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miércoles, 23 de septiembre de 2026

EL WESTERN DE CARLOS ROUME


El western de Carlos Roume, colección Gran Oeste de Laramie Ediciones
Fotografía: Pedro Delgado

La otra noche vi en Filmin Zahorí, la película de la directora argentina Marí Alessandrini, y al ver la escena del caballo blanco que corre desbocado por la pampa, me acordé de que todavía no había escrito la reseña de El western de Carlos Roume, que publicó Laramie Ediciones en su colección Gran Oeste allá por el mes de mayo.

Zahorí, de Marí Alessandrini, en Filmin

 Carlos Roume (1923-2009, Buenos Aires) era «El señor de los caballos», no sólo porque sintiera por ellos un amor profundo y estos aparecieran siempre en sus historietas, sino también porque los pintó profusamente cuando necesitó ganarse la vida compaginando las viñetas con el grafito, los óleos, las acuarelas e incluso la escultura en bronce, habitando sus obras de arte las casas de grandes coleccionistas de Mónaco, Bélgica, Inglaterra, Suiza o Italia. Como dice el refrán: «De casta le viene al galgo», pues Carlos era hijo de un pintor y escultor francés.

Óleo de Carlos Roume

 Un periodista le preguntó una vez «¿Por qué su mayor afinidad con los caballos?», y él respondió: «No sé..., quizás porque el caballo es el habitante de aquellas llanuras que veo tan grandes y tanto admiro. Como belleza, es una de las tanta bellezas de la Creación; pero no hay algo en particular que me lleve a ser especialista; soy simplemente un enamorado de la forma».

Obra de Carlos Roume

 El western de Carlos Roume es un volumen monográfico dedicado a su figura y sus historietas, que viene a saldar una deuda con el artista argentino, pues su obra estaba dispersa en distintas revistas de la época; de ahí que la agrupación de veintidós de sus títulos en este tercer tomo de la colección Gran Oeste, dirigida por Aitor Marcet, sea algo a celebrar, no ya solo por los amantes del western sino del cómic en general.

La mayor parte de las historietas que componen este volumen fueron publicadas originalmente en la revista Skorpio, de Ediciones Record, entre los años 1982 y 1987, un periodo especialmente fértil para el autor. Hemos querido aprovechar también esta oportunidad para rescatar tres relatos aparecidos en 1975 en la revista Tit-Bits, también para Ediciones Record, que permiten completar una visión más amplia de su trayectoria.
Aitor Marcet

 Mi primer contacto con Carlos Roume fue a través de Alazán, historieta incluida en este volumen, con guión del también argentino Mario Galván (uno de los muchos seudónimos de Eugenio Juan Zappietro), que apareció en el número 1 de la revista Comix Internacional en el año 1980.

Comix International nº1 y El western de Carlos Roume
Fotografía: Pedro Delgado

Alazán y El western de Carlos Roume (Laramie Ediciones)
Fotografía: Pedro Delgado

 Allí, en el magisterio de sus viñetas en blanco y negro, ya recaía sobre el caballo el protagonismo; caballos que no cesaron de aparecer en sus historietas, «encarnando valores que los humanos parecen haber olvidado». Como bien dice Aitor Marcet en su introducción, frente a la avaricia, el egoísmo o la violencia de los hombres, ellos actúan como testigos silenciosos, fieles compañeros y –a veces– jueces de sus acciones.

Sus caballos no son meros elementos de ambientación: son presencia, carácter, emoción. Son, en la mayoría de casos, la conciencia moral de las historias.
Aitor Marcet

 Trabajé junto a Aitor Marcet en la corrección de este libro, leyendo repetidas veces sus historietas. Algunas están protagonizadas por Hombres de montaña (Mountain Man) –cazadores, tramperos y exploradores que vivían en el siglo XIX en las zonas vírgenes de, sobre todo, las Montañas Rocosas–.


 Tipos como el que protagonizó Robert Redford en Las aventuras de Jeremiah Johnson, de Sydney Pollack, basada en parte en la novela El trampero (Mountain Man), de Vardis Fisher, publicada en castellano por Valdemar en su colección Frontera, un libro del que les hablaré en otra ocasión. De crío disfruté tanto con aquella película que me pasaba horas reviviendo algunas de sus escenas con mis playmobil.

 Los gauchos tienen su espacio en otras, pues, como decía Eugenio Juan Zappietro, el gaucho es un cowboy con chiripá.

 También habitan sus páginas los indígenas nativos, sean de Norteamérica, de México o de la Pampa argentina, territorio extrapolable, duro y fronterizo en el que también anida el espíritu del western.



 En los relatos ambientados en la Pampa, hay historietas relacionadas con los milicos y algunos episodios de la conquista del desierto, con aquellos sangrientos malones. Volviendo a Zappietro, este decía que ese era un tema que le movía: «el milico, el indio, pero no tomando partido, sino viéndolo como un choque de culturas como el que pudo haber habido entre el Gringo Viejo y los mexicanos. [...] En nuestro caso, es el indio –que estaba chocho, tranquilo– y el conquistador; y después el pobre milico, y digo pobre porque no tenía otra alternativa más que ir a la frontera con el indio, le gustara o no. Y el indio cuando le tocaron la cola se enojó también: se juntaron el hambre y las ganas de comer; yo sé que al decirlo van a saltar todos pero, señores, fíjense bien...».

