sábado, 17 de agosto de 2024

MARCHAR O MORIR: A VUELTAS CON LA LEGIÓN EXTRANJERA


Marchar o morir, de Dick Richards*
Fotografía: Pedro Delgado

Al comienzo de la I GM la Legión Extranjera Francesa dejó sus acuartelamientos en Marruecos y se unió a los ejércitos aliados para combatir y derrotar a los alemanes en los campos de batalla de Europa.

 Su valentía los convirtió en los soldados más condecorados de Francia en aquella Gran Guerra. Después del armisticio, los legionarios supervivientes regresaron a París el 14 de noviembre de 1918.

Marchar o morir, de Dick Richards (1977)
Fotografía: cartelescine.wordpress.com

 Con la llegada de las tropas a la estación de tren de París arranca Marchar o morir, del director Dick Richards. Allí, bajo la pancarta «Vive la France!», los aguardan con expectación familiares, seres queridos y curiosos, que entonaran la Marsellesa cuando los legionarios abandonen en formación la gare.

Afiche de la película Marchar o morir, de Dick Richards
Fotografía: cartelescine.wordpress.com

 A los alemanes capturados que llegan escoltados en el tren se les pide que se enrolen en la Legión Extranjera. Y junto a ellos se encuentra Marco, el «Gitano», un ladrón de joyas famoso en toda la ribera al que también propondrán alistarse. Lo interpreta Terence Hill, con su cara y sus ademanes de pillo astuto, pero al que desgraciadamente uno no puede disociar de sus anteriores películas con Bud Spencer (Le llamaban Trinidad y un largo etcétera de películas de mamporros), lo que, en cierta manera, lastra Marchar o morir; aunque no por ello deje de ser una entretenida película de aventuras, cuyo título hace honor al lema: «En la Legión hay que marchar o morir».

Terence Hill y Gene Hackman en Marchar o morir
Fotografía: cartelescine.wordpress.com

 Poco después, aparece en la pantalla del televisor la portada del France-Soir con el titular: «Los árabes atacan en Marruecos. Una compañía de la Legión aniquilada». Junto a él, una noticia que tendrá un protagonismo destacado en la película: «Two curators missing from archaeological site at Erfoud».

 El mayor William Sherman Foster (Gene Hackman) es un estadounidense que sirvió doce años en Marruecos en la Legión Extranjera, y al que le ha dejado marca la guerra de trincheras en Europa. Pronto, y a su pesar, lo enviarán de nuevo a Marruecos, en compañía de François Marneau (Max Von Sydow), del departamento Norteafricano del Louvre, quien pretende hallar el tesoro de Erfoud, una ciudad que quedó cubierta por las arenas del desierto hace casi 3.000 años y donde está enterrada la Juana de Arco bereber, a la que aún llaman el Ángel del desierto.

El actor Max Von Sydow como François Marneau
Fotografía: cartelescine.wordpress.com

 «Según la leyenda, enterrada con ella hay una incalculable fortuna en oro y joyas que vale indudablemente mucho más de lo que Francia ha gastado para ganar la guerra», dice el arqueólogo pensando en la cámara de la tumba, a lo que el ministro de turno responde: «Creo que podemos arriesgar unos cuantos legionarios en beneficio de Francia. Al fin y al cabo, casi todos son extranjeros». Solo le faltó decir: al fin y al cabo, todos están muertos, se alistaron para morir.

 El mayor Foster, que prometió a su viejo amigo Abd el-Krim (Ian Holm) que no reanudarían las excavaciones, conoce bien el peligro de la misión –sabe que el líder bereber pretende unir a todas las tribus de Marruecos contra los franceses–, pero las órdenes no se discuten, así que no le queda otra que viajar con él en barco y en tren al cuartel general de la Legión Extranjera Francesa en Bousaada, Marruecos.

 Durante la cena en el barco, acompañados a la mesa por madame Picar (Catherine Deneuve) y el capitán del barco, la tensión es notoria:

Escena de la cena en el barco (Marchar o morir)
Fotografía: cartelescine.wordpress.com

Capitán del barco: –Un americano en la Legión Extranjera Francesa, ¿eh...?
Mayor Foster: –Sí. Por eso lo llaman Legión Extranjera, capitán.
François Marneau: –El mayor Foster es un héroe de guerra, capitán.
Mayor Foster: En una guerra no hay héroes, tan solo supervivientes.
Sr. Molar: Mayor, no debe ser modesto con nosotros.
Mayor Foster: –¿Modesto? Salí al frente de 8.000 hombres, volví con 200. Creo que me he ganado mi modestia.
[...]
Capitán del barco: –¿Van ustedes a hacer excavaciones en Marruecos, ¿no es así?
François Marneau: –Sí.
Mayor Foster: –A robar tumbas en realidad. Así se le llama a eso en mi tierra. Ambos trabajamos en eso de las tumbas, ¿no? Usted las deja vacías y yo las lleno.
François Marneau: –Lo que usted llama robar tumbas, mayor, es la búsqueda de nuestra herencia clásica, los secretos de nuestros antepasados.
Mayor Foster: –A mí me interesan mucho más los vivos que los muertos.
François Marneau: –La vida es cosa fácil de crear, no les parece. Cualquier campesina árabe puede hacerlo. Pero crear una obra de arte que enriquezca la vida, eso ya es difícil.
Mayor Foster: –Una suposición interesante. Me gustaría verle a usted explicar eso a las viudas de mi batallón.

