Látigo, de Stan Lynde (Laramie Ediciones). Fotografía: Pedro Delgado
El personaje de las tiras de prensa de las que voy a hablarles se llama Cole Cantrell, aunque muchos lo conocen por "Látigo". El apodo no hace referencia al azote largo, delgado y flexible que se nos viene a la cabeza, sino a la cuerda o correa con que se asegura y aprieta la cincha de la silla de montar.
Por las venas de Cole "Látigo" Cantrell corre sangre irlandesa e indígena, de la tribu de los crow. Capitán del ejercito unionista durante la guerra civil estadounidense, ejerció de explorador para la caballería en Fort Savage.
Tiras de prensa de Látigo, de Stan Lynde (Laramie Ediciones)
Tras la guerra de Secesión y un grave incidente con un comandante, se convirtió en ayudante del marshal federal Hoodoo Hawks y en marshal de Rimfire, en el territorio de Montana. Del mismo estado de Montana es Stan Lynde, el autor de estas tiras de prensa. En ellas se aúnan un guion que funciona con un dibujo limpio y preciosista que las convierte en un clásico del género.
Tiras de prensa de Látigo, de Stan Lynde (Laramie Ediciones)
Esta edición, que es un capricho que ha querido darse Alberto Simón, nuestro hombre de Laramie, incluye dos historietas: La senda de la venganza y El marshal de Rimfire.
La senda de la venganza, historieta de Stan Lynde (Laramie)
El marshal de Rimfire, historieta de Stan Lynde (Laramie)
Alberto Simón me pidió que escribiese un texto para la edición de este volumen que acaba de llegar a las librerías, y yo decidí resucitar al propio Lynde para que fuera él quien les hablara de sí mismo y de sus más emblemáticos personajes. Les dejo aquí el resultado.
Stan Lynde
LYNDE, MONTANA Y TIRAS DE PRENSA (WESTERN)
Por Pedro Delgado Fernández
Hey, guys!
Soy Stan Lynde. Estando con el Boss me enteré de que Laramie iba a publicar mis tiras de prensa de Látigo en España; así que, como aquí en el cielo la vida es un tanto tranquila y hay tiempo de sobra para todo, me he puesto a escribirles estas líneas a modo de presentación, pues me ha llegado hasta aquí arriba que soy un gran desconocido en su país. Afortunadamente, en Estados Unidos soy alguien muy popular, gracias a mis tiras de prensa y novelas ambientadas en el Oeste.
Rick O'Shay "Happy Birthday, Boss" Imagen: stanlynde.net
Pero déjenme que empiece por el principio. Nací en Billings, en el estado de Montana, el 23 de septiembre de 1931, es decir, en plena Gran Depresión. Mi padre se consideraba afortunado de encontrar trabajo pastoreando ovejas por 30 dólares al mes en las vastas praderas de la reserva indígena de los crow, en el sureste de Montana. Él seguía a las ovejas en busca de pastos frescos y mi madre y yo lo seguíamos a él, viviendo en carretas, tiendas de campaña, refugios, cabañas y ranchos. Así fue como me crié en un mundo de vaqueros, rancheros y nativos americanos. En el rancho de mi padre aprendí que ninguna tarea estaba por debajo de mí, y que si había que hacer un trabajo, alguien tenía que hacerlo.
Cuando tenía cinco años, descubrí que los cómics los escribían y dibujaban personas llamadas caricaturistas. Jamás se me había ocurrido que alguien pudiera escribir y dibujar tiras de cómics; pensaba que era una especie de maravilla natural, como el géiser Old Faithful o el Gran Cañón. Desde ese día me propuse convertirme en uno de ellos –mis preferidos eran Red Ryder, de Fred Harman, Terry and the Pirates, de Milton Caniff, Li'l Abner, de Al Capp, y muchos otros, pero sobre todo Prince Valiant, de Hal Foster–. Años después, publiqué mi primera tira cómica: Rick O'Shay, donde transmitía los valores rurales que adquirí en mi infancia y compartía las mismas actitudes y valores que tienen, y han tenido antes que yo, las personas que han crecido en contacto directo con la tierra y la naturaleza. De paso, desde la perspectiva del Oeste auténtico en el que me crié, satirizaba el western ficticio que se veía en algunas series de televisión.
