domingo, 19 de julio de 2026

EL LAMENTABLE DESAHUCIO DE CASA ÁRABE


El lamentable desahucio de Casa Árabe (Opinión/EL PAÍS)
Fotografía: Pedro Delgado

Siempre hay charcos que pisar y artículos que difundir, como este de Eduardo Manzano Moreno, profesor de Investigación en el Instituto de Historia CSIC, aparecido en el diario EL PAÍS el pasado domingo 12 de julio.

El lamentable desahucio de Casa Árabe
En la primavera del año 2008, un grupúsculo de extrema derecha, denominado Frente Nacional, arremetió contra la cesión del edificio de las Escuelas Aguirre en Madrid para servir de sede de Casa Árabe, una institución oficial nacida con el objetivo de estrechar los vínculos con el mundo árabe. Un centenar de manifestantes protestaron ante esa sede por lo que tildaron como la creación de "un centro islámico en el distrito de Salamanca" y declarando cosas como "sí, soy racista. No puedo con los musulmanes. Vivo aquí detrás y no me hace ninguna gracia tenerlos tan cerca". Como parte de su campaña, los manifestantes inundaron el señorial barrio madrileño con pasquines que mostraban una imagen del entonces alcalde del PP, Alberto Ruiz Gallardón, tocado con un fez moruno bajo el eslogan "¿Necesita este barrio un centro cultural islámico?".
 Nadie hizo entonces demasiado caso a ese puñado de ultras. Bajo la dirección inicial de una reconocida arabista, Gema Martín Muñoz, y posteriormente de una serie de diplomáticos de carrera con amplia experiencia en el terreno y nombrados por gobiernos de distinto signo (Eduardo López Busquets, Pedro Villena y Pedro Martínez Avial), Casa Árabe se convirtió en un prestigioso centro de encuentro y debate sobre la historia y la actualidad del mundo árabe nutrido con la presencia de embajadores, empresarios, académicos, artistas y figuras de relevancia internacional. Con un excelente programa de exposiciones y una encomiable labor de enseñanza de la lengua árabe, la institución pasó a ser una referencia, junto con Casa América y Casa Sefarad, de la proyección exterior de nuestro país en un ámbito estratégico para sus intereses. En 2024, su trayectoria fue reconocida con el prestigioso premio Sheikh Zayed, uno de los galardones más importantes del mundo árabe, en reconocimiento de su trabajo como "puente entre las culturas árabe y española".
 Nada de esto parece importarle demasiado al alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, quien ha anunciado que Casa Árabe deberá abandonar el edificio, cedido por su Consistorio, como sede de la institución. Sus argumentos para tomar esta decisión son inauditos. Aparte de faltar al respeto a su dirección y a sus trabajadores calificando a esta espléndida institución de "chiringuito", Martínez Almeida se agarra a la gestión de una directora que dejó el cargo hace año y medio, siendo sustituida por un diplomático de acreditada trayectoria, Miguel Moro Aguilar, cuyos esfuerzos y compromiso por mejorar la difícil situación heredada han sido justamente reconocidos por el Tribunal de Cuentas. Dado que el alcalde de Madrid dice estar preocupado por esa situación, quizá podría hablar con Isabel Díaz Ayuso, quien hace meses decidió cortar de forma unilateral la financiación de la Comunidad de Madrid a Casa Árabe también con el pretexto de los posibles errores de una directora que ya no ejerce desde hace tiempo. A nadie se le oculta que en esta decisión retumba el fuego cruzado de la cansina guerra de trincheras contra el Gobierno central que los responsables políticos madrileños alimentan. En el universo paralelo en el que habitan estos políticos, está justificado tirar por tierra años de trabajo simplemente porque, al parecer, Casa Árabe tiene que pagar el pato de que su anterior directora escribiera una biografía de Pedro Sánchez.
 Con todo, hay una razón adicional, y más profunda, que puede explicar esta increíble decisión. El propio alcalde la ha reconocido de forma inconsciente al hablar del uso del edificio: "Lo que queremos básicamente es que sea un uso para disfrute de todos los madrileños". Acabáramos. Lo que se deduce es que la infinidad de actividades organizadas durante todos estos años en Casa Árabe, todas ellas de acceso libre, estaban copadas por hordas sarracenas de tal manera que ahora se impone "devolver el edificio a los madrileños". A aquellos manifestantes del Frente Nacional estas declaraciones deben de haberles sonado como música celestial. Nadie sabe el proyecto que tiene el Consistorio madrileño para el futuro del edificio, pero de lo que sí que podemos estar seguros es de que algunos ya no tendrán que ver su sensibilidad herida por carteles en lengua árabe frente al parque del Retiro. Una de aquellas manifestantes convocadas por Frente Nacional el año 2008 mostraba su indignación por el hecho de que un edificio construido en beneficio de "los pobres niños católicos ahora se lo pasen a los árabes". No sé si Martínez Almeida comparte las ideas de aquella señora. Si ese no es el caso, debería buscarse mejores argumentos para defender una decisión que, curiosamente, coincide con lo que la extrema derecha más radicalizada viene reclamando desde que Casa Árabe iniciara su andadura en un barrio al que algunos todavía se refieren como "Zona Nacional".
Eduardo Manzano Moreno
OPINIÓN/EL PAÍS