 De Catherine Deneuve, o mejor dicho de Simone Picard, se enamorarán en la película Marco Segrain (Terence Hill) y el Mayor William Sherman Foster (Gene Hackman). Fuera de ella, supongo que se enamoraría todo el personal, pues la belleza y el magnetismo de la actriz saltan a la vista.

Catherine Deneuve con Hackman y Hill en Marchar o morir
Fotografía: cartelescine.wordpress.com

Catherine Deneuve como Madame Picard en Marchar o morir
Fotografía: cartelescine.wordpress.com

 Tampoco faltan en la película las escenas de fraternidad, las largas marchas por las dunas, los castigos militares y las cargas de beduinos, rifeños y bereberes.

Marchar o morir, película de 1977 dirigida por Dick Richards
Fotografía: cartelescine.wordpress.com

Marchar o morir, escena del castigo físico
Fotografía: cartelescine.wordpress.com

Marchar o morir, escena ataque
Fotografía: cartelescine.wordpress.com

Marchar o morir, escena asalto árabe
Fotografía: cartelescine.wordpress.com

 Pero es en el trayecto en tren donde se desarrolla la escena que más me gusta de la película, cuando Abd el-Krim detiene el convoy para saludar al mayor Foster. Me parece memorable.

Ian Holm en el papel de Abd el-Krim en Marchar o morir
Fotografía: cartelescine.wordpress.com

 Aquí les copio un par de líneas del diálogo, pero merece la pena ver la escena completa.

Mayor Foster: –Tengo órdenes de seguir las excavaciones en Erfoud.
Abd el-Krim: –Y yo tengo órdenes de alguien superior para impedírtelo. De Alá. Me maravillo ante la audacia de los franceses. Todavía creen que tienen derecho a repartirse las tierras de otros pueblos. Puedes venir con 10.000 trenes cargados de legionarios. No conseguirás llevarte nada de nuestra tierra. El desierto te da la bienvenida, Foster.

 En esta película de 1977, dirigida por Dick Richards, hay acción, aventuras y exotismo a raudales, en unas escenas rodadas a caballo entre España y Marruecos.

Catherine Deneuve y Gene Hackman en un zoco marroquí
Fotografía: cartelescine.wordpress.com

 Del casting en Marruecos se encargó el mítico Larbi Yacoubi, actor y diseñador de vestuario (diseñó el vestuario, entre otras, de la película Lawrence de Arabia, de David Lean) que falleció en Tánger en 2016 a los 86 años de edad.

Larbi Yacoubi
Fotografía: tanger.madeinmedina.com

 En España el diseño de producción corrió a cargo de Gil Parrondo, fallecido el mismo año que Yacoubi. Como él, también intervino en Lawrence de Arabia, amén de en un sinfín de títulos, entre los que se encuentran Espartaco (1960) y Doctor Zhivago (1965).

Gil Parrondo con sus dos premios Óscar
Fotografía: MUBI

Boceto dormitorio de tropa. Gil Parrondo para Marchar o morir
Fotografía: La magia de lo efímero (Gil Parrondo)

 Las escenas patrias se rodaron en Almería, concretamente en el desierto de Tabernas, donde se reutilizaron los decorados de la película El Cóndor, convirtiendo la fortaleza mexicana de aquel spaghetti western en el fortín de la Legión Extranjera (también se utilizaría para otras películas, como Conan el Bárbaro (1982)), un espacio que debería de rehabilitarse y ponerse en valor y que seguro atraería al turista cinematográfico.

Fuerte de la Legión Extranjera en Marchar o morir (Almería)
Fotografía: cartelescine.wordpress.com

 No sé qué recuerdos tendrá el bueno de Dick Richards de aquel rodaje a ambos lados del estrecho de Gibraltar, pero me gustaría preguntarle. Richards nació en el 36, como mi padre, así que a sus 88 años, seguro que tiene mucho que contarnos. Lástima que Nueva York quede tan lejos.

