No vuelvas a hacerlo, por favor! El pan blanco no les proporciona ningún valor nutricional, ensucia el agua y hace que los patos enfermen. Entonces, ¿con qué puedes alimentarlos? Granos de maíz, avena, uvas o guisantes, o semillas especiales para aves.
El gran libro de los pájaros (Blackie Books)
Ilustración de Alexandre Reverdin

*https://cartadesdeeltoubkal.blogspot.com/2023/08/cicloviajes-en-el-gran-libro-de-las.html

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2023/07/el-gran-libro-de-las-bicicletas.html

**https://cartadesdeeltoubkal.blogspot.com/2019/05/claudia-ulloa-erling-kagge-y-el.html

sábado, 13 de enero de 2024

COLLAGES Y VIAJES


Cristóbal Colón, collage sobre papel 30x21 cm
Obra de Antonio Heredia

Exposición de collages de Antonio Heredia en la librería La brújula
Fotografía: Lucía Rodríguez

Confidencial, collage sobre papel 30x21 cm
Obra de Antonio Heredia

Collages de Antonio Heredia en la librería La brújula
Fotografía: Lucía Rodríguez

Arquitectura efímera, collage sobre papel 30x21cm
Obra de Antonio Heredia

Exposición de collages de Antonio Heredia en la librería La brújula
Fotografía: Lucía Rodríguez

La ciudad nevada, collage sobre papel 30x21 cm
Obra de Antonio Heredia

Cristopher Sanz y Pedro Delgado en la librería La brújula
Collages & letras, exposición de Antonio Heredia
Fotografía: Lucía Rodríguez

 Los invito a leer en Calle 1 mi reseña sobre la exposición Collages & letras, del artista malagueño Antonio Heredia.

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2024/01/collage-y-deporte.html


lunes, 1 de enero de 2024

10 LIBROS PARA REGALAR EN REYES A LOS MÁS VIAJEROS DE LA CASA


Libros para regalar en Reyes a los más viajeros de la casa
Fotografía: Lucía Rodíguez

El día de Nochebuena revisionamos en familia ¡Qué bello es vivir!, de Frank Capra, una de las películas más emotivas que se pueden ver en Navidades. En este drama con final feliz, del año 1946, su protagonista, George Bailey, interpretado por James Stewart, dice unas palabras preciosas que todo viajero compartirá.

Los 3 sonidos más excitantes del mundo

 Y a las que yo añadiría el crepitar de los troncos en la chimenea cuando tenemos un buen libro de viajes entre las manos.

 Aquí tienen diez títulos para regalar estos Reyes a los amantes de los viajes y la aventura. El inicio de cada uno de ellos será tan excitante como el nuevo año que recién comenzamos. Hay ensayos, novelas, relatos, diarios y cómics.

los-diarios-del-opio

homo-viator

viaje-a-un-mundo-olvidado

gourrama

gilgamesh

el-gran-libro-de-los-pajaros

tomahawk

un-ano-en-nueva-york

las-hijas-de-la-niebla

libre

 Este año, como novedad, también les voy a sugerir un destino: Albania. De ahí que añada a estas recomendaciones una guía de viajes, la de Lonely Planet.

Albania, Lonely Planet

 Un país que les recomiendo encarecidamente, y una guía que ya me hubiese gustado tener en el bolsillo cuando lo recorrí en el verano de 2017.

Camino del monte Korab (Dibër, Albania)
Fotografía: Pedro Delgado

 ¡Que los vientos les sean favorables en este 2024!

jueves, 28 de diciembre de 2023

LA PAGA DEL SOLDADO


La paga del soldado, de Antonio Hernández Palacios
Fotografía: Pedro Delgado

Mi suegro tenía las paredes de su casa llenas de fotografías familiares, sobre todo de sus hijos y sus nietos. Entre todas aquellas instantáneas, la que más atraía mi atención, quizás por ser un rostro desconocido para mí, era la de aquel soldado uniformado que, sentado en actitud relajada, parecía cruzar su mirada con la mía. Un retrato de cuerpo entero en blanco y negro que actuaba sobre mí como un imán.