Rick O'Shay, tiras de prensa de Stan Lynde Imagen: stanlynde.net
A lo largo de casi veinte años, Rick O'Shay se hizo con un público fiel. Incluso ahora, tantísimos años después de haber dibujado la última tira, aún sigo recibiendo mensajes de lectores que crecieron con ella y con sus protagonistas, Rick, el pistolero Hipshot y su gata Belle Starr.
Hipshot y su gata Belle Starr stanlynde.net
Mi segunda tira de prensa, Látigo, comenzó a publicarse el 25 de junio de 1979, y se mantuvo durante cuatro años, hasta el 7 de mayo de 1983. La historieta, un western más serio, estaba protagonizada por un héroe fuerte y capaz que se enfrentaba a villanos astutos y despiadados, pero los malhechores iban más allá de los tradicionales cuatreros, forajidos y maleantes, apareciendo también los magnates codiciosos y sin escrúpulos del siglo XIX, que se servían de los anteriores para obtener beneficio económico sin responder ante la ley.
Látigo, de Stan Lynde (stanlynde.net)
Tras Rick O'Shay y Látigo vino Grass Roots, pero he de confesarles que no echo de menos el ritmo frenético que supone escribir y dibujar una tira de prensa. Créanme, producir seis tiras y una página dominical cada semana es como palear carbón en un carguero o intentar subir por una escalera mecánica que baja. Si descansabas, te quedabas atrás. Era difícil cumplir con los plazos.
El premio del que me siento más orgulloso es el Premio SPUR 2009, que se otorga anualmente a obras destacadas sobre el Oeste americano, por el audio libro de mi novela Vendetta Canyon.
Vendetta Canyon, Stan Lynde
Recibir el premio fue especialmente gratificante porque fue como una doble victoria: no solo escribí la novela, sino que también le puse voz a la grabación. Por cierto, les recomiendo mi serie de novelas del Oeste protagonizadas por Merlin Fanshaw, ayudante del alguacil federal Chance Ridgeway. Tienen acción, suspense y un humor irónico que ya es marca de la casa. Y se desarrollan en el territorio de Montana. De todos los lugares donde he vivido, Montana es mi favorito. Una vez dibujé una página dominical con Rick y Hipshot cabalgando por sus montañas. Rick hablaba sin parar de todas las iglesias famosas e históricas del mundo y de cómo ninguna se comparaba con la belleza de las montañas. Hipshot estaba de acuerdo, pero añadió: «No seas tan duro con esas maravillas hechas por el hombre. Estas montañas tuvieron un arquitecto mejor».
Tiras de prensa de Látigo, de Stan Lynde stanlynde.net
Bueno, desgraciadamente fallecí de un cáncer de pulmón el 6 de agosto de 2013 en Helena, Montana, a los 81 años, apenas dos meses antes de cumplir 82. Es por ese motivo que tengo que volver con el Boss. Gracias a los amigos de Laramie por el mimo y el cuidado que han puesto en la edición de este álbum. Espero que disfruten con las aventuras de Cole "Látigo" Cantrell tanto como yo cuando las creé.
Cole "Látigo" Cantrell, de Stan Lynde stanlynde.net
No quería decirles adiós sin compartir con ustedes lo que me dijo mi padre una vez: «A medida que avances en la vida, dejarás huellas. Asegúrate de que las tuyas sean claras y definidas». Con el tiempo, lo comprendí como una lección de vida: «Vive de tal manera que no tengas nada que ocultar».
Lean, cabalguen y permanezcan en el lado correcto de la ley.
Goodbye!
Los detalles biográficos del prólogo están sacados del artículo Stan Lynde by Stan Lynde, publicado en la revista True West Magazine el 4 de octubre de 2011.
Colt & Coal, de Brugeas y Mr. Fab (Cartem Cómics) Fotografía: Pedro Delgado
La promesa de una vida mejor en el viejo Oeste y la fiebre de la minería para impulsar el ferrocarril sirven de telón de fondo a Colt & Coal, el último western crepuscular que acaba de editar Cartem Cómics, con guión de Vincent Brugeas (Eaubonne, Francia, 1985) y dibujos de Fabrice Meddour (Châteauroux, Francia, 1966), más conocido artísticamente como Mr. Fab.
Vincent Brugeas y Mr. Fab
Colt & Coal se alza en su conjunto como un perfecto ejemplo de lo que fue la construcción de una sociedad en aquella tierra de oportunidades, con todas sus contradicciones y contrasentidos. Los sueños de los que iban de un lado para otro buscando prosperar, y las ilusiones de los que ya habían echado raíces y alcanzado, muchas veces a costa de los primeros, esa prosperidad.
