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martes, 8 de julio de 2025

INCREÍBLE, PERO CIERTO.


Increíble, pero cierto de Piro Milkani (La Tortuga Búlgara Ediciones, 2025)
Fotografía: Pedro Delgado

No sé si fue una señal, ni de qué tipo, pero el mismo día que falleció el cineasta Piro Milkani recibí en el buzón su autobiografía. Me la mandaba muy atentamente María Roces González, encargada de la traducción del albanés. Me enteré del deceso a la noche siguiente, cuando miré en internet si el autor aún vivía y, por una de esas sincronías que se dan en la vida, vi que había muerto el día anterior, a los 86 años, a consecuencia de un ictus. Así que esta entrada, además de ser una reseña de su última obra literaria, que me parece una delicia, es un homenaje a su persona, a uno de los pioneros y fundadores de la cinematografía albanesa.

Piro Milkani en el 43 festival de Karlovy Vary
Fotografía: Petr Novák, wikipedia

 Piro Milkani (Korça, 5 de enero de 1939 - Tirana, 24 de  mayo de 2025) estaba harto de que, al contar historias y anécdotas de su vida, sus amigos le preguntaran por qué no las escribía. Sin embargo, dudaba de la conveniencia de ello, más después de haber visto la maestría narrativa del director de cine Miloš Forman (Alguien voló sobre el nido del cuco, Amadeus), del que había traducido del checo al albanés su autobiografía: De Časlav a Hollywood.

Biografía de Miloš Forman
Fotografía: ShtepiaeLibrit.com

 Finalmente, al borde de los ochenta años y animado por las palabras del escritor Gabriel García Márquez que decía aquello de «la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla», Piro Milkani se decidió a legarnos sus recuerdos. Y aunque las vidas suceden de manera cronológica, Milkani recoge la suya de manera desordenada, expurgando además los hechos para quedarse sabiamente con los acontecimientos más llamativos, que son expuestos de manera amena, concisa y emotiva. Muchos de ellos demuestran que a Piro lo tuvo en gracia el destino.

El profesor Hrdlička y una muerte inesperada
Cuando pienso en mi propia vida, he de admitir que el destino me ha ayudado enormemente. Gocé del privilegio de poder estudiar en una facultad mágica, que ni en sueños habría podido concebir mejor. Para poder estudiar cinematografía en una ciudad centroeuropea, etiquetada además como la Ciudad Dorada, has de haber nacido bienafortunado. Creo que se entenderá que me estoy refiriendo a... la Dorada Praga, capital de la Checoslovaquia de entonces (y actualmente República Checa o Chequia).
 Cierto que en un año académico cursábamos más de veinte asignaturas, pero no eran en absoluto comparables con la de anatomía de los estudiantes de medicina, con la óptica geométrica de los de ingeniería, ni con las complicadas fórmulas de los que estudiaban geología. Nosotros debíamos dar historia del arte, historia del cine checo y mundial, algo sobre la Poética de Aristóteles y, sobre todo, veíamos un montón de películas, posiblemente tres o cuatro diarias.
 Ahora bien, como yo era estudiante de la especialidad de cámara, teníamos una extraña asignatura, que cursaban también los alumnos de ingeniería: óptica física y geométrica.
 El mismo profesor que impartía la materia en ingeniería, nos la enseñaba también a nosotros, el imponente y pedante profesor Hrdlička. Un hombre de cuerpo y rostro enjutos. Un hombre que jamás sonreía y que además gastaba la tos seca y crónica de los que fuman sin parar. Y realmente lo hacía. No contábamos con libro de texto para la asignatura, sino con unos apuntes fotocopiados, cuya autoría correspondía al propio profesor Hrdlička. [...]
 Teníamos dos horas de clase a la semana con ese profesor y raramente faltábamos a clase. Pero para nosotros eran la asignatura y la clase más aburridas. En fin, fueron pasando con celeridad los meses y llegó la época de exámenes.
 –El próximo jueves a las diez de la mañana, en esta misma aula, estad preparados para el examen final de curso –nos dijo el profesor al terminar la clase.
 Nos tomamos el anuncio a la ligera y preparamos el examen a toda prisa. La sorpresa se produjo al darnos los resultados, cuando el profesor Hrdlička nos informó de que ninguno de nosotros había aprobado. Éramos doce alumnos en clase, diez checos y dos albaneses.
 –El próximo jueves, examen de nuevo –nos dijo el profesor.
 Nos metimos más a fondo en la materia, pero las fórmulas y los bocetos de las lentes ópticas nos resultaban tan enmarañados como los jeroglíficos chinos.
 Y ocurrió lo esperado. Ninguno de nosotros superó el examen, de modo que, al día siguiente, el profesor Bouček, decano de la facultad y colega de Hrdlička, nos comunicó, rayando la aflicción, la decisión del señor Hrdlička: «Quien no apruebe el jueves próximo, repetirá curso». Los checos podrían hacerlo, pero para Saim [Kokona] y para mí significaría el adiós a la facultad de Praga. Conocíamos la regla no escrita de nuestra embajada: «Quien suspenda, hará bien en embalar sus cosas y volver a Albania».
 Nunca olvidaré aquellos días. Estudio de la mañana a la noche. Café a medianoche para mantenerse despierto y primeros intentos de fumar un cigarrillo. En definitiva, una verdadera tortura.
 Nadie se imaginó que aquel martes, calificado por tantos y tantos pueblos como día funesto, nos proporcionaría tanta «alegría». Aquella tarde nos informaron de que el profesor Hrdlička había pasado a mejor vida. ¡Oh, Dios, que vergüenza! Nos alegramos de su muerte.
 El jueves, en vez de al examen, asistimos al entierro del profesor. Nos costaba trabajo mostrarnos afligidos.
 Dos semanas después nos examinó la adjunta del profesor. Ni que decir tiene que aprobamos el examen con buenas notas. De modo que yo permanecería en Praga unos años más.
 Era el mes de junio de 1956.