El director, guionista y productor de cine Dick Richards
Fotografía: wikipedia

 Y nada más de momento, porque no sé si sabrán que este año, en octubre, se cumple el centenario de la publicación en Reino Unido de Beau Geste, de P. C. Wren. Vi de pequeño la adaptación que hicieron al cine, la que protagonizó Gary Cooper, pero nunca leí la novela, así que igual ya le va llegando su momento. También de volver a visionar la película. Si es así, ustedes serán los primeros en saberlo.

Gary Cooper en Beau Geste, de W. A. Welman
Fotografía: IMDb

Nota: Probablemente vi Marchar o morir en las salas del desaparecido Cine París, en la Cruz de Humilladero, donde tantas y tantas películas vi de crío con mi padre y mis hermanos. A los dueños y empleados de aquel cine familiar quiero dedicar esta entrada. No saben cuánto me acuerdo de ellos y el dolor que me da ver sus instalaciones ocupadas por un Aldi (y antes por un bingo).

Cine París, en la Cruz de Humilladero
Inauguración: 22-12-1962. Cierre: 11-1-1981
Fotografía: Propiedad de Benapapel

*El DVD de Marchar o morir sobre un recortable Pro Patria, Editions Bouquet. Como me apunta mi amigo, el profesor de historia Miguel Ángel Ferrer, esta serie de recortables empezó a comercializarse en 1915 para recaudar fondos para la guerra y mantener el espíritu patriótico. La editorial seguirá publicando hasta los años cincuenta. Tienen la peculiaridad de estar impresos por las dos caras.

Otras entradas sobre la Legión Extranjera Francesa:

https://cartadesdeeltoubkal.blogspot.com/2024/05/gourrama-una-novela-de-la-legion.html

https://cartadesdeeltoubkal.blogspot.com/2024/06/el-hombre-de-la-legion-de-dino-battaglia.html

domingo, 14 de julio de 2024

LOIRA, LA NUEVA NOVELA GRÁFICA DE ÉTIENNE DAVODEAU


Loira, de Étienne Davodeau (Ediciones La Cúpula)
Fotografía: Lucía Rodríguez

Si ustedes buscan 'Loira' en internet, verán que es un río de la vertiente atlántica que discurre únicamente por Francia, y que sus casi 1.006 kilómetros de longitud lo convierten en el más largo del país. Desde estos últimos meses, también les aparecerá que Loira es la última novela gráfica de Étienne Davodeau, cuyas páginas, como el río, nos recuerdan que los caminos de la vida son siempre sinuosos.

 Las historias de Étienne Davodeau (Botz-en-Mauges (Maine-et-Loire), 1965) tienen la particularidad de que siempre logran alcanzarnos. Aunque sus cómics parezcan hablar de él, a través de sus personajes, transciende lo universal, erigiéndose en el notario de toda una generación de cincuentones o sesentones, sin la connotación irónica o despectiva que acompaña a veces a los vocablos donde se acopla el sufijo «-entón».

Corredores aéreos, de Étienne Davodeau (Ediciones La Cúpula)
Fotografía: Pedro Delgado

 Esa autoficción es algo muy francés. De hecho, Loira (Ediciones La cúpula, 2024) podría ser una de esas películas galas de Jean Becker, Patrice Leconte, Stéphane Brizé o Laurent Cantet en las que la vida discurre sin más, con sus giros y sus revueltas, sus luces y sus sombras, porque ninguna vida es solo maravillosa o terrible.

 Étienne nos muestra que, a pesar de los pesares y de que los años caen sobre nosotros a una velocidad de vértigo y pesan como una losa, todavía existen cosas bellas a nuestro alrededor por las que merece la pena vivir. Y en un mes negro de junio, en el que hemos perdido a la cantante Françoise Hardy, sin saber todavía cómo decirle adiós, y a la actriz Anouk Aimée, de la que me enamoré nada más verla en La dolce vita, podría decir que las páginas de Loira , además de una celebración madura de la vida, son también una reflexión sobre la relación de los vivos con los muertos.


Anouk Aimée (París, 1932-París, 2024)
Instagram de Manuela Papatakis, hija de Anouk
Fotografía: Giancarlo Botti

 El escritor Jordi Amat decía recientemente, en una columna sobre Bruce Springsteen, que "cuando se es adulto, la muerte debe ser contemplada con reverencia para poder celebrar cada instante de la vida. Enfrentarnos a la muerte para no dejar de vivir intensamente". Y a eso es a lo que nos lleva Étienne en este nuevo álbum. A eso y a comprender que no podemos deshacernos de nuestro pasado.

 Cuatro desconocidos –Louis, Jalil, Suzanne y Nicolas– se reúnen unos días en una casa en el campo, en el valle del Loira. Los ha convocado Agathe, la propietaria, una vieja amiga con la que compartieron una vez un periodo feliz de sus vidas. Faltan algunos más que no podían o no querían asistir.