lunes, 13 de julio de 2026

LÁTIGO, LAS TIRAS DE PRENSA DE STAN LYNDE


Látigo, de Stan Lynde (Laramie Ediciones). Fotografía: Pedro Delgado

El personaje de las tiras de prensa de las que voy a hablarles se llama Cole Cantrell, aunque muchos lo conocen por "Látigo". El apodo no hace referencia al azote largo, delgado y flexible que se nos viene a la cabeza, sino a la cuerda o correa con que se asegura y aprieta la cincha de la silla de montar.

 Por las venas de Cole "Látigo" Cantrell corre sangre irlandesa e indígena, de la tribu de los crow. Capitán del ejercito unionista durante la guerra civil estadounidense, ejerció de explorador para la caballería en Fort Savage.

Tiras de prensa de Látigo, de Stan Lynde (Laramie Ediciones)

 Tras la guerra de Secesión y un grave incidente con un comandante, se convirtió en ayudante del marshal federal Hoodoo Hawks y en marshal de Rimfire, en el territorio de Montana. Del mismo estado de Montana es Stan Lynde, el autor de estas tiras de prensa. En ellas se aúnan un guion que funciona con un dibujo limpio y preciosista que las convierte en un clásico del género.

Tiras de prensa de Látigo, de Stan Lynde (Laramie Ediciones)

 Esta edición, que es un capricho que  ha querido darse Alberto Simón, nuestro hombre de Laramie, incluye dos historietas: La senda de la venganza y El marshal de Rimfire.

La senda de la venganza, historieta de Stan Lynde (Laramie)

El marshal de Rimfire, historieta de Stan Lynde (Laramie)

 Alberto Simón me pidió que escribiese un texto para la edición de este volumen que acaba de llegar a las librerías, y yo decidí resucitar al propio Lynde para que fuera él quien les hablara de sí mismo y de sus más emblemáticos personajes. Les dejo aquí el resultado.