 Piro Milkani estudió en la FAMU, la Escuela de Cine y Televisión de la Academia de Artes Escénicas de Praga, una de las escuelas de cine más antiguas y prestigiosas del mundo, fundada en 1946.

Escuela de Cine y Televisión de la Academia de Artes Escénicas de Praga
Fotografía: Wikimedia

 Ingresó en ella gracias a una beca, tras acabar sus estudios de secundaria en Korça. A la hora de conseguir dicha beca para estudiar en el extranjero, también fue tocado por la varita del destino. Resulta que Piro Milkani tenía a un amigo de la infancia, Viktor Gjika, estudiando dirección cinematográfica en el Instituto Pansoviético de Cinematografía de Moscú (VGIK), y desde allí recibía cartas en las que este le hablaba de lo maravilloso que era acudir cada día a las clases, así que cuando le preguntaron qué deseaba estudiar en la enseñanza superior, Piro fantaseó con estudiar cinematografía con su amigo Viktor. En un principio, ninguna de las dos becas que concedió Checoslovaquia para cursar estudios de operador cinematográfico (camarógrafo) en Praga tenía su nombre. Se la habían concedido al pintor, y posteriormente director de fotografía, Saim Kokona, y al escultor Mithat Fagu. Sin embargo, Mithat renunció a ella unas semanas más tarde. «–Si fuera a Moscú, pues bueno, pero a Checoslovaquia ni se me ha pasado por la cabeza. Además, si fuera a Moscú querría estudiar para ser director y no para ser operador cinematográfico– les dijo Mithat y se marchó».

«¡Vaya desastre! –dijeron los del ministerio–. Tenemos una beca y el hijo de perra la rehúsa. ¿Qué haremos?». Volvieron a revisar una vez más los cuatrocientos y pico formularios de todos los graduados de Albania y: ¡eureka! Lo encontraron. Un tal Piro Milkani de Korça había solicitado estudiar cinematografía. «Es muy joven, aún no tiene ni diecisiete años, pero sus notas son todas de sobresaliente. ¡Qué sea para bien! Que vaya Piro en vez de Mithat». De este misterio me enteré en Praga, me lo contó Saim, que se convirtió en mi mejor amigo. Nieto de los Kallfa, los conocidos fotógrafos de los Estudios Kallfa de Tirana, le habían enseñado a fotografiar y, sobre todo, a retocar las fotografías de los clientes para que salieran más favorecidos de lo que en realidad eran. Fue él quien me enseñó el abecé de la fotografía antes de que lo hicieran mis profesores checos. Tras graduarse, Mithat tuvo que cumplir el servicio militar obligatorio. Yo a Praga y él al cuartel. Tras licenciarse en 1959, lo enviaron a Moscú a estudiar dirección cinematográfica, tal como había deseado. Debió de tener un poderoso mentor. Pero ni su mentor ni el propio Mithat podían prever que en 1961, los miles de estudiantes albaneses que regresaron a casa por vacaciones, no volverían nunca más a Europa. Había comenzado una «nueva amistad». Con la China de Mao Zedong.

Piro Milkani en 1º de la facultad de Cine
Fotografía: Edición checa del libro

 La ruptura con Rusia del presidente Enver Hoxha, que gobernaba el país con mano de hierro, trajo a Piro Milkani de vuelta a casa en julio de 1961. Allí, el que ya era uno de los primeros camarógrafos del cine albanés, terminaría por convertirse después en director y guionista, con treinta y seis películas en su haber. Entre ellas, Victoria rotunda sobre la muerte, La boda, La señora de la ciudad, Frente a frente, Roja palabra de honor, El militante, La primavera no llegó sola o La tristeza de la señora Scheneider.

Trailer de Victoria rotunda sobre la muerte, de Piro Milkani y G. Erebara (1967)

La tristeza de la señora Schneider
Dirigida por Piro Milkani

 También tendría tiempo de actuar en las películas de otros directores, entre ellas en la italiana Lamerica que tanto me impresionó cuando la vi en el cine Albéniz en el marco del Festival de Cine Italiano de Málaga.