Pág. 18-19 de Loira, de Étienne Davodeau (Ediciones La Cúpula)
Fotografía: Lucía Rodríguez

Pág. 20-21 de Loira, de Étienne Davodeau (Ediciones La Cúpula)
Fotografía: Lucía Rodríguez

 Han llegado de forma escalonada, y cuando ya están todos a la mesa, Lydia y Samuel, que han hecho hasta ese momento de anfitriones, les comunicaran una noticia que no esperaban.

Página 23 de Loira, de Étienne Davodeau
Fotografía: Lucía Rodríguez

Pág. 24-25 de Loira, de Étienne Davodeau
Fotografía: Lucía Rodríguez

Páginas 26-27 de Loira, de Étienne Davodeau
Fotografía: Lucía Rodríguez

Pág. 28 de Loira, de Étienne Davodeau
Fotografía: Lucía Rodríguez

 En torno a esa invitación y a esa noticia girará todo el cómic, cien páginas impecables teñidas de saudade, o mejor dicho, al ser una obra gala, de mélancolie.

 Étienne nos conmueve, pero también nos hace reír en este retrato de las relaciones humanas. A orillas del Loira, las jornadas serán largas, y en torno a la mesa no faltarán buenas viandas y bebidas que faciliten la evocación de los recuerdos y el conteo de experiencias que desembocaran en confesiones nunca antes compartidas. La catarsis de los protagonistas que indagan en aquello que fueron para poder confrontar lo que ahora son. Étienne Davodeau, que siempre se ha caracterizado por su curiosidad por el ser humano, hurgando sin anestesia en los complejos comportamientos de la condición humana.

 Esa podría ser la sinopsis de Loira, con personajes profunda y típicamente franceses que, a su vez, nos tocan a todos.

 Las viñetas de Étienne son un ejercicio soberbio de estilo, y sus delicadas acuarelas transmiten a la perfección el poder del río y la naturaleza. La vida, la mera existencia, palpita en las riberas del Loira como un milagro.

Pág. 78-79 de Loira, de Étienne Davodeau (Ediciones La Cúpula)
Fotografía: Lucía Rodríguez

 Hace años tuve la suerte de pasear por sus orillas en Nantes y en Saint-Nazaire, donde se encuentra su desembocadura, pero Étienne me muestra ahora su cauce lejos de los grandes núcleos urbanos. Y he de decir que, ahora que llegó la canícula, uno daría cualquier cosa por veranear cerca de esas aguas, en una casa aislada y solitaria como la que aparece en sus páginas. Acarrear hasta allí una maleta llena de libros y unas botellas de Pastis y otros licores franceses. Y brindar por todas aquellas personas que dejaron su huella en nosotros.

Loira, de Étienne Davodeau (Ediciones La Cúpula)
Fotografía: Pedro Delgado

Nota: Destacar la excelente traducción de Raúl Martínez Torres y el cuidadoso rotulado de Iris Bernárdez.

Pueden leer la reseña de la anterior novela gráfica de Étienne Davodeau en el siguiente enlace:

https://cartadesdeeltoubkal.blogspot.com/2022/02/corredores-aereos-o-de-como-aprender-no.html

lunes, 1 de julio de 2024

TODO ACABA EN MARCELA: LA NOVELA NEGRA DE SERGIO BARCE


Todo acaba en Marcela, de Sergio Barce
Coleccion Criminal de Ediciones Traspiés
Fotografía: Lucía Rodríguez

Alguien me dijo que el 'thriller' criminal y la novela negra están de moda, y yo le repliqué que llevan de moda muchos años pero que quizás esa manera de narrar que vemos en las series y en el cine había terminado frivolizando la violencia, convirtiéndola en algo entretenido. Sin embargo, la nueva novela de Sergio Barce, Todo acaba en Marcela (Ediciones Traspiés, 2024), nos produce el efecto contrario, ya que desde las primeras páginas transmite a la perfección el horror y la crueldad de la que somos capaces los seres humanos.