Páginas 12 y 13 de Colt & Coal, de Brugeas y Mr. Fab (Cartem Cómics) Fotografía: Pedro Delgado
Las páginas de Colt & Coal pertenecen a un género singular que no se ha frecuentado mucho: el western thriller. Y este tiene un final inesperado que no te ves de venir.
Página 9 de Colt & Coal (Cartem Cómics)
Vincent Brugeas sabe crear tensión al lector, y la sensación de peligro constante hace que devoremos el cómic de una tacada. Y luego está el estilo de Mr. Fab, cuyo dibujo, rotulación y color convierten cada página en una obra de arte.
Páginas 50 y 51 de Colt & Coal, de Brugeas y Mr. Fab (Cartem Cómics) Fotografía: Pedro Delgado
Narración e imagen se dan la mano para plantear cuestiones muy interesantes sobre la colonización de los territorios, la convivencia, los prejuicios, la lucha de clases, el poder, la justicia, el amor y las paradojas del ser humano. Es un cómic con mucho ritmo, en el que siempre están sucediendo cosas, pero en el que también hay pequeños momentos contemplativos, en los que el paisaje, los escenarios naturales, se adueñan de la viñeta.
Viñeta de Colt & Coal, de Brugeas y Mr. Fab (Cartem Cómics)
Colt & Coal (Cartem Cómics)
Viñeta de Colt & Coal, de Brugeas y Mr. Fab (Cartem Cómics)
Por motivos obvios, no les desvelaré mucho de la trama, que se desarrolla en Newcastle, una ciudad minera en el condado de Weston, Wyoming. Estamos en 1894, y los mineros que excavan galerías en las laderas de las montañas, usando picos y dinamita, se agrupan por nacionalidades, defendiendo la mina y cuidando unos de otros. Los que aparecen en Colt & Coal son del este de Europa, checoslovacos concretamente. Y en sus rostros, manchados de carbón, se puede ver la fatiga y los estragos de la dura vida que llevan. La aparición del capataz de la mina, asesinado en su tienda de campaña, iniciará una investigación marcada por intereses económicos, en la que el sheriff Jim Teasle y su ayudante Sam tendrán que actuar bajo presión; un caso que adquirirá tintes políticos y en el que pronto se verán sobrepasados.
Viñeta de Colt & Coal, de Brugeas y Mr. Fab El sheriff y su ayudante
Decía Lee Marvin en La leyenda de la ciudad sin nombre (Joshua Logan, 1969) que había dos clases de gente en el mundo: los que van a alguna parte y los que no van a ninguna. Aquellos mineros, que tenían marcado el sentido aventurero tanto como los pómulos, pertenecían al primer grupo. Muestra de ello es que las ciudades mineras desaparecían con la misma rapidez con que surgían. En cuanto se extraía el último gramo de oro, de carbón o de lo que se terciara, nada retenía a la gente allí. Recogían sus bártulos y se dirigían al siguiente yacimiento, dejando una ciudad fantasma a sus espaldas. Aquí tienen la oportunidad de ver qué ocurría en una de ellas antes de ser abandonada. La editorial lo ha calificado como un western social, pero creanme que esto es un thriller. Un buen thriller a todo color –espectacular esas páginas en las que el fuego parece devorarlo todo–.
Detalle viñetas de Colt & Coal, de Brugeas y Mr. Fab (Cartem Cómics)
Y ya que he mencionado a Lee Marvin, me van a permitir que cierre esta reseña con Wandering Star (Estrella errante), el entrañable tema de la película mencionada. Seguro que ustedes también la han tarareado un montón de veces.
Tex. Patagonia (Laramie Ediciones, 2026) Fotografía: Pedro Delgado
Basta bucear un poco en la historia de la República Argentina para ver que es una nación construida sobre el exterminio de la población nativa. Como ya ocurriera en Estados Unidos, los territorios indígenas fueron una tierra que conquistar, y sus moradores –pampas, ranqueles, mapuches, tehuelches...–, pueblos a los que someter. La mayoría de las veces, a sangre y fuego.
Por supuesto, la posición oficial dentro del país es que se trató de una gesta militar legítima sobre territorios heredados del Imperio español, y que fue una respuesta a las matanzas y robos perpetuados por los malones indígenas sobre la frontera, pero hoy día está claro que fue una invasión ilegítima en la que se cometieron crímenes de lesa humanidad sobre los pobladores originarios de la región.