Cartel de la película Lamerica
Dirigida por Gianni Amelio

 Entre todos esos breves apuntes de una vida que recogen las páginas de Increíble, pero cierto (La Tortuga Búlgara Ediciones, 2025) no podían faltar sus encuentros con algunos nombres ilustres: políticos, como Václav Havel; escritores, como Ismaíl Kadaré y Jiri Mucha; actores, como Bekim Fehmiu «el Marlon Brando albanés», Emma Černá y Faruk Begolli «el Alain Delon de los Balcanes»; o compañeros de profesión, como el italiano Michelangelo Antonioni, el yugoslavo Aleksandar Petrović y la china Xiao Jiang.

Bekim Fehmiu, Emma Černá y Faruk Begolli

 Y para mi asombro, hay un episodio en el que aparece el Korab, la montaña más alta de Albania a cuya cima ascendí cuando recorrí el país en el verano de 2017. Como Josef M., el juez coleccionista que aparece en ese texto, yo también pude vivenciar la hospitalidad de los aldeanos que me alojaron en sus casas y me dieron de comer sin cobrarme nada.

El juez coleccionista
En mis primeros años de embajador en Praga, los checos que querían visitar Albania necesitan un visado, e igualmente en sentido recíproco. A finales de junio de 1999 se presentó en la embajada un hombre de mediana edad. Lo recibí en mi despacho. Me dijo que se llamaba Josef M. y que era un juez de Pilsen. Deseaba visitar Albania, pues había estado en casi todos los países de los Balcanes, salvo en Albania. Quería llegarse al monte Korab.
 –Pero ¿por qué el Korab? Albania está llena de picos y montes tan bonitos como el Korab. Por ejemplo, yo le recomendaría el Tomor. ¿Qué dice?
 –¡No, no! El Korab.
 –Pero ¿por qué precisamente ese, es usted alpinista?
 –No, no lo soy, pero quiero subir al Korab porque lo vislumbré cuando visité años atrás Kosova y me dije: «Un día subiré a ese monte».
 –Entonces, escúcheme. Sabe usted que acaba de finalizar la guerra por la liberación de Kosova. El Korab está en la frontera kosovar y quizá la zona aún se encuentre minada por el ejército serbio. Vamos, que hay peligro para quienes no conozcan la zona.
 –Yo solo quiero subir al Korab. Si no es posible, no me dé el visado. Pero no puedo engañarle. Quiero subir allí.
 Me lo pensé. ¿Qué hacer?
 –¿Qué itinerario ha elegido para llegar hasta allí?
 –Viajaré vía terrestre a través de Hungría y Eslovenia hasta Montenegro. Después tomaré un autobús que me lleve a Shkodra.
 –¡Hagamos un trato entonces! Le daré el visado y un número de teléfono. En Shkodra tengo un gran amigo. Es director teatral y se llama Serafin Franko, y estudió en su momento conmigo en Praga. Solo estuvo aquí dos años, pues en 1961, a causa de la ruptura de relaciones entre nuestros dos países, no pudo terminar sus estudios aquí y los finalizó en Tirana. Pero habla muy bien checo. Se verán y en el caso de que le diga que puede ir hasta el Korab, yo estaré de acuerdo. ¿Qué dice?
 –Totalmente de acuerdo.
 Diez minutos después le entregué su pasaporte con el visado albanés y una nota con el nombre y el número de teléfono fijo de Serafin. Al separarnos le pedí que, a su regreso, si le fuera posible se pasara de nuevo por la embajada, para que me contara su «aventura». Y prometió hacerlo.
 Mantuvo su palabra. Quince días después Josef M. se presentó en la embajada. Y me contó:
 [...]

 Les animo a leer en el libro qué le contó Josef M. a Piro y a subir a esa bella montaña que, con sus 2.764 metros de altura, constituye el punto más elevado de Albania.

Pedro Delgado en la cima del Korab, la montaña más alta de Albania
Agosto, 2017

domingo, 25 de mayo de 2025

ANTOLOGÍA POÉTICA DEL ALBANÉS NAIM FRASHËRI


Antología poética: Naim Frashëri (La Tortuga Búlgara Ediciones)
Fotografía: Pedro Delgado

Un anciano de 98 años estaba cavando para plantar una parra, y se le acercó y le preguntó un amigo: «¿Esperas vivir tanto como para probar algún racimo suyo?». «No –le respondió el anciano–, pero si los que se fueron sembraron lo que nos alimenta a nosotros, hemos de sembrar nosotros lo que alimente a los que han de venir».
Naim Frashëri en una traducción de María Roces

El mismo día en que la poeta rumana Ana Blandiana defendía en Málaga el poder sanador de la poesía en estos tiempos de consumismo e individualismo feroz, recibí por correo un libro de poemas del albanés Naim Frashëri: Antología poética (La Tortuga Búlgara Ediciones, 2025). Fue un día antes de que Txema Martín escribiera en el periódico que la poesía es la sublimación del lenguaje, pero también la gran olvidada.

Arrinconada en las librerías, apenas presente en las aulas y siempre señalada como un género minoritario. No se vende, no renta y, sin embargo, ahí sigue: respirando donde menos se la espera, como una fiesta empeñada en celebrarse. La poesía resulta molesta porque no es productiva, no se ajusta a balances ni cotiza en las ferias de vanidades. Vive en la intemperie, en ese espacio incómodo donde las palabras duelen y curan a partes iguales. Quizá por eso se la arrincona como si fuera un pariente excéntrico al que no se sabe bien dónde sentar.