Stan Lynde

LYNDE, MONTANA Y TIRAS DE PRENSA (WESTERN)
Por Pedro Delgado Fernández
Hey, guys!
 Soy Stan Lynde. Estando con el Boss me enteré de que Laramie iba a publicar mis tiras de prensa de Látigo en España; así que, como aquí en el cielo la vida es un tanto tranquila y hay tiempo de sobra para todo, me he puesto a escribirles estas líneas a modo de presentación, pues me ha llegado hasta aquí arriba que soy un gran desconocido en su país. Afortunadamente, en Estados Unidos soy alguien muy popular, gracias a mis tiras de prensa y novelas ambientadas en el Oeste.
Rick O'Shay "Happy Birthday, Boss"
Imagen: stanlynde.net
 Pero déjenme que empiece por el principio. Nací en Billings, en el estado de Montana, el 23 de septiembre de 1931, es decir, en plena Gran Depresión. Mi padre se consideraba afortunado de encontrar trabajo pastoreando ovejas por 30 dólares al mes en las vastas praderas de la reserva indígena de los crow, en el sureste de Montana. Él seguía a las ovejas en busca de pastos frescos y mi madre y yo lo seguíamos a él, viviendo en carretas, tiendas de campaña, refugios, cabañas y ranchos. Así fue como me crié en un mundo de vaqueros, rancheros y nativos americanos. En el rancho de mi padre aprendí que ninguna tarea estaba por debajo de mí, y que si había que hacer un trabajo, alguien tenía que hacerlo.
 Cuando tenía cinco años, descubrí que los cómics los escribían y dibujaban personas llamadas caricaturistas. Jamás se me había ocurrido que alguien pudiera escribir y dibujar tiras de cómics; pensaba que era una especie de maravilla natural, como el géiser Old Faithful o el Gran Cañón. Desde ese día me propuse convertirme en uno de ellos –mis preferidos eran Red Ryder, de Fred Harman, Terry and the Pirates, de Milton Caniff, Li'l Abner, de Al Capp, y muchos otros, pero sobre todo Prince Valiant, de Hal Foster–. Años después, publiqué mi primera tira cómica: Rick O'Shay, donde transmitía los valores rurales que adquirí en mi infancia y compartía las mismas actitudes y valores que tienen, y han tenido antes que yo, las personas que han crecido en contacto directo con la tierra y la naturaleza. De paso, desde la perspectiva del Oeste auténtico en el que me crié, satirizaba el western ficticio que se veía en algunas series de televisión.
Rick O'Shay, tiras de prensa de Stan Lynde
Imagen: stanlynde.net
 A lo largo de casi veinte años, Rick O'Shay se hizo con un público fiel. Incluso ahora, tantísimos años después de haber dibujado la última tira, aún sigo recibiendo mensajes de lectores que crecieron con ella y con sus protagonistas, Rick, el pistolero Hipshot y su gata Belle Starr.
Hipshot y su gata Belle Starr
stanlynde.net
 Mi segunda tira de prensa, Látigo, comenzó a publicarse el 25 de junio de 1979, y se mantuvo durante cuatro años, hasta el 7 de mayo de 1983. La historieta, un western más serio, estaba protagonizada por un héroe fuerte y capaz que se enfrentaba a villanos astutos y despiadados, pero los malhechores iban más allá de los tradicionales cuatreros, forajidos y maleantes, apareciendo también los magnates codiciosos y sin escrúpulos del siglo XIX, que se servían de los anteriores para obtener beneficio económico sin responder ante la ley.
Látigo, de Stan Lynde (stanlynde.net)
 Tras Rick O'Shay y Látigo vino Grass Roots, pero he de confesarles que no echo de menos el ritmo frenético que supone escribir y dibujar una tira de prensa. Créanme, producir seis tiras y una página dominical cada semana es como palear carbón en un carguero o intentar subir por una escalera mecánica que baja. Si descansabas, te quedabas atrás. Era difícil cumplir con los plazos.
 El premio del que me siento más orgulloso es el Premio SPUR 2009, que se otorga anualmente a obras destacadas sobre el Oeste americano, por el audio libro de mi novela Vendetta Canyon.

Vendetta Canyon, Stan Lynde

 Recibir el premio fue especialmente gratificante porque fue como una doble victoria: no solo escribí la novela, sino que también le puse voz a la grabación. Por cierto, les recomiendo mi serie de novelas del Oeste protagonizadas por Merlin Fanshaw, ayudante del alguacil federal Chance Ridgeway. Tienen acción, suspense y un humor irónico que ya es marca de la casa. Y se desarrollan en el territorio de Montana. De todos los lugares donde he vivido, Montana es mi favorito. Una vez dibujé una página dominical con Rick y Hipshot cabalgando por sus montañas. Rick hablaba sin parar de todas las iglesias famosas e históricas del mundo y de cómo ninguna se comparaba con la belleza de las montañas. Hipshot estaba de acuerdo, pero añadió: «No seas tan duro con esas maravillas hechas por el hombre. Estas montañas tuvieron un arquitecto mejor».
Tiras de prensa de Látigo, de Stan Lynde
stanlynde.net
 Bueno, desgraciadamente fallecí de un cáncer de pulmón el 6 de agosto de 2013 en Helena, Montana, a los 81 años, apenas dos meses antes de cumplir 82. Es por ese motivo que tengo que volver con el Boss. Gracias a los amigos de Laramie por el mimo y el cuidado que han puesto en la edición de este álbum. Espero que disfruten con las aventuras de Cole "Látigo" Cantrell tanto como yo cuando las creé.
Cole "Látigo" Cantrell, de Stan Lynde
stanlynde.net
 No quería decirles adiós sin compartir con ustedes lo que me dijo mi padre una vez: «A medida que avances en la vida, dejarás huellas. Asegúrate de que las tuyas sean claras y definidas». Con el tiempo, lo comprendí como una lección de vida: «Vive de tal manera que no tengas nada que ocultar».
 Lean, cabalguen y permanezcan en el lado correcto de la ley.
 Goodbye!
Los detalles biográficos del prólogo están sacados del artículo Stan Lynde by Stan Lynde, publicado en la revista True West Magazine el 4 de octubre de 2011.