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martes, 1 de julio de 2025

'SIRÂT', QUE NO SE LA JODAN


Cartel de la película Sirât, del director Oliver Laxe

Fui a ver Sirât al cine Albéniz de Málaga el día 14 de junio, al iniciar su segunda semana en cartelera –ya va por la cuarta–, con la garantía que me dan los nombres de Oliver Laxe y Santiago Fillol, director y guionistas de un film que unos días antes había promocionado con gracia su actor principal, Sergi López, en La Revuelta. Y atraído también por el plus de saber que la trama se desarrollaba en Marruecos –aunque algunas escenas estén rodadas en Teruel–.

  Me senté en la sala sabiendo la sinopsis de la película: «Un hombre y su hijo pequeño llegan a una rave perdida en medio de las montañas del sur de Marruecos. Buscan a Mar, su hija y hermana, desaparecida hace meses en una de esas fiestas sin amanecer. Reparten su foto una y otra vez rodeados de música electrónica y un tipo de libertad que desconocen. Allí deciden seguir a un grupo de raveros en la búsqueda de una última fiesta que se celebrará en el desierto, donde esperan encontrar a la joven desaparecida». También sabía, porque lo había dicho Sergi López en la televisión, que ocurriría algo a mitad de metraje que cambiaría la película por completo.

 Así que, durante la primera parte, sumido en la oscuridad del cine, me dejé llevar por la rave que Oliver nos había preparado, hipnotizado por el baile y la música del francés David Letellier –conocido como Kangding Ray–, figurándome en el lugar de ese padre desesperado y desvalido al que acompaña su hijo y su perra, conduciendo su furgoneta, a pesar de no tener yo carnet, por pistas de arena y de montaña, en ese road movie por rutas escasamente transitadas. Porque Sirât es un viajazo, físico y psíquico. Una aventura al reverso oscuro de la vida, una cita con la fatalidad que nos reservó el destino. El maktub, lo que está escrito y no se puede cambiar.

Padre e hijo, interpretados por Sergi López y Bruno Núñez
Fotografía: BTean Pictures

 Llegados a este punto, les diré que, si aún no la han visto, corran a verla antes de que alguien se la joda. Por que hay dos momentos en la película en los que Oliver Laxe nos conmociona, nos coge por las solapas, nos sacude y nos noquea. Si algún amigo les desveló esos momentos, no es un amigo. Táchenlo de la lista, porque le habrán matado la película y le habrán privado de dos de los momentos más sorprendentes y estremecedores del cine de los últimos años. No diré más, salvo que Sirât significa en árabe camino o sendero, y hace referencia al puente que se debe cruzar el Día de la Resurrección para llegar al Paraíso. Un puente sobre el infierno, más delgado que un cabello y más afilado que una espada.

 Salí del Albéniz como se sale de algunas novelas o relatos de Paul Bowles, turbado, y durante el trayecto en moto a casa no dejé de lamentar que no se me hubiera ocurrido a mí escribir esa historia antes. Seguramente, Paul Bowles habría pensado lo mismo.

 Os dejo aquí el trailer y, para los que ya hayáis visto la película, un par de vídeos en los que Oliver Laxe analiza algunas escenas del film y donde Oliver y Sergi López son entrevistados por la cadena Ser tras obtener el Premio del Jurado en el pasado festival de Cine de Cannes.




 ¡Véanla en pantalla grande! No se van a arrepentir. Y cuando salgan, no se la vayan a joder a nadie.

martes, 7 de enero de 2020

ORO, INCIENSO Y MIRRA


Como todos los años, los Reyes Magos de Oriente cumplieron con la tradición y me dejaron sobre el sofá unos cuantos regalos. Ninguno caro, fastuoso y vacío. Al contrario, alimentos para el alma que harán más agradables las largas tardes de invierno que aún nos esperan. Y como es verdad que los regalos que recibimos también nos definen, quiero compartirlos con ustedes en este blog, como preludio de libros y películas que aparecerán por aquí.