 Estaba sentado al volante de la Kangoo. Llevaba poco tiempo ahí, pero la cabeza era un torbellino que no cesaba de machacarlo. No sabía qué hacer con su madre, que iba perdiendo la memoria poco a poco, que no quería ingresar en ningún centro y que se empeñaba en continuar viviendo sola, pero sí lo que iba a hacer con Marcela. Solo pensar en ella lo dejaba más noqueado que los golpes de Puma Negro. Junto a Marcela creyó que acabaría siendo otro hombre, lo deseó con vehemencia, con la única pretensión de hacerla feliz. Con el tiempo, todos esos castillos construidos en el aire se fueron desmoronando poco a poco, porque Teo huele a carburante y el mal olor acaba por aparecer cuando tratamos de disimularlo con perfumes baratos. Y ahí estaba ahora, atormentándose con la premeditación de un suicida, sujetando el volante como para evitar que su cuerpo escapara de la furgoneta.
 Tomó aire varias veces tratando de calmarse, pero acabó por abrir la guantera y sacó una gorra del Unicaja. Se la guardó en un bolsillo, saliendo del vehículo, y luego se palpó el martillo que llevaba en la muslera del mono, mirando a un lado y a otro varias veces antes de dirigirse al portal de Marcela. Lo único que quería era quitarse de encima ese zumbido que lo martirizaba. A cada paso notaba un nuevo bombeo de ansiedad, un subidón de la polla a las sienes, de los cojones a las neuronas, como recargando las pilas de su lado oscuro. Respiraba con dificultad notando los pulmones henchidos de rabia. Y, mientras subía las escaleras, continuaba pensando, enfermizamente. Hubiera querido arrancarse la cabeza y arrojarla lejos para no escuchar esa voz que barrenaba y barrenaba. Hacía ya años desde que ella lo abandonara, pero desde aquel mismo instante se instaló la sospecha, esa lujuriosa mancha capaz de hacer cambiar de piel a cualquiera, igual que un tumor maligno que no se manifiesta en años, creciendo en silencio, asentando sus raíces en cada célula hasta que decide asomar la cabeza cuando ya nada ni nadie puede extirparlo. Siempre dudando de si ella no le habría puesto los cuernos antes de cortar. Imaginar ser un cabrón no entraba en sus diez mandamientos. Él, que solo pensaba en ella mientras Marcela tal vez pensaba en otro hombre al que quizá se lo tiraba mientras él estaba de grasa hasta las cejas. Ese resentimiento anquilosado en su cerebro. Hasta hoy.

 Antes que nada, debo reconocer que no soy fan del género policíaco o de la novela negra, es decir que, con la salvedad de algunos títulos clásicos, no suelo leer ni ver series o películas de este tipo. Sin embargo, la amistad que me une a Sergio y el saber las horas y el trabajo que hay detrás de cada novela, me hizo querer leerla de inmediato, más después de asistir a su presentación en El Tercer Piso de Proteo.

 Imagino lo difícil que habrá sido para Sergio meterse durante tantos meses en la piel de un psicópata tan peligroso como Teo. Convivir con él a diario, por la mañana, por la tarde y por la noche; pues cuando uno escribe una novela, los personajes te acompañan las veinticuatro horas del día.

 El protagonista de Todo acaba en Marcela es uno de esos hijos de puta que muchos años después de separarse de su pareja, envenenado por el resentimiento, decide acabar con ella cuando rehace su vida con otro hombre. A pesar de tener una orden de alejamiento, Teo mata a Marcela a martillazos nada más iniciarse la novela, en una escena que nos da mal cuerpo y nos revuelve el estómago. Y a partir de ahí, ese otro hombre, el inspector Iván Sotogrande, aquel con el que Marcela pensaba casarse, se pasará el resto de páginas buscando como un espectro –como ese «muerto en vida en el que se ha transformado en apenas veinticuatro horas»– a Teo para vengarse; aunque para ello tenga casi al final que cruzar el Estrecho y perseguirlo por Marruecos.

Ya tiene la información que necesitaba, la confirmación de lo que ya sospechaba. Teo el Bizco camino de Marruecos, como si cruzar el estrecho pudiera ponerlo a salvo de la ira divina. Entonces Iván deja al inspector Sotogrande con sus cavilaciones y se incorpora con una sola idea en la cabeza, una idea que no compartirá con nadie en el mundo, como si fuese el mayor de los pecados. Es el mayor de los pecados.

 Supongo que ante el arranque de esta novela habrá dos clases de reacciones o de lectores: los que cierren el libro asqueados tras la escena inicial, por la crudeza y porque presientan que el relato se centra en el asesino, y los que decidan continuar la lectura y comprobar que el autor tiene con la víctima la mayor de las empatías, que describe el drama humano de muchas mujeres y desdibuja los límites de la novela negra con otros géneros como el wéstern, cuando los protagonistas llegan a la destartalada población de Khemis Sahel, el thriller se torna rural y asistimos a ese duelo final en el granero, en unas páginas que resultan lisérgicas y de lo más cinematográficas (por favor, que nadie les desvele nada del final porque les destrozaría la experiencia).

 Desde aquí, los animo a atreverse y enfrentarse a la lectura. Si lo hacen, sentirán incomodidad en algunos momentos, pero esta se verá ampliamente recompensada conforme pasen las páginas.

 Es un cliché que los asesinos tengan cara de asesinos, pero un tópico siempre encierra algo de verdad, y en este caso, Teo es un tipo del que nos alejaríamos nada más verlo. Psicópata, narcisista, violento y mal encarado, regenta un taller de coches en Málaga, donde se desarrolla la mayor parte de la novela. También hay lugares comunes, igualmente no por ello menos veraces, en algunos de los comisarios, subinspectores e inspectores de la comisaría provincial, que tratan de dar con Teo antes que Iván para evitar el desastre. Pero todos los personajes son sólidos y coherentes. De entre ellos destacaría a Kaspárov, que se mueve como un viejo de  noventa años, y a Sadik Oubali, ese comisario tangerino que espero rescate Sergio para otras novelas.