 La Tortuga Búlgara publica en España poesía y narrativa en lenguas de escasa difusión –albanés, búlgaro, croata, letón, lituano y ucraniano–, un gesto que me parece un bonito acto de fe. Lo mismo que el trabajo de María Roces González, encargada de seleccionar los textos y traducirlos del albanés.

 Entre dichos textos de Naim Frashëri (1846-1900) –el más importante poeta del Renacimiento Nacional albanés, ilustre pensador y activista en pro de la educación y la cultura albanesa–, María Roces ha incluido algunos cantos de la epopeya Historia de Scanderbeg, la que muchos consideran su obra maestra, unos versos que he leído con sumo interés, pues Scanderbeg, el gran héroe nacional albanés, sigue muy presente en el país, con esculturas, museos y monumentos que alaban su figura, e incluso un equipo de fútbol y un estadio con su nombre en la ciudad de Korçë.

Estatua ecuestre de Scanderbeg en Kruja, Albania
Fotografía: Pedro Delgado

Busto de Scanderbeg (Museo Scanderbeg Kruja)
Fotografía: Pedro Delgado

Scanderbeg, grupo escultórico del Museo Scanderbeg de Kruja)
Fotografía: Pedro Delgado

Campo de fútbol del KF Skenderbeu, Korçë (Albania)
Fotografía: Pedro Delgado

 De hecho, en mi casa tengo un retrato de Scanderbeg que le compré a su joven autor –Bilbil Çela– en Kruja, cuando visité el castillo de la ciudad en el verano de 2017. En aquella fortaleza, bajo su caudillaje, la resistencia albanesa hizo fracasar tres largos asedios otomanos, guiando desde allí la resistencia contra los turcos.

Bilbil Çela dibujando a Scanderbeg en Kruja (2017)
Fotografía: Pedro Delgado

Copia del casco y la espada de Scanderbeg (original en Viena)
Mural pintado por Naxhi Bakalli en el Museo Scanderbeg de Kruja
Fotografía: Pedro Delgado

 Historia de Scanderbeg «consta de 11.500 versos octosílabos distribuidos en veintidós cantos. Los hechos siguen un orden cronológico, de modo que si el canto primero refiere cómo» el soberano «Gjon Castriota se ve obligado a enviar a cuatro de sus hijos» –entre ellos Gjergj Kastrioti, quien en el futuro será llamado Scanderbeg– «como rehenes al sultán Murad para sellar con él un pacto de no agresión y amistad, en los dos cantos finales asistimos al fallecimiento del héroe y, en consecuencia, a los peligros y amenazas que habrá de afrontar Albania tras su muerte. Concluye con el amanet (última voluntad) expresada desde el más allá por el espíritu de Scanderbeg.

 Este largo poema habría de ser uno de los más leídos en la época del Renacimiento Nacional albanés –desde la segunda mitad del siglo XIX hasta 1912, año de la independencia de Albania– al condensar las aspiraciones de los albaneses a la libertad e independencia del Imperio otomano, apelar al deber patriótico y al fortalecimiento de la conciencia nacional, al derecho a vivir libremente en una nación propia en el antiquísimo territorio ancestral y constituir, simultáneamente, un tonante llamamiento a tomar las armas contra la dominación y ocupación osmanlí».

El héroe legendario, el paladín, es aquí Scanderbeg, que aparece revestido con los atributos románticos derivados del humanismo europeo y del aliento renacentista albanés, encarnando, por ello, la belleza y la grandeza humana, la fuerza física, la riqueza espiritual y moral, la sabiduría y la prudencia y, sobre manera, la hombría y el valor. La idealización de la figura de Scanderbeg y de su época por los renacentistas se forja en nombre de un ideal superior: servirá para ilustrar cómo la dominación otomana viene a interrumpir el proceso de desarrollo y estadio de civilización en los que se encontraba Albania en el siglo XV, para hundirse, desde entonces, en un profundo atraso. La edad de oro de la historia nacional, que correspondería al periodo de Scanderbeg, se contrapone en la epopeya, de ese modo, a la atrasada deriva que sufre Albania bajo el yugo osmanlí, del que será preciso desembarazarse cuanto antes. Si bien, el poema se interesa bastante más por la situación política que atraviesa Albania que por su historia, pues no pretende tanto poner de relieve un determinado periodo de la historia de Albania como despertar la conciencia política y revolucionaria de los albaneses, a fin de que estén ideológicamente preparados para afrontar tanto los retos del presente como del futuro.

 Es así que las páginas de esta antología, en una edición bilingüe, nos retrotraen «al periodo en el que los pueblos balcánicos anhelaban y luchaban por su independencia nacional y su segregación del Imperio otomano».

El poeta Naim Frashëri, postal de 1950
Fotografía: Wikimedia Commons

 Otra muestra de cantos de Naim Fashëri incluidos en la selección de María Roces pertenecen a Kerbala, que interesará a todos los que tenemos atracción por el mundo árabe, pues entronca con la escisión que se produjo entre los musulmanes, divididos a partir de entonces en sunitas y chiítas.