 Una vez le pregunté a Enrique por aquel hombre, y me dijo que era un pariente suyo que había luchado en la Guerra de Marruecos, más, como suele ocurrir cuando uno no los anota, olvidé los detalles.

 Tal vez por ello, pensaba continuamente en ese militar al leer La paga del soldado (Ponent Mon, 2018), de Antonio Hernández Palacios.

La paga del soldado, de Hernández Palacios
Editorial Ponent Mon

 La Guerra de Marruecos tuvo tales características y tal dimensión, que uno no llega a comprender que permanezca tan olvidada. No me cabe duda de que de haber sido ingleses o estadounidenses los que se enfrentaron a los rifeños, se habrían escrito más libros y rodado más películas sobre esas campañas.

Antonio Hernández Palacios en el estudio de su casa
Años 70, archivo fotográfico de la familia del autor

 La paga del soldado recrea la campaña de 1909 en cinco historietas, con dibujo y guión a cargo de uno de los grandes del cómic que hemos tenido en España: Antonio Hernández Palacios (Madrid, España, 1921-2000), autor de obras tan destacadas como Manos Kelly, Mc Coy o El Cid.

 Y por si no bastara con ello, ni con el exquisito mimo con el que está editada la obra (basta ver las guardas impresas con el mapa del Protectorado Español en Marruecos y el croquis del teatro de operaciones en Melilla del Cuerpo del Estado Mayor), la editorial Ponent Mon ha tenido el acierto de arropar las viñetas y los guiones de Hernández con una serie de dosieres históricos, intercalados entre cada historia, que enriquecen tremendamente la lectura. A cargo de ellos, los historiadores José Manuel Guerrero Acosta y César Labarta Rodríguez-Maribona, y para complementar sus aportaciones, se incluyen fotografías, cuadros, mapas y portadas de revistas de la época que tienen un inmenso valor histórico.

Hernández Palacios realizó veinte planchas que conforman cinco episodios basados en hechos reales de la campaña militar de Marruecos que se desarrollaron entre julio y diciembre de 1909. Estos acontecimientos se desencadenaron prácticamente nada más iniciarse el establecimiento del llamado Protectorado Español en la zona norte de Marruecos, que estaba formado por las regiones del Rif, el Kert y la Yelaba. Esta zona fue asignada a España en la conferencia internacional de Algeciras de 1904, donde se repartió un país con un amplio territorio prácticamente desatendido por la autoridad del Sultán. La zona norte era la más atrasada y agreste y estaba poblada en gran parte por diferentes tribus –denominadas cabilas– de origen berebere, muy opuestas a cualquier forma de autoridad, incluida la del propio sultán marroquí, que era en nombre de quien iba a actuar la administración española.
 La campaña de 1909 fue una guerra impopular, que llegaba al iniciarse un nuevo siglo, para sumarse al largo rosario de conflictos del siglo anterior: el final del imperio de ultramar, las guerras civiles carlistas, la guerra y pérdida de Cuba y Filipinas. Un ataque de los rifeños a los obreros que construían un ferrocarril minero cerca de Melilla provocó el primer encontronazo con la escasa guarnición militar de la plaza. El gobierno acudió en el mes de junio a la movilización de reservistas para reforzar el ejército, hombres que ya habían finalizado su servicio militar obligatorio, lo que provocó manifestaciones de las familias de los soldados y desembocó en graves desórdenes de orden público en varias ciudades, los más graves en Barcelona.
 Mientras tanto, se enviaron tropas a ocupar distintas posiciones en el extrarradio de la ciudad de Melilla, lo que causó la insurrección generalizada de todas las cabilas de la zona.