 Los tres se miraban. Los matones esbozando sonrisas que no tenían ninguna gracia. Te llamas Kaspárov, repitió ahora el otro, el que no se había movido de la silla. Su pronunciación era más que aceptable. Sí, así me llaman, le respondió mirándole las manos. Eran llamativas, grandes, con un anillo en cada dedo. Diez anillos de oro como si fuesen dos puños de hierro dorados. Pero no eres ruso, añadió con una pizca de ironía. Soy del Llano de la Trinidad, le soltó levantando los ojos, preguntándose si esos dos serían los que le habían partido las piernas a la Tani y los que se la iban a partir a él.
***
(...) Alguien le ofrece un taxi en perfecto castellano, pero no le presta atención. Iván busca por encima de las cabezas de los que le rodean y entonces lo ve, y se dirige a su encuentro sorteando a los viajeros, a los maleteros, a los guías. Sadik se quita las gafas de sol al descubrir a Iván avanzar a su encuentro. Hola, Sadik. Y Sadik, le responde hola, jay. Assalam' aleikum. Se besan. Lo siento, añade. Y luego se abrazan. A Sadik se le saltan las lágrimas, pero Iván no se inmuta.
 Tengo el coche aquí al lado, le dice al separarse de él. Lo sigue un paso más atrás, fijándose en la figura de Sadik Oubali, sus hombros caídos, su andar desgarbado. Viste un traje gris y camisa blanca sin corbata. Saluda a un gendarme que se cuadra llevándose una mano a la visera de la gorra. Sadik es un hombre de unos cuarenta y pocos años, de cabello rizado y negro, con un bigote a lo Clark Gable, pasado de moda, y pómulos marcados. Aparenta un equilibrio que Iván sabe que es real. (...) ¿Cuánto hace que no nos vemos?, le pregunta. Unos cinco años, más o menos. Iván apenas hace el cálculo y lo dice al azar. Sadik menea la cabeza de un lado a otro. Diez años.  Ya han pasado diez años. Al principio no es capaz de asimilarlo, pero luego se da cuenta de lo rápido que ha transcurrido el tiempo. Joder, masculla Iván. Y Sadik suelta una carcajada deslucida.

 Iván Sotogrande y Sadik Oubali, que trabajaron en otro tiempo codo con codo, como Starsky y Hutch.

Juguete de Starsky & Hutch de la marca española Guisval
Lo tuve, y me duele decirlo en pasado

 Con ese Starsky malagueño –que el de arriba tenga a David Soul en su gloria después de abandonarnos el 4 de enero de este año– dejaremos Málaga para coger el barco y desembarcar en Tánger en la página 162. Nos aguarda Tánger y Khemis Sahel, sobre la que descargan los cielos su ira.

(...) Las calles se embarraron en apenas unos minutos, y vio que por algunas callejuelas ya corría el agua en pequeños arroyos descontrolados que aumentaban de caudal. Solo se oía el desplome del cielo, el llanto de los dioses que dejaban caer sus lágrimas de desaliento y desilusión. (...) Sonó un trueno, y la casa de los Sbiti pareció quebrarse igual que un árbol al que comenzaran a talar a hachazos. Maldito puñetero pueblo de mierda, farfulló antes de salir de nuevo. En cuanto abrió la puerta, vio a la familia corriendo de un lado a otro. Descubrió de refilón a Dris incorporarse de la seyada en la que rezaba, y a Qodsya y a su hermano Abdelhamid arrastrando unos sacos de arena que su padre les ordenaba apilar en la puerta de entrada. Se acercó para ayudar. El agua tratando de inundar la casa y ellos preparando las defensas. Dejaron caer cinco sacos más hasta crear una trinchera que Teo dudaba mucho que fuera suficiente para detener el avance de la riada. El agua bajando brava y amenazante llevándose cuanto encontraba a su paso. Miró al techo. El tejado crujía igual que el llanto de un niño. Otro trueno y las paredes temblaron.

 Marruecos es el punto de conexión de este trabajo literario con sus obras anteriores, pero he de decir que estamos ante un nuevo Barce, con una escritura más trabajada y depurada. Aquí las maneras, las formas, el tono y la voz son otras. Ha elevado el listón de exigencia de su narrativa, sobrepasándolo limpiamente para caer en las librerías transmutado en otro escritor.