La batalla de Kerbala, siglo XIX (Escuela persa)
Fotografía: Private Collection / Bridgeman Images

 Kerbala (Querbelaja) «es una epopeya de 25 cantos en verso octosílabo publicada en Bucarest en 1889, cuyo tema entronca con la historia del califato árabe y los acontecimientos que tuvieron lugar entre los siglos IX y XVII», algo que explica muy bien María Roces en los textos que acompañan a los poemas de Fashëri.

Tras la muerte del profeta Mahoma, sin haber dejado sucesor, se designó a su suegro Abu Bakar como primer califa del islam contra los deseos de los partidarios de Alí. Siguiendo la línea sucesoria de Abu Bakar, el liderazgo recaería, en el año 680, en Yazid I, de la dinastía Omeya. Por entonces, el califato se encontraba en un estado de caos político y corrupción, y por ello Huseín bin Alí, nieto y último descendiente vivo de Mahoma, se negó a jurar lealtad a Yazid, al considerar que había usurpado el trono. Procedió entonces a promover un levantamiento para derrocarlo. Temiendo la insurrección, Yazid envió 30.000 soldados a detener y dar muerte a Huseín y a su comitiva, apenas 72 personas. Rápidamente los sitian en el desierto, donde quedan aislados y sin agua durante tres días. La batalla de Kerbala, tuvo lugar en el valle iraquí del mismo nombre el 10 de octubre del año 680 entre las tropas de Yazid I, segundo califa omeya, y los seguidores del nieto del profeta Mahoma, Huseín bin Alí. Al comenzar la batalla, los hombres de Huseín fueron cayendo uno a uno. Las fuerzas de Yazid demandaban de Huseín que le jurara lealtad, pero el nieto de Mahoma no claudicó. Al final se quedó solo, herido, y sin otro apoyo que el de las mujeres e hijos de sus hombres caídos, que lo atendían al borde de la muerte.
 Hussein fue asesinado, pues, el décimo día de muharram, primer mes del año lunar islámico, conocido como el día de Ashura, del año 680. La batalla de Kerbala desencadenó la segunda fitna o guerra civil islámica, que terminó de dividir a la comunidad musulmana en dos grandes corrientes: el chiismo (al que pertenecen los bektashíes) y el sunismo. La primera fitna había tenido lugar dos décadas atrás, entre los omeyas y Alí, yerno de Mahoma y padre de Huseín, y a quien se remonta el origen político del chiismo.
 [...] Los mártires de Kerbala, comparten la misma creencia religiosa que los otomanos, pero, no obstante, Naim Frashëri transforma el martirio de Huseín en un ardiente llamamiento a los albaneses para que combatan la ocupación otomana y, con ese fin, la batalla de Kerbala aparece como un enfrentamiento de los propios albaneses contra el poder osmanlí; batalla en la que los albaneses deben vencer puesto que tienen la razón de su parte.
 [...] si Scanderber es el arquetipo de la resistencia de los cristianos albaneses y europeos contra los otomanos musulmanes, el iman Huseín es el arquetipo del mártir por la verdad y, la batalla de Kerbala, la representación de la lucha entre la justicia y la injusticia, entre lo que es bendito y lo que está maldito.

 El libro si ofrece al completo el poema bucólico Ganado y agricultura, himno a la madre patria y su naturaleza, así como otros versos del poemario Las flores del verano. De este último, quiero dejarles aquí el poema El ruiseñor, que menciona al mes de mayo y a dicha ave, cuyo inconfundible e incansable canto –incluso durante la noche– «es posiblemente el más sobresaliente de entre todas la aves canoras».

Ruiseñor común
Dibujo: Juan Varela (SEO/BirdLife)

El ruiseñor

 

El día quince el plenilunio
luce en los flancos del cielo,
el mundo yace tranquilo,
nada se mueve, hay sosiego.

 

El cielo está inmaculado,
impoluto como el oro,
dormido está y tan calmado
como insatisfecho el ojo.

 

Fluye como un río argento
una luz y por doquiera,
y de ella en el firmamento
parece que amaneciera.

 

Manan de oro fontanas
que la tierra van ornado,
las crestas de las montañas
y los cerros, blanqueando.

 

Sobre la loma  el soto
y allende el mar la luz cae,
sobre piedras, sobre escollos
y sombreados lugares.

 

La noche es todo sosiego,
todo se queda dormido,
solo torrente y reguero
susurran, también el río,
murmuran mientras avanzan
en un tono melodioso,
y entonan mientras se marchan
un canto dulce y hermoso.

 

El norte sopla tranquilo,
hombre, animal, ave, hoja,
bosque, peña, campo, pico,
todos en calma reposan.

 

Dios le ha traído a mayo
felicidad, bendiciones,
y el ambiente ha mejorado
vistiendo de oro la noche.

 

Han florecido las flores
va corriendo un aire manso,
cargados están los árboles
y la yerba ha germinado.

 

Cabras, cabritos, corderos
con ovejas apiñados,
solo los perros, despiertos
sobre el terraplén tumbados.