Blocao construido por las tropas españolas
Campaña de Marruecos 1909

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El soldado español del ejército regular que reflejó Palacios en sus historietas llegaba a Marruecos con poca motivación y escasa moral de combate. Procedentes mayoritariamente del mundo rural y del proletariado de las ciudades, muchos dejaban atrás a familias con graves problemas de subsistencia. El injusto sistema de la «redención en metálico», que permitía eludir la guerra a quien podía pagar la fuerte suma de dinero necesaria (2.000 pesetas de la época), era un motivo más de desánimo. La presión social, las críticas desde sectores de la política y desde dentro del propio ejército derogaron el sistema de redención en 1912, aunque se estableció el del soldado de cuota, que, en la práctica, era casi lo mismo. La ley de reclutamiento de 1921 declaró el servicio militar universal sin excepciones, aunque continuó habiendo formas de eludir la incorporación a filas mediante influencias y corruptelas, de manera que siguieron siendo las clases populares las que constituían el grueso de la recluta.

Evacuación de un herido. Campaña de Marruecos de 1909

En cuanto al enemigo, los guerreros rifeños que componían las harkas que se enfrentaban a los españoles, cabe decir que eran unos hombres duros, acostumbrados a una vida de privaciones y guerras contra sus vecinos para sobrevivir. Conocían perfectamente el terreno en que combatían, recorrían grandes distancias rápidamente y sabían moverse con sigilo aprovechando chumberas, piedras y matas para emboscarse bajo sus chilabas de colores pardos. Solo necesitaban una magra ración de alimentos al día y apenas agua. Su más apreciado tesoro era su arma, «la fusila», que disparaban con precisión letal. Era un enemigo imponente, al que los españoles solo podían vencer con la superioridad numérica y de fuego, más una maniobra flexible, enérgica y adaptada al terreno. Cualquier titubeo o retirada en precario eran aprovechados para causar elevados números de bajas y solían rematar a los heridos con puñales o armas blancas.

 La paga del soldado apareció por primera vez en la revista juvenil Trinca en el año 1972, y lo hizo en forma de episodios independientes en los números 41, 46, 48, 50 y 60.

Revista juvenil Trinca

 Su autor, quizás porque lo vivió en carne propia –con apenas dieciocho años sirvió en el Ejército Popular de la República, y ya en la posguerra fue uno de los tantos ex republicanos que se alistaron como voluntarios en la División Azul–, siempre mostró predilección por el combatiente abnegado sobre el que recae el peso de la batalla y el sufrimiento de la guerra, de ahí que siempre buscara dar voz a esos protagonistas anónimos de la historia o a esas héroes sencillos que, como el cabo Luis Noval Ferrao, acabarían por tener un monumento dedicado a su memoria en la Plaza de Oriente, frente al Palacio Real de Madrid.

Monumento al cabo Luis Noval Ferrao
Escultor: Mariano Benlliure
Plaza de Oriente de Madrid
Fotografía: Asqueladd

 Además, Hernández Palacios retrata los episodios valiéndose de una ingente documentación, lo que le da un marchamo de autenticidad a los hechos que retrata, sin entrar en ningún momento a juzgarlos.

 Una de esas acciones bélicas que retrata es la del combate de Taxdirt, ya al final de la campaña, cuando un escuadrón del Regimiento de Cazadores de Caballería Alfonso XII evitó una tragedia a la infantería que se replegaba. Un episodio que comparto aquí con los lectores para que aprecien la maestría artística de Palacios, su uso del color y de los volúmenes, así como su original técnica narrativa, donde el dibujo sobrepasa el mero espacio de la viñeta para invadir los márgenes contiguos.

La paga del soldado, de Antonio Hernández Palacios
Editorial Ponent Mon

La paga del soldado, de Antonio Hernández Palacios
Editorial Ponent Mon

 Ni qué decir que, acabada la lectura, la fotografía de aquel familiar siguió en mi cabeza, un retrato que, creo no lo he dicho antes, conservamos ahora en casa. Intrigado por saber si aquel soldado combatió en aquella campaña, o si fue en Annual u otra, le insistí a Lucía para que preguntara por aquel hombre a su familia paterna. Y como supongo que ustedes también estarán intrigados, les anoto aquí el resultado de sus indagaciones: El hombre de la foto es, nada más y nada menos, que su abuelo, Antonio Rodríguez Gálvez, el padre de mi suegro Enrique. Efectivamente, fue a la Guerra de Marruecos, pero no saben en qué año, y el uniforme que viste pertenece al regimiento de infantería nº 17.