Mis regalos de Reyes de 2020. Fotografía: Lucía Rodríguez

 El oro es Mimosas –la película de Oliver Laxe que vi en el cine Albéniz en el 2017, y de la que ya les hablé*– en una edición especial limitada que incluye La debilidad de creer. Diario de rodaje de Mimosas, escrito por Santiago Fillol (coguionista) entre febrero y abril de 2015, y el corto Paris#1 rodado por Oliver Laxe en 2007.


 El incienso sería El rey de los genios y otros relatos, de Muhammad Zafzaf (Huerga y Fierro Editores, 2002), escritor nacido y muerto en Casablanca del que nunca había oído hablar. Imperdonable no haber leído El rey de los genios habiendo pasado por su morada (Sidi Shamharush) tantísimas veces camino del Toubkal.

El rey de los genios y otros relatos, de Muhammad Zafzaf. Fotografía: Lucía Rodríguez

 La mirra podría ser Sujeto elíptico, del malagueño Cristian Crusat (Editorial Pre-Textos, 2019), otro título enclavado en el mundo bereber que desconocía, una mezcla de narración, ensayo, biografía y relato de viajes que ganó recientemente el Premio Tigre Juan al mejor libro de 2019.

Sujeto elíptico, de Cristian Crusat. Fotografía: Lucía Rodríguez

 Y como Sus Majestades fueron generosas, añadieron: 

 Una bandada de cuervos, del japonés Denji Kuroshima (Ardicia Editorial, 2014), conjunto de relatos que refleja la suerte de soldados y civiles durante la llamada "Intervención siberiana" de 1918 que enfrentó a las tropas japonesas y al recién creado Ejército Rojo. Quizás porque Kuroshima fue reclutado y enviado a combatir a Siberia, presiento que esas 168 páginas me van a llevar a releer esa obra maestra de Hugo Pratt que lleva por título Corto Maltés en Siberia, enmarcada en el mismo tiempo y lugar (aunque el veneciano sumó China a la aventura).

Personajes de Corto Maltés en Siberia sobre Una bandada de cuervos, de Denji Kuroshima
Fotografía: Pedro Delgado

 Dos westerns que tengo muchas ganas de ver: Los hermanos Sisters, de Jacques Audiard, y Blackthorn (Sin destino), de Mateo Gil. El segundo, ambientado en Bolivia y en torno a la figura de Butch Cassidy, seguro que me transporta al país andino, donde rastreé, hace ya muchos años, las huellas de Butch Cassidy y Sundance Kid, aquellos forajidos de leyenda que retrató George Roy Hill en Dos hombres y un destino.



 La película de animación Un día más con vida, de Raúl de la Fuente y Damian Nenow, inspirada en la obra homónima de Ryszard Kapuscinski, que recoge la experiencia del periodista y escritor polaco en la guerra civil angoleña.


 El film de Isabel Coixet Nadie quiere la noche, acerca de la esposa del explorador estadounidense Robert Peary, encarnada por Juliette Binoche en la Groenlandia de 1908.


 Y, por último, Feliz Navidad, Mr. Lawrence, de Nagisa Oshima, donde actúa mi añorado David Bowie. No recuerdo en qué cine vi la película cuando la estrenaron en 1983, pero el tema principal de su banda sonora (de Ryuichi Sakamoto) se me quedó grabado en la memoria; para desgracia de mi hijo Pedro, que tuvo que escuchármelo tararear innumerables veces durante nuestro último viaje por el sudeste asiático.


