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martes, 19 de mayo de 2026

PATAGONIA, OTRO ESPECIAL DE TEX


Tex. Patagonia (Laramie Ediciones, 2026)
Fotografía: Pedro Delgado

Basta bucear un poco en la historia de la República Argentina para ver que es una nación construida sobre el exterminio de la población nativa. Como ya ocurriera en Estados Unidos, los territorios indígenas fueron una tierra que conquistar, y sus moradores –pampas, ranqueles, mapuches, tehuelches...–, pueblos a los que someter. La mayoría de las veces, a sangre y fuego.

 Por supuesto, la posición oficial dentro del país es que se trató de una gesta militar legítima sobre territorios heredados del Imperio español, y que fue una respuesta a las matanzas y robos perpetuados por los malones indígenas sobre la frontera, pero hoy día está claro que fue una invasión ilegítima en la que se cometieron crímenes de lesa humanidad sobre los pobladores originarios de la región.

 Dicho esto, les hablaré del segundo Texone que acaba de publicar Laramie Ediciones, cuya historia se desarrolla en las campañas previas a la Conquista del Desierto, realizada entre 1878 y 1885, en la que la República Argentina se hizo con esas grandes extensiones de territorio indígena.

 A finales de 1875, cuando los indígenas volvieron a reorganizarse y a luchar contra el avance de la frontera sur de la Argentina, Adolfo Alsina, ministro de Guerra bajo la presidencia de Nicolás Avellaneda, presentó al gobierno un plan que buscaba poblar el desierto mediante el entendimiento con los indígenas, y no con su aniquilación. Para ello, firmó un tratado de paz con el cacique Juan José Catriel, quien rompió dicho pacto junto a Manuel Namuncurá al asaltar el puesto avanzado de Belgrano y las poblaciones bonaerenses de Tres Arroyos, Tandil, Azul y Olavarría.

 Justo aquí, en el asalto a Belgrano, se inicia Patagonia. Cuando sombras fantasmagóricas armadas con arcos y lanzas intentan tomar el puesto militar avanzado.

Inicio de Patagonia, el Especial de Tex de Boselli y Frisenda (Laramie)
Fotografía: Pedro Delgado

 Es agosto, una fría mañana invernal en el hemisferio Sur, y sobre la fortificación y las zanjas que la rodean se eleva una niebla espesa que se alía con los asaltantes. Un centinela presiente algo, agudiza la mirada y antes de que dé la voz de alarma, un sonido de aspas rompe el aire y una certera boleadora atraviesa el espacio para noquearlo.

Páginas 4 y 5 de Patagonia, Tex de Boselli y Frisenda (Laramie Ediciones)
Fotografía: Pedro Delgado

 Las sombras se mueven en silencio, y con el mismo sigilo la muerte se va apoderando poco a poco de la guarnición. Para cuando el teniente se topa con el rostro de Calfucurá, jefe de los tehuelches, ya es tarde para los uniformados. Tampoco el encargado del telégrafo ha podido comunicar la noticia a los puestos cercanos, situados a una decena de kilómetros los unos de los otros.

Páginas 6 y 7 de Patagonia, especial de Tex de Boselli y Frisenda
Fotografía: Pedro Delgado

Páginas 8 y 9 de Patagonia, especial de Tex de Boselli y Frisenda
Fotografía: Pedro Delgado

 Luego, los indígenas se dirigen a Tres Arroyos, pueblo de colonos a pocas millas de la "nueva frontera del sur", habitado por familias de ganaderos.

Páginas 10 y 11 del especial de Tex, Patagonia (Laramie Ediciones)
Fotografía: Pedro Delgado

 Las viñetas nos remiten al lejano Oeste, aunque estas se desarrollan a muchísimos kilómetros de allí, en Patagonia, donde los militares argentinos tienen el papel del séptimo de caballería y los mapuches y los otros pueblos originarios el de las conocidas tribus de las praderas.

 Sin embargo, aquí hay un elemento añadido: la zanja, una estructura defensiva compuesta por empalizada, foso y terraplén, obra del jefe del estado mayor, el general Adolfo Alsina; inspirada directamente en las fortificaciones de otro pueblo, este bien lejano en el tiempo: los antiguos romanos, que las construyeron para mantener alejados a los pictos y a otros bárbaros de sus fronteras.