Dicho esto, les hablaré del segundo Texone que acaba de publicar Laramie Ediciones, cuya historia se desarrolla en las campañas previas a la Conquista del Desierto, realizada entre 1878 y 1885, en la que la República Argentina se hizo con esas grandes extensiones de territorio indígena.
A finales de 1875, cuando los indígenas volvieron a reorganizarse y a luchar contra el avance de la frontera sur de la Argentina, Adolfo Alsina, ministro de Guerra bajo la presidencia de Nicolás Avellaneda, presentó al gobierno un plan que buscaba poblar el desierto mediante el entendimiento con los indígenas, y no con su aniquilación. Para ello, firmó un tratado de paz con el cacique Juan José Catriel, quien rompió dicho pacto junto a Manuel Namuncurá al asaltar el puesto avanzado de Belgrano y las poblaciones bonaerenses de Tres Arroyos, Tandil, Azul y Olavarría.
Justo aquí, en el asalto a Belgrano, se inicia Patagonia. Cuando sombras fantasmagóricas armadas con arcos y lanzas intentan tomar el puesto militar avanzado.
Inicio de Patagonia, el Especial de Tex de Boselli y Frisenda (Laramie) Fotografía: Pedro Delgado
Es agosto, una fría mañana invernal en el hemisferio Sur, y sobre la fortificación y las zanjas que la rodean se eleva una niebla espesa que se alía con los asaltantes. Un centinela presiente algo, agudiza la mirada y antes de que dé la voz de alarma, un sonido de aspas rompe el aire y una certera boleadora atraviesa el espacio para noquearlo.
Páginas 4 y 5 de Patagonia, Tex de Boselli y Frisenda (Laramie Ediciones) Fotografía: Pedro Delgado
Las sombras se mueven en silencio, y con el mismo sigilo la muerte se va apoderando poco a poco de la guarnición. Para cuando el teniente se topa con el rostro de Calfucurá, jefe de los tehuelches, ya es tarde para los uniformados. Tampoco el encargado del telégrafo ha podido comunicar la noticia a los puestos cercanos, situados a una decena de kilómetros los unos de los otros.
Páginas 6 y 7 de Patagonia, especial de Tex de Boselli y Frisenda Fotografía: Pedro Delgado
Páginas 8 y 9 de Patagonia, especial de Tex de Boselli y Frisenda Fotografía: Pedro Delgado
Luego, los indígenas se dirigen a Tres Arroyos, pueblo de colonos a pocas millas de la "nueva frontera del sur", habitado por familias de ganaderos.
Páginas 10 y 11 del especial de Tex, Patagonia (Laramie Ediciones) Fotografía: Pedro Delgado
Las viñetas nos remiten al lejano Oeste, aunque estas se desarrollan a muchísimos kilómetros de allí, en Patagonia, donde los militares argentinos tienen el papel del séptimo de caballería y los mapuches y los otros pueblos originarios el de las conocidas tribus de las praderas.
Sin embargo, aquí hay un elemento añadido: la zanja, una estructura defensiva compuesta por empalizada, foso y terraplén, obra del jefe del estado mayor, el general Adolfo Alsina; inspirada directamente en las fortificaciones de otro pueblo, este bien lejano en el tiempo: los antiguos romanos, que las construyeron para mantener alejados a los pictos y a otros bárbaros de sus fronteras.
Viñeta con el mapa de la frontera en el que aparece la zanja Patagonia, de Boselli y Frisenda (Laramie Ediciones)
Ustedes leerán que la zanja pretendía proteger los "territorios civilizados" de Argentina de las incursiones de los "indios salvajes" de la Patagonia, pero también saben lo que les conté al inicio. De todas maneras, esa trinchera que cubre la zona correspondiente a los poblados indios más beligerantes, como los de Calfucurá y Sayelque no ha servido para detener la incursión del primero sobre el pueblo de Tres Arroyos ni los otros malones.
Viñeta del cómic Patagonia, especial de Tex de Boselli y Frisenda Laramie Ediciones, 2026
Aquellos sangrientos asaltos pusieron en peligro la política de buena vecindad y de diálogo con los indígenas del ministro Alsina*, que ante las críticas de la prensa se vio obligado a preparar una expedición militar para arrestar a los cabecillas más beligerantes, liberar a los prisioneros y lograr que las tolderías más pacíficas firmen un tratado de paz con los blancos. De ahí que el Sr. Luján, agregado militar de la embajada de la República Argentina en Washington se haya reunido con Tex Willer y Kit Carson para que les ayuden en la negociación.