 A la vuelta de Melilla, Antonio Rodríguez Gálvez entró a trabajar de encargado en las bodegas de vino 'los Ruiz' en Campanillas, donde seguramente brindaría por lo afortunado que fue, pues fueron muchísimos los que no regresaron.

Nota: Esta reseña está dedicada a Amiram Reuveni (1951-2023), fundador y director de la editorial Ponent Mon, que falleció el 20 de mayo de este año. Descanse en paz.

domingo, 17 de diciembre de 2023

GILGAMESH. MÁS ALLÁ DEL CONFÍN DEL MUNDO


Gilgamesh, de Annamaria Gozzi y Andrea Antinori (Ediciones Siruela)
Fotografía: Pedro Delgado
 Observábamos tan atentamente la Vía Láctea que cada estrella se convertía en cien, y cada una de las cien en otras tantas. Entonces nos hacíamos las eternas preguntas desde que el hombre se puso en pie en algún lugar de África, quizá en un rincón desolado del lago Turkana, de aguas de color jade infestadas de cocodrilos. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hay vida después de la muerte? Preguntas tan antiguas como la épica de Gilgamesh, el primer relato literario conocido, en el que el joven e impetuoso rey de Uruk, desesperado por la muerte de su compañero Enkidu, decide partir a los confines del mundo en busca de la planta de la inmortalidad.

Casualmente, después de leer estas líneas en El impulso nómada (Galaxia Gutenberg, 2021), las apasionantes memorias de Jordi Esteva, me topé con un álbum ilustrado que versa sobre el rey sumerio.

 El encuentro ocurrió en la sección infantil de una librería, la portada llamó mi atención y me senté en uno de esos taburetes de colores que tienen allí colocados para los niños. Aquel era un álbum ilustrado en el que se conjugaban textos e imágenes, uno de esos libros que, según Babelia, gozan de tan buena salud en el ámbito de la literatura infantil.

 Aunque conocía la figura de Gilgamesh, su historia se había difuminado en mi mente, como si una espesa niebla hubiera cubierto los actos de su vida, de ahí que me pusiera a leerlo.

Guardas de Gilgamesh (Ediciones Siruela, 2023)
Fotografía: Lucía Rodríguez

Gilgamesh, de Annamaria Gozzi y Andrea Antinori
Fotografía: Lucía Rodríguez

Inicio de Gilgamesh. Más allá del confín del mundo
Fotografía: Lucía Rodríguez

 El libro se abre con un rey que llora y vela el cuerpo inmóvil de Enkidu, y los que hemos pasado por la devastación de perder a un amigo, empatizamos al momento con el rey Gilgamesh.

Había una vez un rey que lloraba.
Había perdido a su mejor amigo.
¿Cómo se puede perder un amigo?
Los amigos siempre están ahí.
–Enkidu –llamaba el rey–. Enkidu, responde.
Y al rey ya no le importaba nada ser poderoso y gobernar una ciudad toda dorada si su amigo seguía mudo. Inmóvil.

 Nunca nos sentimos tan aturdidos y desvalidos, ni nos parece el mundo tan cruel y desapacible como cuando perdemos a un amigo. Es un dolor físico.

 Abatido, Gilgamesh ya no puede permanecer sentado tranquilamente en su trono y, abandonando la ciudad dorada, se embarca en la aventura de buscar la inmortalidad.