 Del escritor y guionista Eugenio Juan Zappietro, bajo los seudónimos de Ray Collins y Mario Galván, hay tres historietas en el libro: Chips, la ya mencionada Alazán y Diablo.

 Además de Zappietro, el dibujo de Carlos Roume se conjuga en este volumen con las palabras de los más granados guionistas argentinos: Alfredo Grassi, Rogelio Gallicchio (bajo el seudónimo de Roger King), Carlos Trillo, Ricardo Barreiro, Emilio Balcarce, Guillermo Saccomanno y J. Narvaja (un seudónimo detrás del cual todavía no sé qué autor se esconde). Todos en pos de escribir el mejor western.

 Junto a la introducción de Aitor Marcet, el volumen se abre con una biografía del artista escrita por Beren Eleonora Martínez Polack, bisnieta de Carlos Roume; un texto entrañable de varias páginas plagadas de detalles que escribió cuando cursaba 2º de la ESO en el instituto.

Biografía de Carlos Roume, por su bisnieta (Laramie Ediciones)
Fotografía: Pedro Delgado

Nota: Si les llamó la atención la figura de Carlos Roume, les recomiendo vean los siguientes vídeos: el primero, de la exposición que le dedicó el Museo de Arte Popular José Hernández de la ciudad de Buenos Aires entre el 13 de noviembre de 2015 y el 6 de marzo de 2016. El vídeo es una visita guiada virtual por la exposición, Carlos Roume El señor de los caballos, de la mano de Mimi Roume, hija del artista, y Judith Gociol, curadora de la muestra; el segundo, un reportaje, entrevista incluida, que le hicieron allá por 1996 en el programa Desde el jardín de Canal Rural.



miércoles, 24 de diciembre de 2025

KIT CARSON Y OTROS GRANDES DEL OESTE, DE JESÚS BLASCO


Kit Carson y otros grandes del Oeste, de Jesús Blasco
Colección Gran Oeste de Laramie Ediciones. Fotografía: Pedro Delgado

Ya se ha publicado el segundo número de la colección Gran Oeste de Laramie Ediciones, dedicado en esta ocasión al trabajo del dibujante y guionista Jesús Blasco Monterde (Barcelona 1919 – 1995).

Jesús Blasco Monterde
Fotografía: Facebook del dibujante.

 En este caso, el protagonismo de las tres historietas que contiene está repartido entre Kansas Kid, Kit Carson y Buck Jones. Un trío de ases que, como dice la felicitación navideña de Laramie –extensible a todos los que visitan mi blog–, evoca al niño que fuimos y que aún llevamos dentro.

Felicitación Navideña de Laramie Ediciones

 Todas estas historietas del Oeste de Jesús Blasco aparecieron originalmente en el mercado británico –en la Cowboy Picture Library de la editorial Fleetway– a mediados de los años cincuenta e inicios de los sesenta, época en la que también dibujó Billy the Kid para la revista Sun; aunque su primer western fue Buffalo Bill, serie que se empezó a publicar en la revista Comet en 1954.

A mediados de los años cincuenta, la editorial Fleetway Publications, con sede en Londres, comenzó a buscar dibujantes en Europa continental para cubrir la creciente demanda de títulos; había comenzado una época en la que el cómic británico necesitaba grandes cantidades de material semanal para sus exitosas colecciones de bolsillo o "libraries" –libritos de 64 páginas en blanco y negro– dedicadas a géneros populares, como el western, las aventuras, el romance, la adaptación de novelas, las biografías históricas, el bélico, la fantasía y el terror.
Para lograr cumplir con la ingente cantidad de encargos que llegaban desde el otro lado del canal de la Mancha, Jesús Blasco solicitó ayuda a sus hermanos, Adriano, Alejandro y Pilar, también dibujantes, estableciendo lo que popularmente se conocería como el Estudio/Taller Blasco. [...]
El sistema era simple: el guion llegaba traducido a Barcelona, o alguna agencia de dibujantes (como Selecciones Ilustradas o Bardon Art) lo traducía, Blasco y sus hermanos lo dibujaban y entintaban en su estudio, el material final se enviaba de vuelta a Londres para su revisión y, si no se señalaba ninguna rectificación, la editorial procedía a su publicación.
Aunque los guiones provenían de escritores ingleses anónimos, el trazo y la energía narrativa de Blasco y su equipo conferían a aquellas páginas una personalidad inconfundible. Estas historietas, breves pero intensas, formaron parte de la gran ola de producción que unió a numerosos dibujantes españoles con las editoriales británicas durante las décadas de 1950 y 1960, en un contexto marcado por la censura, las restricciones económicas y la búsqueda de mercados más florecientes.
El Western de los hermanos Blasco, Aitor Marcet

 Aquellas series británicas fueron más tarde traducidas y publicadas en España por las editoriales Ferma y Vilmar.