 Creo que Sergio, gran aficionado al 'noir', tanto literario como cinematográfico, ha encontrado un camino a seguir. El género, como decía mi amigo, está de moda, o, como les decía yo, sigue de moda, con un público muy devoto. Ojalá encamine por ahí sus siguientes proyectos. No apearse de esta voz narrativa, y pelear porque Todo acaba en Marcela termine en una pantalla de cine o de televisión. Y que, insha'Allah, ustedes y yo lo veamos.

domingo, 9 de junio de 2024

EL HOMBRE DE LA LEGIÓN, DE DINO BATTAGLIA


El hombre de la legión, de Dino Battaglia*
Fotografía: Lucía Rodríguez

Suele ocurrir a menudo, cuando voy a casa de mi amigo Miguel Ángel Ferrer, que llego con un libro y salgo con otro bajo el brazo. En esta última ocasión le llevaba un ejemplar de Gourrama, la novela de Friedrich Glauser que editó Ginger Ape Books&Films y reseñé recientemente, y me traje un cómic de Dino Battaglia –El hombre de la Legión–, el deuvedé de la película Marchar o morir y una lección acerca de la Legión Extranjera Francesa, pues por algo Miguel Ángel es profesor de Historia.

Gourrama, de Friedrich Glauser**
Fotografía: Pedro Delgado

Miguel Ángel Ferrer y Pedro Delgado
Fotografía: Lucía Rodríguez

 El hombre de la Legión se enmarca en el año 1921, en la población argelina de Sidi-Bel-Abbes, en el alto Sahara argelino. Marchando hacia ella por una carretera jalonada de dunas, un grupo de guerrilleros ataca a un destacamento de la Legión Extranjera.

El hombre de la Legión, de Dino Battaglia
Fotografía: Pedro Delgado

 Suenan los crak crack de las espingardas y, ante la posición tan expuesta al fuego enemigo en la que se encuentran los legionarios, resuena un mandato y una orden: "Bayoneta calada... ¡Al ataque!".

Viñeta de El hombre de la Legión, de Battaglia
Fotografía: Pedro Delgado

Pág. 11 de El hombre de la Legión, de Dino Battaglia
Fotografía: Pedro Delgado

 El choque épico es disuelto por una ametralladora argelina que, desde lo alto de una duna, con su wratatat tat ratt tatt tat tatt tatt "vomita fuego sobre los soldados franceses".

Viñeta de El hombre de la Legión, de Battaglia
Fotografía: Pedro Delgado

 Es el momento de los héroes, de los valientes, o de los que lo tienen todo perdido. Moreau es su nombre. Tomada la posición con la ayuda de una granada, la ametralladora cambia de bando y los que ahora contorsionan sus cuerpos y ruedan por la arena son los de los turbantes y las chilabas.

Pág. 14 y 15 de El hombre de la Legión, de Dino Battaglia
Fotografía: Pedro Delgado

 Moreau, como el capitán Desay y tantos otros, ha venido tan lejos de Francia para olvidar el desastre de Verdún y los horrores de la Gran Guerra.

Pág. 20 de El hombre de la Legión, de Dino Battaglia
Fotografía: Pedro Delgado

 Pocos días después, un avión de reconocimiento ve una partida de rebeldes a camello que se dirige hacia el fuerte Boubut, y una partida de legionarios ha de auxiliarlo desde Sidi-Bel-Abbes.

Pág. 29 de El hombre de la Legión, de Dino Battaglia
Fotografía: Pedro Delgado

Pág. 31 de El hombre de la Legión, de Dino Battaglia
Fotografía: Pedro Delgado

 En el camino, un oasis donde beber y descansar se convertirá en un polvorín. Pero nada comparado a lo que les espera en el puesto militar de Boubut, que se convertirá en una trampa mortal.

Viñeta El hombre de la Legión, de Dino Battaglia
Fotografía: Pedro Delgado

 Las erosionadas colinas del Atlas, las arenas del Sahara y oasis que parecen un milagro son los escenarios de esta historia, en la que podemos sentir el sol y el viento abrasador del desierto que seca las gargantas y hace enloquecer a los hombres de sed. 

Pág. 39 de El hombre de la Legión, de Dino Battaglia
Fotografía: Pedro Delgado

 Y planeando sobre todo ello, el trapo blanco del que no es león sino conejo y que demuestra que la naturaleza humana no cambia y que la historia, como en aquellos campos de Verdún, en aquel barrizal del Meuse, se repite.