Gilgamesh navegando hacia el confín del mundo
Fotografía: Lucía Rodríguez

Y cuando comprendió que nunca más despertaría, partió hacia el confín del mundo.
Porque se rumoreaba que más allá vivían un hombre y una mujer que  nunca habían muerto ni iban a morir.
Gilgamesh quería conocerlos para recuperar a su amigo perdido y vencer el miedo a aquel sueño eterno. Un sueño que, algún día, le llegaría también a él.
–No vayas –le dijeron los sabios del reino–. Nunca nadie ha regresado.
Pero el rey se marchó.
Vagó durante días y atravesó las noches.
Su barba creció hasta cubrirle el pecho.
Su pelo se llenó de canas, se le hundieron las mejillas.
Y el rey seguía buscando.

Custodios de la Montaña del Sol
Fotografía: Lucía Rodríguez

 Tras atravesar la Montaña del Sol por sus oscuras y peligrosas galerías, el soberano llegará al Jardín del Sol y a las playas donde, en un palafito, la cantinera de los dioses escancia vino en copas de plata. «Quien se ha marchado ya no puede volver. La vida que buscas, no la encontrarás. Bebe, olvida y regresa a tu ciudad», le aconsejará ésta. Pero Gilgamesh no cede en su empeño. Quiere conocer a quien nunca a muerto, y para ello está dispuesto a todo.

– [...] Estoy dispuesto a todo. Y ahora que ya casi he llegado, nada podrá detenerme.
–¿Que casi has llegado? –La mujer se rio–. Para llegar a la Lejanía, tendrás que cruzar el Mar de la Muerte, el más vasto de todos los mares, cuyas aguas están envenenadas. Nadie puede cruzarlo. [...]
–Ayúdame –suplicó el rey–. Enséñame a cruzar esas aguas.
A la mujer, que solo conocía las necesidades de los dioses, le sorprendió la desesperación humana del rey.
–Ve al bosque –le dijo–, construye una barca honda que te proteja. Luego corta ciento veinte pértigas para hacer los remos. Los necesitarás todos. Cada vez que una madera toque las aguas mortíferas, deberás soltarla y usar otra, y otra más...
El rey trabajó día y noche en el bosque, hasta que la barca y los remos estuvieron listos.

Gilgamesh preparándose para cruzar el Mar de la Muerte
Fotografía: Lucía Rodríguez

Gilgamesh cruzando el Mar de la Muerte
Fotografía: Lucía Rodríguez

 No les contaré más para no desvelarles la historia, esa que el propio Gilgamesh mandó grabar en tablillas de arcilla para conservarlas en la memoria; un tesoro arqueológico que fue descubierto, a mediados del siglo XIX, en Irak, la antigua Mesopotamia, y que el inglés George Smith logró descifrar en 1870. «Soy el primer hombre que ha leído esto tras miles de años de olvido», dijo. Tras muchas excavaciones, viajes y estudios, se lograron reunir las tablillas que devolvían a la vida la epopeya de Gilgamesh, soberano de la ciudad de Uruk, la primera ciudad del mundo antiguo. Por cierto que las gestas de Gilgamesh están incompletas, pues aún quedan fragmentos de la saga durmiendo bajo tierra a la espera de ser descubiertos.

La última tablilla fue hallada recientemente y añadió información a los acontecimientos de una historia de la que se sigue hablando y que no deja de sorprendernos.

Gilgamesh. Más allá del confín del mundo (Ediciones Siruela)
Fotografía: Lucía Rodríguez

 Porque es parte de la vida, la muerte abre y cierra Gilgamesh. Más allá del confín del mundo (Ediciones Siruela, 2023), de la escritora Annamaria Gozzi y el ilustrador Andrea Antinori, en una traducción del italiano de Ana Romeral Moreno. Unas páginas que nos hablan de la existencia, con su dolor pero también con su parte de luz.

Nota: Como no podía ser de otra manera, esta entrada está dedicada a los amigos ausentes.

martes, 21 de noviembre de 2023

VIAJAR TIENE QUE VER CON LA MUERTE


Breviario del viejo corredor, de Lluís Alabern (Ediciones Siruela)
Fotografía: Pedro Delgado

Recientemente reseñé Breviario del viejo corredor (Ediciones Siruela, 2023), de Lluís Alabern, en mi otro blog, Calle 1, dedicado al atletismo y otros deportes. En las páginas de ese breve ensayo, me encontré con estos dos textos que, por la referencia que hacen al viajar y al caminar, he querido compartir aquí con ustedes.