Viñeta con el mapa de la frontera en el que aparece la zanja
Patagonia, de Boselli y Frisenda (Laramie Ediciones)

 Ustedes leerán que la zanja pretendía proteger los "territorios civilizados" de Argentina de las incursiones de los "indios salvajes" de la Patagonia, pero también saben lo que les conté al inicio. De todas maneras, esa trinchera que cubre la zona correspondiente a los poblados indios más beligerantes, como los de Calfucurá y Sayelque no ha servido para detener la incursión del primero sobre el pueblo de Tres Arroyos ni los otros malones.

Viñeta del cómic Patagonia, especial de Tex de Boselli y Frisenda
Laramie Ediciones, 2026

 Aquellos sangrientos asaltos pusieron en peligro la política de buena vecindad y de diálogo con los indígenas del ministro Alsina*, que ante las críticas de la prensa se vio obligado a preparar una expedición militar para arrestar a los cabecillas más beligerantes, liberar a los prisioneros y lograr que las tolderías más pacíficas firmen un tratado de paz con los blancos. De ahí que el Sr. Luján, agregado militar de la embajada de la República Argentina en Washington se haya reunido con Tex Willer y Kit Carson para que les ayuden en la negociación.

Viñeta del cómic Patagonia, especial de Tex de Boselli y Frisenda
Laramie Ediciones, 2026

 Para ello, le entrega a Tex una carta del Mayor Mendoza y su nombramiento como jefe de la patrulla de exploradores de la expedición.

 En esas primeras páginas del cómic, se nos presenta la figura de Tex sin su icónica camisa amarilla. Viste al modo navajo, y junto a él, además de su amigo Kit Carson, que en esta aventura tendrá poca participación, aparece su hijo Kit, fruto de la relación de Tex con Lylith, hija de un jefe de la nación navajo.

 Luego, cuando embarquen hacia Buenos Aires y tomen el ferrocarril hacia la Pampa, vestirán al modo vaquero.

Página 39 de Patagonia, especial de Tex
Laramie Ediciones

 En el hemisferio austral les aguardan –y a nosotros los lectores– ñandús, gauchos, soldados, indios y un sinfín de trepidantes aventuras.

Página 43 de Patagonia, especial de Tex
Laramie Ediciones, 2026

 El guion corre a cargo de Mauro Boselli (Milán, 1953), guionista de la casa Sergio Bonelli Editore y encargado desde 2012 de la edición de Tex. Y el apartado gráfico es obra de Pasquale Frisenda (Milán, 1970), con su característico y espectacular manejo de los blancos y negros, que transmite sabiamente dinamismo en las viñetas de acción y serenidad en las escenas más costumbristas, convirtiendo muchas de las viñetas en auténticas obras de arte.

Viñeta de Patagonia, especial de Tex de Boselli y Frisenda

Viñeta de Patagonia, especial de Tex de Boselli y Frisenda

Viñeta de Patagonia, especial de Tex de Boselli y Frisenda

Viñeta de Patagonia, especial de Tex de Boselli y Frisenda

Viñeta de Patagonia, especial de Tex (Laramie Ediciones)

 Reserven unas horas para su cita con Tex. Ceben previamente sus calabazas de mate y prepárense para asistir a duelos gauchos, cabalgadas de lanzados tehuelches, descargas de fusiles y carabinas, lluvias de flechas y combates cuerpo a cuerpo.

Página 121 de Patagonia (Boselli-Frisenda)
Laramie Ediciones

Página 122 de Patagonia (Boselli-Frisenda)
Laramie Ediciones

Página 159 de Patagonia (Boselli-Frisenda)
Laramie Ediciones

 Y al terminar, quédense contemplando esas páginas con extras de Frisenda: estudios, bocetos e ilustraciones que uno quisiera enmarcar, como esa pequeña lámina que incluía mi ejemplar de Patagonia.