Viñeta del cómic Patagonia, especial de Tex de Boselli y Frisenda Laramie Ediciones, 2026
Para ello, le entrega a Tex una carta del Mayor Mendoza y su nombramiento como jefe de la patrulla de exploradores de la expedición.
En esas primeras páginas del cómic, se nos presenta la figura de Tex sin su icónica camisa amarilla. Viste al modo navajo, y junto a él, además de su amigo Kit Carson, que en esta aventura tendrá poca participación, aparece su hijo Kit, fruto de la relación de Tex con Lylith, hija de un jefe de la nación navajo.
Luego, cuando embarquen hacia Buenos Aires y tomen el ferrocarril hacia la Pampa, vestirán al modo vaquero.
Página 39 de Patagonia, especial de Tex Laramie Ediciones
En el hemisferio austral les aguardan –y a nosotros los lectores– ñandús, gauchos, soldados, indios y un sinfín de trepidantes aventuras.
Página 43 de Patagonia, especial de Tex Laramie Ediciones, 2026
El guion corre a cargo de Mauro Boselli (Milán, 1953), guionista de la casa Sergio Bonelli Editore y encargado desde 2012 de la edición de Tex. Y el apartado gráfico es obra de Pasquale Frisenda (Milán, 1970), con su característico y espectacular manejo de los blancos y negros, que transmite sabiamente dinamismo en las viñetas de acción y serenidad en las escenas más costumbristas, convirtiendo muchas de las viñetas en auténticas obras de arte.
Viñeta de Patagonia, especial de Tex de Boselli y Frisenda
Viñeta de Patagonia, especial de Tex de Boselli y Frisenda
Viñeta de Patagonia, especial de Tex de Boselli y Frisenda
Viñeta de Patagonia, especial de Tex de Boselli y Frisenda
Viñeta de Patagonia, especial de Tex (Laramie Ediciones)
Reserven unas horas para su cita con Tex. Ceben previamente sus calabazas de mate y prepárense para asistir a duelos gauchos, cabalgadas de lanzados tehuelches, descargas de fusiles y carabinas, lluvias de flechas y combates cuerpo a cuerpo.
Página 121 de Patagonia (Boselli-Frisenda) Laramie Ediciones
Página 122 de Patagonia (Boselli-Frisenda) Laramie Ediciones
Página 159 de Patagonia (Boselli-Frisenda) Laramie Ediciones
Y al terminar, quédense contemplando esas páginas con extras de Frisenda: estudios, bocetos e ilustraciones que uno quisiera enmarcar, como esa pequeña lámina que incluía mi ejemplar de Patagonia.
Bocetos de Pasquale Frisenda para Patagonia (Laramie)
Ilustración de Pasquale Frisenda, cortesía de Laramie Ediciones
*Nota histórica: Tras el fallecimiento del ministro Adolfo Alsina, el cargo recayó en el general Julio Argentino Roca, defensor a ultranza de la guerra y del no entendimiento con los indígenas, que comandaría con mano dura la Campaña del Desierto del año 1879.
A mí me han quedado ganas de profundizar en el tema, por eso me anoto el libro que nos muestra nuestro hombre de Laramie en la penúltima página, con esa portada impresionante de Eleodoro Marenco: Epopeya del desierto en el sur argentino (Circulo militar).
Epopeya del desierto en el sur argentino Circulo Militar
P.D.: Pueden leer mi anterior reseña de Tex. El valle del terror clicando sobre el siguiente enlace.
Decía el dibujante y guionista italiano Stefano Casini que en el momento en que veía un caballo, un sombrero y una pistola, volvía a ser un niño. Y eso mismo me pasa a mí cuando abro un tebeo o veo una película del Oeste.
Todos esos elementos que menciona Casini están en la portada de La ley del desierto (Laramie Ediciones, 2025), cambiando el revolver por un Winchester 73. Esa ilustración espléndida, sobre fondo amarillo, que se basta y sobra para que te lleves el cómic a casa, es obra del maestro Manuel Sanjulián (Barcelona, 1940), que el pasado verano cumplió 84 años de edad.