Correr tiene que ver con la muerte. Macfarlane narra cómo al final de sus días, su abuelo, gran trotador, explorador, aventurero, arrastraba los pies al andar, se ayudaba de bastones y redujo los paseos a un radio que apenas lo alejaba unos metros de su casa. En esa misma época, paradójicamente, sus hijos, bisnietos del abuelo, «pasaron de arrastrar los pies a dar zancadas» y de ahí a corretear por los campos. Solo la muerte frena el trote. Pero ahí, donde se para en seco el trotar, empiezan las zancadas de los siguientes. Claudio Magris, en el prefacio de El infinito viajar, recuerda el status viagiotoris del hombre, su condición existencial de caminante. Viajar tiene que ver con la muerte, nos dice, pero también con diferirla, «aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial [...], el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca».
 Corremos por correr, y porque correr es dibujar cerca de la muerte. Cuando corro vivo el instante. Apenas pienso en la siguiente zancada. Correr es una forma de habitar el presente, una forma de ser, a sabiendas de que nada de lo que nos rodea nos pertenece. También es la manera en la que le decimos al presente que no le pertenecemos. Porque somos nómadas, estamos en movimiento, y solo importa la siguiente zancada.

Claudio Magris. Fotografía: Danilo De Marco

***
En noviembre de 1974 le comunican al director de cine Werner Herzog que Lotte Eisner está gravemente enferma en París. Herzog, sin apenas pensarlo, decide partir de Múnich caminando al encuentro de la «Eisnerin», como llamaban afectuosamente en los corrillos del cine alemán a la afamada ensayista. Lotte Eisner había publicado los primeros estudios sobre Murnau y Lang, así como el famoso trabajo sobre cine expresionista titulado La pantalla demoniaca (1952). Herzog dedicó dos de sus films a la Eisnerin e incluso llegó a utilizar su voz de narradora en la película experimental Fata Morgana (1970). Ante la noticia de la gravedad de Lotte Eisner, Herzog resuelve ir a verla andando hasta París. Herzog dedica un libro a ese desplazamiento chamánico, el texto de culto Del caminar sobre hielo. 

Del caminar sobre el hielo, de Werner Herzog
Editorial Gallo Nero, 2015

No importa realmente si la crónica del mismo es absolutamente veraz, si pudo recorrer la distancia entre Múnich y París en un mes, como sugiere. Lo importante es la idea del caminar como conjuro, la relación del hombre con el paisaje, el carácter metafísico del camino. «Tomé una chaqueta, una brújula, una bolsa de deporte y los enseres indispensables [...]. Me puse en camino hacia París, por la ruta más directa, convencido de que, yendo a pie, ella sobreviviría». El caso es que Lotte Eisner, anciana y enferma, vivió nueve años más. Herzog explicó en alguna entrevista, que también había recorrido mil kilómetros a través de los Alpes, hasta llegar a la frontera con Eslovenia, para pedir la mano de la que sería su esposa. «Hago a pie todas las cosas esenciales de la vida».
 Bruce Chatwin decía que las drogas eran vehículos para gente que había olvidado caminar. Chatwin también creía que el viaje a pie era un acto primario, una posible cura para la melancolía, una forma primigenia de vagabundeo existencial. Suponemos que la religión es una respuesta a la angustia, una respuesta a la desazón que genera la vida sedentaria. El nomadismo, según lo entiende Chatwin, satisface alguna aspiración humana básica que el sedentarismo no colma.

Bruce Charwin leyendo en la estación de Parakou, Benín, en 1976
Fotografía: John Kasmin

Nota: Pueden leer la reseña de Breviario del viejo corredor, clicando sobre el siguiente enlace:

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2023/11/breviario-del-viejo-corredor.html

Breviario del viejo corredor, de Lluís Alabern
Siruela Biblioteca de Ensayo
Fotografía: Pedro Delgado