Bocetos de Pasquale Frisenda para Patagonia (Laramie)

Ilustración de Pasquale Frisenda, cortesía de Laramie Ediciones

*Nota histórica: Tras el fallecimiento del ministro Adolfo Alsina, el cargo recayó en el general Julio Argentino Roca, defensor a ultranza de la guerra y del no entendimiento con los indígenas, que comandaría con mano dura la Campaña del Desierto del año 1879.

 A mí me han quedado ganas de profundizar en el tema, por eso me anoto el libro que nos muestra nuestro hombre de Laramie en la penúltima página, con esa portada impresionante de Eleodoro Marenco: Epopeya del desierto en el sur argentino (Circulo militar).

Epopeya del desierto en el sur argentino
Circulo Militar

P.D.: Pueden leer mi anterior reseña de Tex. El valle del terror clicando sobre el siguiente enlace.

https://cartadesdeeltoubkal.blogspot.com/2026/04/vuelve-tex-el-ranger-de-la-camisa.html

Cierre de Laramie para su segundo Texone

lunes, 22 de noviembre de 2021

EL AÑO QUE NO VIAJÉ A BUENOS AIRES


El año que no viajé a Buenos Aires, de Saray Encinoso (Ediciones Menguantes)
Fotografía: Lucía Rodríguez

Hace dos semanas llegó una alumna nueva al instituto en el que trabajo. A esta altura de curso, me pareció extraño. Fue al oírla decir su nombre cuando noté su origen argentino. Le pregunté si venía de allá, y me dijo que sí. Entonces quise saber de qué ciudad, y al hacerlo estuve tentado de imitar su acento bonaerense, como un acto de empatía, pero temí que pensara que su profesor de Ed. Física era un boludo y me contuve. Me dijo que venía de Mar de Plata. Le comenté que había estado un día entero en Buenos Aires en el año 2008, mientras aguardaba una conexión aérea a Bolivia, y volvió a repetirme que ella era de Mar de Plata.

 Uno no cambia de ciudad, ni de país, como el que cambia un cromo. No. Uno cambia de vida, y tiene que haber un buen motivo, una razón poderosa para ello. Le pregunté qué motivo la había llevado a mudarse acá, y me dijo que muchos: el encarecimiento de la vida («no alcanza con lo que vos ganás»), la falta de futuro, la delincuencia...

 Realmente los argentinos son especialistas en encadenar una crisis económica con otra, así que lo único que pude darle fue la bienvenida. 

 Al contrario que mi alumna, la autora de El año que no viajé a Buenos Aires, la tinerfeña Saray Encinoso Brito, decidió realizar ese mismo viaje pero en sentido inverso.

 En enero de 2020, sin saber lo que iba a ocurrir unos meses después, tuvo el impulso de comprar unos billetes de avión a Buenos Aires, un viaje con el que llevaba mucho tiempo soñando, un anhelo heredado de su padre. Aterrizaría allí en verano, nuestro verano, porque allí sería invierno, ese que llamamos invierno austral.

Hice clic en el botón para que me cargaran el importe de los billetes en la cuenta corriente sin sospechar lo que se avecinaba. (…) Luego llegó marzo y todas las predicciones se rompieron en mil pedazos.
***
Lo que me daba la sensación de estar tocando con la yema de los dedos se alejó de repente y volvió a ser lo que siempre había parecido, un objetivo inalcanzable. Ni siquiera duró lo suficiente como para permitirme disfrutar de uno de los placeres del viaje: los preparativos.

 La pandemia dio al traste con sus planes, como seguramente le ocurrió a muchos de ustedes. Sin embargo, ella supo cruzar el Atlántico sin moverse de su casa. Y no solo hizo eso. También escribió este libro originalísimo que es una verdadera delicia.

El nombre de Buenos Aires siempre me ha parecido una invitación al optimismo. Su origen está en la patrona católica de los navegantes sevillanos, Nuestra Señora del Buen Ayre. Cuentan que el conquistador español Pedro de Mendoza dio ese nombre a la ciudad en su honor, pero prefiero pensar que en realidad lo hizo alguien que un día desembarcó allí y notó que el viento fresco de la ciudad le despejaba la cara, se le metía por las cuencas de los ojos y le hacía ver la vida de otra forma. Como si no fuera necesario pensar constantemente en un horizonte.