 

Se oye el cantar del garbón
con tres o cuatro palabras
en la loma y en el llano,
y en el mar las olas varias.

 

¡Escuchad, pues, otro canto
que abrasa mi corazón,
quema, ¿podré soportarlo?,
canta ahora el ruiseñor!

 

Astros y tierra, chitón,
¿escucháis la melodía?,
oíd y prestad oídos,
que es el ruiseñor quien trina.

 

Roncal, yo sé lo que ansía
la cadencia de tu trino,
y tanto abrasó mi alma
que incluso el sueño he perdido.
Del poemario Lulet e verës
(Las flores del verano), Bucarest, 1890
Naim Frashëri en una traducción de María Roces

 Sin duda, esta edición es una buena oportunidad de acercarnos a la poesía de Naim Frashëri, fundador de la literatura nacional albanesa.

 Y si les interesa dicha literatura, los invito a asistir el próximo 4 de junio, a las 19:00 horas, en el castillo Bil-Bil de Benalmádena, a la presentación en Málaga de Las muchachas que bailaron con la luna y otras leyendas de Gora (Libros de las Malas Compañías, 2025), de Namik Dokle, libro de leyendas que ya reseñé en este blog, al igual que su novela Las hijas de la niebla (2Sicilias Reino Editorial–Ginger Ape Books, 2022).

Presentación del último libro de Namik Dokle en Benalmádena

Nota: Pueden leer dichas reseñas clicando sobre los siguientes enlaces:

https://cartadesdeeltoubkal.blogspot.com/2025/03/las-muchachas-que-bailaron-con-la-luna.html

https://cartadesdeeltoubkal.blogspot.com/2023/07/las-hijas-de-la-niebla.html

viernes, 7 de marzo de 2025

LAS MUCHACHAS QUE BAILARON CON LA LUNA (LEYENDAS DE GORA)


Las muchachas que bailaron con la luna y otras leyendas de Gora
Namik Dokle (Libros de las Malas Compañías)
Fotografía: Pedro Delgado

[...] Las tres mujeres recordaron la leyenda que se contaba sobre Gora y los goranos desde los tiempos en los que sus tatarabuelos aún no habían nacido. Decían que, cuando llegó la noticia de que Dios convocaría a todas las comarcas para repartir entre ellas sus bienes, partió hacia allá un gorano, quien viajó nueve días y nueve noches sin parar hasta alcanzar la Casa del Señor. Mas encontró la mesa ya quitada, todos los demás habían tomado lo que Dios les donó y se habían ido. El mismo Dios se sorprendió al toparse con el gorano.
–¿De dónde vienes? –le preguntó.
–Vengo del fin del mundo –le respondió–. De un lugar llamado Gora.
–Has llegado tarde, ya repartí todos los bienes que tenía.
–¡Oh, Señor, hice nueve días y nueve noches de camino hasta el patio de tu casa, no me hagas volver con las manos vacías!
 Dios echó una ojeada al patio, tomó una piedra y se la dio.
–Esto es lo único que me queda y te lo doy de todo corazón, quizá tendréis pocas cosas en la vida, pero a las piedras de vuestros montes las querréis sobremanera.
De la leyenda Vengo del fin del mundo

Si la leyenda más antigua de Gora se remonta al día en que Dios convocó a un habitante de cada región del globo para darle a cada cual algo de lo bueno de este mundo, el origen de esta nueva obra del albanés Namik Dokle –traducida por María Roces González y recién publicada por la editorial Libros de las Malas Compañías– se remonta a la noche en la que Namik presentó su novela Las hijas de la niebla (2Sicilias Reino Editorial–Ginger Ape Books, 2022) en el Instituto Cervantes de Madrid. Terminado el acto, y en compañía de María Roces y Cristina Herreros, fueron a tomar algo a la calle Sagasta. Allí, la conversación giró sobre Albania y la región de Gora, donde se desarrollaba su novela, un texto salpicado de leyendas, a cada cual más increíbles.

 Namik Dokle nació en 1946 en Durrës, en la costa adriática, pero pasó toda su  infancia en la aldea gorana de Borje (Kukës), de ahí que animara la velada contando numerosas leyendas de la zona. Cristina, que es la editora de Libros de las Malas compañías, le preguntó entonces por qué no escribía un libro con todas las leyendas de Gora, rematando la pregunta con un ofrecimiento: «Yo te lo publicaría con sumo placer». Al que María añadió otro: «Y yo lo traduciría con gran satisfacción».

Vista del pueblo de Borje (Albania), 31 de diciembre de 2010
Fotografía: Flickr (aljabak85)

 Namik no pudo o no supo negarse a semejante oferta y, pacientemente fue recopilando y dándole forma a todas las leyendas que pululan por la comarca de Gora, desmembrada en la actualidad en tres Estados balcánicos: Albania, Kosova y Macedonia del Norte –originariamente, tras la Primera Guerra Mundial, quedó dividida entre Albania y la desaparecida Yugoslavia–.