Revistas de historietas del Oeste de las editoriales Ferma y Vilmar

 Y ahora es Laramie quien selecciona y agrupa por autores algunas de aquellas historietas, estando inéditas en España, hasta ahora, las tres que componen este volumen: Kansas Kid y el poder de Puño Rojo; La frontera del miedo y Cazabandidos. Todas ellas precedidas de cuidados textos de Aitor Marcet, coodinador de la colección Gran Oeste, que contextualizan al autor y a sus personajes.

Kansas Kid y el poder de Puño Rojo. Colección Gran Oeste (Laramie)
Fotografía: Lucía Rodríguez

La frontera del miedo, una aventura de Kit Carson. Colección Gran Oeste
Fotografía: Lucía Rodríguez

Cazabandidos, una aventura de Buck Jones. Colección Gran Oeste (Laramie)
Fotografía: Lucía Rodríguez

 En la primera, publicada originalmente en el número 316 de la colección Cowboy Picture Library, el protagonismo recae en Kansas Kid, apodo del guardián del rancho Doble D, un vaquero que acabó muriendo en una estampida y yace enterrado en el cementerio Boot Hill de Tombstone (Arizona).

  En la segunda, aparecida por primera vez en el número 413 de la misma revista, el personaje principal es Kit Carson, sobre el que recae, quizá debido a su popularidad, el peso del título: Kit Carson y otros grandes del Oeste de Jesús Blasco.

 Christopher Houston Carson (Kentucky, 1809 - Colorado, 1868)), conocido como Kit Carson, fue un destacado trampero, guía y explorador que participó en la Guerra contra México (1846-1848) y la Guerra Civil estadounidense, en la que se alineó en el bando de la Unión. También tomó parte en las campañas contra los pueblos indígenas.

Christopher Houston Carson, más conocido como Kit Carson

 Su figura, muy popular en la cultura estadounidense, ha aparecido en novelas, tebeos y películas; entre estas últimas se encuentran títulos como Kit Carson (George B. Seitz, 1940), un entretenido largometraje que acabo de ver en Filmin y en el que, como en la historieta, aparecen shoshones y mexicanos que arman con rifles españoles a los indios para impedir que los colonos americanos se asienten en California.

Cartel de la película Kit Carson
Dirigida por George B. Seitz, 1940

 En la tercera historieta, publicada por primera vez en el número 446 de la Cowboy Picture Library, el protagonista, como ya ocurriera en el primer número de la colección Gran Oeste de Laramie, es Buck Jones, del que ya hablé en un anterior artículo al reseñar Buck Jones de Alberto Breccia.

 En las tres historietas se puede apreciar el arte de Jesús Blasco y sus hermanos, un equipo que «trabajaba con un rigor casi industrial: se repartían las tareas –Jesús solía encargarse de los bocetos y la planificación general, mientras sus hermanos realizaban fondos, entintado o rotulación– logrando mantener un ritmo de producción impresionante sin perder un ápice de calidad».

El estilo de Blasco durante este periodo combinaba un trazo vigoroso con un profundo sentido de la composición, a pesar de las limitaciones que imponía el formato "library". Las viñetas mostraban una narrativa clara, eficaz, sin alardes pero con gran elegancia. Frente al realismo funcional de otros artistas británicos, Blasco prefería una línea más viva y expresiva, con un uso magistral de las sombras para reforzar el dramatismo de las escenas. Su trabajo, aunque condicionado por los plazos de entrega y las necesidades de producción, anticipa ya rasgos de su evolución posterior. [...]
A lo largo de sus años de colaboración con Fleetway, Jesús fue depurando su estilo, haciéndolo cada vez más realista y expresivo. [...]
Hoy, al releer estas historietas, puede que no encontremos en ellas obras maestras ni argumentos especialmente originales. Pero sí descubrimos algo más valioso: el testimonio vivo de una época de transición, en la que los dibujantes españoles supieron abrirse camino en el mercado internacional con talento, esfuerzo y profesionalidad. Son relatos sencillo, ágiles y entretenidos, que respiran el espíritu de los años cincuenta y sesenta y que reflejan la dignidad del trabajo bien hecho, incluso en las condiciones más humildes.
El western de los hermanos Blasco, Aitor Marcet

 Además del western, Jesús Blasco abordó con maestría muchos otros géneros, como el de aventuras, la ciencia ficción, el bélico, el romance y el terror, así como la adaptación de novelas clásicas y biografías históricas; pero, sin duda, será recordado por The Steel Claw (Zarpa de Acero) y la que es su obra maestra: Los Guerrilleros, un western vibrante con guiones de Miguel Cussó y José Ramón Larraz.

 A ellos seguramente mi padre añadiría a Cuto, el personaje que creó Jesús Blasco para la revista Chicos.

 Lean y sigan cabalgando.

 ¡Saludos desde la Frontera!