 Y nada más, espero que los de Oriente hayan acertado con ustedes y les deseo un Feliz Año Nuevo con libros que leer, películas que ver, discos que escuchar, aventuras por vivir y retos que superar en este año que recién estrenamos.

jueves, 9 de febrero de 2017

MIMOSAS: REALISMO MÁGICO EN EL ATLAS



Creo haberles dicho en alguna ocasión que soy un apasionado de los wésterns, así que comprenderán que me frotase las manos al leer en Babelia que Mimosas era un wéstern metafísico en las gargantas del Atlas.
 A veces, cuando las expectativas son muy altas, un libro, un disco, una película o una serie de televisión pueden decepcionarnos. Así que con ese temor me acerqué al Cine Albéniz la semana pasada.

Mimosas Cine Albéniz (Fotografía: Pedro Delgado)

 Afortunadamente, Mimosas no me decepcionó, sino que me emocionó, igual que habrá emocionado a todos los que hayan errado por esas montañas. Oír el nombre de Sijilmasa, o ver en pantalla la meseta de Tazaghart, las estribaciones del Toubkal, las gargantas del M'Goun o el lago Ifni, lugares en los que he estado repetidas veces y que aparecen en algunas de mis novelas y relatos, me hizo hermanarme con el director de inmediato.

El director Oliver Laxe en una garganta del Atlas durante el rodaje de Mimosas /Alejo Ramos-Sabugo

 Que Oliver Laxe haya residido en Marruecos diez de sus treinta y cuatro años es clave para que nada resulte impostado; eso y el hecho de trabajar con actores que no sabían que lo eran, gente de la calle a los que el cine empieza a cambiarles la vida.

Fotograma de Mimosas (Zeitun Films)

 Mimosas narra las desventuras de una caravana que acompaña a un anciano maestro sufí a la aldea de Sijilmasa, donde desea ser enterrado. Sintiéndose moribundo y queriendo acortar distancia, el anciano ordena atravesar las montañas del Atlas. Y a lo arduo de la tarea se suma la nieve que cubre los pasos y los valles, y las malas intenciones de dos miembros de la caravana, dos ladrones de poca monta que pretenden desvalijar a los viajeros. Es en el lago Ifni, donde aparece un nuevo personaje, Shakib, una especie de ángel custodio al que han ordenado proteger la comitiva.

 A pesar de este planteamiento, Mimosas no es solamente una película de aventuras, pues hay en su metraje ciertos elementos extraños que llevan el filme a otro plano: un halo de espiritualidad, un extrañamiento que te obliga a darle vueltas a la película tras el fundido a negro. A preguntarte acerca de esa parada de taxis y de esos taxistas que surcan los caminos polvorientos de Marruecos. Yo quiero pensar que esos conductores, entre los que incluyo al propio Shakib, son ángeles protectores, ángeles caídos en desgracia que son enviados desde el purgatorio a este mundo para cumplir una misión y redimir sus faltas. He querido saber la opinión de Laxe, pero éste no ha querido darnos norte en ninguna de sus entrevistas, dejando las interpretaciones al espectador, una actitud que me recuerda a la de S. Graig Zahler, el director de Bone Tomahawk, otro wéstern que acabo de ver. En la rueda de prensa tras el estreno mundial de su peculiar ópera prima, S. Graig Zahler respondió así cuando le preguntaron por ciertos aspectos del filme.
Por lo que respecta a significados y cosas así, me vale con que me hagas la pregunta sin que yo la responda, porque creo que la película permanecerá más en tu memoria si hay ambigüedades y cosas que no te quedan claras. En esta película hay bastantes ambigüedades que podría aclarar y que me gusta aclarar cuando trabajo con los actores para que sepan de qué van, pero creo que la vida de una película, o de un libro o lo que sea, después de verlo o leerlo, es más larga y mejor si sigues pensando en ella y te reta intelectualmente a posteriori.
 Pues eso es lo que le pasa a Mimosas, que te obliga a seguir pensando en ella. Y como soñar es gratis, también me lleva a desear ver mis historias marroquíes en una pantalla. ¡Insha'Allah!




Entrevista a Oliver Laxe en el programa Días de Cine de Televisión Española.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/dias-de-cine/mimosas/3866184/