La ley del desierto, portada de Sanjulian (Laramie Ediciones, 2025)
Si Sanjulián fuese estadounidense, le caerían los homenajes a porrillo, pero como es español... el único homenaje que recibe es el de sus admiradores que, a la postre, quizás sea el más genuino. Por cierto, que recientemente Diábolo Ediciones publicó un libro con más de quinientas páginas en el que recoge toda su obra: ilustraciones de novelas, revistas, cómics y carteles de cine; más de quinientas páginas en las que toca todos los géneros: wéstern, terror, ciencia ficción, capa y espada, fantasía... Y todo en una edición de lujo cuya portada también te grita eso de «Llévame a casa».
Sanjulian. La fantasía ilustrada (Diábolo Ediciones)
La versión cómic del relato Law of the Desert Born –La ley del desierto en la edición de Laramie– es fruto del amor de un hijo por su padre y por el legado de este, pues Beau L'Amour, guionista junto a Katherine Nolan, es hijo y albacea literario del gran escritor de novelas del Oeste Louis L'Amour (Jamestown, Dakota del Norte, 1908–Los Ángeles, California, 1988), autor de en torno a un centenar de novelas y más de cuatrocientos relatos, entre las que podríamos mencionar Ruta Kiowa, Shalako, El pistolero de Cheyenne, Un hombre llamado Moon o Hondo.
Louis L'Amour con su hijo Beau Foto: cortesía de Louis D. y Katherine E. L'Amour Trust (Magazine Cowboys & Indians)
En 2013, Beau L'Amour eligió el relato breve Law of the Desert Born para llevarlo al mundo de las viñetas. Ese era el primero de los wésterns que Louis publicó al regresar de la guerra en Europa. Apareció en una revista pulp –Dime Western, abril 1946–, y aunque pronto cayó en el olvido, cuarenta años después lo incluyó y dio título a una colección de relatos que publicó Bantam Books.
Sin embargo, el cómic que ahora publica Laramie Ediciones no es exactamente igual que el relato que publicó su padre. Algo que nos cuenta el propio Beau L'Amour en el texto extra e interesantísimo que cierra el libro, y que lleva por título: La historia detrás de la historia.
Uno de los proyectos más interesantes que Louis creó antes de fallecer fueron los trabajos con la división de audiolibros de Bantam (ahora Random House) para producir una serie de audiodramatizaciones, unas adaptaciones de sus relatos breves inspiradas en las grandes radionovelas de los años treinta y cuarenta.
...Y aquí llego yo. Como buscaba trabajo y era el miembro de la familia que quería escribir y dirigir para el teatro y el cine, mi padre me acabó reclutando para supervisar la adaptación y producción de los audiolibros. Apenas un par de años después, papá falleció, mis responsabilidades crecieron y tuve que gestionar todas sus propiedades, un proceso que continúa hoy e incluye la creación de esta novela gráfica. [...]
Un verano, Jenny Frost, por entonces directora de los audiolibros Bantam, me pidió producir La ley del desiertoy convertirla en una audiodramatización. Lo normal era que yo eligiera los títulos en los que íbamos a trabajar, pero esa vez ya habíamos producido otros dos relatos de la colección de bolsillo de La ley del desierto y Jenny quería presentar los tres juntos, a modo de regalo de Navidad. Tenía sentido que el tercer relato fuese el que daba título a la colección.
Audiolibros de Louis L'Amour
No teníamos mucho tiempo de preparar nada para Navidad, así que llamé a Kathy Nolan y le dije que teníamos que sacar el proyecto adelante, a trancas y barrancas. Necesitábamos un programa que se titulase La ley del desierto. Hablamos de la historia y le di rienda suelta con el guion. Creo que tardó un mes, más o menos, en completarlo.
Unos cuantos días antes de la fecha de entrega, Kathy me llamó. Había cundido el pánico. Sabía que la fecha de entrega del guion era inamovible. A causa de las Navidades, el título ya figuraba en el catálogo de Bantam y había reservado el estudio de grabación. Me dijo que el guion era demasiado largo. Le había costado recortarlo y solo había conseguido dejarlo en unas noventa páginas, en lugar de las sesenta que necesitábamos.