 La primera conexión que tuvo Saray Encinoso con Argentina fue a través de la música que escuchaba su padre.

La música ya me había servido como excusa para descubrir parte de la historia de Argentina: los vuelos de la muerte, el tesón de las madres de la Plaza de Mayo o los cientos de fallecidos que escondían aquellas islas que también respondían al nombre de Falkland Islands.

 Y la segunda fue al enterarse de que su bisabuelo había nacido en Buenos Aires, adonde habían emigrado sus tatarabuelos «cuando Argentina se abrió al mundo y empezó a recibir a ciudadanos de muchos puntos del planeta. (…) Según las cifras del censo de 1914, una tercera parte de los habitantes del país estaba compuesta por foráneos, (…) sobre todo, italianos y españoles, pero también europeos del Este. La personalidad de la ciudad –desde la gastronomía hasta la pasión por el teatro o la música– no se entendería sin ellos».

Permanecieron allí solo durante unos años, el tiempo suficiente para que algunos de sus hijos fallecieran de las enfermedades propias de la época y para darse cuenta de que el milagro de la emigración no era tal. Acabaron dando media vuelta y regresando a Tenerife.

 Saray Encinoso acompaña esta guía imaginaria con un listado de canciones, libros, películas y series que la ayudaron a sentir Argentina cuando aún no había salido de Tenerife, cuando recorría Buenos Aires en su cabeza.

 Junto a ese viaje imaginario, Saray Encinoso nos habla de otros viajes reales a la antigua Yugoslavia, Japón, Noruega, Qatar…, y nos lleva a reflexionar sobre por qué viajamos, las variadas formas de hacerlo y cómo nos preparamos para esa aventura. También denuncia cómo el turismo está sentenciando a muchas ciudades.

Quizás estamos asistiendo a un «urbanicidio bienintencionado» (…). Es decir, a la agonía de muchas ciudades que durante siglos fueron opulentas y frenéticas, que sobrevivieron a guerras, plagas y terremotos y que ahora han quedado reducidas a meras representaciones turísticas de lo que fueron.

Y nos interroga sobre muchas otras cuestiones, entre ellas las fronteras visibles e invisibles que no están en los mapas o el postureo que se da en las redes.

¿Viajámos porque queremos conocer otro lugar o elegimos el lugar al que viajar con la pretensión última de que este también defina quiénes somos? ¿Pensamos antes en la foto que nos vamos a sacar que en lo que significa para nosotros estar en ese lugar? (…) La industria turística sabe muy bien que estamos más preocupados por quiénes queremos que los demás piensen que somos que por ver, sentir, oler, saborear.

 Sobre este librito (apenas tiene 100 páginas) planea el mimo y el detalle que pone Ediciones Menguantes en cada uno de sus trabajos, desde la fotografía de la portada al código QR para descargarte el playlist con la banda sonora que acompaña al texto, y que incluye una canción que me encanta (Patagonia, de Xoel López) y que tengo de fondo mientras remato esta reseña. Por cierto, la autora incluyó en su lista a Ariel Rot, pero no a Alejo Stivel, y uno, que de adolescente adoraba a su banda y todavía conserva algunos casetes y vinilos de sus álbumes, se extraña por la ausencia de Tequila en el listado.


 Volviendo al objeto de la entrada, y para cerrar, les voy a plantear un reto, un desafío para aquellos que aman los viajes y la pandemia les abortó el que tenían programado. Lean este libro, analicen con atención sus páginas y, tras ello, prueben a imitar a Saray y escriban su propio texto. El año que no viajé a ¿...? Así podrán tachar una de esas tres cosas que, según el poeta cubano José Martí, todos debemos hacer en la vida. Después de eso, plantar un árbol y tener un hijo les parecerá cosa fácil.

 Y viajen siempre. No dejen de viajar. Físicamente o a través de los libros.

Dedicatoria y cita viajera de José Saramago
El año que no viajé a Buenos Aires, Ediciones Menguantes
Fotografía: Lucía Rodríguez

Nota: Los textos de color naranja pertenecen a la segunda edición de El año que no viajé a Buenos Aires, de Saray Encinoso Brito, publicada por Ediciones Menguantes en julio de 2021.