[...] una comisión internacional de las grandes potencias europeas le otorgó nueve aldeas a Albania y las veinte restantes al entonces reino yugoslavo. Desmembramiento que resultó aún más brutal durante el periodo comunista, cuando la Albania de Enver Hoxha y la Yugoslavia de Tito cerraron herméticamente la frontera entre ambos Estados y una parte de Gora quedó bajo dominio de Serbia. «Tito en la parte de allá, Enver en la de acá y la niebla en medio», decían entonces los goranos. Una macabra separación de personas y familias, de sufrimientos y alegrías entre parientes. Mi madre tuvo durante décadas la esperanza de poder abrazar a dos de sus hermanas, casadas al otro lado de la línea divisoria marcada por la comisión Internacional, pero se murió sin poder hacerlo.
Del prólogo de Namik Dokle

 Algunas de las leyendas que aparecen en este libro ya aparecían en Las hijas de la niebla –un tríptico del que aguardo expectante la traducción de sus otras dos entregas–, pero la gran mayoría son para mí una novedad, una deliciosa sorpresa que, además de dar a conocer el rico y singular patrimonio cultural de una región y de un grupo etnográfico, va a permitir que no se pierdan estas historias, que sobrevivan a la muerte de los más ancianos, pues el gorano tiene la particularidad de ser una lengua oral y no escrita –al transcribirla se utilizan los caracteres albaneses–.

 La lengua que hablan los goranos es una lengua eslava arcaica, que no se enseña en la escuela ni se aprende en los libros, y «empapada», tanto en su estructura gramatical como en el léxico, de palabras procedentes del macedonio, serbio, búlgaro, albanés y turco. Hasta el punto de que, políticamente, a la población de Gora la pretenden como propia cuatro Estados, mientras Turquía la considera «herencia» suya. Pero los goranos se consideran a sí mismos nashinci, es decir «nuestros», y a su lengua la denominan nashinski: «nuestra lengua».
Del prólogo de Namik Dokle

 Nos dice también Namik en el prólogo que ha escrito para el libro, que el floclore de Gora se nutre más de la lírica que de la épica y que los goranos cantan y cuentan más leyendas sobre el amor que sobre la guerra, sobre las víctimas de la historia que sobre sus héroes; algo que se puede constatar al adentrarnos en las páginas de Las muchachas que bailaron con la luna y otras leyendas de Gora.

Las muchachas que bailaron con la luna y otras leyendas de Gora
Namik Dokle con ilustraciones de Jesús Gabán
Fotografía: Pedro Delgado 

FLORES QUE NO SE MARCHITAN EN NUEVE AÑOS

Unos días después de su boda, a Asan Ago le ordenaron unirse de soldado al ejército. El príncipe estaba inmerso en una larga guerra y necesitaba hombres jóvenes para sustituir a los muertos en combate. Fue presa de una gran tristeza, hasta el punto de que las estrellas celestes se percataron de ello y les dio mucha pena.
 –¿Por qué estás tan triste, Asan Ago? –le preguntó el Lucero del Alba.
 –¿Cómo dejar y dónde dejar a mi joven desposada? –dijo Asan–. No es una novia como todas las demás. Se ha criado como un pino negral. De sus raíces brota el agua mejor del mundo. Su cuerpo lo iluminan la luna y la estrella del alba. Cuatro vientos acarician sus ramas. En su copa se detiene el sol...
 La madre de Asan dispuso pan blanco para nueve días de camino.
 La hermana de Asan le preparó ropa para nueve años.
 La mujer de Asan salió al huerto a coger flores para él.
 Cogió las flores más hermosas del huerto, aquellas que parecían absorber la luz del sol, de la luna y de la estrella del alba.
 Cuando Asan se montó en el caballo, se le acercó la recién casada. Le entregó las flores y le dijo:
 –Son las flores de mi alma, te esperaré nueve años. Al décimo, si no has regresado, me casaré con algún viudo achacoso y sucio.
 –¿Cómo sabré que llega ese día? –le preguntó Asan a su bella esposa.
 –Te lo anunciarán las flores de mi alma... Durante nueve años no se marchitarán, al décimo se irán encorvando sus corolas.
 Se marchó Asan y en la sangrienta guerra no logró contar los días, los meses ni los años. Tras cada batalla contemplaba el ramillete florido. Pasaron, de ese modo, los nueve años y las flores no se marchitaban. El día primero del año décimo observó un pétalo gacho. Un alarido de dolor y tristeza cubrió el campo de batalla.
 Aquel mismo día, abandonó Asan la guerra y emprendió el camino de regreso. El aroma de las flores aún sin marchitar lo mantuvo vivo durante tres días y tres noches, hasta que llegó a su casa. En el patio lo esperaba su mujer. Su hermoso rostro apenas comenzaba a marchitarse, pero, en cuanto vio a su amado, se abrió y hermoseó de nuevo como las flores, como en su primer día de amor.

 Ahora solo hace falta que ustedes valoren el trabajo de Namik, su esfuerzo ímprobo por recopilar en papel estas historias milenarias para que nunca caigan en el olvido y, a través de la magnífica traducción de María Roces, las apreciemos y nos emocionemos con ellas.