Una de las complicaciones de hacer las audiodramatizaciones era que daba igual lo largos que fuesen los relatos de Louis (entre tres páginas y ochenta o noventa), el guion tenía que durar sesenta minutos. Los guiones tienen una página por minuto y yo siempre trabajaba con guionistas para estructurar las historias y que acabasen con cincuenta y ocho o sesenta y dos páginas y unas quince o veinte escenas. Implicaba recortar mucho el relato original o estirar las ideas del relato para conseguir el número de páginas que necesitábamos. Como tenía once páginas y poco argumento, a nadie le había preocupado que La ley del desierto fuese demasiado largo. ¡Menudos ingenuos!
Katherine, que solía entregar sesenta páginas exactas, se había pasado con el desarrollo. Por mi parte, le había dado alas porque a los dos nos preocupaba no tener suficiente material. Pero noventa páginas eran demasiadas y me preguntaba por qué no podía abreviarlo más. Con la certeza de que yo podría ajustarlo todo a la duración correcta, le dije que quedaríamos al día siguiente, lo leería y lo arreglaría.
A mediodía, yo también era presa del pánico. No bromeaba. No se podía recortar el guion sin despedazarlo.[...]
Teníamos setenta y dos hora. Ay.
Bueno, la necesidad es una virtud o algo así. Fingí una tranquilidad que no sentía, saqué un cuaderno y dije: «Vale, para que parezca el relato original, ¿qué es lo que hay que conservar?».
Dijo algo así como: «El final. Los dos tipos. La presa y el cazador se reúnen. Se hacen amigos».
Lo anoté. «Y para que tenga sentido –le dije–, han de pasar un calvario». Así que teníamos el principio... o más bien el final. Trabajamos marcha atrás y creamos una historia casi completamente nueva, nos imaginamos cada escena según la anterior hasta que tuvimos una estructura general.
Luego le dije que cogiera el cuaderno y que yo iba a contar la historia. Le pedí que apuntase todo lo que dijese que fuera nuevo y distinto. Todo lo que iba improvisando. Luego cogí el cuaderno y ella me contó la historia. De milagro, cada vez aparecía más material. Nos costó que la narrativa fuera lo más austera y sencilla posible. Después de unas cinco horas, teníamos todas las escenas esbozadas y casi la mitad del diálogo.
[...] El nuevo guion, aunque aún era mediocre, tenía una energía y una aspereza real que nos emocionó a los dos. Nos pasamos los próximos dos días escribiendo y reescribiendo, tapando agujeros de guion y puliendo las escenas. [...]
Louis L'Amour / Audio Cassettes
Un año o dos después [...] La ley del desierto aún me seguía susurrando al oído. A Kathy le pasaba igual. Teníamos ideas nuevas y nos solíamos acordar de la locura que había sido, de lo rápido que habíamos trabajado o de lo atípica que era la historia. Al final, dije que creía que aún les podíamos sacar más partido a los personajes y a las situaciones y que deberíamos convertirlo en un guion de cine. Kathy brincó de alegría.
[...] Al final creo que escribimos entre treinta y cuarenta borradores del guion.
Si el guión de La ley del desierto que escribió Beau L'Amour y Kathy Nolan vio la luz en forma de audiolibro, su transformación a guión de cine no llegó a hacerlo. A pesar de sus disgustos con los productores de Hollywood, Beau y Kathy no dejaron de mejorar el guión. Fue al conocer al editor y guionista Charles Santino –quien desarrolló la trama y el guion de Conan el Bárbaro para Marvel– cuando pensaron en publicarlo como una novela gráfica. Le presentaron el proyecto a Betsy Mitchell de Random House y... ¡Bingo!
Quisiera decir que Random House compró el relato y el resto es historia, pero la verdad es que ha supuesto un montón de trabajo. Charles Santino insistió en que había que despojar al guion de todo lo que no fuese esencial, y aunque imaginaba haberlo hecho hacía años, volví a cogerlo con ganas. ¡No hay nada como un contrato para espolear la creatividad y la constancia! Charles empezó el proceso de diseñar las viñetas y las páginas y le dio un ritmo nuevo a la historia (casi una minihistoria) desde la esquina superior izquierda a la esquina inferior derecha de cada par de páginas. Nos esmeramos en que la mayoría de las páginas no pasara de seis o siete viñetas y en que los diálogos no fuesen constantes. [...] Empecé a crear una hoja de estilo, una guía de cómo debía verse y sentirse la historia. También organicé un archivo de imágenes de ropa y localizaciones, atrezo y mapas.
Una vez Charles Santino adaptó el guion al formato cómics, llegó la elección del dibujante. Así fue como Thomas Yeates se unió al proyecto.