Viñeta de El hombre de la Legión, de Battaglia
Fotografía: Pedro Delgado

 He de decir que desconocía este cómic, no así a su autor, Dino Battaglia (Venecia, 1923-Milán, 1983), al que leía en los tebeos ochenteros que publicaba la editorial Toutain (CIMOC, Comix Internacional, 1984, Zona 84...). Battaglia era además amigo de mi admirado Hugo Pratt, con el que estuvo trabajando en Asso di picche (As de picas), la primera revista italiana de historietas de la posguerra. Allí formaron con otros dibujantes y guionistas el llamado Grupo de Venecia,  muy influenciado por los cómics americanos –con Milton Caniff a la cabeza– y las grandes novelas de aventuras. En A la sombra de Corto (Confluencias, 2013), Dominique Petitfaux le preguntó a Pratt si consideraba a Battaglia un gran dibujante, y este le respondió: "Es uno de los que más me ha llenado. Era en todo caso el más elegante, el más refinado y pertenece a la escuela de los grandes dibujantes a plumilla como Gibson, Beardsley, Pyle, Remington, o, en el cómic, McClure, Terzi, Gustavino...".

Dino Battaglia con Hugo Pratt en 1969

 Hugo, además de alabar su maestría, también decía de Battaglia que era uno de los más grandes ilustradores de su generación, pues aunque este trataba de hacer equilibrios entre la historieta y la ilustración, lo segundo siempre terminaba por tener mayor peso en su arte. El mismo Dino había confesado en una ocasión: "Me encanta crear atmósferas, pero no poseo un estilo de narración cinematográfica, ni siquiera de historieta tradicional. Yo soy prácticamente un ilustrador".

Adaptación de Moby Dick al cómic, Dino Battaglia

 En su modo de hacer, su maniera que dirían los italianos, está ese uso de la plumilla frente al pincel, sus esgrafiados y gradaciones de grises, así como la concepción de la página como una unidad desde el punto de vista gráfico.

El hombre de la Legión, de Dino Battaglia***
Fotografía: Lucía Rodríguez

 L'uomo della Legione fue dibujado y escrito por Battaglia para la colección Un uomo un'avventura, de la editorial Bonelli. La serie se lanzó en 1976 y contó con los más grandes autores italianos del momento: Toppi, Battaglia, Crepax, Manara, Pratt, Micheluzzi...

Algunos números de Un uomo un'avventura
Fotografía: anuncio de venta de internet

 En España sólo se publicaron cuatro números de Un hombre, una aventura. Fue en 1977, bajo el sello Ediciones Junior S. A, del grupo editorial Grijalbo. El hombre de la Legión fue el primer álbum y la traducción corrió a cargo de Jorge Binaghi, mientras que de la rotulación se encargó Eduardo Quintana.

Un hombre una aventura, de Ediciones Junior S.A (Grupo Ed. Grijalbo)
Fotografía: milanuncios

 No se indica quién es el autor del apunte histórico militar sobre la Legión Extranjera que abre el cómic. Quizás sea del editor italiano Sergio Bonelli.

 Dentro de la colección italiana se incluían algunas de las mejores historietas de Hugo Pratt.

Algunos números de Un uomo un'avventura de H. Pratt
Fotografía: anuncio de venta de internet

 De ahí que, para cerrar el círculo, quiera finalizar esta reseña con una anécdota de cuando Hugo Pratt quiso alistarse con un amigo en la Legión Extranjera. La leí en El deseo de ser inútil (Confluencias, 2012).

[...] Otra vez, en 1946, me fui con un amigo; queríamos alistarnos en la Legión Extranjera. Fuimos a dar con un viejo sargento, que empezó por preguntarme cómo me llamaba. Era tuerto, y recuerdo que me echó una mirada de buitre con el ojo bueno. Le repliqué que con un legionario sobraban las preguntas, y que con rellenar el formulario debería ser suficiente. Entonces sacó una carta del cajón del escritorio y me dijo: "Tú te llamas Hugo Eugenio Pratt, eres hijo único y tu padre murió en África". Le pregunté cómo sabía eso, y me respondió que mi madre, al corriente de mis intenciones, les había escrito para que no me admitieran. No obstante añadió que podría entrar en la Legión si me presentaba en territorio no italiano, y que lo más sencillo era ir a Tende, en la frontera francesa. Entonces, cándido de mí, le pregunté qué medios ponía la Legión a mi servicio para que yo pudiera alistarme en Tende. "¡Cómo! ¿Tú quieres ser legionario, y reclamas un medio de transporte? –bramó–. ¡Si quieres te vas a patita!". En ese momento comprendí que la Legión Extranjera no era lo mío. Mi amigo sí se alistó. Murió en Indochina.

*Batallón de la Legión Extranjera Francesa de la marca AR, manufactura francesa de los años setenta y ochenta (Colección particular de soldados de plomo de Miguel Ángel Ferrer).

**Miniatura de Tradition of London de los años noventa. Legionario, 2º Regimiento en 1915.

***Caballería rifeña, miniaturas Aymer de los años ochenta (Colección particular de soldados de plomo de Miguel Ángel Ferrer).

Nota: De la película Marchar o morir, del director Dick Richards, ya les hablaré en otra entrada.

https://cartadesdeeltoubkal.blogspot.com/2024/08/marchar-o-morir-vueltas-con-la-legion.html