CON LA LEY DE DIOS

Gora se quejaba de su enorme pobreza. Y entonces Dios llamó a un hombre honesto para preguntarle cuáles eran las preocupaciones de Gora. El gorano se las contó todas. Dios le creyó y le dijo:
 –Pues te doy tres mil ovejas, vete a Gora y repártelas de acuerdo con la ley de Dios.
 Tomó las ovejas y bajó a las brañas de Gora. Dio una voz a todos los goranos y comenzó a repartir las ovejas entre cada familia.
 Cuando llegó el primer aldeano, le preguntó:
 –¿Cuántas ovejas tienes en casa?
 –Solo dos –dijo el aldeano.
 –Pues toma otras dos.
 El aldeano agarró las dos ovejas y se marchó muy contento.
 El segundo solicitante tenía cinco ovejas.
 –Pues toma otras cinco –le dijo el delegado de Dios.
 Y así fue como el que tenía diez se llevó otras diez, el que tenía veinte se llevó otras veinte y el que tenía cien se llevó otras cien ovejas.
 Se armó un gran alboroto y se alzaron protestas por aquella clase de reparto. Y las protestas de Gora desembocaron como un río directamente en el cielo. Dios llamó de nuevo al hombre honesto y le reprochó enojado:
 –¿Por qué hiciste eso? ¡Acaso no te dije que repartieras las ovejas de acuerdo a la ley de Dios!
 –Eso hice.
 –¡¿Cómo es eso?! –se sorprendió el Señor.
 –Tantas como les habías proporcionado tú, esas mismas les di yo.
***

EL MANZANO DEL HAMBRE

El hambre es peor que la muerte. Cuando sobreviene, Gora es un infierno. Las gentes no saben qué hacer, no saben adónde ir, no se reconocen a sí mismas. Sin embargo, parten por caminos desconocidos para ganarse la vida. Cuando cayó la primera hambruna, las mujeres y las desposadas vendieron todos los dijes de oro con los que adornaban el pañuelo que les cubría la frente. Cuando cayó la segunda hambruna, muchas aldeas de Gora quedaron abandonadas y sus tierras fueron ocupadas por gentes llegadas de cerca y de lejos. Cuando le sobrevino la tercera hambruna a Gora, muchos hombres y mujeres cruzaron las montañas, entre la nieve, para ir en busca de sustento. Mas solo unos pocos volvieron a casa; algunos fueron descuartizados por los lobos, a otros los asaltaron los ladrones y se lo robaron todo y la mayoría se congeló y acabó hecha un témpano por el frío.
 Una mujer, que había dejado en casa a sus dos niños pequeños, consiguió superar todos esos peligros y, siete días después, volvió a su casa. Pero había tardado demasiado en su deambular en busca de alimento; el hambre era más rápida, más feroz y despiadada. Cuando llegó a su casa, sus dos hijos, muertos de hambre, habían sido enterrados. Le mostraron las tumbas y ella comenzó a llevar a diario pan caliente a ambas fosas, mientras plañía, gemía y a continuación balbuceaba:
 –¡Comed, almas mías, comed deprisa, no se os vaya a enfriar el pan!
 Tres días después la encontraron congelada entre las dos tumbas de sus hijos, en una mano llevaba el pan y en la otra dos manzanas. Con ambos la enterraron.
 En primavera, en medio de las tumbas, brotó un manzano que fue creciendo con los años y se convirtió en sombra de los muertos. Las gentes lo llamaban el «Manzano del hambre».

 Para que se hagan una idea de lo remoto de Gora, esa tierra de baladas y leyendas, les diré que en mi guía de viajes de Albania de la Lonely Planet –la Biblia del viajero– no aparece nada sobre la región, lo que engarza muy bien con esas nieblas que parecen cubrirla y que acrecienta el aura sobrenatural de la comarca.

Mis libros de Namik Dokle e Ismaíl Kadaré sobre Albania
Fotografía: Pedro Delgado

 En mi viaje por Albania, aquel verano del 2017, no tenía aún la guía de la Lonely en mi poder, así que recorrí el país con la información que obtuve en la Oficina de Turismo y en los libros de Ismaíl Kadaré que llevaba. Lástima desconocer por entonces los escritos de Namik Dokle, porque de haberlos conocido habría visitado alguna de las aldeas de Gora. De hecho, buscando la Kulla de Kurpalve pasé por la ciudad de Kukës, que está a tan solo 30 kilómetros por carretera de Borje, donde, como les dije más arriba, pasó su infancia Namik Dokle.

La ciudad de Kukës, Albania
Fotografía: Pedro Delgado

 Quién sabe, quizás algún día el espíritu de Majka, esa vieja que pasó doscientos o trescientos años en este mundo olvidada de la muerte, me lleve con su magia de nuevo a Albania y pueda, por fin, visitar la comarca. Será como zambullirme de nuevo en las historias y leyendas de mi estimado Namik.

Nota: Esta entrada está dedicada al autor de este libro, Namik Dokle, y a su traductora, María E. Roces González, a los que conocí una tarde de marzo de 2023 en la librería Áncora de Málaga.

Las hijas de la niebla, de Namik Dokle en la librería Áncora de Málaga
Fotografía: Pedro Delgado

https://cartadesdeeltoubkal.blogspot.com/2023/07/las-hijas-de-la-niebla.html