Thomas Yeates (California, 1955), ilustrador y dibujante de cómics Fotografía: ERBzine
Thomas Yeates era uno de los primeros graduados de la Escuela de cómics y Arte gráfico de Joe Kubert en Madison, Nueva Jersey. En 1978 hizo su primer trabajo profesional para DC Comics, una historia –Preacher– que apareció en Sgt. Rock.
Nº 312 de Sgt. Rock, portada de Joe Kubert e historieta dibujada por Thomas Yeates
A raíz de ello trabajó en otras series de DC, como Warlord, Mystery in Space, y Swamp Thing, más conocida por estos lares como La Cosa del Pantano.
En los 80, dibujó Timespirits para Marvel/Epic, y Airboy y Scout para Eclipse Comics. Para Pacific Comics creó Alien Worlds y Vanguard Ilustrated, y para TSR Fantasy ilustró la saga Dragonlance.
A principios de los 90 dibujó al que tal vez sea su personaje más querido, aquel que ya dibujaba de niño: Tarzán. Entre otras, realizó la serie Tarzán, The Beckoning y The Return of Tarzán –retomando el personaje en 2011 con la serie The Once & Future–.
Dibujo de Tarzán de Tom Yeates niño
Portada y página de la serie Tarzán,The Once & Future, de Thomas Yeates
Durante la misma época, Yeates dibujó Drácula versus Zorro para Topps Comics, y Tomahawk para DC.
Y a finales de los 90 dibujó la tira de prensa de El Zorro.
Tiras de prensas del domingo de El Zorro Don McGregor, Tod Smith y Thomas Yeates
En los 2000 dibujó junto a Cary Nord a Conan; hizo una historia de The Escapist para Dark Horse Comics; dibujó siete novelas gráficas para Lerner Publishing, entre las que se incluía El Rey Arturo, Odiseo y Robin Hood; e ilustró la novela John Carter de Marte, publicada por Fall River Press.
Ilustración de Thomas Yeates para John Carter de Marte
Los siguientes años los pasó ilustrando libros infantiles y juveniles de distintos autores, compaginando en 2011 esa labor con su regreso a Tarzán con el ya mencionado Tarzán, The Once & Future. Fue en esa época cuando comenzó a trabajar en Law Of The Desert Born, el wéstern de Louis L'Amour.
Law of The Desert Born, by Thomas Yeates Tira a la aguada sobre papel Bristol 30 x 40 cm
Law Of The Desert Born se publicó en 2013 en Estados Unidos y ganó cinco premios, siendo nominado al Premio Eisner en 2014.
Law Of The Desert Born, edición estadounidense
Aunque actualmente Thomas Yeates publica la tira de prensa de El Príncipe Valiente, algo que hace desde el 1 de abril de 2012 –año en el que obtuvo el premio Inkpot que otorga anualmente la Comic-com Internacional–, en España acaba de volver a la actualidad gracias a la mencionada edición en español –traducción de Miguel Sanz Jiménez– de La ley del desierto, una apuesta más de Laramie Ediciones por el wéstern.
Pág. 30 de La ley del desierto (Laramie Ediciones)
Dos son los protagonistas de La ley del desierto: Shad Marone, un cuatrero al que la vida había dado una segunda oportunidad, y Jesús López, un mestizo medio mexicano medio apache encarcelado, cuya única posibilidad de libertad reside en rastrear y encontrar al primero, prófugo de la justicia.
Ambientada a finales de 1887, La ley del desierto, que se abre con un asesinato, es una invitación a acompañar a López y a la patrulla del Sheriff en una cacería que nos llevará a adentrarnos en los desiertos más secos y ardientes de Nuevo México.
Leí La ley del desierto en lo que se tarda en ver un buen wéstern en la televisión o en el cine, y créanme que la sensación fue la misma. Si no se saltaron los textos anaranjados, comprenderán por qué la historieta es tan cinematográfica, con esos flashbacks y esos impresionantes y ásperos paisajes desérticos que te secan la garganta sólo de verlos.
La ley del desierto explora la delgada línea que separa la lealtad de la traición, el bien del mal. Habla de los vínculos que persisten y de cosas tan antiguas como la dignidad, la amistad y el perdón.
Por supuesto, fue terminar el cómic y zambullirme en las páginas de Hondo de Louis L'Amour, una novela publicada por Valdemar en la colección Frontera que regalé a mi padre hace muchos años.